Matthew Bosnick fue marine en Afganistán: «vi que era débil e inconstante en mi oración y descubrí el Rosario con el bautismo de mi hija como el arma para nuestro tiempo»

* «Cuando hacemos del rosario una oración constante en nuestra vida diaria de oración, la oración de María por nosotros hace que nos dirijamos a su Hijo con frecuencia y recibamos su gracia en el Sacramento de la Reconciliación, que le adoremos en la misa y le recibamos en la Eucaristía, y le adoremos en el Santísimo Sacramento. Meditar sobre los misterios de las escrituras del rosario nos lleva al Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad.Los tiempos cambian, pero algo permanece constante: que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6). El evangelio es la verdad y no cambia nunca. Y por esta razón, y porque el rosario es una meditación constante y repetitiva del evangelio, es el arma perfecta para nuestros tiempos»

Camino Católico.-  Matthew Bosnick tiene 29 años y vive en Monroe (Carolina del Norte) con su esposa Lindsey y su hija, que pronto serán dos porque están esperando otra niña. Cuando estuvo en los marines, Matthew fue desplegado en Afganistán. Actualmente es bombero y acaba de abrir un negocio con el que dar salida a una de sus habilidades: la fabricación de muebles. Es miembro de la parroquia de San Lucas y de su Hermandad del Rosario. Recientemente explicó en Those Catholic Men su experiencia con el Rosario como “arma definitiva para estos tiempos” y Elena Faccia Serrano lo traduce en Cari Filii .

A pesar de la cercanía de la muerte en Afganistán, no fue hasta el bautismo de su hija cuando Matthew se replanteó su vida de oración. Foto: AP/Brennan Linsey
A pesar de la cercanía de la muerte en Afganistán, no fue hasta el bautismo de su hija cuando Matthew se replanteó su vida de oración. Foto: AP/Brennan Linsey

“El rosario es el arma para estos tiempos”, San Pío de Pietrelcina

Soy un católico de 29 años con una esposa, una hija de once meses y un hijo en camino. Supongo que usted, como yo, ve el mundo en el que vivimos y está realmente preocupado por la familia de la que es responsable. Si bien es cierto que vivimos en una época de increíbles avances médicos y tecnológicos, los “avances” y el “progreso” también han traído oscuridad y confusión: la oscuridad de la muerte y la confusión de la verdad relativa.

Se han escrito innumerables libros y artículos para diagnosticar las razones de esta decadencia, que San Juan Pablo II apodó “la cultura de la muerte”. La razón de los “-ismos” con los que describimos el malestar cultural -relativismo, nihilismo, hedonismo, modernismo-, es el intento de Satanás de oscurecer y ocultar el mensaje del evangelio: que Jesucristo, el hijo de Dios, sufrió, murió y resucitó de entre los muertos para salvarnos de nuestros pecados y permitirnos volver al Padre. Es fácil para nosotros, los laicos, esperar que la jerarquía de la Iglesia y nuestros líderes políticos “arreglen” la cultura. Pero nosotros tenemos un arma para luchar contra la oscuridad y la confusión, y este arma es el rosario de la Santísima Virgen María.

Entre Jordan Peteson y el arzobispo Chaput

Crecí en una familia católica y fui a una escuela católica, por lo que siempre he sido consciente de la importancia que tiene el rosario como oración. Pero no lo recé de manera regular hasta el bautismo de mi hija, Madeline, un momento de conversión no sólo para ella, sino también para mí. El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia” (1428) y la compara con San Pedro, que tras negar a Jesús tres veces, fue provocado hasta las lágrimas “por la mirada de infinita misericordia de Jesús”, arrepintiéndose y afirmando su amor por el Señor (1429).

