Oración de Navidad al Niño Dios / Por Conchi Vaquero y Arturo López

Niño Dios, tú que llegaste al mundo para salvar, te pido la paz.

Tú Niño Jesús, que has venido a iluminar mi oscuridad, haz que comprenda y conozca que eres Dios. Tan pequeño y tan infinito. Tan humilde y tan poderoso. Tan desconcertante y tan adecuado para hacerme crecer en el Amor.

Tú Señor que eres la Paz sana mi corazón de las heridas que me han provocado desasosiegos, resentimientos, rencores, odios, miedos y perversidades. Lléname de tu paz y convierte mi corazón de piedra en un corazón de carne. Realmente que experimente un nuevo nacimiento en la misericordia de Dios Padre.

Deseo ser un mensajero de paz, un heraldo de tu Palabra Señor. Encárnate en mi Jesús. Tus Palabras salgan de mi boca como saetas de amor capaces de sembrar nueva vida en aquellos corazones, tristes y desangrados. Padre Santo quiero ser luz del mundo para que todos crean que Tú enviaste a Cristo para salvarnos.

Quiero interpretar una sinfonía de comunión con todas las personas del mundo a quienes amas de manera única como a mi. Te pido especialmente por las que me han dañado alguna vez y por aquellas a quienes yo he podido herir. Tu gracia de perdón venga a nosotros para dejar inmaculado nuestro ser.

Niño Dios, tú que naciste en un pesebre, te pido que no haya más miserias en el mundo.

Da pan a los que tienen hambre. Líbrame de toda esclavitud. Transfórmame en columna de verdad anclada en tu Palabra de Vida. Tus Palabras son verdad. Capacítame para no sucumbir ante ninguna injusticia y pese a no juzgar nada, ni tan siquiera a mi mismo, sepa ponerlo todo en tus manos, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Infúndeme Señor sabiduría para que yo no cometa actos miserables que puedan dañar a otros y a mi mismo. La libertad de los hijos de Dios presida cada segundo de mi vida para poder liberar a los cautivos, maltratados, ignorados y despreciados. Que pueda cortar en tu Nombre Señor Jesús toda cadena de mal porque me alimento y vivo de tu Palabra y de tu vida.

Niño Dios, tú que naciste de una madre virgen, te pido pureza en este mundo.

Limpia mi corazón, mi mente, todo mi ser. Cuéntame entre los bienaventurados porque me haces limpio, manso y humilde de corazón, a tu imagen y semejanza.

Que mi boca no pronuncie palabras vanas, mi mente no elabore tramas y juicios y mi corazón no se incline por las opciones atractivas del mundo.

Enséñame Señor a actuar como tu lo haces. Debo aprender de ti porque anhelo vivir siempre lleno de tu luz y amor.

Niño Dios, tú que eres salvador, sálvame de los desastres que provoca la naturaleza y de aquellos que yo mismo puedo suscitar aun sin tener conciencia de lo que hago.

Niño Dios, tú que nos diste la vida para vivirla, que la vivamos de acuerdo a tu gloriosa vida.

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