Papa Francisco en el Ángelus 23-12-18: «Navidad es acoger y vivir el dinamismo de la fe y de la caridad como María»

* «Que la Virgen María nos obtenga la gracia de vivir una Navidad extrovertida pero no dispersa: que en el centro no esté nuestro “Yo”, sino el Tú de Jesús y el Tú de nuestros hermanos y hermanas, especialmente aquellos que necesitan una mano. Entonces dejaremos espacio para el amor que, aún hoy, quiere hacerse carne y venir a vivir entre nosotros»

Video completo de la transmisión en directo  traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Mi pensamiento se dirige, en este momento, a la población de Indonesia, que se ha visto afectada por violentas catástrofes naturales, que han causado graves pérdidas de vidas, numerosos desaparecidos y personas sin hogar y considerables daños materiales. Invito a todos a unirse a mí en la oración por las víctimas y sus seres queridos. Estoy espiritualmente cerca de las personas desplazadas y de todas las personas que han sido probadas, implorando alivio de Dios en su sufrimiento. Hago un llamamiento a estos hermanos y hermanas para que no les falte nuestra solidaridad y el apoyo de la comunidad internacional»

23 de diciembre de 2018.- (Camino Católico)  “María, es bienaventurada porque ha creído: el encuentro con Dios es fruto de la fe. Zacarías, en cambio, que no creyó, se quedó sordo y mudo, para crecer en la fe durante el largo silencio: sin fe nos quedamos inevitablemente sordos ante la voz consoladora de Dios; y nos quedamos incapaces de pronunciar palabras de consuelo y esperanza para nuestros hermanos y hermanas”, lo dijo el Papa Francisco en su alocución antes de rezar la oración mariana del Ángelus del IV Domingo de Adviento.

Comentando la liturgia de este Domingo, 23 de diciembre, el Pontífice dijo que, en este IV Domingo de Adviento se pone en primer plano la figura de María, la Virgen Madre, a la espera de dar a luz a Jesús, el Salvador del mundo, como modelo de fe y de caridad. En este sentido, el Papa se pregunta: ¿qué es lo que pensaba María en estos meses de espera? “La respuesta viene precisamente del pasaje evangélico de hoy, el relato de la visita de María a su pariente anciana Isabel. El ángel Gabriel le había revelado que Isabel estaba esperando un hijo y que ya estaba en el sexto mes. Y así la Virgen, que acababa de concebir a Jesús por obra de Dios, había dejado Nazaret, en Galilea, con prisa para llegar a las montañas de Judea”.

Después de rezar la oración mariana del Ángelus, el Papa Francisco hizo un llamamiento a la Comunidad Internacional y oró por la población de Indonesia que ha sido afectado por violentas catástrofes naturales, por las víctimas y sus familiares. En el vídeo se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La liturgia de este cuarto domingo de Adviento pone en primer plano en la figura de María, la Virgen Madre, que espera dar a luz a Jesús, el Salvador del mundo. Fijemos nuestra mirada en ella, un modelo de fe y caridad; y podemos preguntarnos: ¿cuáles fueron sus pensamientos durante los meses de espera? La respuesta proviene del pasaje del Evangelio de hoy, el relato de la visita de María a su pariente anciana, Isabel (cf. Lc 1, 39-45). El ángel Gabriel le había dicho que Isabel estaba esperando un hijo y que ya estaba en el sexto mes (cf. Lc 1, 26.36). Y así, la Virgen, que acababa de concebir a Jesús por obra de Dios, había salido apresuradamente de Nazaret, en Galilea, para llegar a las montañas de Judea para encontrarse con su prima.

El Evangelio dice: “Entró en la casa de Zacarías, saludó a Isabel” (v.40). Seguramente la felicitó por su maternidad, y a su vez Isabel saludó a María diciendo: “¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿A qué debo que la madre de mi Señor venga a mí?”(Vv. 42-43). E inmediatamente alabó su fe: “Bienaventurada la que ha creido en el cumplimiento de lo que el Señor le ha dicho” (v.45). Es evidente el contraste entre María, que tenía fe, y Zacarías, el esposo de Isabel, que no había creído en la promesa del ángel y, por lo tanto, permaneció mudo hasta el nacimiento de Juan.

