Omar Al Kaddour no estaba bautizado, de padre musulmán, haciendo adoración a las 3 de la madrugada, la Biblia tocó su alma: «Fue Dios. Me convocaba a la misión de ser cristiano»

* «Empecé meditando, porque nos habían dado unas orientaciones sobre cómo meditar ante el Santísimo. Después agarré la Biblia, el Evangelio especialmente, para ver con qué lecturas me sorprendía Jesús. Yo ya tenía un conocimiento del Evangelio. Pero, aquí, cada lectura era más atrayente que la otra. El hijo pródigo, venderlo todo para comprar el campo del tesoro, las Cartas de Pablo, muy fuertes… Esas palabras sonaban y sonaban en mí», recuerda. Me quedé de las tres en adelante, no dejé la oración hasta el desayuno. Fue un gran momento de mi vida. Siempre digo que fue Dios. ¡Y yo no había tomado ni siquiera los sacramentos! Salí de ese cenáculo en llamas. Desde entonces, miro el Santísimo y me emociono recordando eso»

Camino Católico.-  Faro Films publica en YouTube los martes por la tarde desde Argentina entrevistas online con el título ConVersiones, en las que Claudia Echeverría habla con personas que cuentan su historia de conversión o acercamiento a la fe. En una de estas entrevistas cuenta su historia Omar Al Kaddour y Religión en Libertad la sintetiza por escrito.

Casado, con 5 hijas, licenciado en Relaciones Internacionales, Omar organiza peregrinaciones a Tierra Santa, colabora en el diálogo entre religiones y participa en la recién creada Red Respeto Religioso. Fue durante unos años director de libertad y diversidad religiosa, dentro del Ministerio de Exteriores de Argentina.

Hijo de padre musulmán, no se bautizó hasta los 18 años. Esa es la historia que quiere contar.

Inmigrantes sirios en Argentina, padre musulmán

La madre de Omar nació en Aleppo, una de las ciudades más cosmopolitas de Siria, en una familia de cristianos católicos de rito oriental. Su padre nació en otra ciudad, en una familia musulmana suní. Se conocieron ya como inmigrantes en Argentina, se enamoraron y se casaron.

El padre de Omar era un musulmán respetuoso con la fe cristiana y acostumbrado al diálogo con otras religiones. Al casarse, acordaron que educarían a los hijos en ambas religiones y que tendrían libertad de elegir su religión cuando tuvieran «suficiente conciencia de fe».

«Nunca fui musulmán, mi conversión fue del corazón», detalla Omar. «En mi casa celebrábamos las fiestas musulmanas y católicas. De chiquito fui al centro islámico a la fiesta del cordero, vi sacrificar los corderos en directo. Mi padre rezaba y hacía sus ayunos. Pero por razones laborales y la dinámica de la vida, mi padre no pudo darme la formación musulmana acordada».

Niño sin bautizar en una escuela de La Salle

Un sacerdote jesuita amigo de la familia les recomendó llevar al niño, a principios de los años 80, a una escuela de La Salle. Las amistades que hizo allí serían claves en la vida espiritual de Omar.

Al estar sin bautizar, Omar participaba en muchas actividades religiosas pero sin comulgar ni confesar. No se sentía atraído por los sacramentos ni se sentía impulsado a hacer como sus compañeros. Aprendía la catequesis católica como una asignatura más.

Recuerda «con ternura» que de niño ayudaba en los ensayos de las primeras comuniones del colegio. «Yo sustituía a los niños que faltaban, iba con las manitas juntitas hacia adelante, luego pasaba a un lado… estas cosas quedan grabadas en el corazón, creo que Dios estaba actuando», dice con humor.

Jóvenes del colegio La Salle con 16 años, edad en la que organizaban un retiro con noche completa de adoración por turnos

Adoración a las 3 de la madrugada: cambió su vida

En el colegio organizaron un retiro que en La Salle llaman «cenáculo», con los jóvenes de 16 años, «una edad en la que ya tomas las primeras decisiones relevantes para la vida», señala Omar. Había adoración por la noche, le llamaban «la Noche Heroica».

Omar no se decidía a apuntarse y cuando por fin lo hizo vio que el único turno que quedaba vacío era el de las 3 de la madrugada.

«Empecé meditando, porque nos habían dado unas orientaciones sobre cómo meditar ante el Santísimo. Después agarré la Biblia, el Evangelio especialmente, para ver con qué lecturas me sorprendía Jesús. Yo ya tenía un conocimiento del Evangelio. Pero, aquí, cada lectura era más atrayente que la otra, me convocaba a la misión de ser cristiano. El hijo pródigo, venderlo todo para comprar el campo del tesoro, las Cartas de Pablo, muy fuertes… Esas palabras sonaban y sonaban en mí», recuerda.

«Me quedé de las tres en adelante, no dejé la oración hasta el desayuno. Fue un gran momento de mi vida. Siempre digo que fue Dios. ¡Y yo no había tomado ni siquiera los sacramentos! Salí de ese cenáculo en llamas. Desde entonces, miro el Santísimo y me emociono recordando eso.»

