¿Logrará la imagen de Aylan Kurdi, niño sirio de 3 años muerto en una playa, cambiar por fin el corazón de Europa? ¿Por qué suceden hechos como este?

La historia para huir de la guerra del pequeño y su familia de la cual sólo se salvó el padre, Abdullah Kudri, quien ha explicado que «cogí a mi mujer y mi hijo de la mano, pero resbalaron… Las cosas que nos han pasado aquí, en un país donde nos hemos refugiado para escapar de la guerra, queremos que la gente las vea. Así, esto no le pasará a otros»

Vídeo de reflexión, análisis y de la actualidad que ha llevado a sacudir las conciencias al publicarse las fotos de la muerte de Aylan

4 de septiembre de 2015.- (13 TV  / Camino católico)  Con los reportajes y análisis de las ediciones de “Al Día” de 13 Tv del miércoles 2 de y del jueves 3 de septiembre proponemos reflexión sobre el grave problema de la emigración y los refugiados al que Europa debe responder, pero también cada uno de nosotros.

El miércoles se publicó una de las imágenes más desoladoras de la crisis migratoria que vive Europa: un niño sirio de apenas 3 años yace en una playa turca donde había sido arrastrado por las corrientes del mar en que se ahogó. Un símbolo del riesgo que miles de personas deciden asumir con el propósito de albergar una vida mejor lejos de sus países de origen y, tal vez, el principio del cambio en políticas migratorias. La fotografía del niño, cuyo nombre era Aylan, en la playa y la del guardacostas turco llevándose el pequeño de la costa de Bodrum causó conmoción a nivel internacional, pero su historia y la de su familia es igual de triste. Los contenidos del vídeo responden a las preguntas: ¿Logrará la imagen de Aylan Kurdi, niño sirio de 3 años muerto en una playa, cambiar por fin el corazón de Europa? ¿Por qué suceden hechos como este?. Complementamos el vídeo con la historia de la familia del niño:

El hermano de 5 años del pequeño Aylan, llamado Galip, y su madre, Rehan, también murieron al hundirse la diminuta balsa donde viajaban dirección a Grecia. Abdullah, su padre, sobrevivió. La familia Kurdi, de origen sirio, embarcó en un intento desesperado de huir de la violencia y llegar a Canadá, donde viven dos de los hermanos de Abdullah, a pesar de que les habían denegado la solicitud de asilo a este país.

La guerra civil que asola Siria y que ha llevado a miles de personas a dejar el país ya había estallado cuando Aylan nació. Los bombardeos entre la guerrilla kurda y las milicias del Estado Islámico en su ciudad, la estratégica Kobani, al norte de Siria, son una constante desde principios de año. Para los kurdi solo había dos opciones: arriesgarse a emigrar o perecer de todos modos.

«Mi esposa y mis hijos están muertos»,eso es lo único que Abdullah pudo decir al comunicar su pérdida a sus hermanos. Ahora, según estos han explicado a los medios canadienses, lo único que desea es volver a su ciudad natal kurda y enterrar a su familia.

Teema Kurdi, la hermana de Abdullah, fue quién habló con la prensa para contar la terrible tragedia de esta familia. Ella es peluquera en Vancouver. Dejó Siria hace más de 20 años, donde ya existía una situación de terrible inestabilidad.

«Llevaban tiempo queriendo huir de Siria. Junto con mis amigos y algunos vecinos les mandamos dinero para que pudieran emigrar»,cuenta Teema. «Llegaron a Turquía y yo les pasaba una manutención. Pero es una barbaridad cómo tratan allí a los sirios y al resto de refugiados», asegura.

«Yo misma me encargué de tramitar su solicitud de asilo aquí, en Canadá, para que vinieran a vivir conmigo. Pero fue rechazada», explicó la mujer a la prensa. «Por eso decidieron subirse a esa barca»,dice al derrumbarse.

La hermana de Abdullah cedió, además, dos fotografías de los pequeños. En ellas se puede ver a Aylan y Galip sonrientes y llenos de vitalidad. Hermanos, perfectos compañeros de juego, el orgullo de sus padres. Parecen felices, ajenos al horror que les rodea y, sobretodo, inocentes.

Los dos pequeños murieron junto con otras 10 personas al hundirse la embarcación donde viajaban, la cual zarpó desde Turquía en dirección a la isla griega de Kos. Entre los fallecidos también está su madre y otros tres niños más. Abdullah es uno de los pocos supervivientes.

La solicitud de asilo que presentó Teema, de haber sido aceptada, hubiera permitido a la familia Kurdi mudarse legalmente a Canadá. Algunas de las condiciones para que la petición sea aceptada son el patrocinio de cinco ciudadanos canadienses que deben proporcionar apoyo financiero y una residencia, entre otros, a los solicitantes.

Además, solamente las personas que sean consideradas formalmente «refugiadas» por el país de destino tienen derecho a iniciar los trámites de esta solicitud.

La familia Kurdi cumplía todos los requisitos para obtener el derecho de asilo en Canadá, lo cual les hubiera salvado la vida a Aylan, a Galip y a su madre. Pero fue denegado.

Miles de sirios kurdos se quejan de las trabas que hay en estos trámites. En Turquía, la ACNUR ha denunciado las dificultades para que estas solicitudes sean procesadas desde los campamentos de refugiados. Turquía tampoco facilita los visados de salida del país a aquellos que no tienen la ciudadanía.

Galip y Aylan zarparon junto con sus padres de Akyarlar, el punto de la costa turca más cercano a Kos, llenos de esperanzas. Ahora, sus sueños yacen en el fondo del Mediterráneo, como los de más de 2.160 inmigrantes que han muerto intentando cruzar el mar este año en busca de una vida mejor.

Abdullah Kudri apareció en frente de las cámaras este jueves al salir del tanatorio de la ciudad de Mugla, cerca de Bordum, donde fue encontrado el cadáver de Aylan.

«Las cosas que nos han pasado aquí, en en un país donde nos hemos refugiado para escapar de la guerra, queremos que la gente las vea. Así, esto no le pasará a otros», ha dicho Abdullah a los medios.

En una declaración realizada a la policía hecha pública por el periódico ‘Hurriyet’, Abdullah ha dicho que había pagado dos veces a traficantes para llevar a su familia hacia Grecia.

Al no poder hacerlo, decidió buscarse un barco y remar ellos mismos hacia Kos, que acabó hundiéndose. «Cogí a mi mujer y mi hijo de la mano, pero resbalaron», ha asegurado Kudri.

Después de que su caso se haya hecho famoso, el padre ha explicado que las autoridades canadienses le han ofrecido ahora la nacionalidad, pero la ha declinado.

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