Oración de adoración al Cuerpo y Sangre de Cristo / Por P. Carlos García Malo

«¡Divino misterio de amor! «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Y el mismo Cristo se queda entre nosotros en su Palabra, en los sacramentos y de manera particular en la Eucaristía. Corpus Christi, fiesta de la presencia real de un Dios que camina entre su pueblo. Corpus Christi, fiesta de un pueblo que aclama, vitorea con cánticos, gritos y flores al que dio su vida en la cruz para que, mirándolo sólo a Él, tenga vida en abundancia. Corpus Christi, adoremos el misterio»

Carlos García Malo / CaminoCatólico.com.- Un milagro eucarístico del siglo XIII fue el origen de la Fiesta del Corpus Christi, que la Iglesia celebra el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad; aunque en algunos países las Iglesias locales deciden trasladarla para el domingo por una cuestión pastoral. En esta solemnidad la Iglesia tributa a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, gratitud y amor, siendo la procesión del Corpus Christi una de las más importantes en toda la Iglesia Universal.

A mediados del siglo XIII el P. Pedro de Praga dudaba sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía y realizó una peregrinación a Roma para rogar sobre la tumba de San Pedro una gracia de fe. Al retornar, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la Cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró manchando el corporal.

La noticia llegó rápidamente al Papa Urbano IV, que se encontraba muy cerca en Orvieto, y mandó que se le lleve el corporal. Más adelante el Pontífice publicó la bula “Transiturus”, con la que ordenó que se celebrara la Solemnidad del Corpus Christi en toda la Iglesia el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad. El Santo Padre encomendó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico para la fiesta y la composición de himnos, que se entonan hasta el día de hoy: Tantum Ergo, Lauda Sion. El Papa Clemente V en el Concilio general de Viena (1311) ordenó una vez más esta fiesta y publicó un nuevo decreto en el que incorporó el de Urbano IV. Posteriormente Juan XII instó su observancia.

Adoremos hoy a Jesús Eucaristía presencia real del Salvador del mundo entre nosotros y alimento de vida eterna:

¡Divino misterio de amor!

«Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Y el mismo Cristo se queda entre nosotros

en su Palabra,

en los sacramentos

y de manera particular en la Eucaristía.

Presencia real de su cuerpo, sangre, alma y divinidad

de un Dios escondido en las especies de pan y vino.

Cristo se asoma desde la custodia

para bendecir a su pueblo

y para que, mirándole tras el viril,

podamos adorarle y dejarnos abrazar por Él.

La fe suple lo que los ojos no ven,

la esperanza nos envuelve en la contemplación

y el Amor de los amores emociona el alma

que tiembla respetuosa ante el mismo Dios.

Corpus Christi,

fiesta de la presencia real de un Dios que camina entre su pueblo.

Corpus Christi,

fiesta de un pueblo que aclama,

vitorea con cánticos, gritos y flores

al que dio su vida en la cruz para que, mirándolo sólo a Él, tenga vida en abundancia.

Corpus Christi, adoremos el misterio.

Carlos García Malo

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