Oración a san Agustín para vivir en la verdad / Por P. Carlos García Malo

Detalle de San Agustín en una vidriera por Louis Comfort Tiffany en el Lightner Museum.

*  «Hijo de las lágrimas de una madre comprometida con la salvación eterna del que dio a luz. Madre coraje que arrancó al buen Dios tu conversión. Santa Mónica te dio vida dos veces: al mundo y a la fe que confesamos los cristianos. San Agustín, ayúdanos con tu intercesión a vivir también nosotros en la verdad. Ahórranos tiempo en la búsqueda y que contigo y la ayuda de Santa Mónica confesemos la fe en el Dios Trino que trae seguridad y confianza a las almas tan curiosas y buscadoras de Dios como la tuya»

San Agustín y Santa Mónica (1846), por Ary Scheffer
San Agustín y Santa Mónica (1846), por Ary Scheffer

 P. Carlos García Malo / Camino Católico.-  Hoy la Iglesia celebra a San Agustín. “Tarde te amé, oh Belleza siempre antigua, siempre nueva. Tarde te amé”, dijo San Agustín. Este gran Santo es uno de los 36  doctores de la Iglesia y es patrón de «los que buscan a Dios”; también fue autor de varios libros de teología y filosofía, siendo sus obras más famosas las “Confesiones” y «La ciudad de Dios».

San Agustín de Hipona nació el 13 de noviembre en el año 354 en la ciudad de Tagaste, ubicada al norte de África. Fue hijo de Patricio y de Santa Mónica, quien rezó durante varios años por la conversión de su esposo y de su hijo. Durante su juventud, se entregó a una vida libertina y cometió varios pecados de impureza. Convivió con una mujer durante 14 años y ambos tuvieron un hijo llamado Adeodato, que murió siendo joven.

También perteneció durante nueve años a la secta de los Maniqueos hasta que conoció a San Ambrosio, cuyo testimonio le impresiona  y le motiva a acercarse a Dios.

Un día, cuando Agustín estaba en un jardín, sumido en una profunda crisis existencial, escuchó la voz de un niño que le decía : «Toma y lee ; toma y lee». El Santo abrió una biblia que tenía al lado y abrió una página al azar. Se encontró con el capítulo 13,13-14 de la carta de San Pablo a los romanos que decía: «Nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos…revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias». Esta lectura marcó su conversión y desde ese momento resolvió  permanecer casto y entregar su vida a Cristo.

Consagración de San Agustín
Consagración de San Agustín

En el año 387 es bautizado junto a su hijo. Su madre fallece ese mismo año. Regresó a África y quiso llevar un estilo de vida monástica. Sin embargo, Dios tenía otros planes para él.

Un día fue y asistió a la Eucaristía en Hipona. El Obispo, Valerio, lo vio y se enteró de su conversión y santidad. Entonces le dijo que necesitaba con urgencia a un sacerdote que lo asistiera en su labor. A pesar de su resistencia y lágrimas, Agustín entendió el llamado del Señor.

Es ordenado sacerdote y cinco años después fue ordenado Obispo, dirigió la diócesis de Hipona por 34 años. San Agustín utilizó sus dotes intelectuales y espirituales para atender a las necesidades de su rebaño. Combatió las herejías del tiempo, debatió contra las corrientes contrarias a la fe, acudió a varios consejos de obispos en África y viajó constantemente para predicar el Evangelio. Su intenso trabajo pastoral le forjó un gran prestigio dentro de la Iglesia.

El 28 de agosto del 430 enfermó y falleció. Su cuerpo fue enterrado en Hipona, pero luego trasladado a Pavia, Italia.

Para Benedicto XVI, San Agustín ha sido un “buen compañero de viaje” en su vida y ministerio. En enero del 2008 se refirió a él como “hombre de pasión y de fe, de altísima inteligencia y de incansable solicitud pastoral… dejó una huella profundísima en la vida cultural de Occidente y de todo el mundo”.

Pidamos a San Agustín que interceda ante el Señor para que vivamos en la verdad:

Hijo de las lágrimas de una madre comprometida

con la salvación eterna del que dio a luz.

Madre coraje que arrancó al buen Dios tu conversión.

Santa Mónica te dio vida dos veces:

al mundo y a la fe que confesamos los cristianos.

Agustín de Hipona, buscador infatigable de la verdad sin dobleces ni demagogias.

San Agustín lava los pies de Cristo
San Agustín lava los pies de Cristo

Estudioso de las letras y filósofo profundo.

Y a la vez de vida disipada y, hasta en momentos, frívola e inmoral.

El Señor salió a tu encuentro y te quiso sacerdote aun conociendo tu resistencia.

«Tarde te amé, belleza infinita», escribirías más adelante.

«Tarde te amé, belleza siempre antigua y siempre nueva».

Y te deleitabas en la oración y en el silencio.

Y de esa intimidad brotaron tus homilías que causaban éxtasis a cuantos te escuchaban

y tus escritos que rezuman dulce saber y vértigo del alma.

«Nos hiciste, Señor para ti, y nuestro corazón anda inquieto, hasta descansar en ti».

Obispo de Hipona te entregaste a la predicación del que es la Verdad absoluta del universo.

Aclamado y amado San Agustín,

ayúdanos con tu intercesión a vivir también nosotros en la verdad.

Ahórranos tiempo en la búsqueda

y que contigo y la ayuda de Santa Mónica

confesemos la fe en el Dios Trino

que trae seguridad y confianza

a las almas tan curiosas y buscadoras de Dios como la tuya.

Amén.

San Agustín de Hipona, ruega por nosotros.

Carlos García Malo

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