El Papa en el Ángelus, 1-1-2021: «El Señor nos ha dado la tarea de ser trabajadores de paz, sosteniendo al hermano que necesita una palabra de consuelo, una ayuda solidaria»

* «Y la paz se puede construir si empezamos a estar en paz con nosotros mismos  —en paz dentro, en el corazón— y con quien tenemos cerca, quitando los obstáculos que nos impiden cuidar de quienes se encuentran en necesidad y en la indigencia. Se trata de derrotar la indiferencia, el descarte y la rivalidad, que lamentablemente prevalecen. La Virgen María, que ha dado a luz al «Príncipe de paz» (Is 9,6), y que lo acuna así, con tanta ternura, entre sus brazos, nos obtenga del Cielo el bien precioso de la paz, que con tan solo las fuerzas humanas no se logra perseguir en plenitud. Solamente las fuerzas humanas no bastan, porque la paz es sobre todo don, un don de Dios; debe ser implorada con incesante oración, sostenida con un diálogo paciente y respetuoso, construida con una colaboración abierta a la verdad y a la justicia y siempre atenta a las legítimas aspiraciones de las personas y de los pueblos»

Vídeo completo de la transmisión en directo de 13 TV traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Expreso dolor y preocupación por la nueva escalada de violencia en Yemen que está causando numerosas víctimas inocentes, y rezo para que se hagan esfuerzos para encontrar soluciones que permitan el regreso de la paz para esas poblaciones golpeadas. Hermanos y hermanas, ¡pensemos en los niños de Yemen! Sin educación, sin medicinas, hambrientos. Recemos juntos por Yemen. Os deseo a todos un año de paz y de esperanza, con la protección de María, la Santa Madre de Dios»

1 de enero de 2021.- (Camino Católico) El viernes 1 de enero, primer día del año 2021, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios y 54° Jornada Mundial de la Paz, el Papa Francisco ha rezado la oración mariana del Ángelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, sin presencia de fieles a causa de la pandemia. Un momento que ha permitido al Papa conectar con los fieles tras su ausencia (a causa de molestias de ciática) en la celebración de las vísperas y el Te Deum, el jueves 31 de diciembre, y en la primera misa del año, que fue presidida hoy por el cardenal Pietro Parolin.

En su alocución, el Pontífice ha recordado que empezamos el nuevo año poniéndonos bajo la mirada materna y amorosa de María Santísima, que la liturgia hodierna celebra como Madre de Dios: “Retomamos así el camino a lo largo de las sendas del tiempo, encomendando nuestras angustias y nuestros tormentos a Aquella que todo lo puede. María nos mira con ternura materna así como miraba a su Hijo Jesús. La mirada tranquilizadora y consoladora de la Santísima Virgen es un estímulo para que este tiempo, que nos ha dado el Señor, sea dedicado a nuestro crecimiento humano y espiritual, sea tiempo de suavizar los odios y las divisiones, sea tiempo de sentirnos todos más hermanos, sea tiempo de construir y no de destruir, cuidándonos unos a otros y de la creación”

Y precisamente al cuidado del prójimo y de la creación está dedicado el tema de esta Jornada Mundial de la Paz, que hoy celebramos: «La cultura del cuidado como camino de paz», dijo Francisco, indicando que los dolorosos eventos que han marcado el camino de la humanidad el año pasado, especialmente la pandemia, «nos enseñan lo necesario que es interesarse por los problemas de los otros y compartir sus preocupaciones».

En este sentido, el Papa ha pedido a la Virgen María, que ha dado a luz al «Príncipe de paz» (Is 9,6), que nos obtenga del cielo «el bien precioso de la paz que con tan solo las fuerzas humanas no se logra perseguir en plenitud». “La paz es sobre todo don de Dios; debe ser implorada con incesante oración, sostenida con un diálogo paciente y respetuoso, construida con una colaboración abierta a la verdad y a la justicia y siempre atenta a las legítimas aspiraciones de las personas y de los pueblos. Mi deseo es que reine la paz en el corazón de los hombres y en las familias; en los lugares de trabajo y de ocio; en las comunidades y en las naciones”. En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz año!

Empezamos el nuevo año poniéndonos bajo la mirada materna y amorosa de María Santísima, que la liturgia hoy celebra como Madre de Dios. Retomamos así el camino a lo largo de las sendas del tiempo, encomendando nuestras angustias y nuestros tormentos a Aquella que todo lo puede. María nos mira con ternura materna así como miraba a su Hijo Jesús. Y si nosotros miramos al pesebre [se gira hacia el pesebre colocado en la sala], vemos que Jesús no está en la cuna, y me dicen que la Virgen ha dicho: “¿Me dejan tener en brazos un poco a este hijo mío?”. Y así hace la Virgen con nosotros: quiere tenernos entre los brazos, para cuidarnos como ha cuidado y amado a su Hijo. La mirada tranquilizadora y consoladora de la Santísima Virgen es un estímulo para que este tiempo, que nos ha dado el Señor, sea dedicado a nuestro crecimiento humano y espiritual, sea tiempo de suavizar los odios y las divisiones — hay muchas— sea tiempo de sentirnos todos más hermanos, sea tiempo de construir y no de destruir, cuidándonos unos a otros y de la creación. Un tiempo para hacer crecer, un tiempo de paz.

