Ludovic sufrió con divorcios, drogas, en la cárcel, pero un retiro y la confesión lo cambiaron: «Sentí un amor intenso y dije: ‘Dios, solo tengo mis adicciones, tómalas»

* «Tomé mi tren de regreso a Vannes un poco preocupado por lo que iba a pasar, no tenía nada, no podía comprar comida, tabaco… Podía quedar todavía alcohol en mi apartamento, pero yo le había entregado a Él todas mis adicciones. Desde entonces, no bebo, no fumo… Le devolví todo. A partir de ahí pude reconstruir mi vida con Cristo, con Dios. Hoy, diez años después, tengo la certeza de que Él respondió a mi llamada»

Camino Católico.-  Divorcios, adicciones, la cárcel… La vida de Ludovic ha estado marcada por momentos de grandes sufrimientos que le llevaron a desesperar. Un folleto para acudir a un retiro iba a ser el principio del cambio. Découvrir Dieu le ha entrevistado y esta es su testimonio de cómo Crusto cambió su vida:

Ludovic contando su conversión
«El último día de mi encarcelamiento, le pregunté gritando a Dios si existía»

Me presento. Mi nombre es Ludovic. Hoy tengo 59 años. Y voy a retroceder quince años. Tenía 45 años, vivía en el mundo,  trabajaba y buscaba todas las cosas que ofrece este mundo: alcohol, drogas, dinero, relaciones… Vivía sin ningún sentido, me casé tres veces, tuve dos hijos.

Hasta el día en que todo se desmoronó. Y ahí, me encuentro en dificultades frente a la justicia. Estaba encarcelado y todo se había derrumbado, era la nada… Tenía la sensación de que mi vida corría hacia la muerte: nada tenía sentido y no veía cómo reconstruirla de nuevo.

Y, el último día de mi encarcelamiento, le pregunté gritando a Dios si existía. Liberado ya de cualquier condena, en octubre de 2008, después de seis meses, alquilo un apartamento  en Vannes. Cojo esta casa estando desempleado y sigo viviendo con mis adicciones. Hasta que un día, unos jóvenes de una parroquia cercana llamaron a mi puerta y me dieron un folleto: era algo que personalmente necesitaba.

Y respondí a este folleto. Fui a una iglesia… no tenía nada más que hacer… Y pude encontrarme con un sacerdote que me acogió, que me abrió los brazos y que estuvo ahí para escucharme, sin ningún prejuicio. Era la primera vez que podía contar a alguien lo que estaba atravesando en mi vida, las dificultades que tenía y la situación en la que me encontraba Sin ningún juicio, me sugiere que me inscriba en un curso que tenían en la parroquia, para conocer gente. Sin embargo no me interesó mucho su propuesta pero no tenía otra cosa que hacer y fui. Durante todo este tiempo, contesté a nada que tuviera que ver con fe o la Iglesia. Lo único que me gustaba era que teníamos una comida a la semana y que el vino estaba bueno.

Ludovic ha visto transformada su vida por Dios

Al llegar al mes de julio la iglesia se vacía. Estoy solo en mi apartamento y, por casualidad, me encuentro con otro folleto, que me invitaba a una reunión cristiana que estaba teniendo lugar en Saint-Laurent-sur-Sèvre. No tenía medios para ir, pero, al final, conseguí pasar una semana allí. Fueron más de cinco días. Me dije que con los pocos contactos que había tenido en la iglesia, no me podía hacer daño… En fin, me sacó de mi apartamento y de las limitaciones que tenía allí.

Me encontré entre mucha gente y pasé tres días llorando antes de poder hablar con un sacerdote. Allí me confesé por primera vez y pude preguntarle todas las dudas que tenía. Poco a poco, deposité allí toda esa carga pesada y encontré la alegría interior.

Esa misma tarde, voy al bar a tomar un café. Y allí, siento una presencia interior que me consume por completo: un calor intenso que nunca había sentido. Alguien interiormente me dice que me ama. Era la primera vez que sentía un amor intenso. Le respondo que sí y le ofrezco todas mis adicciones y dependencias. Ese día le dije: ‘Dios, No tengo nada para darte, solo el alcohol, mi tabaco…’. Y, le doy todo, No entiendo profundamente lo que estoy haciendo pero lo hago.

Al día siguiente era domingo y el retiro concluye con una misa de envío en la que participo plenamente. Tomé mi tren de regreso a Vannes un poco preocupado por lo que iba a pasar, no tenía nada, no podía comprar comida, tabaco… Podía quedar todavía alcohol en mi apartamento, pero yo le había entregado a Él todas mis adicciones. Desde entonces, no bebo, no fumo… Le devolví todo.

A partir de ahí pude reconstruir mi vida con Cristo, con Dios. Hoy, diez años después, tengo la certeza de que Él respondió a mi llamada. He podido construir mi vida, poner en su lugar todo lo que estaba mal. También he podido arreglarme conmigo, porque si no aprendía a quererme, no podía perdonar a las personas que había dañado. Mis hijos, por ejemplo, con los que pude reconstruir el trato. Así que eso es lo que hice durante esos diez años. Y lo sigo haciendo.

Una gran alegría también es que, a pesar de todo eso, a pesar de todo este camino, Dios no se olvida de nosotros y respondió a otra llamada. En 2019, en un viaje parroquial en el que participé, quise dar mi testimonio. Y, aquello, me permitió conocer a mi esposa. Ahora sé que Él está presente, y que  estaba presente antes en mi vida, pero que no lo veía, porque todas aquellas dependencias ocupaban el espacio. Él fue capaz de sumergirse en mí. Cada día trato de averiguar cómo quiere que le devuelva todo el bien que me ha dado. Sólo puedo dar gracias por eso, porque Él respondió a mi llamado.

Ludovic

Video del testimonio de Ludovic en francés


Para entrar en el catálogo y en la tienda pincha en la imagen