Este episodio nos ayuda a leer con una luz muy especial el misterio del encuentro del hombre con Dios. Un encuentro que no está marcado por prodigios  asombrosos, sino por la fe y la caridad. De hecho, María es bendecida porque creyó: el encuentro con Dios es el fruto de la fe. En cambio, Zacarías, que no creyó, permaneció sordo y mudo para crecer en la fe durante el largo silencio: sin fe, inevitablemente permanecemos sordos a la voz consoladora de Dios; y seguimos sin poder pronunciar palabras de consuelo y esperanza para nuestros hermanos y hermanas. Lo vemos todos los días, la gente que no tiene fe o que tiene la fe muy pequeña, cuando debe acercarse a una persona que sufre le dice palabras de circunstancia, pero no logra llegar al corazón porque no tiene fuerza porque no tiene fe y sino tiene fe no llegan las palabras ni llegan al corazón de los demás. La fe, a su vez, se nutre de la caridad. El evangelista nos dice que “María se levantó y fue rápidamente a ver a Isabel” (v. 39) “Se levantó”: un gesto lleno de preocupación. Podría haberse quedado en casa para preparar el nacimiento de su hijo, en lugar de eso, se preocupa primero de los demás que de sí misma, demostrando de hecho que ya es discípula del Señor que lleva en su vientre. El acontecimiento del nacimiento de Jesús comenzó así, con un simple gesto de caridad; Además, la auténtica caridad es siempre el fruto del amor de Dios.

El evangelio de la visita de María a Isabel que escuchamos hoy en la misa, nos prepara para vivir bien la Navidad, comunicándonos el dinamismo de la fe y de la caridad. Este dinamismo es obra del Espíritu Santo: el Espíritu de amor que fecundó el vientre virginal de María y que la instó a acudir al servicio de su anciana pariente. Un dinamismo lleno de alegría, como se ve en el encuentro entre las dos madres, que es todo un himno de regocijo gozoso en el Señor, que hace grandes cosas con los pequeños que confían en Él.

Que la Virgen María nos obtenga la gracia de vivir una Navidad extrovertida pero no dispersa: que en el centro no esté nuestro “Yo”, sino el Tú de Jesús y el Tú de nuestros hermanos y hermanas, especialmente aquellos que necesitan una mano. Entonces dejaremos espacio para el amor que, aún hoy, quiere hacerse carne y venir a vivir entre nosotros.

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Mi pensamiento se dirige, en este momento, a la población de Indonesia, que se ha visto afectada por violentas catástrofes naturales, que han causado graves pérdidas de vidas, numerosos desaparecidos y personas sin hogar y considerables daños materiales. Invito a todos a unirse a mí en la oración por las víctimas y sus seres queridos. Estoy espiritualmente cerca de las personas desplazadas y de todas las personas que han sido probadas, implorando alivio de Dios en su sufrimiento. Hago un llamamiento a estos hermanos y hermanas para que no les falte nuestra solidaridad y el apoyo de la comunidad internacional.

Oremos juntos… Ave María…

Os saludo a todos vosotros, fieles de Roma y peregrinos de Italia y de diversos países. Pasado mañana será Navidad y mi pensamiento se dirige en particular a las familias, que en estos días se reúnen: los que viven lejos de sus padres parten y vuelven a casa, los hermanos intentan encontrarse. En Navidad es hermoso e importante estar juntos en la familia.

Pero muchas personas no tienen esta posibilidad, por diferentes motivos; y hoy me gustaría dirigirme de manera especial a todos aquellos que están lejos de su familia y de su tierra. Queridos hermanos y hermanas, nuestro Padre Celestial no los olvida y no los abandona. Si son cristianos, les deseo que encuentren en la Iglesia una verdadera familia, donde puedan experimentar el calor del amor fraterno. Y a todos los que están lejos de sus familias, cristianos y no cristianos, les digo: las puertas de la comunidad cristiana están abiertas, Jesús nace para todos y dona a todos el amor de Dios. Os deseo un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de orar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

Francisco

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