Papa Francisco en el Ángelus 29-7-18: «El anuncio de Cristo, pan de vida eterna, requiere un compromiso de solidaridad por los pobres»

* «El amor de Dios por la humanidad hambrienta de pan, de libertad, de justicia, de paz y, sobre todo, de su gracia divina, nunca falla. Jesús sigue dando de comer también hoy, sigue haciéndose presencia viva y consoladora, y lo hace a través de nosotros. Por lo tanto, el Evangelio nos invita a estar disponibles y a ser laboriosos. Ante el grito de hambre -todo tipo de “hambre” – de tantos hermanos y hermanas en todas partes del mundo, no podemos permanecer distantes y tranquilos espectadores. Esta acción de proximidad y caridad es la mejor verificación de la calidad de nuestra fe, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. Recemos a la Virgen María, para que en el mundo prevalezcan los programas dedicados al desarrollo, a la alimentación, a la solidaridad y no a los del odio, los armamentos y la guerra»

Video completo de la transmisión en directo de  13 TV  traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Mañana se celebra la Jornada Mundial contra la trata de personas, promovida por las Naciones Unidas. Este flagelo esclaviza a muchos hombres, mujeres y niños con el propósito de la explotación del trabajo y el sexo, el comercio de órganos, la mendicidad y la delincuencia forzada. Incluso aquí, en Roma. Los traficantes y los explotadores también suelen utilizar las rutas de migración para reclutar nuevas víctimas de la trata. Es responsabilidad de todos denunciar las injusticias y oponerse firmemente a este crimen vergonzoso»

29 de julio de 2018.- (Camino Católico)  El Papa Francisco volvió a presidir el rezo del Ángelus desde la ventana del Palacio Pontificio del Vaticano y pidió que en el mundo prevalezca la solidaridad y no la guerra. Ante unos 25.000 fieles, el Santo Padre comentó el Evangelio del día en el que se narra el episodio de la multiplicación de los panes y los peces. “Con esta página evangélica, la litúrgica nos lleva a no quitar la mirada de ese Jesús que el pasado domingo, en el Evangelio de Marcos, viendo una gran multitud tuvo compasión de ellos”.

“Recemos a la Virgen María para que en el mundo prevalezcan los programas dedicados al desarrollo, a la alimentación, a la solidaridad, y no al odio, a los armamentos y a la guerra”, pidió el Papa.

A su vez, explicó que “a imitación de Cristo, la humanidad entera está llamada a hacer que los recursos, existentes en el mundo no se pierdan, no sean destinados a objetivos de autodestrucción del hombre, sino que sirvan a su verdadero bien y a su legítimo desarrollo”.

Sobre el relato evangélico, indicó que “Jesús no se limitó a donarles alimento, ha ofrecido su Palabra, su consuelo, su salvación, su vida, pero ciertamente ha hecho también esto: ha tenido atención del alimento para el cuerpo”.

“Nosotros, sus discípulos –continuó– no podemos hacer como si nada. Solamente escuchando las más sencillas peticiones de la gente o poniéndose cerca de sus situaciones existenciales concretas se podrá ser escuchado cuando se habla de valores superiores”.

Francisco afirmó que “el amor de Dios por la humanidad hambrienta de pan, de libertad, de justicia, de paz, y sobre todo de su gracia divina nunca falla”.

“Jesús continúa también hoy quitando el hambre, haciéndose presencia viva que da consuelo, y lo hace a través nuestro”, por lo que “el Evangelio nos invita a estar disponibles”.

El Papa dijo que “frente al grito de hambre” de “tantos hermanos y hermanas en todas partes del mundo, no podemos quedarnos como meros espectadores alejados y tranquilos”.

“El anuncio de Cristo, pan de vida eterna, requiere un generoso compromiso de solidaridad por los pobres, los débiles, los últimos, los indefensos. Esta acción de proximidad y de caridad es la mejor muestra de la calidad de nuestra fe, tanto a nivel personal como a nivel comunitario”.

El Pontífice recordó que en el Evangelio “todos quedaron saciados” y esto demuestra que “Jesús se encarga de las personas hambrientas hasta tal punto que se preocupa de que no se pierda ni el más pequeño de los pedazos de pan con el que los ha nutrido”.

Después de rezar el Papa añadió: “No os olvidéis de dos cosas: una imagen, un icono, y una frase, una pregunta. El icono del joven valiente que da lo poco que tiene para quitar el hambre a una gran multitud. Sed valientes, siempre. Y la frase, que es una pregunta, un examen de conciencia: ¿qué se hace en casa con la comida que sobra?».

Además, En vísperas a la “Jornada Mundial contra la trata de personas” la cual fue establecida por las Naciones Unidas en 2013 para el 30 de julio, el Papa Francisco hizo un llamamiento para que todos “denuncien las injusticias y contrasten con firmeza este crimen vergonzoso”. “Es responsabilidad de todos” puntualizó. El Santo Padre tachó a este crimen de “plaga”, pues “reduce en esclavitud a muchos hombres, mujeres y niños con la finalidad de la explotación laboral y sexual, del comercio de órganos, de la mendicidad y de la delincuencia forzada” aseguró el Pontífice y recordó que las rutas migratorias también son utilizadas con frecuencia “por los traficantes y explotadores para reclutar nuevas víctimas de la trata”. En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¡Qué valor que tienen con este calor que hace en la Plaza!

