Marie-Madeleine cayó en el porno, el alcohol y tras un accidente dijo: «Me voy a tirar debajo de un coche»; leer el evangelio la salvó: «Hay que pedir las cosas a Cristo y las da»

* «Un día, en oración, le pido a Cristo: ‘¡Señor, ven a curarme!’ Nunca me había atrevido a pedirlo. Al día siguiente, durante una oración leí aquel ‘Queda curada’ y desde ese día quedé completamente curada. No digo que no siga teniendo que luchar: es como una adicción, puede haber caídas. Pero yo lucho, y desde ese día no ha habido ninguna recaída»

El vídeo puede verse con los subtítulos en español entrando en la ruedecita de la derecha de configuración, luego en subtítulos, después en traducir automáticamente y eligiendo el español

Camino Católico.-  Marie-Madeleine es la quinta de los hermanos en una familia numerosa de ocho hijos que vive y practica la fe católica. Durante toda su infancia acudió a misa con sus padres y participaba con ellos en las actividades de la parroquia.

«Fue en los años de secundaria cuando empecé a ver pornografía con mis amigos, a algunos de los cuales conocía desde primaria: dibujos animados y manga con connotación erótica y pornográfica», recuerda. Unos amigos que ejercían sobre ella una «influencia tóxica». Muy pronto esa amistad se tradujo «en alcohol y en noches de borrachera» dice esta joven francesa al dar su testimonio en un video en versión original en francés en Découvrir Dieu, pero que puede visualizarse con subtítulos en español, y C.L. lo cuenta en Religión en Libertad.

Marie-Madeleine comprendió que «algo estaba mal» en aquellas relaciones: «Ellos no aceptaban mis convicciones, mi fe, la relación que yo pudiese tener con Dios. Dejé de estudiar, aquello fue muy difícil para mí, lloré mucho».

Un versículo iluminador

«Un día», continúa, «mi madre me saca de la cama, me lleva hasta mi rincón de oración y me dice: ‘Tienes que pedirle al Señor que te ayude y te guíe’. Entonces abro mi Biblia y caigo sobre la parábola de la verdadera vid (Jn 15, 1-7), donde dice el Señor que todos los sarmientos que den fruto Dios los podará, y los que no los den serán arrancados y echados al fuego. Me doy cuenta de que el sarmiento en mi vida que no da fruto es la relación con mis amigos. De la noche a la mañana, decidí cortar toda relación con mis amigos. Eso me entristeció enormemente».

Marie-Madeleine retomó sus estudios y empezó la carrera de enología. Pero, a pesar de que había roto con aquel sarmiento infértil, «seguía teniendo aquel hábito«, el consumo de pornografía.

«Un día me di cuenta de que había algo que no iba bien. En mi oración diaria leí la parábola de la mujer adúltera, y sentí una auténtica llamada a la confesión. Me fui a confesar, verbalicé todo lo que vivía, y sentí como una liberación», evoca.

Pero «la liberación no era total»: «Algo quedaba en mi corazón, había muchas recaídas».

El accidente salvador

Una de esas recaídas tuvo lugar las pasadas navidades, que había ido a pasar a casa de sus padres.

En ese estado de espíritu de desazón, al terminar las vacaciones emprendió en coche el camino de regreso a las clases: «Viajaba con un amigo. En la autopista había señalización de peligro por el viento. Al rebasar a un camión, fui proyectada varias veces contra el guardarraíl».

Al salir del vehículo, Marie-Madeleine comprobó que había quedado reducido a chatarra, con la carretera plagada de restos producto de los destrozos.

Desesperada y conmocionada, tomó una decisión instantánea: «Me voy a tirar debajo de un coche«. Justo en ese momento, sintió una mano en el hombro.

Era una persona que se había parado a ayudarles, inconsciente de estar dando lugar a otro tipo de ayuda: «Siento la presencia de Cristo que por segunda vez me salva la vida y me impide llevar a la práctica mi propósito Me digo: ‘No es posible seguir así. Enfrentarme a la muerte me ha abierto los ojos, tengo que pasar página'».

«Pedid  y se os dará» (Mt 7, 7)

Y ese pasar página consistía, sencillamente, en pedirlo: «Un día, en oración, le pido a Cristo: ‘¡Señor, ven a curarme!’ Nunca me había atrevido a pedirlo«.

Al día siguiente, durante una oración con sus compañeros de habitación, leyó la curación de la hemorroísa (Mc 5, 25-34): «Leí aquel ‘Queda curada’ y desde ese día quedé completamente curada. No digo que no siga teniendo que luchar: es como una adicción, puede haber caídas. Pero yo lucho, y desde ese día no ha habido ninguna recaída«.

Y su conclusión: «Realmente me di cuenta de que había que atreverse a pedirle las cosas a Cristo. Cuando se le piden, Él nos las da».


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