Marta, 29 años, abogada en ejercicio, deja las oposiciones a Juez para ser monja misionera: «experimentar la cercanía de Dios te hace lanzarte a la piscina»

* «Te lanzas en el momento en que te fías de Dios. Y Dios sabe cómo hacer las cosas. Y es verdad que yo soy muy racional y me gusta mucho el derecho. Cuando empecé a preparar la oposición disfrutaba con lo que hacía, me suponía un esfuerzo dejar de hacer otras cosas pero con el estudio disfrutaba. Con los sacrificios que implica el estudio.  Aunque racional me es fácil guiarme por las emociones, por lo que siento y ha sido un proceso largo de discernimiento, de pensar, de hacer listas de pros y contras, de poner un poco más la razón en todo aquello. Habrá gente a la que le será suficiente una gracia turbativa, que digas “¡Buah!”, pero para mí que soy más incrédula podríamos decir, no era suficiente»

* «Y ya cuando uno ve por donde… ve que sí, que se rinde y que le dice que sí… En ese momento me fui a hacer unos ejercicios espirituales de san Ignacio en el Monasterio del Pueyo y ya al final del retiro, recuerdo estar delante del sagrario ya habiéndole dicho a Dios “me rindo, okey”, pero también , “Señor, dame la certeza de saber que esto, ¡esto!, es sólo porque tú quieres, que es lo que tú quieres y ya está: que yo no me estoy confundiendo, que yo no estoy equivocándome o estoy, ¡no sé!, contemplando esta opción por algo que no seas tú y que no venga directamente de ti. Y yo ahí sentada, mirando el sagrario y no había nada, nada; ni nadie, solo una vocecita interior que dice, “Marta, qué más certeza necesitas, qué más certeza necesitas que el ser consciente que tú estás aquí, sentada conmigo, y podrías tirarte aquí toda la vida, con esta plenitud, esta serenidad, este gozo, sin ver a nadie más, sin necesitar a nadie más”. Y es que es gozo al final»

Camino Católico.-   Marta es una joven de 29 años de Barcelona, España, abogada en ejercicio, que deja las oposiciones a Juez para entregarse al amor en exclusiva a Dios y al prójimo. A principios de noviembre de 2018 entró en el noviciado de una congregación religiosa que se ocupa de atender a los menos favorecidos. Se hace religiosa misionera. Pocos días después tomó los primeros hábitos. El día antes de marchar a Roma desde su ciudad natal Barcelona, explica en una entrevista a Jordi Picazo en Ecclesia Digital de conversación cómo se vence el miedo a la Vocación: “un salto al vacío”. Su lista de pros y contras. “Vale Señor, me rindo, pero dame la certeza…”. Y la respuesta de Dios.

«Yo dejé de ser del Opus Dei porque ese modo de vida no era para mí. Para otros puede serlo, y de hecho lo es, y fenomenal y me saco el sombrero. Hablo de un intuir, de una inquietud, y ese intuir por dónde podrían ir los tiros yo ya lo había experimentado. Pero es verdad que cuando yo dejo la Obra no la dejo rebotada ni mucho menos. Dejé de ser del Opus Dei pero nunca he dejado de ir a misa y de frecuentar mi trato con Dios. Es verdad que la vida da muchas vueltas, y tienes momentos en lo que quizás sí que estás un poco más alejada o dando prioridad a otras cosas y te olvidas de lo importante. Pero yo, mi vida de cristiana católica y practicante, ese trato con Dios, no lo he abandonado nunca».

«Es una inquietud que viene de atrás, pero también ha sido un poco “turbativo”. De esa inquietud yo he huido durante mucho tiempo, y cuando uno huye de algo al final uno acaba olvidándose de ese algo: y tiene su lista de prioridades, ¡desordenada! Dios había dejado de ser una prioridad en mi vida, y mi prioridad pasó a ser pasármelo bien, mi proyecto vital, mis amigos, mi estudio y, mi carrera profesional… mi proyecto profesional era muy importante en mi vida. Y perdí un poco el orden en esa lista hasta que llega ahora este momento de mi vida en que yo dejo la oposición; y es verdad que yo toco un poco fondo… Cuando uno es muy perfeccionista -y yo lo soy- y se cree que puede con todo, Dios tiene que darle a uno una colleja de vez en cuando para que se dé cuenta que no es así la vida [ríe]. Y Dios me dio una pequeña colleja, que me hizo parar con la oposición y descansar, y volver a poner en orden esa lista de prioridades de la que te hablaba antes».

– ¿Cuándo fue?

– Fue en marzo de este año 2018.

