Luca di Tolve era bailarín en una discoteca homosexual, fue elegido Mr. Gay: al descubrir que tiene SIDA reza y encuentra a Cristo

* «Leía el Diario de Sta. Faustina Kowalska, el Diario de la Divina Misericordia, y estaba tan lleno que me iba a las discotecas gays para contarles la vida de Sta. Teresa, de Sta. Faustina, de Sta. Monica, de S. Agustín…  Y todos se quedaban diciendo: “Ya no eres tú”»

Camino Católico.- Luca di Tolve nació en una familia disfuncional. Veía a su madre siempre triste, y a su padre siempre huyendo de casa, hasta que se divorciaron. Luca se queda sin la figura paterna. Esta carencia afectiva le lleva a experimentar un impulso sexual hacia los chicos, que se reafirmará por el diagnóstico de un psicólogo y los medios de comunicación.

Después de que un psicólogo le diera un diagnóstico de homosexual, se deja arrastrar por sus impulsos. Trabaja como bailarín en una discoteca homosexual hasta ser elegido Mr. Gay. Busca el amor —sin encontrarlo jamás— en la promiscuidad y las fiestas. Al descubrir que tiene SIDA, se siente movido a rezar. Y el cielo le tiende una mano. Luca di Tolve explica su testimonio de conversión en el programa “Cambio de Agujas” de H.M. televisión, que se visualiza y escucha en el video superior y a continuación puede leerse lo esencial de todo cuanto dice en la entrevista:

Luca de Tolve es un hombre felizmente casado desde hace 10 años con Teresa y son padres de una preciosa niña. A sus 46 años, Luca es un hombre pleno y realizado. Pero el camino que ha tenido que recorrer para llegar hasta aquí, ha estado marcado por el sufrimiento.

“Me decían: ¿Eres chico o chica?”

Nació en Milán de una familia procedente del sur de Italia. Sus padres nunca se amaron y Luca nunca conoció otra cosa en casa que no fueran portazos y discusiones. Hasta que su padre dio el portazo final, y se fue cuando Luca tenía solo seis años. El dolor fue inmenso, pero las consecuencias lo fueron más todavía, porque Luca tuvo que crecer sin el referente paterno que le enseñara a desarrollar las características masculinas. Él tiene muy claro cuáles fueron las etapas que desembocaron en la atracción hacia otros hombres: 

«Yo no pude adoptar esos atributos que son normales, reales, que son la verdad, como es la modalidad de la voz… Yo no podía escuchar a mi padre, así que me convertí en un niño más dulce que los otros, siempre el más afeminado, que adoraba a su madre porque veía en ella a una santa, una mujer que trabajaba, que llegaba tarde a casa».

Precisamente porque la madre tenía que trabajar tanto, Luca pasaba mucho tiempo solo viendo la televisión sin que nadie controlara lo que veía. Otro punto que no ayudó fue la forma en que le vestía su madre:

«Me ponía ropa con lazos, gorritos elegantes… En Italia se dice “como un señorito”. Llegaba y me decían: “¿Eres chico o chica?” Y un chaval se da cuenta enseguida cuando hay algo que no encaja. Y ahí empecé a sufrir. Porque yo sentía que mi masculinidad quería salir, y cuando iba con los chicos lo intentaba, porque es lo natural. Tú intentabas ir a jugar con ellos, pero luego no lo conseguía. No era culpa de los demás. No era homofobia. Era que yo no tenía esa seguridad.

Tenía poca autoestima y no tenía a nadie: ni un hermano, ni un abuelo, ni un padrastro siquiera… A nadie. Ni un tutor. Y es difícil, porque tú solo… Lo intentas una vez, dos, tres… Y cuando ya te dicen: “No, no sabes tirar el balón, no sabes hacer… No sabes jugar”. Los chicos son chicos y está la competitividad. Y yo, al cabo de un tiempo, para no sufrir más, empecé a dejar de lado el mundo masculino. Y me refugié en el mundo de las niñas. Porque veía más el amor de mi madre.

