Papa Francisco en el Ángelus, 22-3-2020: «Jesús es la luz que aclara nuestras tinieblas»

* «La Cuaresma que estamos viviendo que sea un tiempo oportuno y precioso para acercarnos al Señor, pidiendo su misericordia, en las diferentes formas que la Madre Iglesia nos propone. El ciego curado, que ahora ve con los ojos del cuerpo y con los del alma, es imagen de cada bautizado, que inmerso en la gracia ha sido arrancado de las tinieblas y colocado en luz de la fe. Pero no basta con recibir la luz, hay que convertirse en luz. Cada uno de nosotros está llamado a acoger la luz divina para manifestarla con toda nuestra vida»

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Invito a todos a invocar al Altísimo y Dios Omnipotente, recitando contemporáneamente la oración que nos enseñó Jesús Nuestro Señor. Invito a todos a hacerlo varias veces al día, pero, todos juntos, a recitar el Padre Nuestro el próximo miércoles 25 de marzo al mediodía. En el día en que muchos cristianos recuerdan el anuncio a la Virgen María de la Encarnación del Verbo.  Con la misma intención, el próximo viernes 27 de marzo, a las 18 h., presidiré un momento de oración en la explanada de la Basílica de San Pedro. A partir de ahora invito a todos a participar espiritualmente a través de los medios de comunicación. Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el que daré al final la bendición Urbi et Orbi. A esto se añadirá la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria»

22 de marzo de 2020.- (Camino Católico).– “Cada uno de nosotros está llamado a recibir la luz divina para manifestarla con toda la propia vida”: han sido las palabras del Papa a la hora del Ángelus dominical de este cuarto domingo de Cuaresma. Reflexionando una vez más, desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, Francisco centró su pensamiento en el tema de la luz del Evangelio hodierno de Juan, que habla de la curación de un ciego de nacimiento, a quien Jesús dona la vista.

Francisco ha  afirmado que Jesús, “luz del mundo”, es la luz la luz que aclara nuestras tinieblas. Y esto hizo con el ciego, a quien iluminó  “en dos niveles, físico y espiritual”, con el propósito de conducirlo a la fe a través de un camino de transformación interior: “En medio de la desconfianza y la hostilidad de los que lo rodean y lo interrogan incrédulos, él realiza un itinerario que lo lleva a descubrir gradualmente la identidad de Aquel que le abrió los ojos y a confesar su fe en Él”. Este camino interior, que el ciego recorre de la mano de Jesús, lo lleva a comprender que “al darle la vista, Jesús manifestó las obras de Dios”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el centro de la liturgia de este cuarto domingo de Cuaresma está el tema de la luz. El Evangelio (cf. Jn 9,1-41) relata el episodio del ciego de nacimiento, al que Jesús da la vista. Este signo milagroso es la confirmación de la afirmación de Jesús que dice de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo” (v. 5), la luz que ilumina nuestra oscuridad. Él opera la iluminación en dos niveles: uno física y otro espiritual: el ciego primero recibe la vista de los ojos y luego es llevado a la fe en el “Hijo del Hombre” (v. 35), es decir, en Jesús. Hoy sería bueno que todos tomen el Evangelio de San Juan, capítulo nueve, y que lean este pasaje: es tan hermoso, y nos hará bien leerlo más de una vez. Los prodigios que Jesús realiza no son gestos espectaculares, sino que están destinados a conducir a la fe a través de un camino de transformación interior.

Los fariseos y los doctores de la ley se obstinan en no admitir el milagro, y dirigen al hombre sanado preguntas insidiosas. Pero Él los desconcierta con la fuerza de la realidad: “Una cosa sí sé: estaba ciego y ahora veo” (v. 25). Entre la desconfianza y la hostilidad de los que le rodean y le interrogan con incredulidad, hace un itinerario que lo lleva gradualmente a descubrir la identidad de aquel que le abrió los ojos y a confesar  su fe en Él. Al principio lo considera un profeta (cf. v. 17); luego lo reconoce como alguien que viene de Dios (cf. v. 33); finalmente lo acoge como el Mesías y se postra ante Él (cf. vv. 36-38). Comprendió que al darle la vista, Jesús “manifestó las obras de Dios” (cf. v. 3).