– ¿Cuántos intentos llevabas de oposición?

– Me había presentado dos veces al primer ejercicio. Es verdad que el primer examen podría no contarse porque llevaba solamente 5 meses preparando la oposición, es ridículo. La primera convocatoria fue un poco ver en qué consiste esto. La segunda convocatoria ya fue seria. Y estábamos pendientes de convocatoria con el cambio de gobierno en España y la no-aprobación de los presupuestos: otras oposiciones, como a Notarías, no dependen de los Presupuestos Generales del Estado; nosotros, los que preparamos oposiciones a Judicatura dependíamos de la aprobación de los Presupuestos, llevaban ya muchos años convocando muy poquitas plazas pero sí que regularmente lo hacían y en cambio este año estaba siendo muy irregular. Llevábamos como año y medio sin convocatoria, se estaba haciendo un poco largo.

Una persona, cuando tiene un objetivo y trabaja con una fecha, trabaja pensando en esa fecha, ¿no? Y yo estaba un poco como que no sabía cuándo iba a acabar todo eso, el mundo seguía girando y tú estás encerrada estudiando diez o doce horas diarias: ya llevábamos casi cuatro años así. Dos convocatorias y a la espera de la tercera, y no llegaba. Y yo ahí toque un poco fondo.

Y la colleja de que te hablaba estoy convencida que fue una colleja cariñosa desde arriba, un decir “¡ey! que la vida era mucho más que esto: vuelve a encontrarte, vuelve a… vuelve a tu esencia, vuelve a lo importante, y no le des tanta importancia a lo que tú nunca se la has dado”, ¿no? No sé: yo vivía por y para el estudio. Dejo, o me recomiendan que deje en standby la oposición y hago caso. En casa han apoyado mucho la jugada, que deje la oposición, porque bueno, en ese momento la salud es también lo primero, ¡y no vale la pena! tener “una pájara” por algo que tampoco tiene tanta importancia. Hago caso, descanso, ¡pero soy una persona muy activa! Y yo me veía en casa, y a mis amigos trabajando por la mañana y por las tardes, y salían a las siete. Igual iba a tomar algo pero no, se me hacían muy largos los días, y es ahí cuando dije “eh, ¡pues me voy a hacer un voluntariado!” No tenía un duro, no podía viajar, y me puse a buscar ese voluntariado ( mp3 de 2’ de nuestro diálogo).

Nada me encajaba; se lo conté a una amiga y ella me puso en contacto con la madre Agnus Dei, que vive en Vic, en la provincia de Barcelona. Y nada, que me fui a ver un día a la madre Agnus Dei y me preguntó, “donde te quieres ir!” y le dije, – “no tengo ni idea, me da igual” También es cierto que yo buscaba un sitio donde la ayuda fuera necesaria, ¿no? Porque mi hermano se iba a la India, a Calcuta, y a mí me daba un poco de miedo la India, también por ignorancia pura y dura; también había oído de amigas que habían estado en verano y que en verano hay como “sobrepoblación” de voluntarios. Y me dijo, – “qué te parece Kazajstán” [ríe] no sabía ni donde estaba Kazajstán.

– ¿Ese sitio es donde hay doscientos católicos?

– Eso es Tayikistán [ver aquí YouTube de 6’: el mismo Instituto proporciona los únicos sacerdotes en este país]. Y le dije, bueno si necesitan ayuda, pues a Kazajstán. A las dos semanas estaba cogiendo el vuelo a Kazajstán. Yo me senté en el avión, y me dije “pero tú tía, ¡qué haces con tu vida! A Kazajstán que no sabes nada, a vivir con tres monjas, ¡Tres monjas! [ríe] eres tonta” (aquí mp3 de 2’).

– Has removido a tus colegas a tus amigos…

– Si se ha removido algo, no he removido yo. Ha removido Dios.

– Ha removido Dios, usándote como instrumento…

– ¡Ojalá! yo estoy convencida de que los tiempos de Dios no son los tiempos de los hombres…

– Yo pienso que a veces la razón de la vida de alguien es remover a las personas con las que coincide en la vida diaria, incluso en una situación más mínima…

– Pues sí. Pues claro que Dios se vale de eso. Somos muy limitados. ¡Yo!, soy muy limitada! ¡Dios sabe cómo hace las cosas! Yo en todo este tiempo he sido mucho de entrar y salir, gracias a Dios tengo muchos amigos; y muy buenos. Yo estoy convencida que Dios se ha esperado al momento que dentro de sus planes es el adecuado.