Y esto causa un sufrimiento, que es el alejamiento del grupo de los chicos de mi edad, que es importante para el crecimiento. Es un rito de paso para poder adoptar la masculinidad. Y yo no lo conseguí. Por tanto, mi heterosexualidad se quedó latente. Luego, creciendo, con la edad de la adolescencia, se convirtió en un problema. Porque la explosión de hormonas después de la pubertad empezó este deseo de masculinidad que se transformó en pulsiones eróticas y románticas hacia los chicos».

De los impulsos románticos a los sexuales, teniendo como ídolos a mujeres fuertes

Comenzó sintiendo impulsos románticos, que luego se convirtieron en sexuales, hacia un compañero de clase. De su compañero le atraían todos aquellos rasgos de masculinidad que él añoraba tener. Buscaba ese amor paterno, ese amor masculino que nunca sintió. No tuvo quien le ayudara a distinguir ente la persona que era él, un joven varón lleno de carencias afectivas, y los impulsos que experimentaba. Por eso, no duda en afirmar: 

«El problema de la homosexualidad no es un problema de sexo, sino que es un problema de relaciones con personas del mismo sexo a las que no se ha accedido. De hecho, luego uno se esconde en el grupo de las niñas. Y he visto, en los diez años de trabajo que llevo con chicos homosexuales, he visto que sus ídolos son mujeres fuertes. Se han cerrado a la masculinidad. Porque hay una masculinidad estética, del cuerpo, pero luego aman personalidades fuertes como Madonna, Lady Gaga… Personajes muy fuertes e influyentes, no solo del mundo de la canción sino en general, del mundo femenino. Y esta es una cosa muy difundida. Es un refugio porque no se ha cumplido ese proceso de heterosexualidad, de masculinidad.

La naturaleza, dentro de ti, explota y te reclama esa masculinidad. Y luego vas a buscar esa intimidad que no has encontrado —perdonad la expresión— en la ropa interior de las personas. Porque es el único modo para adoptar esa masculinidad. Y hay muchas relaciones sexuales, mucho amor, mucha idolatría. Pero es como un abuso a nivel de la percepción. Porque tú quieres ser masculino y no lo consigues. E intentas, a través de otros, adoptar esos atributos masculinos. Solo que si no haces un seguimiento en psicoterapia y oración —porque el Espíritu Santo se revela, a través de los santos—, tú rechazas la masculinidad».  

Luca es consciente de que hay muchos caminos para llegar a la homosexualidad: 

«No hay una homosexualidad específica, es una herida. Y esa herida es una cruz que puede tener un hombre, cualquier hombre. Mi herida me llevó a convertirme en homosexual, pero quizás en otro le convierte en un “don Juan”, un narcisista. Hombres que buscan mil mujeres, pero no encuentran la mujer adecuada porque no se han entendido a sí mismos». 

Lo que Luca tiene muy claro es que no hay ninguna prueba científica que demuestre que la homosexualidad sea genética: 

«No, nunca se ha encontrado un gen. Es más, hay estudios con homosexuales que demuestran que no es algo genético, sino algo que se aprende a partir de estas heridas de la infancia. (…) Es obvio que hablar así hace sufrir mucho, enfada. Yo lo he vivido. Tengo aún amigos homosexuales y transexuales. Pero he visto la verdad, y sé que tienen una máscara, porque están muy condicionados por el sistema».

El sufrimiento de las continuas traiciones de sus muchos novios

Una gran dificultad que encuentran muchos adolescentes y jóvenes que se descubren atraídos por personas de su mismo sexo, es que encuentran que nadie les ayuda. Solo las asociaciones homosexuales te tienden una mano en medio de tu horrible sufrimiento: 

«Y las asociaciones homosexuales, más la televisión, más todo un mundo que explota este malestar que sientes, te cuenta un cuento. Te dice que tú puedes vivir un amor, que puedes ser normal, natural. Hay un gran proyecto a nivel mundial, hace diez años que estudio el fenómeno y lo he descubierto. No solo yo, también grandes y excelentes profesores de todo el mundo.

