Papa Francisco en el Ángelus, 15-8-2020: «La Virgen pone a Dios como primera grandeza de la vida. El Magníficat surge, no de la ausencia de problemas, sino de la presencia de Dios»

* «Hoy, en la Asunción de María al Cielo, celebramos una conquista infinitamente más grande. La Virgen ha puesto sus pies en el paraíso: no ha ido solo en espíritu, sino también con el cuerpo, toda ella. Este paso de la pequeña Virgen de Nazaret ha sido el gran salto hacia delante de la humanidad. De poco sirve ir a la Luna si no vivimos como hermanos en la Tierra. Pero que una de nosotros viva en el Cielo con el cuerpo nos da esperanza: entendemos que somos valiosos, destinados a resucitar. Dios no dejará desvanecer nuestro cuerpo en la nada.  ¡Con Dios nada se pierde! En María se alcanza la meta y tenemos ante nuestros ojos la razón por la que caminamos: no para conquistar las cosas de aquí abajo, que se desvanecen, sino para conquistar la patria de allá arriba, que es para siempre. Y la Virgen es la estrella que nos orienta. Ella ha ido primero. Ella, como enseña el Concilio, ‘precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo’»

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «La Virgen María, que hoy contemplamos en la gloria celeste, es “Madre de la esperanza”. Recientemente este título se ha incluido entre las letanías lauretanas. Invocamos su intercesión por todas las situaciones en el mundo que más tienen sed de esperanza: esperanza de paz, de justicia, esperanza de una vida digna. Hoy quisiera rezar en particular por la población de la región septentrional de Nigeria, víctima de violencia y ataques terroristas. Sigo con particular atención la situación de las difíciles negociaciones sobre la cuestión del Nilo entre Egipto, Etiopía y Sudán. Invito a todas las partes a continuar en el camino del diálogo, para que el “Río Eterno” siga siendo una savia de vida que une y no divide, que nutre siempre amistad, prosperidad, hermandad y nunca enemistad, incomprensión o conflicto. Que sea el diálogo, queridos hermanos de Egipto, de Etiopía y de Sudán, que sea el diálogo vuestra única elección, por el bien de vuestras queridas poblaciones y del mundo entero»

15 de agosto de 2020.- (Camino Católico)  En el rezo mariano del Ángelus, el Papa Francisco recuerda, en la fiesta de la Asunción de María al Cielo, el paso de la “pequeña Virgen de Nazaret”.

“Cuando el hombre puso un pie en la Luna, se dijo una frase que se hizo famosa: «Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad». De hecho, la humanidad había alcanzado un hito histórico. Pero hoy, en la Asunción de María al Cielo, celebramos una conquista infinitamente más grande. La Virgen ha puesto sus pies en el paraíso: no ha ido solo en Espíritu, sino también con el cuerpo, toda ella. Este paso de la pequeña Virgen de Nazaret ha sido el gran salto de la humanidad”.

El Papa señaló que de nada sirve alcanzar hitos históricos, ir a la Luna si no vivimos como hermanos en la Tierra. En cambio, saber que un ser humano, “que una de nosotros viva en el Cielo con el cuerpo nos da esperanza: entendemos que somos valiosos, destinados a resucitar. Dios no dejará desvanecer nuestro cuerpo en la nada”, afirmó.

El Santo Padre recuerda el Evangelio de hoy en el que la Virgen, con sus palabras, nos aconseja, poner a Dios como primera grandeza de la vida. El Evangelio lo primero que dice es «engrandece mi alma al Señor» (Lc 1, 46), tal vez, dijo el Papa, estamos acostumbrados a escuchar estas palabras, quizá ya no hagamos caso a su significado. Pero la palabra engrandece literalmente significa “hacer grande”, engrandecer, señaló el Pontífice.

“María “engrandece al Señor”: no los problemas, que tampoco le faltaban en ese momento, sino al Señor. ¡Cuántas veces, en cambio, nos dejamos vencer por las dificultades y absorber por los miedos! La Virgen no, porque pone a Dios como primera grandeza de la vida. De aquí surge el Magnificat, de aquí nace la alegría: no de la ausencia de problemas, que antes o después llegan, sino de la presencia de Dios. Porque Dios es grande. Y mira a los pequeños. Nosotros somos su debilidad de amor”.

En su humildad, María se reconoce pequeña y exalta las «maravillas» que el Señor ha hecho en ella: sobre todo el don inesperado de la vida, expresó Francisco, María es virgen y se queda embarazada; y también Isabel, que era anciana, espera un hijo. El Señor “hace maravillas con sus pequeños, con quien no se cree grande, sino que da gran espacio a Dios en la vida. Él extiende su misericordia sobre quien confía en Él y enaltece a los humildes. María alaba a Dios por esto”, exclamó el Papa Francisco.

