Papa Francisco en el Ángelus, 15-8-19: «La Virgen María es nuestra madre. Nos ama, nos socorre con cuidado y nos dice: «Ustedes son preciosos a los ojos de Dios”»

* «Miremos hacia arriba, el cielo está abierto; no despierta temor, ya no está distante, porque en el umbral del cielo hay una madre que nos espera. Cada vez que tomamos el Rosario en nuestras manos y le rezamos, damos un paso adelante hacia la gran meta de la vida. Dejémonos atraer por la verdadera belleza, no nos dejemos absorber por las pequeñas cosas de la vida, sino escojamos la grandeza del cielo. Que la Santa Virgen, Puerta al cielo, nos ayude a mirar cada día con confianza y alegría allá, donde está nuestra verdadera casa»

Video completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Y ahora les pido que me acompañen con la oración el gesto que estoy a punto de realizar: bendeciré un gran número de rosarios destinados a los hermanos de Siria. Por iniciativa de la Asociación «Ayuda a la Iglesia Necesitada», se han hecho unas seis mil coronas del Rosario. Hoy, en esta gran fiesta de María, yo las bendigo y después serán distribuidas a las comunidades católicas en Siria como signo de mi cercanía, especialmente para las familias que han perdido a alguien a causa de la guerra. ¡La oración hecha con fe es poderosa! Sigamos rezando el Rosario por la paz en Oriente Medio y en todo el mundo»

15 de agosto de 2019.- (Vatican News / Camino Católico)  El Papa en la Solemnidad de la Asunción de María, dijo que esta fiesta es una llamada para todos, especialmente para cuantos están afligidos por dudas y tristezas, y viven con la mirada dirigida hacia abajo. “Miremos hacia arriba, el cielo está abierto; no despierta temor, ya no está distante, porque en el umbral del cielo hay una madre que nos espera”. Ante los afligidos que viven con la mirada dirigida hacia abajo, “persiguiendo cosas de poca importancia: prejuicios, rencores, rivalidades, envidias, bienes materiales superfluos….”. Ante tantas mezquindades en la vida, el Papa recuerda que María invita a levantar la mirada a las «grandes cosas» que el Señor ha realizado en ella.

Y Francisco nos invita a dejarnos llevar por la mano de la Virgen. “Cada vez que tomamos el Rosario en nuestras manos y le rezamos, damos un paso adelante, dijo, hacia la gran meta de la vida”. “Dejémonos atraer por la verdadera belleza, no nos dejemos absorber por las pequeñas cosas de la vida, sino escojamos la grandeza del cielo. Que la Santa Virgen, Puerta al cielo, nos ayude a mirar cada día con confianza y alegría allá, donde está nuestra verdadera casa”.

Al reflexionar el Evangelio de hoy en el que se lee que la Santa Virgen reza diciendo: «Mi alma magnifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador», Francisco menciona los verbos de esta oración: magnifica y exulta, y al respecto recuerda que se exulta cuando sucede algo tan bello que no basta con regocijarse dentro, en el alma, sino que se quiere expresar la felicidad con todo el cuerpo: entonces se regocija. “María exulta a causa de Dios. Quién sabe si a nosotros también nos ha sucedido de exultar por el Señor: exultamos por un resultado obtenido, por una bella noticia recibida, pero hoy María nos enseña a exultar en Dios, porque Él hace «grandes cosas» (cf. v. 49)”.

A las grandes cosas se alude con el otro verbo: magnificar. En efecto, magnificar significa exaltar una realidad por su grandeza, por su belleza… “María exalta la grandeza del Señor, lo alaba diciendo que Él es verdaderamente grande”. “María es asunta al cielo: pequeña y humilde, es la primera en recibir la más alta gloria. Ella, que es una criatura humana, una de nosotros, alcanza la eternidad en alma y cuerpo”. Y allí nos espera, dijo por último Francisco, allí nos espera como una madre espera que sus hijos vuelvan a casa. En efecto el pueblo de Dios la invoca como la «puerta al cielo».

“Nosotros estamos en camino, peregrinos a la casa de allá arriba. Hoy miramos a María y vemos la meta. Vemos que una criatura ha sido asumida a la gloria de Jesucristo resucitado, y esa criatura sólo podía ser ella, la Madre del Redentor”. En el paraíso, junto a Cristo, el nuevo Adán, está también ella, María, la nueva Eva, y esto, dijo, nos da consuelo y esperanza en nuestra peregrinación acá abajo.

La Virgen María, es la Reina del cielo, y es nuestra madre. Nos ama, nos sonríe y nos socorre con cuidado. Como toda madre, quiere lo mejor para sus hijos y nos dice: «Ustedes son preciosos a los ojos de Dios; no están hechos para las pequeñas satisfacciones del mundo, sino para las grandes alegrías del cielo». Sí, porque Dios es alegría, no aburrimiento.

Francisco bendijo tras el rezo mariano de hoy seis mil coronas del Rosario, preparadas por la Asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada que serán distribuidas a las familias que han perdido un ser querido en Siria por la guerraEl Papa dedicó unas palabras de afecto y cercanía a las poblaciones de diversos países del sur de Asia, que han sido afectados duramente por las lluvias monzónicas. “Rezo por las víctimas y los desplazados, por todas las familias sin hogar. Que el Señor les dé fuerza a ellos y a cuantos los socorren”. Hoy en Czestochowa, Polonia, muchos peregrinos se reúnen para celebrar la Asunción de la Virgen y para conmemorar el centenario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Polonia. Al respecto, el Papa envió un saludo a cuantos están reunidos a los pies de la Virgen Negra y los exhortó a orar por toda la Iglesia.  En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de hoy, Solemnidad de la Asunción de María Santísima, la Virgen Santa reza diciendo: “Mi alma magnifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador”. Veamos los verbos de esta oración: Magnifica y exulta. Se exulta cuando sucede algo tan bello que no basta con regocijarse dentro en el alma, sino que se quiere expresar la felicidad con todo el cuerpo. Entonces se regocija. María exulta a causa de Dios, quien sabe si a nosotros también nos ha sucedido exultar con el Señor. Exultamos por un resultado obtenido, por una bella noticia recibida, pero hoy María nos enseña a exultar en Dios. ¿Por qué? Porque Él hace grandes cosas.

