Papa Francisco en el Ángelus, 27-9-2020: «La vida cristiana conlleva compromisos concretos, para abrirnos cada vez más a la voluntad de Dios y al amor hacia los hermanos»

* «La fe en Dios pide renovar cada día la elección del bien respecto al mal, la elección de la verdad respecto a la mentira, la elección del amor del prójimo respecto al egoísmo. Quien se convierte a esta elección, después de haber experimentado el pecado, encontrará los primeros lugares en el Reino de los cielos, donde hay más alegría por un solo pecador que se convierte que por noventa y nueve justos (cfr. Lc 15, 7). Pero la conversión, cambiar el corazón, es un proceso, un proceso que nos purifica de las incrustaciones morales. Y a veces es un proceso doloroso, porque no existe el camino de la santidad sin alguna renuncia  y sin el combate espiritual. Combatir por el bien, combatir para no caer en la tentación, hacer por nuestra parte lo que podemos, para llegar a vivir en la paz y en la alegría de las Bienaventuranzas»

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Llegan noticias preocupantes de enfrentamientos en la zona del Cáucaso. Rezo por la paz en el Cáucaso y pido a las partes en conflicto cumplir gestos concretos de buena voluntad y de hermandad, que puedan  llevar a resolver los problemas no con el uso de la fuerza y de las armas, sino por medio del diálogo y de la negociación. Rezamos juntos»

27 de septiembre de 2020.- (Camino Católico) “Con su predicación sobre el Reino de Dios, Jesús se opone a una religiosidad que no involucra la vida humana, que no interpela la conciencia y su responsabilidad frente al bien y al mal”, ha explicado el Papa Francisco bajo una intensa lluvia, en su comentario al Evangelio de este Domingo XXVI del tiempo ordinario (Mateo 21, 28-32) durante la oración mariana del Ángelus. El Santo Padre comentó que con este sencillo ejemplo “Jesús quiere superar una religión entendida solo como práctica exterior y rutinaria, que no incide en la vida y en las actitudes de las personas”.

El Santo Padre reconoció que “en el Evangelio de hoy, quien queda mejor es el primer hermano, no porque ha dicho «no» a su padre, sino porque después el «no» se ha convertido en un «sí»”. “Dios es paciente con nosotros: no se cansa, no desiste después de nuestro «no»; nos deja libres también de alejarnos de Él y de equivocarnos. Pero espera ansiosamente nuestro «sí», para acogernos nuevamente entre sus brazos paternos y colmarnos de su misericordia sin límites.”

La fe en Dios pide renovar cada día la elección del bien respecto al mal, la elección de la verdad respecto a la mentira, la elección del amor del prójimo respecto al egoísmo. Papa Francisco recuerda que quien se convierte a esta elección de amor, después de haber experimentado el pecado, encontrará los primeros lugares en el Reino de los cielos, “donde hay más alegría por un solo pecador que se convierte que por noventa y nueve justos”.

El Santo Padre recuerda que la conversión es un proceso de purificación de las incrustaciones morales; y por esta razón “nunca es un proceso indoloro”. “El camino de la conversión pasa siempre a través de la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual. El proceso espiritual conlleva la ascesis y la mortificación, que poco a poco conducen a vivir en la paz y en la alegría de las bienaventuranzas.”

“El Evangelio de hoy cuestiona la forma de vivir la vida cristiana –subrayó Francisco-, que no está hecha de sueños y de bonitas aspiraciones, sino de compromisos concretos, para abrirnos cada vez más a la voluntad de Dios y al amor hacia los hermanos”.

Finalmente, el Santo Padre invitó a rogar a María Santísima para que “nos ayude a ser dóciles en la acción del Espíritu Santo”, quien derrite la dureza de los corazones y los dispone al arrepentimiento, para obtener la vida y la salvación prometidas por Jesús. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, en mi tierra se dice: “Al mal tiempo buena cara”. Con esta “buena cara” os digo: ¡buenos días!

Con su predicación sobre el Reino de Dios, Jesús se opone a una religiosidad que no involucra la vida humana, que no interpela la conciencia y su responsabilidad frente al bien y al mal. Lo demuestra también con la parábola de los dos hijos, que es propuesta en el Evangelio de Mateo (cfr. 21, 28-32). A la invitación del padre de ir a trabajar a la viña, el primer hijo responde impulsivamente “no, no voy”, pero después se arrepiente y va; sin embargo el segundo hijo, que enseguida responde “sí, sí papá”, en realidad no lo hace, no va. La obediencia no consiste en decir “sí” o “no”, sino siempre en actuar, en cultivar la viña, en realizar el Reino de Dios, en hacer el bien. Con este sencillo ejemplo, Jesús quiere superar una religión entendida solo como práctica exterior y rutinaria, que no incide en la vida y en las actitudes de las personas, una religiosidad superficial, solamente “ritual”, en el mal sentido de la palabra.

