María Isabel Scaltritti, 27 años, es monja: «En stand by con Dios, me dediqué a la política y estudié derecho, me hice voluntaria en el Cottolengo y asumí lo que Dios quería»

* «Dejé de militar porque encontré en el Cottolengo un modo diverso y concreto de servir. Las personas que residen allí tienen discapacidades. En ese espacio uno recibe el triple de lo que da. Sentía que el tiempo no me alcanzaba, ayudaba y participaba del Cottolengo, pero me faltaba algo. Fue una experiencia muy fuerte, uno sella su fe. Sentí el llamado de asumir, en la vocación que fuese, lo que Dios quería. Fue un tiempo duro en el que me tuve que poner de frente a mi verdad; sentía que lo mío podía ser la vocación religiosa. Cuando la hermana me dijo que Dios tiene un plan para cada uno quedé descolocada. Somos hijos amados. Él nos pensó en llegar y vivir en plenitud, ahí encontramos la verdadera felicidad»

Camino Católico.-  María Isabel Scaltritti nació en Montevideo, tiene veintisiete años y hoy es novicia de la familia religiosa de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, más conocida como las Hermanas de Don Orione, en las que ingresó en 2018. Es abogada, militó en política pero un día, tras muchas luchas, decidió abrazar por completo la vida religiosa y fue recibida por el Papa Francisco el lunes 21 de junio de este año 2021,junto a otras cuatro novicias y hermanas de su orden religiosa. María Isabel Scaltritti explica su testimonio de conversión y vocación Iglesia Católica de Montevideo.

La fe es un regalo

La familia de María Isabel está integrada por sus padres, Miguel Ángel y Estela, y sus hermanos Josefina, José Pedro y Guillermo. Ella es la menor de los cuatro. Además tiene un sobrino —que también es su ahijado— llamado Francisco.

“Me crié en una familia no tan practicante, mi mamá es católica, mi papá no. Igualmente vivimos los valores humanos. Y hoy miro para atrás y siento que, gracias a mis padres, a la educación que recibí en casa y en el colegio, soy lo que soy. Fueron un regalo de Dios”, afirma.

Cuando María Isabel tenía seis años su familia se mudó a Melilla. En ese momento comenzó a cursar sus estudios en el Colegio Pío, de los salesianos.

Durante esos años los domingos iba a misa con su madre. Pero cuando empezó la facultad se desvinculó de la Iglesia: “La adolescencia fue un tiempo de stand by con Dios; iba a misa solamente en Navidad”.

María Isabel Scaltritti  con las otras cuatro novicias, la Hna. Irma y la Hna. Eliana, que fueron recibidas por el Papa Francisco / Foto: Twitter @isascaltritti

Bajo una bandera

La joven empezó a militar en política a los dieciséis años. En el año 2009 asistió al primer acto partidario y le encantó. Le atraía poder trabajar por el bien común, sobre todo por las personas de las periferias, algo que siempre le cautivó. La militancia no duró mucho tiempo, pero fue muy intensa. Participó de distintas experiencias.

“Recuerdo que el Papa Francisco dijo, en un momento, que la política es uno de los instrumentos de servicio por excelencia; verdaderamente así lo veía yo”, asegura.

Al culminar sus estudios secundarios optó por la carrera de abogacía, ya que tenía proyectado hacer carrera en la política.

En 2012 entró a la Facultad de Derecho, mientras continuaba con la militancia, pero lejos de la fe. “Mi opción fue dedicarle mi tiempo a la política y la militancia”, detalla.

Experimentar la caridad

A principios del año 2014 participó de un servicio en el Cottolengo Don Orione. Su familia siempre estuvo vinculada a la obra. Ella y sus hermanos fueron bautizados por sacerdotes de esta congregación y encontró una casa que le abrió las puertas de par en par.

“Me empecé a acercar a una de las hermanas; me invitó a tocar la guitarra al coro, fui, y me enganché en el voluntariado del Cottolengo. Llegó un momento donde me di cuenta de que estaba más tiempo ahí que en otro lado”, cuenta María Isabel entre risas.

Cuando se dio cuenta de que los tiempos no le daban para cumplir con la política, la militancia, la facultad y el servicio en el Cottolengo, empezó la crisis. Tuvo que empezar a elegir: “uno no es omnipotente ni omnipresente, solo hay Uno así”.

A la persona que ingresa a la institución no se le pregunta ni partido político, ni religión, ni raza, solo importa que tenga alguna dolencia; se recibe y acoge al que se acerca. En el momento que María Isabel llegó había noventa personas, de distintas edades, de seis a noventa años. Don Orione decía que los “cottolengos” son faros de caridad: iluminan y dan fuerza a todo el que se acerca.

“Dejé de militar porque encontré en el Cottolengo un modo diverso y concreto de servir. Las personas que residen allí tienen discapacidades. En ese espacio uno recibe el triple de lo que da”.