Las conversaciones que yo he tenido estas semanas con tanta, tanta, gente… de tantos ambientes distintos al mío, muy buenos amigos pero que no entienden ni “cachufla” …; yo he notado que se revolvían, que al menos se planteaban cosas, ¿no? O me han escrito y, mira, puede parecer una minucia, ¿no?, pero a mí ya eso me hace…; ayer comía con una amiga y me decía: ”Jo, Marta, es que desde que sé todo esto, rezo más”. Ella es médico, y va caminando al hospital y pasa por delante de Santa Gemma: – “Entro, y me siento dos minutos”, me decía. ¡Ya está!; ¡es que ya está! Cada uno en su medida.

Dios ha buscado el momento, y Dios se ha servido de esto. Toda esta gente, que está tan alejada de Él, estoy convencida que Dios se va a servir de esto para… para que el día que yo llegue al cielo, no quiero llegar sola, quiero llegar…, les digo, “y que estéis vosotros”; pues Dios sabe cómo hace las cosas y Dios, sabrá cómo se va a servir de mi experiencia.

– ¿Cómo superaste el miedo típico de la vocación?

– Yo al menos… lo pasas muy mal, ¿no? [ríe]. Yo vuelvo de Kazajstán, y no hablo con nadie de esta inquietud mía.

– [Interrumpo] ¿Ni con tu padre?

– Ni con mi padre. Bueno, con mi padre te diría que con el ultimo [ríe]

– ¿Y con tu madre y con tu hermana?

– ¡Tampoco! No, no, con nadie».

– ¿Ni con tus hermanos?

– Con nadie! Ni con amigas, nadie, nadie, nadie. De hecho ni con las monjas de ahí. Yo ahí tengo la tentación de hablar con la superiora porque, bueno, de hecho la primera sorpresa que me llevé ahí fue que las tres que estaban eran más jóvenes que yo. Madre mía; dos ucranianas, una boliviana; el trato por tanto fue muy fácil, muy humano, muy normal. Como te decía, yo tuve ahí la tentación de hablar con la superiora, con la madre Zastumitza, intercesión, [ríe] pero en el fondo pensaba “no, no, ¡no que basta que le diga!, para que me quede aquí”, qué me va a decir una monja ¿no? “Pues bienvenida al Club”. No, no, yo vuelvo a Barcelona, y en Barcelona esta “pájara” se me pasa, yo vuelvo a mi vida normal, yo busco trabajo.

Por “timing” yo había dejado la oposición y por tanto era un momento en el que yo decidía si volvía a la oposición o vuelvo otra vez a trabajar. “Vuelvo a Barcelona -pensaba-, busco trabajo, me independizo”, Yo tenía mi planning montado, me hacía mucha ilusión. Por tanto yo no hablo con nadie, y me creo que volviendo aquí esa inquietud se me va a pasar, inquietud que como te he dicho siempre había existido pero que se había despertado como de una forma muy potente y muy interior, ¿no?

Porque sin nadie decir nada, la última semana en Kazajstán yo solo lloraba. Y no lloraba de pena, no era un llorar de tristeza, era un llorar de impresión, de sentir a Dios como muy cerca y de… de ser consciente de que antes o después a esa inquietud me tenía que enfrentar. Pero no tenía narices, la palabra era, “no me daba la gana”. Yo iba al oratorio y Le decía “Tío, esto Tú y yo ya lo hemos hablado, esto Tú y yo, pensaba que esto ya estaba zanjado! Por tanto no tenemos nada más que hablar. ¡Que no! ¡Que eso no es para mí! A estas alturas de la película, 30 años, casi, que no Hombre que no, ¡cuatro años encerrada estudiando una oposición! ¡Ahora no!”.

Pero esto era como salir de ahí y salir dándole la espalda! Y estaba dispuesta a darle la espalda, estaba dispuesta a volver a Barcelona, a buscar trabajo, a volver a mis amigos, a mis planes. En Kazajstán es verdad que era todo como muy fácil: tenía el sagrario en la habitación de al lado y era muy fácil tener ese trato con Dios, aquí no es tan fácil, o lo buscas o no lo tienes. Esa necesidad de buscarlo… ¡Inexplicablemente! Porque es inexplicable. Esa necesidad de estar cerca del Señor… cada vez era más grande. Y ese vacío que yo había intuido tantas veces, llegaba a casa y al estar sola, decir… “Y que más, esto, ¡esto!, ¡tiene que haber algo más!”.