Los exponentes de esta religiosidad “de fachada”, que Jesús desaprueba, eran en aquella época «los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo» (Mt 21, 23), los cuales, según la admonición del Señor, en el Reino de Dios serán superados por los publicanos y las rameras (cfr. v. 31). Jesús les dice: “Los publicanos, es decir los pecadores, y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios”. Esta afirmación no debe inducir a pensar que hacen bien los que no siguen los mandamientos de Dios, los que no siguen la moral, y dicen: “Al fin y al cabo, ¡los que van a la Iglesia son peor que nosotros!”. No, esta no es la enseñanza de Jesús. Jesús no señala a los publicanos y las prostitutas como modelos de vida, sino como “privilegiados de la Gracia”. Y quisiera subrayar esta palabra “gracia”, la gracia, porque la conversión siempre es una gracia. Una gracia que Dios ofrece a todo aquel que se abre y se convierte a Él. De hecho, estas personas, escuchando su predicación, se arrepintieron y cambiaron de vida. Pensemos en Mateo, por ejemplo, San Mateo, que era un publicano, un traidor a su patria.

En el Evangelio de hoy, quien queda mejor es el primer hermano, no porque ha dicho «no» a su padre, sino porque después el “no” se ha convertido en un “sí”, se ha arrepentido. Dios es paciente con cada uno de nosotros: no se cansa, no desiste después de nuestro «no»; nos deja libres también de alejarnos de Él y de equivocarnos. ¡Pensar en la paciencia de Dios es maravilloso! Cómo el Señor nos espera siempre; siempre junto a nosotros para ayudarnos; pero respeta nuestra libertad. Y espera ansiosamente nuestro «sí», para acogernos nuevamente entre sus brazos paternos y colmarnos de su misericordia sin límites. La fe en Dios pide renovar cada día la elección del bien respecto al mal, la elección de la verdad respecto a la mentira, la elección del amor del prójimo respecto al egoísmo. Quien se convierte a esta elección, después de haber experimentado el pecado, encontrará los primeros lugares en el Reino de los cielos, donde hay más alegría por un solo pecador que se convierte que por noventa y nueve justos (cfr. Lc 15, 7).

Pero la conversión, cambiar el corazón, es un proceso, un proceso que nos purifica de las incrustaciones morales. Y a veces es un proceso doloroso, porque no existe el camino de la santidad sin alguna renuncia  y sin el combate espiritual. Combatir por el bien, combatir para no caer en la tentación, hacer por nuestra parte lo que podemos, para llegar a vivir en la paz y en la alegría de las Bienaventuranzas. El Evangelio de hoy cuestiona la forma de vivir la vida cristiana, que no está hecha de sueños y bonitas aspiraciones, sino de compromisos concretos, para abrirnos siempre a la voluntad de Dios y al amor hacia los hermanos. Pero esto, también el compromiso concreto más pequeño, no se puede hacer sin la gracia. La conversión es una gracia que debemos pedir siempre: “Señor dame la gracia de mejorar. Dame la gracia de ser un buen cristiano”.

Que María Santísima nos ayude a ser dóciles en la acción del Espíritu Santo. Él es quien derrite la dureza de los corazones y los dispone al arrepentimiento, para obtener la vida y la salvación prometidas por Jesús.

Oración del Ángelus:

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…

Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…

Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…

Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.

Amen.

Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…

Benedictio Apostolica seu Papalis

Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.

Amen.

Monumento a los migrantes bendecido por Papa Francisco una año atrás y fieles participando en el Ángelus de este domingo lluvioso

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Llegan noticias preocupantes de enfrentamientos en la zona del Cáucaso. Rezo por la paz en el Cáucaso y pido a las partes en conflicto cumplir gestos concretos de buena voluntad y de hermandad, que puedan  llevar a resolver los problemas no con el uso de la fuerza y de las armas, sino por medio del diálogo y de la negociación. Rezamos juntos, en silencio, por la paz en el Cáucaso.

Ayer, en Nápoles, fue proclamada beata María Luisa del Santísimo Sacramento, en el siglo María Velotti, fundadora de la Congregación de las Hermanas Franciscanas Adoradoras de la Santa Cruz. Damos gracias a Dios por esta nueva beata, ejemplo de contemplación del misterio del Calvario e incansable en el ejercicio de la caridad.

Hoy la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Saludo a los refugiados y a los migrantes presentes en la plaza en torno al monumento titulado: “Ángeles sin saberlo” (cfr. Hb 13, 2), que bendije hace un año. Este año he querido dedicar mi mensaje a los desplazados internos, los cuales están obligados a huir, como les sucedió también a Jesús y a su familia.  «Como Jesús obligados a huir», así los desplazados, los migrantes. A ellos, de forma particular, y a quien les asiste va nuestro recuerdo y nuestra oración.

Hoy se celebra también la Jornada Mundial del Turismo. La pandemia ha golpeado durante este sector, tan importante para tantos países. Dirijo mi aliento a quienes trabajan en el turismo, en particular a las pequeñas empresas familiares y a los jóvenes. Deseo que todos puedan pronto recuperarse de las dificultades actuales.

Y saludo ahora a todos vosotros, queridos fieles romanos y peregrinos de distintas partes de Italia y del mundo. ¡Hay muchas banderas diferentes! Un pensamiento especial a las mujeres y a todas las personas comprometidas en la lucha contra los tumores de seno. ¡El Señor sostenga vuestro compromiso! Y saludo a los peregrinos de Siena que han venido a pie hasta Roma.

Y a todos os deseo un buen domingo, un domingo en paz. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

Francisco


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