Padre Rafael Caro, párroco y corredor de ‘Iron-Man’: «Mi pasión es Dios y a través del deporte intento acercar a los demás a Él»

«Mi vida como sacerdote no es fácil porque hay muchas cosas que hacer: Eucaristía, despacho, Cáritas, residencia de ancianos, los catequistas, los matrimonios, etc… El tiempo para entrenarme lo saco de horas tempranas o momentos en los que la gente descansa, como el mediodía o incluso de noche… No es incompatible ser deportista con ser cristiano o sacerdote… Estamos planteando una plataforma de ‘cristianos deportistas’, que nos reunimos una vez al mes, quedamos para entrenar y terminamos celebrando una Eucaristía. Cuando acudo a algún ‘Iron-Man’, muchos deportistas me preguntan que si tengo que correr, cómo celebro la misa del domingo y les respondo que la oficio a las cuatro de la madrugada en mi habitación. Muchos pegan en la puerta y me acompañan. Numerosas personas se van acercando a la Iglesia o grupos religiosos gracias a que Dios me usa a mí como instrumento para acercar a la gente a la Iglesia»

de abril de 2017.- (Miguel Ángel Navarro / Diario Sur / Camino Católico)  Rafael Caro es el joven párroco de la Iglesia de San Juan de Letrán de la vecina localidad de Arriate. Su día a día consiste en atender las labores propias de un cura de ‘los de toda la vida’, estar pendiente de sus parroquianos, oficiar misas y desarrollar todas las obligaciones del cargo que ostenta. Lo que pocos imaginan es que cuando Rafael Caro ‘Carito’, a sus 38 años cuelga la sotana, pone en práctica otra de sus pasiones y se convierte en un entusiasmado deportista que ha conseguido excelentes resultados en la modalidad que mejor se le da, el triatlón.

“Abril, mayo, junio, julio, agosto y septiembre entrenando… 148 km de natación, 6.112 km de bici y 938 km de carrera. Todo esto para preparar mi primer triatlón distancia Iron Man (3.8 km nadando, 180 km en bicicleta y 42.2 km corriendo)”… Esta es parte de la crónica que hacía de su primer Iron Man Rafael Caro, “Carito”, publicada por el portal español ‘Ciclismo Cortés’, que es también su club de amigos deportistas.

Minutos antes de la partida tenía “los nervios a flor de piel” recuerda. Luego su alma impulsó los músculos, animada por la oración que de tanto en tanto iba enhebrando el sacerdote malagueño a medida que transitaba la prueba.

– ¿Cómo llevan sus parroquianos tener a un cura triatleta?

– No es muy frecuente ver a un sacerdote metido en la vida deportiva e incluso provoca impacto en el pueblo, pero a mí me sirve para acercarme a la gente. Queramos o no, hay que reconocer que hay muchas personas que no se acercan a la Iglesia así que, como se suele decir, si la montaña no va a Mahoma… El deporte también es una forma de atraer fieles a la Iglesia.

– ¿Consigue atraer a gente?

– Pienso que sí. De hecho, estamos planteando una plataforma de ‘cristianos deportistas’, que nos reunimos una vez al mes, quedamos para entrenar y terminamos celebrando una Eucaristía. Como anécdota, cuando acudo a algún ‘Iron-Man’, muchos deportistas me preguntan que si tengo que correr, cómo celebro la misa del domingo y les respondo que la oficio a las cuatro de la madrugada en mi habitación. Muchos pegan en la puerta y me acompañan. Numerosas personas se van acercando a la Iglesia o grupos religiosos gracias a que Dios me usa a mí como instrumento para acercar a la gente a la Iglesia.

– ¿Cómo compagina el tiempo de su labor sacerdotal con el que necesita para entrenarse?

– Es difícil. Mi vida como sacerdote no es fácil porque hay muchas cosas que hacer: Eucaristía, despacho, Cáritas, residencia de ancianos, los catequistas, los matrimonios, etc… El tiempo para entrenarme lo saco de horas tempranas o momentos en los que la gente descansa, como el mediodía o incluso de noche.

