“Mi hija Jimena no tiene cerebro, pero se comunica con el alma”

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ppcejib.jpgEl padre cuenta cómo adoptarla ha cambiado su vida, la de su familia y la de muchas personas por el testimonio de la niña

1 de agosto de 2009.-No ve, ni oye, no puede moverse ni hablar, pero desde su silla Jimena está llegando más lejos que muchos de los que podemos hacer todas esas cosas. Desde que la familia de Pepe y Celia la adoptó, cuentan que tenerla en casa ha hecho a toda la familia ser mejores personas. Es una niña muy especial que, con la única forma de comunicación que puede tener, la espiritual, está cambiando a mucha gente. Como dice su padre, “cuando acabamos con estos ‘seres de luz’, como Jimena, dejamos al mundo en tinieblas”.

(Sonsoles Calavera / Alba) Por la casa de Celia y Pepe, padres de 4 hijos, habían pasado muchos bebés. Celia era voluntaria de Yoliguani, una institución que acoge a niñas embarazadas, de 14 a 18 años, que deciden tener a sus hijos para darlos en adopción. Como la capacidad del centro es muy limitada, los niños a la espera de una cunita han esperado plaza en casa de los Carredano más de una vez. “Como el cunero es pequeño y las leyes son difíciles en Méjico porque las instituciones privadas no lo tienen fácil con el gobierno. Tenemos 8 cunitas y cuando están llenas las familias los tenemos en casa, y por la mía habían pasado 18″, cuenta Pepe Carredano.

Una de ellas fue Jimena. Tenía ya una familia adoptiva, pero su madre empezó a notar que su comportamiento era extraño. “Al mes nos la devolvió, porque no comía, lloraba, convulsionaba y ella no tenía dinero para hacerle las pruebas que le recomendó el médico. Nosotros nos la llevamos a casa, la llevamos al pediatra y vio que tenía un problema neurológico. Nos dijo que Jimena había nacido sin cerebro. Tiene el tallo y un poco el cerebelo, donde tiene toda la parte vegetal y animal, pero no oye, no ve… Ella es un caso raro porque normalmente los niños con ese problema no duran más de 8 meses o un año y ella ya tiene 6. El neurólogo siempre que la ve dice: ‘Bueno, ya llegó el milagrito”.

Ahora come los mismos potitos que cuando era chiquitita, pero al no tener cerebro y no moverse, no consume nada. Mide casi como una niña de seis años y está regordeta, pesa más de 20 kgs. “Ya le han quitado la leche del mediodía porque dice el médico que está un poco obesa”, cuenta divertido su padre. “No tiene sensibilidad, olfato… pero sus órganos están muy sanos. Hay cosas que le sientan bien y otras mal. Su madre y las chicas que nos ayudan la conocen perfectamente. Obviamente a nosotros nos ha enseñado muchas cosas. Al no tener cerebro, su única forma de expresarse es con el alma, en el espíritu. Cuando la adopté no la quería, pero hoy estoy enamorado de mi hija. Es el ser que más quiero, doy la vida por ella como por mi mujer y mis otros hijos."

Pepe y Celia llevan años organizando congresos internacionales sobre familia y nunca han conseguido tantos logros como Jimena, a pesar de sus limitaciones. “Te garantizo que yo no he cambiado la forma de pensar de nadie y Jimena ya lo ha hecho. Una señora que quería abortar porque esperaba un niño Down leyó el caso de Jimena en el libro Seres de luz y al mes y medio, cuando vio que además de Down posiblemente vendría con otros problemas y que hasta se podría morir, decidió que no sólo no abortaría, sino que si moría adoptarían otro niño con síndrome de Down. ¿Cómo podría yo conseguir que una persona pudiera tener ese cambio tan profundo? Yo no podría, pero ella lo está haciendo -asegura su padre-Esos seres que Dios creó, que para los ojos de algunos, por ser niños malformados, no deben nacer, son los que podrían estar haciendo los cambios en el mundo y nos los estamos cargando. Así nos estamos suicidando”.

Pepe y su familia han comprobado que, independientemente de las habilidades humanas que pueda tener, cada persona tiene un papel importante que cumplir: “Nosotros hemos visto con Jimena que cuando Dios permite que nazca una persona, que ha sido creada por Él, es porque tiene una misión específica que cumplir”.

 

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