María Isabel Scaltritti y el Papa Francisco / Foto: Twitter @isascaltritti https://twitter.com/isascaltritti?lang=es

“Estoy hasta las manos”

En cuarto año de facultad empezó a cuestionarse si el camino era consagrar su vida a Dios. “Sentía que el tiempo no me alcanzaba, ayudaba y participaba del Cottolengo, pero me faltaba algo”, cuenta la joven.

Todavía no había recibido el sacramento de la confirmación. Habló con una de las hermanas del Cottolengo y manifestó el deseo de recibirlo. La hermana Adriana la preparó ese mismo año, y en 2015 se confirmó en la capilla del lugar.

“Fue una experiencia muy fuerte, uno sella su fe. Sentí el llamado de asumir, en la vocación que fuese, lo que Dios quería. Fue un tiempo duro en el que me tuve que poner de frente a mi verdad; sentía que lo mío podía ser la vocación religiosa”.

Al principio no quiso saber nada con ser religiosa, se consideraba solamente una voluntaria y nada más. Esquivó la situación hasta que llegó el momento donde tuvo que hacerse cargo de lo que sentía. Fue un tiempo de muchas luchas. Se cruzaron muchas cosas.

En quinto de facultad comenzó con el acompañamiento espiritual del padre Genaro Lusararian, que recuerda como un tiempo muy lindo y de búsqueda sincera.

“Cuando la hermana me dijo que Dios tiene un plan para cada uno quedé descolocada. Somos hijos amados. Él nos pensó en llegar y vivir en plenitud, ahí encontramos la verdadera felicidad”, sostiene.

¡Acepto!

Tanto sus padres como las hermanas del Cotolengo le dijeron a María Isabel que primero terminara la carrera y luego hiciera lo que quisiera. Luego de haber realizado el discernimiento no se cuestionó el lugar donde viviría su vida religiosa porque el llamado lo sintió en la familia de Don Orione.

En el año 2018 terminó la facultad e ingresó en la congregación. Realizó aspirantado, postulantado y actualmente vive en el noviciado de la congregación en Roma, Italia.

“Somos cinco novicias. Ingresamos en febrero de este año: dos brasileñas, una argentina, una italiana y yo. Es una comunidad bastante variada. En la diversidad y en la variedad está la riqueza de todos. Vivo una experiencia rica y profunda, estoy en la cuna de la congregación y de la Iglesia, configurando mi vida con la de Cristo y Don Orione”. Junto a ellas están la Hna. Irma y la Hna. Eliana.

María Isabel junto a su familia y hermanas de la comunidad./ Foto: Cortesía de María Isabel Scaltritti

No te olvides del pago

Isabel siente que cada viaje es una oportunidad para valorar su tierra natal. Lleva muy adentro, como todo uruguayo, lo típico de nuestra cultura.

“Cuando uno toma distancia se da cuenta de lo que deja, de sus raíces y de su cultura; sentí que había algo que me ligaba a la patria. Me agarré mucho de la Virgen de los Treinta y Tres, es quien me ayuda a estar unida a Uruguay. Rezar por el país y la Iglesia de nuestro país”.

Cuando estuvo con el Papa Francisco le contó que nació en ese pequeño país hermano del suyo. “El Papa se rió y me respondió: ‘¡un uruguayo con fe!’. Soy un signo, pero también siento que represento a la Iglesia de Uruguay, al lugar donde nací, es algo muy lindo”.

La caridad salvará al mundo

El 29 de junio del año 1915 Luis Orione, sacerdote italiano, fundó la congregación de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad con el fin de ser madres y hermanas de los pobres.

Esparcir el evangelio de la caridad de un modo sencillo, oculto y en silencio, llevando a las personas hacia Jesús, era su principal desvelo.

Fue beatificado por el Papa san Juan Pablo II en 1980 y posteriormente canonizado por el mismo pontífice en 2004. Su cuerpo se encuentra incorrupto y expuesto en el Santuario Nuestra Señora de la Guardia en Tortona, Italia. Su corazón está en un relicario en el santuario del Cottolengo del barrio Don Orione en la ciudad de Buenos Aires, y es un lugar de peregrinación.

La congregación celebró el veintitrés de junio el aniversario número ciento cincuenta del nacimiento de su santo fundador. Ese mismo día se abrió el año vocacional “orionita”. “Como familia estamos transitando un año especial, queremos transmitir la alegría del llamado a la vocación que cada uno tenga. Que podamos discernir juntos como hijos de Dios y de don Orione”, sostiene.

Con motivo del aniversario se llevan adelante distintas actividades en las casas de la congregación. Tiene presencia en América: en Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Perú, Brasil; en Europa: en España, Rumania y Polonia; en África: tienen casas en Costa de Marfil, Kenia y próximamente Mozambique; en Asia: en Filipinas e Indonesia.


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