Antes del bautismo de Madeline, buscaba el significado y la respuesta en fuentes seculares: leí el popular libro de Jordan Peterson, Doce reglas para la vida, y las Meditaciones de Marco Aurelio, por ejemplo. Pero después de su bautismo, en una ocasión en que había ido a ver a mis padres, encontré un ejemplar del libro del arzobispo Charles ChaputExtranjeros en tierra extraña. Monseñor Chaput describe de manera ejemplar todo lo que hay de injusto e incorrecto en nuestra cultura y expone la solución para corregirlo: vivir una vida católica siguiendo el ejemplo de Jesús. Este libro me hizo reflexionar sobre mi vida de oración, y me di cuenta de que era débil e inconstante. Necesitaba, entre otras cosas, una estructura y decidí empezar a rezar el rosario cada día.

¿Qué tiene que ver el rosario con los problemas de nuestra cultura? El rosario, como nuestra Santísima Madre, que concibió y alumbró a nuestro Señor, es una oración que nos lleva a Jesús. Toda la devoción mariana, como la misma María, es una glorificación y una alabanza a su Hijo. Estamos llamados a llevar la Buena Nueva de Jesús a toda la gente, y el rosario es la oración centrada en Jesús. Incluye meditar sobre su Encarnación, vida, muerte y Resurrección, y estos hechos son el significado y la respuesta a todo, y la respuesta que el mundo necesita. Los jóvenes buscan el significado y el objetivo en todo tipo de ideologías. Pero los católicos sabemos que el mundo necesita a la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, cuya misión es hacer discípulos a todos los pueblos (Mt 28, 19) y cuyo objetivo es la salvación de las almas. El rosario nos ayuda a centrarnos en esta misión.

Por el Rosario y María, a Jesús

¿Por qué el rosario es un arma? Nosotros, la Iglesia en la tierra, somos la Iglesia militante. Los católicos podemos darnos cuenta de ello. Necesitamos un objetivo y queremos actuar. Nos enfrentamos a diario a una batalla espiritual. La Virgen le dio el rosario a santo Domingo para que luchara contra la herejía albigense. La Liga Santa derrotó a los turcos en Lepanto gracias al rosario. María es llamada, a menudo, la Nueva Eva y se la retrata aplastando la cabeza de la serpiente. Pedirle que interceda por nosotros es una oración poderosa para nuestra batalla contra la tentación y el pecado.

Mattew con su familia. Foto: Facebook de Lindsey Bosnick.
Mattew con su familia. Foto: Facebook de Lindsey Bosnick

El rosario nos ayuda a buscar una vida inmersa en la Iglesia y los sacramentos. Y este es el objetivo más poderoso: la Santísima Virgen María nos lleva hacia su Hijo, que vive en el Espíritu Santo en la Iglesia. Esto es lo que hace la intercesión de María, y ella lo demuestra cuando se puso en camino “de prisa” para contarle la buena nueva de la Anunciación a su prima Isabel (Lc 1, 39). La intercesión de María hizo posible el primer milagro de Jesús, cuando convirtió el agua en vino en las Bodas de Caná. Ella trajo al Señor al mundo y nos lleva a nosotros a Él. Cuando hacemos del rosario una oración constante en nuestra vida diaria de oración, la oración de María por nosotros hace que nos dirijamos a su Hijo con frecuencia y recibamos su gracia en el Sacramento de la Reconciliación, que le adoremos en la misa y le recibamos en la Eucaristía, y le adoremos en el Santísimo Sacramento. Meditar sobre los misterios de las escrituras del rosario nos lleva al Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad.

Los tiempos cambian, pero algo permanece constante: que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6). Cuando estaba en Atenas, San Pablo predicó a los estoicos y los epicúreos la buena nueva de Jesús y la Resurrección. Estos se preguntaron: “¿Qué querrá decir este charlatán?” (Hechos 17, 18). Si le llamaron “charlatán”, es que Pablo repitió el mensaje en varias ocasiones. El evangelio es la verdad y no cambia nunca. Y por esta razón, y porque el rosario es una meditación constante y repetitiva del evangelio, es el arma perfecta para nuestros tiempos.

Matthew Bosnick 

Traducción de Elena Faccia Serrano.

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