Micah, madre de 17 años, explica por qué no abortó a su hija con anencefalia: «Ella era mi hija. Había una vida dentro de mí y ella no lo eligió»

«¿Cómo podría yo decidir acabar con su vida para librarme de los dolores de cabeza?… La niña estaba viva, y mi deber como madre era darle la mejor vida que pudiera tener»

Micah y su recién nacida hija Ambra

7 de junio de 2013.- (Alfa y Omega   / Camino Católico)  Micah tenía sólo diecisiete años cuando descubrió que estaba embarazada. Pero el aborto no era una opción para ella ni para su novio, Kyle. «No estábamos preparados en absoluto» para ser padres, «pero sentimos que éramos plenamente responsables del bebé que está creciendo dentro de mí», ha contado la joven a la web provida canadiense LifeSiteNews.com.

El entusiasmo inicial se nubló, cuando, a las 18 semanas de embarazo, una ecografía descubrió que el bebé padecía anencefalia, es decir, que la niña no había desarrollado una parte importante de su cerebro. Los médicos aconsejaron inmediatamente un aborto. Micah y Kyle se negaron en un primer momento, pero la chica confiesa que, durante los siguientes días, ésa realmente le pareció la opción más atractiva.

Se hizo muchas preguntas, difíciles y dolorosas: «¿Por qué? ¿Cómo?» Y poco a poco, comenzó a encontrar respuestas, que reflejan una sorprendente madurez:

«¿Por qué? Porque al margen de cualquier consideración, ella era mi hija. Había una vida dentro de mí y ella no lo eligió»,así que «¿cómo podría yo decidir acabar con su vida para librarme de los dolores de cabeza’».

«¿Cómo? ¡Seguir con la vida diaria! La conclusión básica era simple. La niña estaba viva, y mi deber como madre era darle la mejor vida que pudiera tener».

«Estoy muy orgulloso de ella»

Micah tuvo que aguantar muchas impertinencias y comentarios hostiles por su decisión, pero siempre tuvo a su lado a su madre, que cuenta que el vientre de Micah «era como si hubiera una fiesta allí!», porque «no había un momento en el que no se moviera».

Aún así, fue duro, añade: «Le podría enseñar a ser una madre, podría incluso enseñarle cómo ser una buena madre adolescente. Pero no sabía cómo ayudarla con esto». Así que decidió sabiamente que su papel debía ser estar ahí, para «hablar y reír y llorar juntas».

Micah empezó a tener dificultades para respirar a las 35 semanas, por exceso de ácido amniótico. El médico ordenó inducir el parto… «Mirando hacia atrás, creo que supe que algo andaba mal, porque dejé de sentir el movimiento de Ambra». Rechazó tener un monitor fetal durante el parto, porque no quería saber si la niña aún vivía o no.

Después de 20 minutos de empujar, Ambra estaba fuera. Se la colocaron en el pecho a su madre. Nadie hablaba. «Recuerdo haber mirado a mi madre, y ella asintió con la cabeza. Pero las palabras Se ha ido nunca fueron pronunciadas».Los padres pasaron tres horas y media con su hija. Sólo tenía 9 dedos en los pies, igual que el padre. Tenía sus mismas pestañas largas y las mejillas de su madre…

El funeral de Ambra se celebró dos días después del nacimiento. Micah no se había permitido llorar durante el embarazo; ahora ya podía, pero con el consuelo de saber que había actuado correctamente, y que había cumplido su deseo de darle un beso a su hija.

Tampoco la madre de Micah se arrepiente de nada. Al contrario: «No puedo explicar lo que pasa por este camino con Micah ha significado para mí -dice-. Tengo una maravillosa y hermosa hija que dio a luz a una hermosa niña, mi primera nieta, Ambra Storm. Esta experiencia nos ha unido aún más como madre e hija… Estoy muy orgullosa de ella».

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