– ¿Qué le llegó antes, la llamada sacerdotal o su afición al deporte?

– Yo siempre he sido deportista. Por mi altura, mido 1,96 cm, siempre quisieron encasillarme en el baloncesto e incluso jugué en categorías de base de Unicaja, pero a mí lo que me ha gustado siempre es correr, ponerme las zapatillas y participar en pruebas populares. Después me inicié en las maratones, pero siempre digo que no es incompatible ser deportista con ser cristiano o sacerdote. Mi pasión es Dios y a través del deporte intento acercar a los demás a Él.

– ¿Suele encomendarse a alguien para obtener buenos resultados en las pruebas a las que acude?

– La verdad es que no soy muy maniático en ese aspecto. Es cierto que lo primero que hago cuando me levanto es rezar, casi siempre con la palabra de Dios, el Evangelio del día que se nos propone para la Eucaristía. Antes de cada competición si rezo un Padre Nuestro, me persigno y cuando termino una carrera miro al cielo en señal de agradecimiento a Dios por regalarme salud por hacerme sentir un privilegiado por hacer deporte.

– ¿Qué piensa durante los ‘iron-man’?

– Pienso en muchas cosas. A veces dentro de la misma competición rezo, me gusta ir mirando la cara de los competidores, el esfuerzo reflejado en sus rostros e incluso en alguna prueba de estas característica, tan extensa, paso por alguna Iglesia y me atrae contemplarla. Recuerdo que en la prueba que realicé en Vitoria se me dio esa circunstancia. Se creó el clima adecuado para ello porque fue una prueba en la que estuve muchos kilómetros en solitario, así que recé en varias ocasiones y reflexioné durante el recorrido.

– ¿Ha coincidido alguna vez un acto religioso importante con alguna prueba donde tuviera especial interés en participar?

-Sí, sí. Se me ha presentado ese dilema en algunas ocasiones. Ir o no ir pero, como dije anteriormente, jamás desatiendo mi vocación, que es Dios. Tengo claro que lo primero es atender a mis feligreses y jamás cambiaría una misa por una prueba deportiva. Intento planificar mi calendario con pruebas importantes dentro de mis vacaciones. Si la competición no coincide con mis obligaciones, no dudo, acudo a la prueba.

– En los momentos de tensión que se producen en cualquier carrera, ¿cómo reacciona?

– Aunque suene mal, uno también da codazos. Ten en cuenta que en un ‘Iron-Man’ como el de Lanzarote, donde participamos cerca de 3.000 deportistas, todos intentamos abrirnos camino en el poco espacio que tenemos.

– ¿Dónde se siente más cómodo, realizando los tres segmentos o dirigiéndose a sus feligreses?

– Sí, me siento querido. Ahora en nuestro club de Arriate, ‘Trail Running Arriate’, y también con los compañeros del Triatlón Ronda en mi localidad natal de Villanueva del Trabuco. Pero no solo por los deportistas sino por la gente en general. Me siento afortunado y arropado por todo el mundo. El deporte hace que te relaciones con muchas personas y el hecho de que cuenten conmigo, por ejemplo, en el Club de Arriate me satisface. Doy gracias a Dios porque estoy lejos de la familia pero me doy cuenta del cariño que recibo por parte de los demás.

– ¿Cuál ha sido el mejor resultado que ha obtenido en una prueba deportiva?

– Son muchos momentos fantásticos pero, si he de elegir, me quedo con la prueba de Lanzarote, un ‘Iron-Man’ muy duro pero muy gratificante terminarlo. También recuerdo con cariño el de Vitoria del pasado año, hice 10:35:00. ¡Ufff!, sin pretender hacer ese tiempo me fue bien. También a nivel colectivo, cuando he entrado alguna vez en meta con algún desconocido cogido de la mano después de haber compartido carrera y sufrimiento, hemos compartido también la victoria de haber finalizado.

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