A las grandes cosas se alude con el otro verbo: Magnificar. “Mi alma magnifica”. En efecto,magnificar significa exaltar una realidad por su grandeza, por su belleza. María exalta la grandeza del Señor, lo alaba diciendo que Él es verdaderamente grande. En la vida es importante buscar cosas grandes, de lo contrario uno se pierde detrás de tantas cosas pequeñas. María nos demuestra que si queremos que nuestra vida sea feliz, en primer lugar hay que poner a Dios porque solo Él es grande. Cuántas veces, en cambio, vivimos persiguiendo cosas de poca importancia: Prejuicios, rencores, rivalidades, envidias, ilusiones, bienes materiales superfluos… ¡Cuantas mezquindades en la vida! Nosotros conocemos esto. Hoy María invita a levantar la mirada, levantar la mirada a las grandes cosas que el Señor ha realizado en Ella. También en cada uno de nosotros el Señor hace tantas cosas grandes. Debemos reconocerlas y exultar, magnificar, por estas grandes cosas.

Porque son las grandes cosas que festejamos hoy: María es asunta al Cielo, pequeña y humilde, es la primera en recibir la más alta gloria. Ella, que es una criatura humana, una de nosotros, alcanza la eternidad en alma y cuerpo, y allí nos espera como una madre espera que sus hijos vuelvan a casa. En efecto, el pueblo de Dios la invoca como la Puerta al Cielo, nosotros estamos en camino, peregrinos a la Casa de allá arriba. Hoy miramos a María y vemos la meta. Vemos que una criatura ha sido asunta a la gloria de Jesucristo resucitado. Y esa criatura solo podría ser Ella: La Madre del Redentor. Vemos que en el paraíso, junto a Cristo, el nuevo Adán, está también Ella, María, la nueva Eva. Y esto nos da consuelo y esperanza en nuestra peregrinación acá abajo.

La fiesta de la Asunción de María es una llamada para todos nosotros, especialmente para cuantos están afligidos por dudas y tristezas, y viven con la mirada dirigida hacia abajo, en lugar de levantar la mirada. Miremos hacia arriba. El Cielo está abierto, no despierta temor, ya no está distante, porque en el umbral del Cielo hay una Madre que nos espera, y es nuestra Madre. Nos ama, nos sonríe y nos socorre con cuidado, como toda madre quiere lo mejor para sus hijos. Y nos dice: “Ustedes son preciosos a los ojos de Dios, no están hechos para las pequeñas satisfacciones del mundo, sino para las grandes alegrías del Cielo. Sí, porque Dios es alegría, no aburrimiento, Dios es alegría”. Dejémonos llevar por la mano de la Virgen. Cada vez que tomamos el Rosario en nuestras manos y le rezamos, damos un paso adelante hacia la gran meta de la vida.

Dejémonos atraer por la verdadera belleza, no nos dejemos absorber por las pequeñas cosas de la vida, sino escojamos la grandeza del Cielo. Que la santa Virgen, Puerta del Cielo, nos ayude a mirar con confianza y alegría allá, donde está nuestra verdadera Casa, donde está Ella, que como Madre nos espera.

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Expreso mi cercanía a las poblaciones de varios países del sur de Asia, gravemente afectados por las lluvias monzónicas. Rezo por las víctimas y los desplazados, por todas las familias sin hogar. Que el Señor les dé fuerza a ellos y a cuantos los socorren.

Hoy en Czestochowa, Polonia, muchos peregrinos se reúnen para celebrar la Asunción de la Virgen y para conmemorar el centenario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Polonia. Saludo a todos los que se han reunido al pie de la Virgen Negra y les insto a rezar por toda la Iglesia. ¡Y también saludo a los polacos aquí presentes!

Os saludo cordialmente, a todos los peregrinos italianos y a los de varios países. En particular, saludo a la Familia Misionera Donum Dei, la Unión Seglar de San Antonio María Claret, el grupo venezolano de los «Festeros de San Vicente» que vinieron en bicicleta desde Valencia, y los jóvenes de Novoli que participaron en un campamento escolar.

Y ahora les pido que me acompañen con la oración el gesto que estoy a punto de realizar: bendeciré un gran número de rosarios destinados a los hermanos de Siria. Por iniciativa de la Asociación «Ayuda a la Iglesia Necesitada», se han hecho unas seis mil coronas del Rosario. Las Hermanas Carmelitas las hicieron en Belén. Hoy, en esta gran fiesta de María, yo las bendigo y después serán distribuidas a las comunidades católicas en Siria como signo de mi cercanía, especialmente para las familias que han perdido a alguien a causa de la guerra. ¡La oración hecha con fe es poderosa! Sigamos rezando el Rosario por la paz en Oriente Medio y en todo el mundo!

Hacemos la bendición, rezando primero al Ave María. Ave María…

(Bendición…)

Y os deseo a todos una buena Fiesta de la Asunción. Por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y y hasta pronto!

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de orar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

Francisco

 

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  1. En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen, desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la Virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús» (Lc 1,26-31).