Papa Francisco en la Audiencia, 13-5-2020: «Dios está siempre cerca de nuestro corazón esperando que le abramos: Todo el hombre es el que reza, si su «corazón» reza»

*  «Dios está siempre cerca de la puerta de nuestro corazón y espera que le abramos. Y a veces llama al corazón pero no es invadente: espera. La paciencia de Dios con nosotros es la paciencia de un papá, de uno que nos quiere mucho. Yo diría que es la paciencia junta de un papá y de una mamá. Siempre cerca de nuestro corazón, y cuando llama lo hace con ternura y con tanto amor. Tratemos todos de rezar de esta manera, entrando en el misterio de la Alianza. A meternos en oración entre los brazos misericordiosos de Dios, a sentirnos envueltos por ese misterio de felicidad que es la vida trinitaria, a sentirnos como invitados que no se merecían tanto honor. Y a repetirle a Dios, en el asombro de la oración: ¿Es posible que Tu sólo conozcas el amor? El no conoce el odio. El es odiado, pero no conoce el odio. Conoce solo amor. Este es el Dios al que rezamos. Este es el núcleo incandescente de toda oración cristiana. El Dios de amor, nuestro Padre que nos espera y nos acompaña»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* « La oración es la forma de comunicar con Dios y de escucharle. Con este espíritu acepté la invitación del Alto Comité de la Fraternidad Humana para dedicar la jornada de mañana, 14 de mayo, a la oración, el ayuno y las obras de caridad. Invito y animo a todos a unirse a este evento. Unámonos como hermanos para pedirle al Señor que salve a la humanidad de la pandemia, que ilumine a los científicos y que sane a los enfermos. ¡Que el Señor os bendiga a todos y os proteja siempre de todo mal!»

13 de mayo de 2020.- (Camino Católico)  El Santo Padre ha celebrado esta mañana la audiencia general, que durante este período de emergencia sanitaria se lleva a cabo desde la Biblioteca Privada del Palacio Apostólico, ante la presencia de los prelados que lo acompañan y que proceden a realizar las lecturas correspondientes en diversos idiomas. Tras haber iniciado la semana pasada un nuevo ciclo de catequesis sobre el tema de la oración, Francisco ha ofrecido su segunda reflexión en que se ha refirido a la oración del cristiano: “Rezar no es algo externo ni marginal a nosotros, sino que es el misterio más íntimo de nosotros mismos, que nace como una invocación en lo profundo de nuestra persona y se extiende, buscando un ‘Tú’, que es Dios”.

Francisco ha recordado que Dios siempre está cerca de la puerta de nuestro corazón esperando que le abramos, y que a veces también llama a esa puerta, pero sin invadir porque es paciente. E ha invitado a unirse mañana a una jornada de oración, ayuno y obras de caridad para al Señor que salve a la humanidad. En el vídeo superior de  Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy damos el segundo paso en el camino de la catequesis sobre la oración que comenzó la semana pasada.

La oración pertenece a todos: a la gente de cualquier religión, y probablemente también a aquellos que no profesan ninguna. La oración nace en el secreto de nosotros mismos, en ese lugar interior que los autores espirituales suelen llamar «corazón» (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2562-2563). Lo que reza, entonces, en nosotros no es algo periférico, no es una facultad secundaria y marginal nuestra, sino que es el misterio más íntimo de nosotros mismos. Este misterio es el que reza. Las emociones rezan, pero no se puede decir que la oración es sólo emoción. La inteligencia reza, pero rezar no es sólo un acto intelectual. El cuerpo reza, pero se puede hablar con Dios incluso en la más grave discapacidad. Por lo tanto, es todo el hombre el que reza, si su «corazón» reza.

La oración es un impulso, es una invocación que va más allá de nosotros mismos: algo que nace en lo profundo de nuestra persona y se proyecta, porque siente la nostalgia de un encuentro. Esa nostalgia que es más que una necesidad: es un camino. La oración es la voz de un «Yo» que se tambalea, que anda a tientas, en busca de un «Tú». El encuentro entre el “yo” y el “Tú” no se puede hacer con las calculadoras: es un encuentro humano y muchas veces se va a tientas para encontrar el “Tú” que mi “yo” estaba buscando.

La oración del cristiano nace, en cambio, de una revelación: el «Tú» no ha permanecido envuelto en el misterio, sino que ha entrado en relación con nosotros. El cristianismo es la religión que celebra continuamente la «manifestación» de Dios, es decir, su epifanía. Las primeras fiestas del año litúrgico son la celebración de este Dios que no permanece oculto, sino que ofrece su amistad a los hombres. Dios revela su gloria en la pobreza de Belén, en la contemplación de los Reyes Magos, en el bautismo en el Jordán, en el milagro de las bodas de Caná. El Evangelio de Juan concluye el gran himno del Prólogo con una afirmación sintética: » A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado». Fue Jesús el que nos reveló a Dios.

La oración del cristiano entra en relación con el Dios de rostro más tierno, que no quiere infundir miedo alguno a los hombres. Esta es la primera característica de la oración cristiana. Si los hombres siempre estaban acostumbrados desde siempre a acercarse a Dios un poco intimidados, un poco asustados por este misterio, fascinante y terrible , si se habían acostumbrado a venerarlo con una actitud servil, similar a la de un súbdito que no quiere faltar al respeto a su Señor, los cristianos se dirigen en cambio a Él atreviéndose a llamarlo con confianza con el nombre de «Padre». Todavía más, Jesús usa otra palabra: “papá”.