El vacío cada vez era más grande, y no se llena con nada, con nada. Y yo iba a Santa Isabel, donde hay una capilla donde está el Santísimo expuesto 24 horas; y era una paz inexplicable, ¿no? Pero yo seguía dispuesta a buscar trabajo, y allí empieza como un malestar personal, de ser consciente de que le estaba dando la espalda a Él de forma directa, y a mi felicidad, a mi tranquilidad, de forma indirecta (aquí mp3 de 5 minutos).

Volviendo de mi voluntariado yo estaba dispuesta a buscar trabajo, pero ahí empieza un malestar personal al ser consciente de que le estaba dando la espalda a Él, de forma directa; y a mi felicidad, a mi tranquilidad de forma indirecta. Y uno vence el miedo cuando se da cuenta de que es inútil y ridículo huir de Dios, ¿no? Porque Dios no puede querer para nosotros nada que no vaya a hacernos felices. Es decir, lo que Dios quiere para nosotros no puede ser malo. Igual es difícil, igual es costoso, igual supone sacrificio, pero eso genera mucho bien, ¿no? Dios, al final de todo, siempre pretende el bien a pesar de la dificultad. Es que es inútil, es inútil huir de eso. Y uno se rinde. Se rinde en el fondo, [ríe] porque en él no-fondo uno sigue poniendo sus excusas.

– Una razón clásica para hacer oposiciones a un puesto de trabajo público es buscar la seguridad. ¿Cómo pasas de buscar la tranquilidad – estabas preparando tus oposiciones a Juez-, a decir “me lanzo a un mar, donde sé nadar, pero no sé qué olas vendrán”? Pasas, por decirlo de alguna forma, de ingeniera… a artista. La actitud cerebral tuya, ese cambio a otro paradigma.

– Pues te lanzas en el momento en que te fías de Dios. Y Dios sabe cómo hacer las cosas. Y es verdad que yo soy muy racional y me gusta mucho el derecho. Cuando empecé a preparar la oposición disfrutaba con lo que hacía, me suponía un esfuerzo dejar de hacer otras cosas pero con el estudio disfrutaba. Con los sacrificios que implica el estudio. Aunque no soy una loca, ni una rata de biblioteca para nada.

El tema de la oposición era buscar una seguridad, una estabilidad, que para el día que yo tuviera una familia, ser mi propia jefa, tener así esa estabilidad económica y también personal y familiar. Siempre he querido tener familia, tener la posibilidad de ser mi propia jefa y poder compaginar perfectamente mi vida profesional con mi vida personal, sin un jefe puñetero que te diga “¡No!” mientras tú con tu hijo enfermo en casa tienes que estar en la oficina.

¿Cómo pasas de esa tranquilidad a lanzarte… a, podría decirse, lo opuesto, me preguntabas? Pues es que no es tan opuesto. Aunque racional me es fácil guiarme por las emociones, por lo que siento y ha sido un proceso largo de discernimiento, de pensar, de hacer listas de pros y contras, de poner un poco más la razón en todo aquello. Habrá gente a la que le será suficiente una gracia turbativa, que digas “¡Buah!”, pero para mí que soy más incrédula podríamos decir, no era suficiente.

Y ya cuando uno ve por donde… ve que sí, que se rinde y que le dice que sí… En ese momento me fui a hacer unos ejercicios espirituales de san Ignacio en el Monasterio del Pueyo y ya al final del retiro, recuerdo estar delante del sagrario ya habiéndole dicho [a Dios] “me rindo, okey”, pero también , “Señor, dame la certeza de saber que esto, ¡esto!, es sólo porque tú quieres, que es lo que tú quieres y ya está: que yo no me estoy confundiendo, que yo no estoy equivocándome o estoy, ¡no sé!, contemplando esta opción por algo que no seas tú y que no venga directamente de ti”.

Y yo ahí sentada, mirando el sagrario y no había nada, nada; ni nadie, solo una vocecita interior que dice, “Marta, qué más certeza necesitas, qué más certeza necesitas que el ser consciente que tú estás aquí, sentada conmigo, y podrías tirarte aquí toda la vida, con esta plenitud, esta serenidad, este gozo, sin ver a nadie más, sin necesitar a nadie más”. Y es que es gozo al final. Y a veces nos complicamos mucho la vida buscando seguridades en cosas que son mucho más inciertas. Y al final… ¡yo que sé! Es que más certeza que esa, más certeza que experimentar la cercanía de Dios, que experimentar a Dios; eso es lo que te hace cambiar el chip: sentir la experiencia, ¡tener la experiencia de la existencia de Dios! Que Dios un poco te toca el hombro y te dice ¡“ey”! Claro que no se te aparece un ángel – ¡Gracias a Dios [ríe]! Porque nos pegaríamos el susto de nuestra vida. Pero tienes la experiencia de la cercanía de Dios. ¡Y qué hay más certero que eso! Y esto es lo que te hace lanzarte a la piscina» (aquí mp3 de 7 minutos).

