Oración a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ante los sufrimientos y las pruebas de la vida / Por P. Carlos García Malo

* «Santísima Virgen María, que a causa de los milagros y gracias atribuidos a tu intercesión, el pueblo fiel te llama Virgen del Perpetuo Socorro. Míranos una vez más a tus hijos bajo tu manto pidiendo tu auxilio. Madre, continúa rezando por los hijos que hoy acudimos a ti y alcánzanos los favores que en nuestra vida necesitamos. Sabes que los sufrimientos y las pruebas, a veces, nos cansan y necesitamos la ayuda del cielo y tu oración poderosa»

P. Carlos García Malo / CaminoCatólico.com.-  El 27 de junio se celebra la Fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona de los Padres Redentoristas y cuyo icono original está en el altar mayor de la Iglesia de San Alfonso. Esta imagen recuerda el cuidado de la Virgen por Jesús, desde su concepción hasta su muerte, y que hoy sigue protegiendo a sus hijos que acuden a ella.

Se dice que en el siglo XV un comerciante adinerado del Mar Mediterráneo tenía la pintura del Perpetuo Socorro, aunque se desconoce el cómo llegó a sus manos. Para proteger el cuadro de ser destruido, decidió llevarlo a Italia y en la travesía se desató una terrible tormenta. El comerciante tomó el cuadro en alto, pidió socorro y el mar se calmó. Estando ya en Roma, él tenía un amigo, a quien le mostró el cuadro y le dijo que un día el mundo entero rendiría homenaje a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Después de un tiempo, el mercader enfermó y, antes de morir, le hizo prometer a su amigo que colocaría la pintura en una iglesia ilustre. Sin embargo, la esposa del amigo se encariño con la pintura y este no realizó su promesa.

Nuestra Señora se le apareció al hombre en varias ocasiones pidiéndole cumpliera, pero al no querer disgustar a su mujer, enfermó y murió. Más adelante la Virgen habló con la hija de seis años y le dio el mismo mensaje de que deseaba que el cuadro fuera puesto en una iglesia. La pequeña fue y se lo contó a su madre.

La mamá se asustó y a una vecina que se burló de lo ocurrido le vinieron unos dolores tan fuertes que solo se alivió cuando invocó arrepentida la ayuda de la Virgen y tocó el cuadro. Nuestra Señora se volvió a aparecer a la niña y le dijo que la pintura debía ser puesta en la iglesia de San Mateo, que quedaba entre las Basílicas Santa María la Mayor y San Juan de Letrán. Finalmente, así se hizo y se obraron grandes milagros.

Siglos después, Napoleón destruyó muchas iglesias, entre ellas la de San Mateo, pero un padre agustino logró llevarse secretamente el cuadro y más adelante fue colocado en una capilla agustiniana en Posterula.

Los Redentoristas construyen la Iglesia de San Alfonso sobre las ruinas de la iglesia de San Mateo y en sus investigaciones descubrieron que antes ahí estaba el milagroso cuadro de del Perpetuo Socorro y que lo tenían los Agustinos. Gracias a un sacerdote jesuita conocieron el deseo de la Virgen de ser honrada en ese lugar.

Es así que el superior de los Redentoristas solicitó al Beato Pío IX, quien dispuso que el cuadro fuera devuelto a la Iglesia entre Santa María la Mayor y San Juan de Letrán. Asimismo, encargó a los Redentoristas que hicieran que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fuera conocida.

Los Agustinos, una vez que supieron la historia y el deseo del Pontífice, gustosos devolvieron la imagen mariana para complacer a la Virgen.

Hoy en día la devoción a Nuestra Señora del perpetuo Socorro se ha expandido por diversos lugares, construyéndose iglesias y santuarios en su honor. Su retrato es conocido y venerado en todas partes del mundo.

Pidamos a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro su auxilio e intercesión ante los sufrimientos y las pruebas de la vida:

Santísima Virgen María,

que a causa de los milagros y gracias atribuidos a tu intercesión,

el pueblo fiel te llama Virgen del Perpetuo Socorro.

Míranos una vez más a tus hijos bajo tu manto pidiendo tu auxilio.

A ti Madre,

que en el icono se te ve con ojos tristes,

teniendo a tu Hijo Jesús en brazos,

y avisada por los Santos arcángeles Gabriel y Miguel

del terrible destino que le espera en su pasión al Salvador del mundo;

miras con compasión a quienes te contemplan

sabiendo que la muerte en la cruz era necesaria para limpiar el pecado del mundo.

Madre, continúa rezando por los hijos que hoy acudimos a ti

y alcánzanos los favores que en nuestra vida necesitamos.

Sabes que los sufrimientos y las pruebas, a veces, nos cansan

y necesitamos la ayuda del cielo y tu oración poderosa. Amén.

Madre del Perpetuo Socorro, rogad a Jesús por mí y salvadme.

Carlos García Malo

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