El Evangelio de hoy (Jn 6,1-15) presenta el relato de la multiplicación de los panes y los peces. Al ver a la gran multitud que lo había seguido cerca del lago de Tiberíades, Jesús se dirigió al apóstol Felipe y le preguntó: “¿Dónde podemos comprar pan para que ellos tengan comida?” (V. 5). De hecho, el poco dinero que poseen Jesús y los apóstoles no es suficiente para alimentar a esa multitud. Y he aquí que Andrés, otro de los Doce, lleva ante Jesús a un muchacho que le proporciona todo lo que tiene: cinco panes y dos peces; pero ciertamente- dice Andrés – no es casi nada para toda esa multitud (v. 9) ¡Bravo este muchacho! Valiente. Él también vio a la multitud y vio sus cinco panes. Él dice: “Tengo esto: si sirve, estoy a vuestra disposición”. Este muchacho nos hace pensar … Ese coraje …ese valor.. Los jóvenes son así, tienen coraje. Debemos ayudarlos para que lleven adelante este valor. Sin embargo, Jesús les ordena a los discípulos que hagan que la gente se siente en el suelo, luego toma esos panes y esos peces, le da gracias al Padre y los distribuye (v. 11), y todos pueden comer hasta la saciedad. Todos comieron lo que querían.

Con este pasaje del Evangelio, la liturgia nos lleva a no apartar la mirada de aquel Jesús que, el domingo pasado, en el Evangelio de Marcos, viendo “una gran multitud, tuvo compasión de ellos” (6:34). Incluso ese muchacho de los cinco panes ha comprendido la situación de esa pobre gente, “yo tengo esto”, la compasión, la compasión lo llevó a ofrecer lo que tenía. De hecho, hoy Juan nos muestra nuevamente a Jesús atento a las necesidades primarias de las personas. El episodio surge de un hecho concreto: las personas están hambrientas y Jesús involucra a sus discípulos para que su hambre sea saciada. Este es el hecho concreto. Jesús no se limitó a dar esto a la muchedumbre, sino que ofreció su Palabra, su consuelo, su salvación, finalmente su vida, pero ciertamente también hizo esto: se ocupó de la comida para el cuerpo. Y nosotros, sus discípulos, no podemos hacer como quién no quiere la cosa. Solo escuchando las más sencillas peticiones de la gente y estando al lado de sus situaciones existenciales concretas, se puede escuchar cuando se habla de valores más elevados.

El amor de Dios por la humanidad hambrienta de pan, de libertad, de justicia, de paz y, sobre todo, de su gracia divina, nunca falla. Jesús sigue dando de comer también hoy, sigue haciéndose presencia viva y consoladora, y lo hace a través de nosotros. Por lo tanto, el Evangelio nos invita a estar disponibles y a ser laboriosos, como ese muchacho que se da cuenta de que tiene cinco panes y dice: “Doy esto, después se verá…”. Ante el grito de hambre -todo tipo de “hambre” – de tantos hermanos y hermanas en todas partes del mundo, no podemos permanecer distantes y tranquilos espectadores. La proclamación de Cristo, pan de la vida eterna, exige un compromiso generoso de solidaridad con los pobres, los débiles, los últimos, y los indefensos. Esta acción de proximidad y caridad es la mejor verificación de la calidad de nuestra fe, tanto a nivel personal como a nivel comunitario.

Luego, al final del relato, Jesús, cuando todos estaban satisfechos, les dijo a los discípulos que recogieran los pedazos que habían sobrado para que nada se perdiera. Y me gustaría proponeros esta frase de Jesús: “Recoge los pedazos que han sobrado para que nada se desperdicie”, (v. 12). Pienso en personas que tienen hambre y cuánta comida que sobra tiramos… Cada uno de nosotros debe pensar: la comida que sobra en el almuerzo, en la cena, ¿a dónde va? En mi casa, ¿qué se hace con el almuerzo, con la comida que sobra, ¿se tira? No. Si tienes esta costumbre, te aconsejo que hables con tus abuelos que han conocido el periodo posterior a la guerra, que te digan lo que hacían con el pan que sobraba. No tiréis nunca la comida que sobra. Se prepara o se da, jamás tirar el pan que sobra. Es un consejo y un examen de conciencia: ¿qué haces en casa con la comida que sobra?

Recemos a la Virgen María, para que en el mundo prevalezcan los programas dedicados al desarrollo, a la alimentación, a la solidaridad y no a los del odio, los armamentos y la guerra.

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

No os olvidéis de dos cosas: una imagen, un icono, y una frase, una pregunta. El icono del joven valiente que da lo poco que tiene para quitar el hambre a una gran multitud. Sed valientes, siempre. Y la frase, que es una pregunta, un examen de conciencia: ¿qué se hace en casa con la comida que sobra? Gracias!

Queridos hermanos y hermanas:

Mañana se celebra la Jornada Mundial contra la trata de personas, promovida por las Naciones Unidas. Este flagelo esclaviza a muchos hombres, mujeres y niños con el propósito de la explotación del trabajo y el sexo, el comercio de órganos, la mendicidad y la delincuencia forzada. Incluso aquí, en Roma. Los traficantes y los explotadores también suelen utilizar las rutas de migración para reclutar nuevas víctimas de la trata. Es responsabilidad de todos denunciar las injusticias y oponerse firmemente a este crimen vergonzoso.

Ahora saludo a todos los peregrinos de Italia y de diferentes países, en particular los fieles de Río de Janeiro, Nova Friburgo, Viseu, Quixadá y Fortaleza, en Brasil.

Saludo a la asociación «Amigos de Santa Giovanna Antida Thouret»; el grupo de exploradores de Padua y Belé

A todos os deseo un buen domingo y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Una buena comida y hasta la vista!

Francisco

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