– ¿Cómo hacer entender a la gente que optar por la vida exclusivamente contemplativa no es un rechazo o repugnancia por la vida de familia?

– A ver, ¡yo!, voy a ser religiosa; pero de entrada no voy a ser contemplativa, voy a ser misionera, entonces eso te lo podría responder mejor una contemplativa. Pero bueno, te voy a hablar desde mi vocación concreta a la vida consagrada de misionera. Siempre podría dar el salto a la contemplativa dentro del Instituto, gracias a Dios, porque si no, no funcionaría nada. Tenemos hermanas que son contemplativas…

– No es un rechazo entonces, un dejar de lado, como un descartar algo de menos valor, que sería la vida en el matrimonio…

– No hombre, no. ¿Minusvalorar? Para nada. Cada uno tiene que hacer en esta vida lo que ha venido a hacer. Entonces no es mejor ser contemplativo, que ser misionero, que ser padre de familia. Es más: un padre de familia que se empeñara en ser contemplativo… si su vocación es ser padre de familia… nunca sería feliz siendo contemplativo.

– Bueno, en el Opus Dei [Marta había sido años atrás numeraria del Opus Dei] se combinan las dos cosas, ¿no?, contemplativos en medio del mundo.

– En medio del mundo… sí.

– Es tan nuevo que la gente todavía no se ha enterado.

– Sí. Lo que pasa es que estoy convencida que cada uno tiene una misión concreta planeada por Dios, y así el padre de familia buscando la santidad mientras es un buen padre de familia; la madre de familia pues tres cuartos de lo mismo, o ¡la soltera en medio del mundo!

– ¿Por qué una institución? Es típico de gente joven ir de “apóstol de pata libre”, ir a la suya, individualmente, a buscar tus propios objetivos: tú vas a una institución, es menos común en gente joven, aunque tú eres más madura que la media, ¡estabas preparando o-po-si-cio-nes- a-juez! … en lugar, de decir “yo crearé estilo, crearé escuela”.

– [Se ríe] Eso no quiere decir nada … Porque yo no soy nadie para crear estilo ni para crear escuela, y eso solo lo puede hacer quien recibe la gracia fundacional de Dios. Una institución no la crea uno porque le da la gana.

– Me refería más bien a picotear de espiritualidades, como muchos amigos tuyos, a “pues vamos a este retiro de los no sé qué, vamos a este happening cristiano”, en cambio tú, a las servidoras de la Virgen de Matará.

– Porque he encontrado aquí la manera de vivir mi fe coherentemente, el sitio para mí. Yo cuando veo lo que Dios quiere para mí, no decido congregación, no decido institución. Eso viene después, el buscar tu sitio dentro de todas las realidades que existen en la iglesia, que son todas asimismo válidas, igualmente buenas, pero bueno, uno tiene que, al final, decidir: leo, conozco, hablo con gente, con personas que pertenecen a esas congregaciones, veo todos los testimonios de YouTube, “me los trago todos” [ríe] y al final, una se siente identificada con unas y no con otras.

Y me preguntas por qué: bueno, fundamentalmente por la espiritualidad, la importancia que se le da a la formación humana y espiritual, y no digo que en otras no sea así. Y la espiritualidad, en cuanto basada en la doctrina clásica de la iglesia y a los doctores clásicos de la iglesia: santo Tomás, santa Teresa, y a la vez con ese aire, sin dejar la doctrina clásica de la iglesia, por supuesto, pero con ese aire nuevo que es Juan Pablo II, que es quien facilita la consolidación del Instituto, quien facilita la aprobación de los Estatutos, y nuestro patrón. Esto a mí me hace también mucha ilusión: Juan Pablo II es para mí… tiene un punto familiar: mi tío Quique falleció hace cuatro años, era un “chalado”, ¿no? [sonríe y se emociona] y en un viaje a Roma, tendría 17 años o así, saltó al papamóvil, lo agarraban por abajo, y el Papa [Juan Pablo II] lo agarró por los brazos, lo cogió y lo subió al papamóvil, le dio un abrazo…

Pues eso, san Juan Pablo II, patrón espiritual de la congregación, y san José en primer lugar, el Gran Olvidado. Han escrito un libro de los favores que nos ha hecho san José: san José y san Juan Pablo II.

– Y a tus padres, ¿cómo los tienes?

– A mis padres los tengo como una locomotora. Más a mi padre que a mi madre.

