Oración a San Ignacio de Loyola para ser testigos de la esperanza y la alegría de estar unidos a Cristo / Por P. Carlos García Malo

*  «Íñigo López de Loyola de tus peregrinaciones y entrega radical a tu Señor surgiría la Compañía de Jesús donde otros jóvenes entregarían su vida por la Iglesia y el Evangelio, palabra de Vida. Luz y faro de doctrina segura, protege la fe de la Iglesia y con tu intercesión manda nuevos soldados a la Iglesia católica que, en una nueva contrarreforma contra paganismo y el ateísmo de nuestro tiempo, con valentía y firmeza devuelvan la esperanza y la alegría que sólo Jesucristo, señor de la verdadera vida, otorga al que con humildad se pone de rodillas ante Él crucificado»

P. Carlos García Malo / CaminoCatólico.com.-  El 31 de julio es la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, conocida como los jesuitas, orden que desempeñó un importante papel en la contrarreforma. El santo maestro de los discernimientos de espíritus es además patrono de los ejercicios espirituales, de los retiros y de los soldados.

El proceso de conversión de San Ignacio se inició al leer el libro “Vida de Cristo”, así como “Flos sanctórum”. Al reflexionar sobre estas lecturas y la vida de los santos se cuestionaba a sí mismo: «¿Y si yo hiciera lo mismo que San Francisco o que Santo Domingo?».

San Juan Pablo II señalaba que “Ignacio supo obedecer cuando, en pleno restablecimiento de sus heridas, la voz de Dios resonó con fuerza en su corazón. Fue sensible a la inspiración del Espíritu Santo».

«Ad Maiorem Dei Gloriam», que quiere decir en latín «Para mayor gloria de Dios» era el lema con que más se le identifica al santo, así como “Ruégale a Dios por todos los que como tú deseamos extender el Reino de Cristo, y hacer amar más a nuestro Divino Salvador”.

San Ignacio falleció el 31 de julio de 1556. Paulo V lo beatificó en 1609 y fue canonizado por Gregorio XV en 1622. En la ciudad de Roma (Italia) se veneran los restos del santo en la Iglesia del Gesù

Pidamos San Ignacio que seamos testigos de la esperanza y la alegría que sólo Jesucristo, señor de la verdadera vida da a quienes son humildes ante Él:

Íñigo López de Loyola, hombre de armas, hombre de honor.

Dios permitió en su providencia que cayeses herido en batalla

y tu vida cambiara a ser un «milites Christi», un soldado de Cristo.

Desde entonces tu vida sólo en Él y para Él.

De tus peregrinaciones y entrega radical a tu Señor surgiría la Compañía de Jesús

donde otros jóvenes entregarían su vida por la Iglesia y el Evangelio, palabra de Vida.

De la profundidad de tu alma

y en las profundidades de la cueva de Manresa escribiste los ejercicios espirituales

de los que siguen alimentándose tantos creyentes hoy.

Tu fidelidad ha permitido el paso de la fe de generación en generación en tantos países del mundo.

Luz y faro de doctrina segura,

protege la fe de la Iglesia

y con tu intercesión manda nuevos soldados a la Iglesia católica que,

en una nueva contrarreforma contra paganismo y el ateísmo de nuestro tiempo,

con valentía y firmeza

devuelvan la esperanza y la alegría que sólo Jesucristo, señor de la verdadera vida,

otorga al que con humildad se pone de rodillas ante Él crucificado.

Amén.

San Ignacio de Loyola, ruega por nosotros.

Carlos García Malo


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