Oración a San Blas para pedir la curación de enfermedades y la perseverancia en la fe / Por P. Carlos García Malo

*  «San Blas de Sebaste. El Espíritu de Dios te colmó de un profundo don de sanación. Salvaste de la muerte a un niño que se ahogaba atragantado por la espina de un pescado, de ahí que nos quede, hasta nuestros días, tu patronazgo por los enfermos de garganta. Tu fama y santidad pronto corrió entre la cristiandad y perdura hasta hoy en la Iglesia. Intercede, por nosotros, San Blas. Sana nuestros cuerpos enfermos pero sobre todo haznos perseverar en la fe y a no temer la persecución y el martirio por amor a Cristo Jesús»

Carlos García Malo / Camino Católico.- Hoy la Iglesia celebra a San Blas, médico y Obispo de Sebaste, Armenia, que era conocido por obtener curaciones milagrosas con su intercesión. Cierto día salvó a un niño que se ahogaba por una espina de pescado que se le había trabado en la garganta. De aquí la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, 3 de febrero.

San Blas hizo vida eremítica en una cueva del Monte Argeus y, según la leyenda, también se le acercaban los animales enfermos para que los curase. Sin embargo, no era interrumpido cuando el santo estaba en oración.

Por ese tiempo se produjo la persecución contra los cristianos de Agrícola, gobernador de Cappadocia. Cuando los cazadores fueron a buscar animales para los juegos de la arena en el bosque de Argeus, encontraron a muchos de ellos que estaban esperando fuera de la cueva donde estaba San Blás.

El santo justo se encontraba orando y fue tomado prisionero. Agrícola trató de que San Blas renegara de la fe, pero no lo consiguió. El tiempo en la prisión le sirvió al santo para interceder a Dios y lograr que algunos presos se curen.

San Blas fue echado a un lago, pero con la gracia de Dios se mantuvo parado sobre la superficie. Luego con valentía invitaba a los perseguidores a caminar sobre las aguas para que demuestren el poder de sus supuestos dioses, pero lo malvados se ahogaban.

Cuando el santo volvió a tierra fue torturado y decapitado. De esta manera murió mártir y partió a la Casa del Padre en el 316 D. C.

Pidamos por intercesión de San Blas pedir la curación de enfermedades y la perseverancia en la fe:

San Blas de Sebaste, en la actual Turquía.

Hombre de profunda oración, penitencia y amor a Jesucristo.

El Espíritu de Dios te colmó de un profundo don de sanación.

Salvaste de la muerte a un niño que se ahogaba

atragantado por la espina de un pescado,

de ahí que nos quede,

hasta nuestros días,

tu patronazgo por los enfermos de garganta.

A ti acudían hombres y mujeres de todas partes

pidiendo intercesión para sanar de sus males.

E incluso los animales te buscaban también

cuando, ya obispo, te retiraste a una cueva del monte Argeus como ermitaño.

Allí pusiste tu sede episcopal.

Los animales respetaban tu tiempo de oración

y solamente se acercaban a ti pidiendo curación en los momentos de asueto.

Arrestado por los perseguidores de la fe

fuiste torturado y decapitado en el siglo III.

Tu fama y santidad pronto corrió entre la cristiandad

y perdura hasta hoy en la Iglesia.

Intercede, por nosotros, San Blas.

Sana nuestros cuerpos enfermos

pero sobre todo haznos perseverar en la fe

y a no temer la persecución y el martirio por amor a Cristo Jesús. Amén.

San Blas, ruega por nosotros.

Carlos García Malo


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