– Lógico, el padre… sufre!, más, por la hija.

– ¡Sufre! ¡Has dicho la palabra! Mi madre está triste porque me voy, y mi padre… sufre porque me voy. A mi madre la tengo llorosa… de hecho de mi madre me gusta mucho el proceso suyo a la hora de entender esto. De entrada, yo se lo dije a mi madre, mi padre se iba al Camino de Santiago al día siguiente, y dije “¡uy!”, hablé con la superiora y le dije, “Madre, yo a mi padre es que no se lo puedo decir hoy, porque fíjese, se va mañana al Camino de Santiago, le voy a dar el Camino” y me dijo muy inteligentemente la Madre, -“Oye Marta, pues díselo a tu madre, ella lo conoce bien, y que decida ella, decidís en qué momento se lo decís”.

Así que se lo digo a mi madre. Y mi madre, – “estás loca, eres una inconsciente, cómo se te ocurre, así de entrada”, ¿no? Bueno, la reacción más lógica del mundo, yo llevaba mucho tiempo huyendo de esto, pues qué va a decir mi madre. Y, – “evidentemente a tu padre no se lo vamos a decir” y yo… – “bueno, pues nada”, y esa misma noche viene mi madre y – “Marta, he pensado que se lo tenemos que decir a papá, es una deslealtad absoluta no decírselo, cómo no se lo voy a decir”.

– Pobre hombre, con todo lo que se ha esmerado, ha sudado, ha ponderado…

– ¡Qué te parece!, [ríe] mi padre sufre más: mi padre conoce la Iglesia desde dentro, y conoce la realidad de la Iglesia y conoce todo lo bueno, y también conoce lo menos bueno. Al final la Iglesia no deja de estar compuesta por personas que se equivocan, y papá conoce esa realidad; también sufre un poco y le da un poco de vértigo el pensar que me pueda encontrar en alguna situación o con alguna persona de estas de lo menos bueno, dejando claro que lo menos bueno son esas personas que no hacen las cosas bien, no la Iglesia en sí, y creo que este es un punto interesante [a no perder de vista] (aquí mp3 de 7 minutos)».

– Muchos ven la rotura sin embargo e insisto, entre lo que dejas tú, que es una vida matrimonial, a favor del celibato apostólico por el Reino de los Cielos; sin embargo es lo mismo, pienso yo, salvando las distancias el celibato es una esponsalidad con Dios, y es signo, testimonio de la unión de Dios con su Iglesia, igual que lo es, en su dimensión trinitaria, la unión física de los esposos…

– Me has dado la respuesta.

– Gracias por esa frase, pero, la pregunta está en la respuesta más que la respuesta en la pregunta, y me explico: la gente sigue viendo un corte entre vivir la sexualidad, mal o bien, con el dedicarse a Dios.

– Yo creo que el problema, y más en la gente joven -lo digo porque me he movido mucho tiempo en el mundo y con mis amigos- es que la sexualidad está mal entendida. La sexualidad no puede ser un fin en sí mismo; los afectos no pueden ser un fin en sí mismos. Cuando uno vive a afectividad y la sexualidad como buscando la propia satisfacción pierde todo el valor, no sirven de nada. Cuando uno muestra afecto a otra persona, lo demuestra entregándose, ¿no? No recibiendo. Aunque implícitamente recibe, pero uno no hace eso para recibir. Y sin embargo es así como se vive hoy, uno conoce a un chico, en una discoteca y tal, uuuh, pim, pam, y ha perdido todo el valor. Ha perdido todo el sentido, y está mal entendido.

El tema de las relaciones sexuales hoy en día está sobrevalorado, aunque claro que sí que somos humanos, ¿eh? Y eso es una renuncia, ¡es una renuncia! Cuando uno opta por el celibato, renuncia al amor carnal, y no nos podemos engañar, hay que llamar a las cosas por su nombre: y eso es una renuncia y es verdad. Pero hay que entender la sexualidad correctamente. La sexualidad es entrega. A veces ves a una pareja juntos, y piensas, ¿hasta cuándo estarán juntos, hasta que busquen una novedad, al aburrirse? En cambio cuando ves a una pareja, el uno pendiente del otro, de la felicidad del otro… Ahí está la clave. La sexualidad tiene que ser entrega. Igual que el celibato es entrega» (aquí mp3 de 3 minutos).

– Leí recientemente que si Dios hubiera confiado solamente en el poder de las palabras, habría fundado un periódico.

– [Ríe] Buena esa.