¡Que nosotros también podamos tener esta experiencia! Con la luz de la fe, el ciego descubre su nueva identidad. Ahora es una “nueva criatura”, capaz de ver su vida y el mundo que le rodea, bajo una nueva luz… porque ha entrado en comunión con Cristo, ha entrado en otra dimensión. Ya no es un mendigo marginado por la comunidad; ya no es esclavo de la ceguera y del prejuicio. Su camino de iluminación es una metáfora del camino de la liberación del pecado al que estamos llamados. El pecado es como un velo oscuro que cubre nuestro rostro y nos impide vernos claramente  a nosotros mismos y al mundo; el perdón del Señor nos quita este manto de sombra y oscuridad y nos da nueva luz. La Cuaresma que estamos viviendo que sea un tiempo oportuno y precioso para acercarnos al Señor, pidiendo su misericordia, en las diferentes formas que la Madre Iglesia nos propone.

El ciego curado, que ahora ve con los ojos del cuerpo y con los del alma, es imagen de cada bautizado, que inmerso en la gracia ha sido arrancado de las tinieblas y colocado en luz de la fe. Pero no basta con recibir la luz, hay que convertirse en luz. Cada uno de nosotros está llamado a acoger la luz divina para manifestarla con toda nuestra vida. Los primeros cristianos, teólogos de los primeros siglos, decían que la comunidad de los cristianos, es decir, la Iglesia, es el “misterio de la luna”, porque daba luz pero no era luz propia, era la luz que recibía de Cristo. Nosotros también debemos ser “misterio de la luna”: dar la luz recibida del sol, que es Cristo, el Señor. San Pablo nos lo recuerda hoy: “Compórtense, pues, como hijos de la luz; el fruto de la luz consiste en todo bien, justicia y… verdad” (Ef 5:8-9). La semilla de la nueva vida puesta en nosotros en el Bautismo es como la chispa de un fuego, que nos purifica en primer lugar, quemando el mal en nuestros corazones, y nos permite brillar e iluminar con la luz de Jesús.

Que María Santísima nos ayude a imitar al ciego del Evangelio, para que seamos inundados con la luz de Cristo y emprender con él el camino de la salvación.

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Al terminar las reflexiones del Ángelus el papa Francisco salió a la ventana del Palacio Apostólico para bendecir a las fuerzas del orden que custodiaban la plaza de San Pedro cerrada

Queridos hermanos y hermanas:

El papa bendiciendo a quienes custodian la plaza de San pedro cerrada

En estos días de prueba, mientras la humanidad tiembla con la amenaza de la pandemia, me gustaría proponer a todos los cristianos que unan sus voces al Cielo. Invito a todos los Jefes de las Iglesias y a los líderes de todas las Comunidades Cristianas, junto con todos los cristianos de las distintas confesiones, a invocar al Altísimo y Dios Omnipotente, recitando contemporáneamente la oración que nos enseñó Jesús Nuestro Señor. Por lo tanto, invito a todos a hacerlo varias veces al día, pero, todos juntos, a recitar el Padre Nuestro el próximo miércoles 25 de marzo al mediodía, todos juntos. En el día en que muchos cristianos recuerdan el anuncio a la Virgen María de la Encarnación del Verbo, que el Señor escuche la oración unánime de todos sus discípulos que se preparan a celebrar la victoria de Cristo resucitado.

Con la misma intención, el próximo viernes 27 de marzo, a las 18 h., presidiré un momento de oración en la explanada de la Basílica de San Pedro. A partir de ahora invito a todos a participar espiritualmente a través de los medios de comunicación. Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el que daré al final la bendición Urbi et Orbi. A esto se añadirá la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria.

Queremos responder a la pandemia del virus con la universalidad de la oración, de la compasión, de la ternura. Mantengámonos unidos. Hagamos sentir nuestra cercanía a las personas solas y a los más probados… Nuestra proximidad a médicos, trabajadores de la salud, enfermeras y enfermeros, voluntarios … Nuestra proximidad a las autoridades que deben tomar medidas difíciles, pero por nuestro propio bien. Nuestra cercanía a los policías, a los soldados que siempre intentan mantener el orden, para que se cumplan las cosas que el gobierno pide que hagamos por el bien de todos. Proximidad a todos.

Expreso mi cercanía a los pueblos de Croacia afectados esta mañana por un terremoto. Que el Señor Resucitado les dé la fuerza y la solidaridad para enfrentar esta calamidad.

Os deseo a todos un buen domingo. No os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

Francisco

Papa Francisco en homilía en Santa Marta, 22-3-2020: «En presencia de Jesús los verdaderos sentimientos del corazón, las verdaderas actitudes florecen. Es una gracia»

Santa Misa de hoy presidida por el Papa Francisco en Santa Marta, domingo de la 4ª semana de Cuaresma, 22-3-2020


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