Es precisamente al cuidado del prójimo y de la creación que está dedicado el tema de la Jornada Mundial de la Paz, que hoy celebramos: La cultura del cuidado como camino de paz. Los dolorosos eventos que han marcado el camino de la humanidad el año pasado, especialmente la pandemia, nos enseñan lo necesario que es interesarse por los problemas de los otros y compartir sus preocupaciones. Esta actitud representa el camino que conduce a la paz, porque favorece la construcción de una sociedad fundada en las relaciones de fraternidad. Cada uno de nosotros, hombres y mujeres de este tiempo, está llamado a traer la paz: cada uno de nosotros, no somos indiferentes a esto. Nosotros estamos todos llamados a traer la paz y a traerla cada día y en cada ambiente de vida, sosteniendo la mano al hermano que necesita una palabra de consuelo, un gesto de ternura, una ayuda solidaria. Y esto para nosotros es una tarea dada por Dios. El Señor nos ha dado la tarea de ser trabajadores de paz.

Y la paz se puede construir si empezamos a estar en paz con nosotros mismos  —en paz dentro, en el corazón— y con quien tenemos cerca, quitando los obstáculos que nos impiden cuidar de quienes se encuentran en necesidad y en la indigencia. Se trata de desarrollar una mentalidad y una cultura del “cuidado”, para derrotar la indiferencia, para derrotar el descarte y la rivalidad —indiferencia, descarte, rivalidad—, que lamentablemente prevalecen. Quitar estas actitudes. Y así la paz no es solo ausencia de guerra. La paz nunca es aséptica, no, no existe la paz del quirófano. La paz está en la vida: no es solo ausencia de guerra, sino que es vida rica de sentido, configurada y vivida en la realización personal y en el compartir fraterno con los otros. Entonces esa paz tan ansiada y puesta siempre en peligro por la violencia, el egoísmo y la maldad, esa paz puesta en peligro se convierte en posible y realizable si yo la tomo como tarea que me ha dado Dios.

La Virgen María, que ha dado a luz al «Príncipe de paz» (Is 9,6), y que lo acuna así, con tanta ternura, entre sus brazos, nos obtenga del Cielo el bien precioso de la paz, que con tan solo las fuerzas humanas no se logra perseguir en plenitud. Solamente las fuerzas humanas no bastan, porque la paz es sobre todo don, un don de Dios; debe ser implorada con incesante oración, sostenida con un diálogo paciente y respetuoso, construida con una colaboración abierta a la verdad y a la justicia y siempre atenta a las legítimas aspiraciones de las personas y de los pueblos. Mi deseo es que reine la paz en el corazón de los hombres y en las familias; en los lugares de trabajo y de ocio; en las comunidades y en las naciones. En las familias, en el trabajo, en las naciones: paz, paz. Y ahora pensemos que la vida hoy está organizada por las guerras, las enemistades, tantas cosas que destruyen… Queremos paz. Y esta es un don.

En el umbral de este comienzo, dirijo a todos mi cordial deseo de un feliz y sereno 2021. Cada uno de nosotros trate de hacer que sea un año de fraterna solidaridad y de paz para todos; un año cargado de confiada espera y de esperanzas, que encomendamos a la protección de María, madre de Dios y madre nuestra.

Oración del Ángelus:

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…

Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…

Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…

Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.

Amen.

Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…

Benedictio Apostolica seu Papalis

Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.

Amen.

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

¡Queridos hermanos y hermanas!

A todos vosotros, conectados a través de los medios de comunicación, os dirijo mi deseo de paz y de serenidad para el año nuevo.

Doy las gracias al presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, por la felicitación que me dirigió ayer por la noche en su Mensaje de final de año, y le correspondo cordialmente.

Estoy agradecido a cuantos, en distintos lugares del mundo, respetando las restricciones impuestas por la pandemia, han promovido momentos de oración y de reflexión con ocasión de la actual Jornada Mundial de la Paz. Pienso en particular en la Marcha virtual de anoche, organizada por el Episcopado italiano, Pax Christi, Cáritas y Acción Católica; como también la de esta mañana, promovida por la Comunidad de San Egidio conectados en directo a nivel mundial. Gracias a todos por estas y muchas otras iniciativas a favor de la reconciliación y de la concordia entre los pueblos.

En tal contexto, expreso dolor y preocupación por la nueva escalada de violencia en Yemen que está causando numerosas víctimas inocentes, y rezo para que se hagan esfuerzos para encontrar soluciones que permitan el regreso de la paz para esas poblaciones golpeadas. Hermanos y hermanas, ¡pensemos en los niños de Yemen! Sin educación, sin medicinas, hambrientos. Recemos juntos por Yemen.

Además os invito a uniros en oración a la archidiócesis de Owerri en Nigeria por el obispo monseñor Moses Chikwe y por su conductor, secuestrados los días pasados. Pidamos al Señor que ellos y todos aquellos que son víctimas de actos similares en Nigeria vuelvan ilesos en libertad y que ese querido país encuentre de nuevo seguridad, concordia y paz.

Dirijo un saludo especial a los Sternsinger, los “Cantores de la Estrella”, niños y jóvenes que en Alemania y Austria, aun sin poder visitar a las familias en las casas, han encontrado la forma de llevarles la buena noticia de la Navidad y de recaudar donaciones para sus coetáneos necesitados.

Os deseo a todos un año de paz y de esperanza, con la protección de María, la Santa Madre de Dios. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

Francisco

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