– Se podría decir que Dios en el Antiguo Testamento fundó un periódico, que sus jefes de sección y redactores eran los profetas y que finalmente dijo un día “Bueno, esto no funciona, la gente no se entera”, y salió Él a la calle. Y con Jesucristo esto ya ha cambiado, ahora la misión es “Id y predicad”, manda a los discípulos a que difundan la palabra ¿no? Ese es el cambio. Dios es un romántico incurable, que por respeto a la libertad del hombre muere en la Cruz.

Por lo tanto pienso que los que dicen que la “sola fide” te da la salvación me parece que “pisan huevos”, pues si ese fuera el caso Dios hubiera chasqueado los dedos, no habría necesitado morir por nosotros. Muere para que sigamos teniendo libertad. Por ello es tan adecuado el cambio promovido por Benedicto XVI para mejorar la traducción de las palabras de la Consagración en la Misa: “por muchos” en lugar de “por todos”, puesto que quien no quiera no se salvará. No los que no sepan, que para ello reconocemos la existencia del Bautismo de Deseo. Ese tema, así, de la libertad humana respetada por Dios, es un Tema, con mayúscula.

– ¡Eso…, eso es inexplicable! Es uno de los grandes misterios: ¡por qué! Dios nos quiere tanto que nos quiere libres. Pero eso pasa con todo. ¡Un padre que obligara a su hijo a quererle! ¡Qué valor tendría esa estima del hijo por el padre!; pues es un poco lo mismo. Dios se muere de ganas de que todos le amenos, de que todos le queramos. Pero ¿qué valor tendría, si nos obligará a amarle, si nos obligará a quererle?

– ¿Qué les dices a tus amigos apartados de Dios, para hacerles entender que Dios a ti te pide esto, pero que a ellos, es que también les pide esto? El proyecto del hombre de Dios es la santidad, sin santidad no se alcanza ese proyecto.

– El tema de mis amigos es muy especial, me gusta llamarlo así. Yo fui a [colegio] Canigó hasta 4º de ESO, y entre mis amigos la formación es muy escasa, y entre los amigos de la universidad ya ni te cuento. Pero es gente muy, muy buena, y lo bueno de todo esto es que el grupo de la universidad se hace amplio, y se han ido incorporando y hemos hecho como mucho plan. Y es así un grupo muy plural, y a nivel de formación religiosa, por ignorancia pura y dura y porque nadie les ha hablado de Cristo, es muy bajo. No es que no crean porque no creen. Todo el mundo ha oído hablar de Dios, pero es que uno se enamora de Cristo Dios-Hombre.

Y me preguntas cómo les explico; para ellos ha sido la gran sorpresa de la vida, las tengo llorando por las esquinas porque no entienden cómo una lo deja todo: “lo dejas todo, tía, ni calefacción ni nada” –“¿quien os ha contado estas cosas raras, ni calefacción?”, les digo, que al final … Pero es que las tengo llorando de la impresión que supone que alguien lo deje todo hoy en día teniendo todo al alcance de la mano. Lo que decía mi madre: “Yo llevo muchos años rezando por las vocaciones sacerdotales, religiosas, pero una reza por las vocaciones de otros, del hijo del vecino”; ¿no? Y cuando le toca a uno… pues cuesta más.

Y la renuncia a tener [los hijos] cerca físicamente… pues cuesta. Pero los hijos son de Dios y eso yo me lo creo y para mí es un honor que Dios se haya fijado en un hijo mío para esto y que un hijo mío, pudiendo hacer cualquier otra cosa haya dicho que sí. Y ahí mi madre llora, ese día fue un drama, pero un poco en la línea esa, no entienden que uno quiera, y es que la palabra es querer, ¿no? Dejar las comodidades y dejar la realidad en la que vivimos, ¡siglo XXI!, para materialmente no tener nada, y para ellas espiritualmente esto falla ahí, para mí es tenerlo todo. “Lo dejas todo”. “No, no, no lo dejo todo, dejo esto para ganarlo todo”, les digo. A mí lo que me cuesta dejar ahora, es dejarlas a ellas, dejar a mis amigos, a mi familia, pero lo material…

Y esto es gracioso porque cuando les contaba todo esto me preguntaban “¿por qué, que ves?” Y lo que te decía antes, yo soy muy racional, y el guiarse por el sentimiento, por la plenitud, por ese gozo, me era suficiente, pero para tomar una decisión así necesito como más seguridad, ¿no? A veces somos un poco tontos, pero bueno, yo esa seguridad la buscaba, me puse a hacer una lista de pros y contras: 800 contras, ¡o más! Y 3 pros.