Por desgracia, se aprovechan de esta situación, y te encuentras en el momento de la necesidad con que nadie te dice: “Que no, que es solo un momento de confusión”. (…) Porque los homosexuales, los gays, no saben que no es realmente amor. El amor lo encuentras cuando hay un hombre y una mujer, hay un desapego mucho más natural, que es hermoso precisamente porque hay esta complementariedad y diversidad, que no es tan invasivo. Mientras que la homosexualidad se parece a un abuso, en el que hay uno que es más fuerte y otro que es más débil. Es como un juego, como un abuso en el que uno debe estar por encima del otro». 

Luca explica que uno de los mayores sufrimientos que experimentaba en su vida gay eran las continuas traiciones de sus muchos novios, mientras a su alrededor todo el mundo decía que la vida gay era la vida feliz, era como «el país de los juguetes»: «Yo sufrí mucho porque, cuando tenía novios, existía la traición. Y pude ver con mis propios ojos esta búsqueda continua con eso que tenemos en las entrañas, los instintos emotivos de conseguir adoptar esa masculinidad, y por eso se va siempre a la búsqueda de adoptar esos atributos. Pero tú no lo entiendes, e intentas siempre llenar esa insatisfacción buscando más sexo. Y es realmente diabólico, porque te hace daño. Yo hoy puedo decir, habiendo salido de ello, que me he sentido liberado, porque era una esclavitud estar siempre con el miedo a que te pudieran dejar y a tener que empezar una nueva relación». 

El colofón de esta época adolescente de Luca fue una visita al psiquiatra que le diagnostico «homosexual»:

Un psicólogo le dice a él y a su madre que era homosexual

«Cuando mi madre se preocupó, fuimos a un consultorio psicológico. Yo tenía catorce años y le dijeron a mi madre: “Su hijo es homosexual. Es usted quien tiene el problema, no su hijo. Su hijo vivirá felizmente como homosexual. Y usted lo tiene que querer así. Si acaso, usted tiene que entender, aprender, y educarse para entender qué es esta homosexualidad”. Por tanto, yo, confirmado por un médico, por la televisión, por el mundo externo, creí en ello y ya no me ocupé de mi masculinidad. Y empecé a ir a los locales, al mundo homosexual».

La información que recibía a través de los medios de comunicación, contrastada con los sentimientos e impulsos que brotaban dentro de él le hicieron creer que el diagnóstico del psicólogo era cierto. Y entonces conoció a un chico:

«Conocí a un chico en el colegio que era mayor que yo. Por su modo de vestir se sabía que era homosexual. Intenté hacer amistad con él y decidí que sí, que ese era mi camino. Ya me lo había dicho el médico, el psicólogo. Empecé a frecuentar estos ambientes, y él me llevó a este “País de los Juguetes” como lo llamo yo por Pinocho. Es un ambiente, donde, efectivamente tú entras y te parece todo bonito. Todo maravilloso y lleno de gente como tú. Te parece que finalmente te puedes liberar de aquel niño que no podía con el colegio porque tenía problemas. Era como una especie de refugio. Una especie de gueto. No me gusta decir estas cosas porque sé que puede hacer sufrir mucho a las personas. Pero es la verdad. Tú cuando entras allí te sientes muy atraído por ese mundo. Es fascinante, en realidad la transgresión es fascinante, especialmente para los jóvenes».

Llega a ser Mr. Gay y el dinero y la lujuria toman su corazón

Luca era un joven herido que buscaba en la diversión resarcirse de todo el sufrimiento acumulado. En su caso además, hubo un factor que lo aceleró todo: su atractivo aspecto físico:

«Tuve también la desgracia… Bueno, no es una desgracia… Pero la belleza puede ser también un hándicap. Yo entré en este ambiente con diecisiete años en Milán. Ya existía el “t-dance”. Estábamos en los años 80, en pleno “boom” económico, donde se hacían esas discotecas tan bonitas, todo de colores. Yo me volví loco por estas cosas, pero eso no era felicidad. Era solo placer, diversión. (…)  El aspecto físico que tenía cuando era joven, me llevó a convertirme en Mr. Gay.