En sus saludos, después del rezo mariano del Ángelus, el Papa Francisco, pidió a la Virgen María, “Madre de la esperanza”, su intercesión por todas las situaciones en el mundo que tienen sed de esperanza, en particular rezó por Nigeria, país que vive momentos de violencia, y por las negociaciones a causa del río Nilo entre Egipto, Etiopía y Sudán. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cuando el hombre puso un pie en la Luna, se dijo una frase que se hizo famosa: «Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad». De hecho, la humanidad había alcanzado un hito histórico. Pero hoy, en la Asunción de María al Cielo, celebramos una conquista infinitamente más grande. La Virgen ha puesto sus pies en el paraíso: no ha ido solo en espíritu, sino también con el cuerpo, toda ella. Este paso de la pequeña Virgen de Nazaret ha sido el gran salto hacia delante de la humanidad. De poco sirve ir a la Luna si no vivimos como hermanos en la Tierra. Pero que una de nosotros viva en el Cielo con el cuerpo nos da esperanza: entendemos que somos valiosos, destinados a resucitar. Dios no dejará desvanecer nuestro cuerpo en la nada.  ¡Con Dios nada se pierde! En María se alcanza la meta y tenemos ante nuestros ojos la razón por la que caminamos: no para conquistar las cosas de aquí abajo, que se desvanecen, sino para conquistar la patria de allá arriba, que es para siempre. Y la Virgen es la estrella que nos orienta. Ella ha ido primero. Ella, como enseña el Concilio, «precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo» (Lumen gentium, 68).

¿Qué nos aconseja nuestra Madre? Hoy en el Evangelio lo primero que dice es «engrandece mi alma al Señor» (Lc 1, 46). Nosotros, acostumbrados a escuchar estas palabras, quizá ya no hagamos caso a su significado. Engrandecer literalmente significa “hacer grande”, engrandecer. María “engrandece al Señor”: no los problemas, que tampoco le faltaban en ese momento, sino al Señor. ¡Cuántas veces, en cambio, nos dejamos vencer por las dificultades y absorber por los miedos! La Virgen no, porque pone a Dios como primera grandeza de la vida. De aquí surge el Magnificat, de aquí nace la alegría: no de la ausencia de los problemas, que antes o después llegan, sino que la alegría nace de la presencia de Dios que nos ayuda, que está cerca de nosotros. Porque Dios es grande. Y sobre todo, Dios mira a los pequeños. Nosotros somos su debilidad de amor: Dios mira y ama a los pequeños.

María, de hecho, se reconoce pequeña y exalta las «maravillas» (v. 49) que el Señor ha hecho en ella. ¿Cuáles? Sobre todo el don inesperado de la vida. María es virgen y se queda embarazada; y también Isabel, que era anciana, espera un hijo. El Señor hace maravillas con los pequeños, con quien no se cree grande sino que da gran espacio a Dios en la vida. Él extiende su misericordia sobre quien confía en Él y enaltece a los humildes. María alaba a Dios por esto.

Y nosotros —podemos preguntarnos— ¿nos acordamos de alabar a Dios? ¿Le damos las gracias por las maravillas que hace por nosotros? ¿Por cada jornada que nos regala, porque nos ama y nos perdona siempre, por su ternura? ¿Y por habernos dado a su Madre, por los hermanos y las hermanas que nos pone en el camino, porque nos ha abierto el Cielo? ¿Nosotros damos las gracias a Dios, alabamos a Dios por estas cosas? Si olvidamos el bien, el corazón se encoge. Pero si, como María, recordamos las maravillas que el Señor realiza, si al menos una vez al día lo magnificamos, entonces damos un gran paso adelante. Una vez al día podemos decir: “Yo alabo al Señor”, “Bendito sea el Señor”: es una pequeña oración de alabanza. Esto es alabar a Dios. El corazón, con esta pequeña oración, se dilatará, la alegría aumentará. Pidamos a la Virgen, puerta del Cielo, la gracia de iniciar cada día alzando la mirada hacia el cielo, hacia Dios, para decirle: “¡Gracias!”, como dicen los pequeños a los grandes.

Oración del Ángelus:

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…

Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…

Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…

Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.

Amen.

Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…

Benedictio Apostolica seu Papalis

Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.

Amen.

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

la Virgen María, que hoy contemplamos en la gloria celeste, es “Madre de la esperanza”. Recientemente este título se ha incluido entre las letanías lauretanas. Invocamos su intercesión por todas las situaciones en el mundo que más tienen sed de esperanza: esperanza de paz, de justicia, esperanza de una vida digna. Hoy quisiera rezar en particular por la población de la región septentrional de Nigeria, víctima de violencia y ataques terroristas.

Sigo con particular atención la situación de las difíciles negociaciones sobre la cuestión del Nilo entre Egipto, Etiopía y Sudán. Invito a todas las partes a continuar en el camino del diálogo, para que el “Río Eterno” siga siendo una savia de vida que une y no divide, que nutre siempre amistad, prosperidad, hermandad y nunca enemistad, incomprensión o conflicto. Que sea el diálogo, queridos hermanos de Egipto, de Etiopía y de Sudán, que sea el diálogo vuestra única elección, por el bien de vuestras queridas poblaciones y del mundo entero.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de varios países: familias, grupos parroquiales, asociaciones. En particular, saludo a los jóvenes de Acción Católica de San Gerolamo en Triste.

Os deseo una buena fiesta de la Asunción a vosotros aquí presentes, a aquellos que están de vacaciones, como también a los que no tienen esta posibilidad, especialmente a los enfermos, a las personas que están solas y a quien asegura los servicios indispensables para la colectividad.

Es un bonito gesto hoy acudir a un Santuario para venerar a la Virgen. Los romanos y cuantos se encuentran en Roma podrían ir a Santa María Mayor, para rezar delante de la imagen de la Salus Populi Romani. ¡Buena fiesta a todos vosotros! Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta mañana!

Francisco


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