Sin bautizar, ya salía a evangelizar

A partir de ahí, con otros chicos se apuntó a visitar ancianos («les cantábamos, les prestábamos la oreja, ellos lo agradecían y nosotros recibíamos el ciento por uno») y también barrios de barracas. «Yo les anunciaba el Evangelio sin haber tomado los sacramentos», se ríe.

Su padre intuyó que algo había pasado a su hijo. El joven le contaba que iba a hacer misiones de varios días, pero el padre pensaba que era sobre todo algo de servicio social.

Pero al salir del colegio y la adolescencia y pasar a la universidad, su director espiritual le dijo a Omar: «ahora es el momento de tomar los sacramentos». En marzo de 1995 empezó a salir con quien hoy es su esposa. También fue el mes que le dijo a su padre que quería ser católico.

«Bien, pero no conoces casi nada del Islam», le dijo su padre. «El Islam es posterior, también tiene a Jesús como un profeta importante, junto con Mohammed (Mahoma) y deberías conocerlo mejor para poder elegir».

Explorar el Islam, pero con una fecha límite

Al director espiritual de Omar le pareció bien que hiciera esa exploración del Islam, pero le dijo: «la formación en la fe ocupa toda la vida; te recomiendo ponerle fechas, un principio y un fin, la indefinición puede llevar a que tu fe pierda fuerza«. Decidieron juntos que Omar exploraría el Islam durante 9 meses.

No dejó de ir a misa, con su novia, ni dejó de ir a grupos católicos. Pero cada viernes, tras la cena, Corán en mano, Omar y su padre hablaban del Islam y comparaban sus doctrinas con el cristianismo.

Omar era consciente de que era legítimo -y un deber de buen hijo y buen cristiano- darle la posibilidad a su padre de explicar su fe.

Así llegó una noche larga a finales de noviembre, «yo muy dirigido por el Espíritu, según recuerdo mis respuestas, decisión y firmeza».

Fue doloroso para ambos. «En el judaísmo es la madre quien transmite la fe, pero en el Islam es el padre, y yo era el primogénito varón».

La noche del enfrentamiento

«Fue una ruptura dolorosa. Mi padre decía que el Islam superaba y sintetizaba al cristianismo», cuenta Omar.

– Sí, papá, pero yo creo que Jesús es Dios, creo en la Santísima Trinidad…

– Ya tenés edad suficiente -dijo el padre. -Ya que tenés tantas agallas [usó otra palabra], sentite libre para salir de casa, seguir tu fe, tu camino…

– Mira, papá, yo soy un buen hijo, vos sos un buen padre, nos llevamos bien, trabajamos juntos en la agencia de viajes… Nos divide nada más que la fe.

– Nada más y nada menos. De todo lo otro yo te puedo recuperar. Si tenés una vida licenciosa, el alcohol, lo que sea, te puedo recuperar. De esto no. Y supongo que al menos dejarás a tus hijos poder elegir como hice yo…

– La verdad es que los quiero bautizar desde niños y formar en la fe -dijo Omar. Pero sí reconoció el derecho del padre de hablar del Islam a los futuros nietos.

– Es importante que sepas que yo me condeno por tu decisión, hijo. Yo voy al infierno por tu decisión – insistió él.

– No, papá, no es así. Al contrario. Dios te va a bendecir porque me estás dejando decidir libre y conscientemente algo que ya está en mi corazón.

– Pero Dios me obliga a transmitir mi fe a mis hijos, y le estoy fallando a Dios -dijo él, retirándose.

Fue una noche dura y triste para ambos. Aunque trabajaban juntos y vivían juntos, durante meses Omar y su padre no se hablaron. La herida era muy grande. Se necesitó mucho tiempo para que se fuera sanando, mientras la fe y la familia de Omar iban creciendo.

Omar participó en un viaje de 15 judíos, 15 musulmanes y 15 cristianos a Tierra Santa antes de la visita del Papa Francisco a Jerusalén

Peregrinaciones y diálogo entre religiones

En el año 2000, con 23 años, Omar explicó a su director espiritual que estaba desanimado con su trabajo. «¿Por qué no organizas peregrinaciones a Tierra Santa?», propuso el sacerdote. Desde entonces ha ido 17 o 18 veces a Tierra Santa, organizándolo siempre como experiencias espirituales.

Con los años ha ido trabajando cada vez más en el diálogo entre religiones. Le emociona el Salmo: «Qué alegría cuando me dijeron: ‘vamos a la casa del Señor’. Allá suben las tribus...» «¿Y cuáles son esas tribus?», plantea.

«Yo defiendo mi fe, como se defiende a la madre, pero desde esa convicción puedo reconocer la acción de Dios en la vida de fe de personas de otras religiones. Es un desafío de nuestra época. Podemos buscar los puntos de encuentro. El diálogo es para todos pero hay que ir preparado, con las convicciones propias claras en el corazón».

Omar Al Kaddour con su esposa y sus cinco hijas

Hoy crece en la fe, con su familia, en la Sociedad San Juan. Amigos que conoció en La Salle son sacerdotes que impulsan esta asociación evangelizadora.

Allí ve crecer también la fe de sus hijas. La fe, les enseña, es un sí diario, «no se puede vivir de rentas».


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