Cuando yo llegué, joven, jovencísimo, me vieron los empresarios de la discoteca y en seguida les gusté mucho. Empezaron a hacerme bailar. Me pagaban, y esto a mí me atraía mucho porque mi madre trabajaba para unas monjas, y no podía permitirse el comprarme los pantalones de marca o las cosas que yo quería.  Y yo bailando con diecisiete años, aunque decía que tenía dieciocho, ganaba muchísimo dinero. Ese fue el comienzo como de una cadena, una especie de torbellino. Poco a poco hice otro concurso y me nombraron Mr. Gay. Y así empezó, digamos, la lujuria, las ganas de mundo, de crecer. Me trasladé al centro de Milán y salía con personas que tenían mucho dinero».

Luca se hizo militante en la Arcigay (Arcigay es la mayor asociación LGBTI de Italia). Pero ni fue feliz, ni conoció el verdadero amor: 

«Mis relaciones nunca eran estables. O le dejaba yo, o me dejaba él, y esto era muy triste porque te hace sufrir. Cuando tienes ese sentimiento tan fuerte, siendo tan joven, te lleva realmente a un sufrimiento inaudito. Y luego te levantas, sí. Pero esos “lutos” te los llevas contigo. Puedo decir que allí no había felicidad. Había momentos que parecían felices, que parecía un sueño o una fantasía… Pero no encontré la verdadera felicidad, sino mucho sufrimiento». 

El gueto gay, la presencia del mal y Dios que comenzaba a trabajar en Luca

Hubo un detalle que no pasó desapercibido a Luca:

«Cuando estaba en ese mundo, sentía la presencia del mal. Pero todavía no era capaz de sentir esas cosas al nivel del espíritu. Pero hubo un momento en el cual después, de tanto éxito, tanto dinero, tantos viajes… como escribí con más detalle en mi libro, me di cuenta de que había una cadena de discotecas que llevaban un nombre que recordaba al demonio. Por ejemplo, en Milán había una que se llamaba “Papé Satán”.Recuerdo que cuando entré y vi aquellos cuadros, pregunté a un amigo qué era todo eso horrible. Eran muy pequeños, pero eran cuadros del demonio. Cuando vi esas ilustraciones, sentí que me ahogaba, como si alguien me agarrara por el cuello. Y ahí tuve miedo, sinceramente. Pero pensaba que era mi sensibilidad, mi impresión, porque no me gustaba mucho el ambiente oscuro. Pero desgraciadamente, con el tiempo, estos locales empezaron a ser cada vez más extraños, llenos de sexo y drogas, y todo tipo de cosas. Esa fue mi percepción. Luego, después de mi conversión, entendí que había un plan muy preciso».

Luca no habla por hablar. Conoció el movimiento LGTB hasta el fondo: 

«Era militante de la asociación LGBT y participé en los primeros Gay Pride. He trabajado siempre con estas personas que ahora son personas importantes, tanto en Italia como en América, porque trabajaba para el IGTA (International Gay Travel Association) para organizar viajes y vacaciones, como describí en el libro. Y cuando estudié marketing… comprendí que muchas cosas ya estaban decididas en realidad. Hay todo un mundo económico detrás que se beneficia. (..)

Sí, entendí que hay una parte de la política y de la económica que saca provecho de la homosexualidad. Para ellos, los homosexuales son una gran parte del mercado, son el consumidor perfecto. Y entonces mi ideal se derrumbó. (…) Me decían: “Si quieres hacer algo a nivel gay, tienes que poner el motor que lo mueve todo: el sexo”. Empecé a analizar todos los locales, todas las cosas. Ellos mismos, desde América, me decían: “Si quieres hacer un local que tenga éxito tienes que poner un DJ (Disc Jockey) de cierto tipo, el chico en bañador, hablar de sexo abiertamente, tienes que ser liberal, tienes que ser una persona totalmente libre de tabúes”.