Y yo no quería entrar más en los pros, ¿vale? Porque al final es como desnudarse. “Y qué, ¿cuáles son los pros? No lo entiendo, a ver si así lo entendemos!”, me decían. Y son tres pros, el poder estar ¡siempre!, tan cerca de Dios como he podido estarlo estos días en que lo he buscado, el tenerlo, el ser consciente que no necesito más que un sagrario cerca, y sé que así lo voy a tener a Él, y lo voy a tener muy cerca. Y el servir. A mi servir me llena y me ha llenado siempre, el darme a mí misma. Me hace feliz. Y que el día que yo llegue al cielo! No quiero llegar sola… Al cielo tenemos que llegar todos! ¿No? Y ellas también…. Y yo les decía: el día que yo llegue al cielo, mi cielo no sería lo que tiene que ser el cielo para mí, esa plenitud y ese todo, si no estuvierais vosotras (aquí MP3 de 8 minutos).

– Y la gran pregunta final, que es la primera y la última a la vez, ¿por qué?

– ¿Por qué? Porque me he enamorado de Dios. Me he dado cuenta, [pero] yo ya lo sabía, ¿eh? No he dudado nunca que Dios existe y que Dios me ama, pero quizá era un poco teórica, toda la vida… bueno, he estudiado en un colegio católico, mis padres son católicos practicantes, ¡muy buena gente! Uno al final le debe gran parte de la vocación a sus padres. Si mis padres no me hubieran… no sé; si mis padres no me hubieran dado también la libertad. Nunca me han impuesto la fe, no me ha obligado a nada, ¿no? Me han dado esa libertad de encontrar a Cristo.

Lo que te digo, mi fe era muy teórica, muy de colegio, muy de misa los domingos, muy de… pero el día que tú te encuentras con Cristo, el día que tú dejas esa teoría de lado, y tú individualmente lo buscas y lo experimentas, ahí cambia todo, ahí cambia todo [repite]; uno no va a misa porque toca ir a misa sino porque necesita ir a misa, porque necesita encontrarse con Él, porque necesita tenerlo cerca. Ahí está un poco la clave de todo: el necesitar a Dios; y Dios nos necesita a todos, Dios nos quiere a todos, un poco en la línea de lo que decía antes: Dios nos hace libres y respeta nuestra libertad, pero está deseando que le queramos.

Y es que, el otro día precisamente hablaba con una amiga y le decía yo a ella, – “es que basta que le des esto, que le abras un poquito el corazón, que le digas, quiero, ¡quiero!, conocerte. ¡Quiero! ¡Quiero querer!” Aunque no quieras; el “¡quiero querer conocerte!” “Quiero tener esa necesidad de ti”; no la tengo pero quiero tenerla, para que Dios se vuelque y derrame su gracia así [gesticula mostrando abundancia con las manos] a “cascoporro”, ¿no? Está deseando hacerlo. Basta que le des un poquito, y también en esta línea, lo que te contaba antes, todo el tiempo que yo he huido… y cuando ahora me preguntan –“¿cómo estás?”, digo –“estoy bien, estoy muy contenta, pero estoy impresionada”. Y es que me impresiona no lo que viene, lo que viene da un poco de vértigo, quizás, porque vas un poco a lo desconocido en realidad. Pero me impresiona: me impresiona el proceso. Y el haber sido consciente de que huía de Dios mucho tiempo, y que le daba un poco la espalda; a nivel individual, ¿eh? Porque a nivel práctico yo seguía yendo a misa, ¡de cara al público! Yo era una buena cristiana, ¿no? Podrían ponerme la e-ti-que-ta [gesticula] de buena cristiana. Pero yo he sido consciente de que he huido un poco de todo esto, y a pesar de ello, ¡oye! Tengo casi 30 años, y estos 30 años…

– [Interrumpo] No es nada.

– [Sigue] … en los que a pesar de ello Dios no se ha cansado de llamar a la puerta, y ha esperado el momento, y esto es precioso también, y cuando hablo con mis amigas se lo cuento: -“yo llevo muchos años rezando por mi marido y por mis hijos [futuros], y cuando yo he rezado por mi marido y por mis hijos, a mis casi 30 años, ¡cuántos años rezando!, había una vocecita interior que me decía ‘Marta, tranquila, todo llega, cuando estés preparada’. Y yo le decía ‘[da una palmada enérgica] preparada para qué, ¡tío! Preparada para qué, no entiendo, para qué tengo que estar preparada, a estas alturas ya, carrera acabada, habiendo trabajado, oposición en proyecto’…” No, no entendía. Pues sí, claro que tenía que estar preparada (aquí mp3 de 5 minutos).

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