El cristianismo ha desterrado del vínculo con Dios cualquier relación «feudal». En el patrimonio de nuestra fe no hay expresiones como «sometimiento», «esclavitud» o «vasallaje», sino palabras como «alianza», «amistad», “promesa”, «comunión», “cercanía”. En su largo discurso de despedida a los discípulos, Jesús dice así: «No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.» (Jn 15, 15-16). Pero este es un cheque en blanco: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concedo”.

Dios es el amigo, el aliado, el esposo. En la oración podemos establecer una relación de confianza con Él, tanto que en el «Padre Nuestro» Jesús nos ha enseñado a hacerle una serie de peticiones. A Dios podemos pedirle todo, todo, explicarle todo, contarle todo. No importa si en nuestra relación con Dios nos sentimos en defecto: no somos buenos amigos, no somos hijos agradecidos, no somos cónyuges fieles. Él sigue amándonos. Es lo que Jesús demuestra definitivamente en la última cena, cuando dice: «Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros». (Lc 22,20). En ese gesto Jesús anticipa en el Cenáculo el misterio de la Cruz. Dios es un aliado fiel: si los hombres dejan de amar, Él sigue amando, aunque el amor lo lleve al Calvario. Dios está siempre cerca de la puerta de nuestro corazón y espera que le abramos. Y a veces llama al corazón pero no es invadente: espera. La paciencia de Dios con nosotros es la paciencia de un papá, de uno que nos quiere mucho. Yo diría que es la paciencia junta de un papá y de una mamá. Siempre cerca de nuestro corazón, y cuando llama lo hace con ternura y con tanto amor.

Tratemos todos de rezar de esta manera, entrando en el misterio de la Alianza. A meternos en oración entre los brazos misericordiosos de Dios, a sentirnos envueltos por ese misterio de felicidad que es la vida trinitaria, a sentirnos como invitados que no se merecían tanto honor. Y a repetirle a Dios, en el asombro de la oración: ¿Es posible que Tu sólo conozcas el amor? El no conoce el odio. El es odiado, pero no conoce el odio. Conoce solo amor. Este es el Dios al que rezamos. Este es el núcleo incandescente de toda oración cristiana.El Dios de amor, nuestro Padre que nos espera y nos acompaña.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Siguiendo con el tema de la oración que iniciamos la semana pasada, consideramos cómo la oración nos pertenece a todos, a los hombres de todas las religiones, y probablemente a los que no profesan ninguna. La oración surge en el secreto de nosotros mismos, en ese lugar interior que los autores espirituales a menudo llaman el “corazón”.

Rezar no es algo externo ni marginal a nosotros, sino que es el misterio más íntimo de nosotros mismos, que nace como una invocación en lo profundo de nuestra persona y se extiende, buscando un “Tú”, que es Dios.

La oración del cristiano surge de la revelación de ese “Tú”, con mayúscula, que se ha manifestado y ha venido a nuestro encuentro, dándonos confianza y revelándonos a Dios como un Padre bueno, que nos ama y nos comprende, que no nos considera siervos, sino amigos e hijos suyos.

En la oración del Padre Nuestro, Jesús nos enseñó a pedir a Dios todo lo que necesitamos. No importa si nos sentimos culpables en nuestra relación con Él, si no hemos sido amigos fieles, ni hijos agradecidos; Dios siempre continúa amándonos, porque Él siempre es fiel.

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación social. Los animo a entablar esa relación filial, de amistad y confianza con el Señor, pidiéndole lo que necesitan para su vida y, de manera particular, por aquellos que están a nuestro lado y sabemos que están necesitados, para que Dios, como Padre bueno, haga brillar su rostro sobre ellos y les conceda la paz.

Que Nuestra Señora de Fátima, cuya memoria celebramos hoy, interceda por cada uno de ustedes.

Que Dios los bendiga.

 

El Papa ha dicho al saludar a los peregrinos en otras lenguas:

Saludo a los fieles de lengua árabe que siguen este encuentro a través de los medios de comunicación. La oración es la forma de comunicar con Dios y de escucharle. Con este espíritu acepté la invitación del Alto Comité de la Fraternidad Humana para dedicar la jornada de mañana, 14 de mayo, a la oración, el ayuno y las obras de caridad. Invito y animo a todos a unirse a este evento. Unámonos como hermanos para pedirle al Señor que salve a la humanidad de la pandemia, que ilumine a los científicos y que sane a los enfermos. ¡Que el Señor os bendiga a todos y os proteja siempre de todo mal!

Saludo cordialmente a todos los polacos. Hoy celebramos la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Fátima. Volvamos con el pensamiento a sus apariciones y a su mensaje al mundo, así como al atentado a san Juan Pablo II, que vio la intervención maternal de la Santa Virgen en la salvación de su vida. En nuestra oración pidamos a Dios, por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, la paz para el mundo, el fin de la pandemia, el espíritu de penitencia y nuestra conversión. El próximo lunes será el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II: Yo celebraré la misa a las 7:00, frente al altar de la tumba, y será transmitida en mundovisión para todos. Demos gracias a Dios por habernos dado a este Obispo en Roma, Santo Obispo, a quien pedimos que nos ayude: que ayude a esta Iglesia de Roma a convertirse y a avanzar. Os bendigo de todo corazón.

Francisco

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