A los gays les gusta vivir una vida naturista, una vida libre… Yo hablo no del homosexual, sino del gay, de la vida gay. Y empecé a no aguantar más esa vida tan cerrada. Este gueto se me quedaba pequeño, porque yo cantaba e iba a hacer también concursos, y me relacionaba con personas heterosexuales».

«Dios ya estaba trabajando en mí. Porque, por ejemplo, cuando fui a grabar una canción, para gastar menos —aunque realmente era Dios quien guiaba todo—, fui a una iglesia evangélica, porque ellos hacen mucha música y tenían una casa para hacer grabaciones. Y en esta iglesia evangélica me hablaban de Dios, me regalaron la Biblia, me decían: “Mira, que Jesús te ama”. Después me enamoré de un chico que era militar. Él fue para ayudar a los civiles afectados por el terremoto que ocurrió en Asís. Yo estaba muy enamorado de ese chico, pero luego —cuando llegué a Asís— después de algún tiempo que estábamos juntos, lo encontré con otro. Pero en Asís pude ver mucho amor por parte de la Caritas que ayudaba esas personas. Y me fascinó la historia de San Francisco. Desde entonces empezó a moverse algo dentro de mí».

El momento decisivo cuando descubrió que tenía SIDA

Pero el momento clave fue cuando Luca descubrió que tenía SIDA:

«En esa época, todos mis amigos empezaron a morir. En mi libro hablo de esto mucho más, porque hablar así de este tema es difícil… Mirando a los ojos de mis amigos, entendí que aquella era una “media vida”. Y entonces empecé a experimentar dolores, empecé a beber más, a ser infeliz, a ver esos nuevos jóvenes que llegaban. Yo tenía casi treinta años, y veía a los nuevos, de unos veinte años, que llegaban como yo, los cogían… Hay todo un método de acogida por parte de estas asociaciones. Llevaba ya a San Francisco en el corazón. 

Empecé a escuchar esta parte espiritual dentro de mí, pero seguía teniendo vida homosexual. En cambio, cuando supe de mi enfermedad, en el hospital… Tuve fiebre durante unas dos semanas aproximadamente. No se iba. Me ingresaron y, al poco, la doctora me dijo: “Luca, tienes SIDA”. Para mí fue un momento dificilísimo, porque entiendes entonces que no sirve ningún abogado, ni el dinero. No puedes comprar la vida, la felicidad. Puedes tener una casa muy bonita, cosas muy bonitas… pero yo estaba triste. Y cuando supe que tenía SIDA, supe que tenía que morir como mis demás amigos. Pero fue una gracia, como dice San Agustín, una desgracia que desembocó en la gracia».

La conversión con una experiencia mística con la Virgen María

La gracia de la conversión llegó en aquel momento, a través de una experiencia con la Virgen cercana a la experiencia mística. Un momento muy especial con la Virgen María: 

«Fue un momento muy bonito porque, en ese momento, miro de lejos en mi casa, que era un espacio abierto, un “open space” en el centro de Milán, y vi un rosario. Y recuerdo que mi madre rezaba siempre cuando limpiaba las iglesias, y me decía: “Luca, Luca, ¿qué estás haciendo con tu vida?”. La madre. Y veo también unos iconos que mi madre me había regalado, muy bonitos, de la Virgen. Dos iconos que estaban cerca de ese rosario. Y me di cuenta de que la Virgen…

Cuando yo miraba a la Virgen sentía una sensación de paz, pero sobre todo me di cuenta de que la Virgen estaba viva, era verdadera, no era un cuentecillo, que la Virgen existía. No me lo podía no creer… En aquel momento de sufrimiento, era extraño, pero yo creía firmemente que la Virgen estaba allí.

Entonces cogí ese rosario que estaba lleno de polvo, colgado encima del contador de la luz. Cogí ese rosario que me habían regalado por tradición y empecé a pasar las cuentas. No me acordaba de los misterios, pero sí del Ave María, el Padrenuestro y el Gloria. Empecé a invocar a la Virgen con el corazón. Y después de una serie de rosarios… No sé cómo explicarlo…

Fue una experiencia de amor tremendo, porque yo sentía en la profundidad de mi conciencia que yo no estaba allí. Era como si todo el mundo si hubiera parado porque en ese momento la Virgen estaba a punto de aparecerse. Había un silencio irreal, un silencio de paz, como si todos los santos y ángeles cantaban y alababan. Luego pararon porque, en ese momento, la Virgen apareció. Yo sentí por dentro que todos se arrodillaban, incluso el demonio. Ese amor que Ella llevaba a mi corazón era una cosa indescriptible, que no se puede describir. Todo esto en la profundidad de la conciencia… 

No lo vi con los ojos, sino con el corazón, con el alma. No sé explicarlo. Vi a la Madre con las manos así, como se la representa en la imagen de Ntra. Sra. de las Gracias, la Inmaculada, que me decía: “Sigue adelante, sigue adelante, sigue adelante”. Y yo… yo estaba enamorado y decía: “Sí, sí, sí, sigo adelante”. Porque tú estás sumergido en ese limbo de amor y no te interesa ya nada mas, porque sabes que todo, los ángeles, los santos… todo esta conectado. Es extraño, no sientes ya tu cuerpo porque es ligero. No sientes ya la tristeza, todo se va… Sientes el corazón que late fuertemente… Te hace sentir así porque si te hiciera sentir el amor que tienes ya, llorarías…

Yo he llorado de amor, pero si te hiciera sentir tanto amor, tu corazón explotaría… Fue una cosa muy bella. Fue ahí donde empecé a decir: “Sí, sí, Madre, sí, sí, sí”. Me hizo entender, porque luego he tenido que rezar mucho para entender lo que me había pasado, y me decía: “Sigue adelante, sigue adelante”. Con las manos así… yo “veía” algunas como visiones, ¿no? Me decía: “Si te caes como un niño – porque me veía como un niño pequeño— si te caes, yo te levantaré, entonces sigue adelante, sigue adelante”. Es impresionante cómo la Virgen se puede agarrar a una pequeña oración de amor puro. Y esto fue para mí un don muy grande, porque luego, este bautismo del Espíritu Santo me acompañó durante muchos meses»

Evangelización en las discotecas y abandono de los trabajos mundanos

Luca fue muy afortunado. Poco después de recibir el diagnóstico de su enfermedad se descubrieron una serie de medicinas que ayudaron a controlar la enfermedad y que no muriera, como había visto morir a tantos amigos suyos. Escuchaba Radio María día y noche, leía a los místicos como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Santa Teresita del Niño Jesús. Una gran fuente de espiritualidad para él fue el Diario de Sta. Faustina Kowalska: «Leía el Diario de Sta. Faustina Kowalska, el Diario de la Divina Misericordia, y estaba tan lleno que me iba a las discotecas gays para contarles la vida de Sta. Teresa, de Sta. Faustina, de Sta. Monica, de S. Agustín…  Y todos se quedaban diciendo: “Ya no eres tú”».

Luca lo desconocía todo de la fe, pero escuchando Radio María y leyendo estos libros, descubrió que la Biblia no contempla la homosexualidad como una relación correcta. Fue un momento doloroso, porque Luca no sabía qué hacer con esos sentimientos que experimentaba tan adentro suyo:

«Encontré un grupo internacional, Living Waters, que ayuda a personas con estos problemas de identidad. Andrew Comiskey es un gran fundador. Son 25 los países que siguen este programa en el mundo. Luego sucedió que además de esto, que es cristiano (protestante y evangélico), encontré un libro de Joseph Nicolosi (…). Leí ese libro y vi la realidad de todo lo que yo había visto. Por tanto, aconsejo la lectura del libro de este profesor que ha dedicado más de treinta años de su vida a ayudar a los homosexuales. A mí me ayudó muchísimo a reconectarme con los hombres, que es lo que hay que hacer. Me ayudó a saber cómo relacionarme con otros hombres, a sentirme hombre. Me decía: “Tú no eres homosexual, eres heterosexual latente”. Así, ayudado por la psicología y por la fe, también por la Teología del Cuerpo y muchas cosas que vimos en estos ejercicios espirituales con Andrew Comiskey, es duro, es difícil, pero no es imposible, porque con la gracia se vuela. En el arco de un año y medio tuve un cambio total».

En una confesión muy importante Luca comprendió que tenía que cambiar de vida. En esa ocasión vio al P. Pío. No se detiene en contarlo y nos remite a la lectura de su libro, «Yo fui gay», editado por Libros Libres: «Comprendí que tenía que dejar todos esos grandes trabajos que hacía para la moda, para el mundo del turismo homosexual y tener una verdadera vida. Porque yo, cuando hice la confesión, que fue muy importante, porque vi al P. Pío —no puedo explicarlo por motivos de tiempo— sentí que tenía que cambiar de vida. Mi ceguera espiritual se curó». 

Dejan de atraerle los hombres y viaja a Medjugorje en acción de gracias donde conoce a su mujer

Consiguió un trabajo como vigilante de seguridad, un trabajo de hombres. Y se decía a sí mismo: «Acuérdate de esto: tú eres como ellos. A lo mejor eres distinto de ellos en cuanto al carácter, pero eso no importa. Estás aprendiendo». El Señor le regaló muchos amigos católicos de distintos movimientos dentro de la Iglesia. Comenzó a recibir la Eucaristía todos los días, rezaba tres rosarios al día, y hacía el plan de vida de Medjugorje. En una excusión a la playa con sus nuevos amigos, descubrió que ya no le atraían los hombres:

«Decidimos hacer una de esas excursiones a la playa que se hacen al final de la primavera. Una vez allí, miré alrededor y me di cuenta de que los hombres no me atraían. Hablaba durante horas con mis amigos, que era una cosa que nunca había sido capaz de hacer hasta entonces, porque experimentaba una especie vergüenza, de enamoramiento, de… Allí, al contrario, yo hablaba libremente con mis amigos. Y los chicos que pasaban en bañador, antes eso era un desastre para mí, porque siempre antes me sentía atraído por ellos… Pero estaba tranquilo, había paz, era una cosa… Allí entendí que había hecho un camino que me había llevado, después de un año y medio, a no tener ya los impulsos homosexuales». 

Luca quiso darle gracias al Señor y, para hacerlo, se fue a Medjugorje. Experimentó con fuerza la presencia de Nuestra Madre, y pidió una gracia: «Madre mía, ayúdame. Ayúdame de verdad a encontrar una mujer, a casarme, a tener hijos». Luca estaba descubriendo, por primera vez en su vida, lo hermoso que es tener una familia. La Virgen respondió concediéndola otra gracia muy especial: «Esta vez vi… El sol parecía que se me acercaba… Era el 25 de abril. Vi este sol eucarístico que venía hacia mí y la Virgen que me decía: “¿Ves? Tú has seguido adelante, has confiado, has dicho sí”». 

En ese viaje, Luca conoció a Teresa, la que a día de hoy es su mujer. Ella también se había convertido hacía algunos años. En palabras de Luca, Teresa «era y es una mujer guapa por dentro y por fuera. A mí me da tanta fuerza. Entendí de verdad el gran amor». Cuando a Luca le empezaron a pedir dar su testimonio, Teresa estuvo siempre a su lado. A pesar d

e los ataques de los grupos LGTB—a veces Luca debía ir escoltado por veinte policías—, de la falta de intimidad que suponía… 

Luca lo tiene muy claro: las personas que quieran recibir ayuda para superar la homosexualidad, deben poder recibir esa ayuda. Las que no quieran, nadie se lo puede imponer. Pero, como católico, Luca se siente en la obligación de proponer una alternativa, porque está por medio a salvación del alma de esa persona: «Nadie puede negarme la Redención». 

Luca era homosexual y portador del VIH: gracias a la Virgen en Medjugorje dejó la vida gay y allí mismo conoció a su esposa

Fuente:Eukmamie
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