El Papa en la Audiencia, 4-8-2021: «El Evangelio es el don de Cristo, Él lo revela. Acogiéndolo nos reconciliamos con Dios, nos convertimos en hijos y herederos de la vida eterna»

*  «Para Pablo él el Evangelio es lo que él predica, esto que se llama el kerygma, es decir el anuncio. Y ¿qué anuncio?  De la muerte y resurrección de Jesús como fuente de salvación. Un Evangelio que se expresa con cuatro verbos: «que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas» (1 Cor 15,3-5). Este es el anuncio de Pablo, el anuncio que nos da vida a todos. Este Evangelio es el cumplimiento de las promesas y es la salvación ofrecida a todos los hombres»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* «Un año después de la terrible explosión que tuvo lugar en el puerto de Beirut, capital de Líbano, que provocó muerte y destrucción, mi pensamiento va a ese querido país, sobre todo a las víctimas, a sus familias, a los muchos heridos y a los que perdieron la casa y el trabajo, y muchos que perdieron la ilusión de vivir. Queridos Libaneses, mi deseo de ir a visitaros es grande, y no me canso de rezar por vosotros, para que el Líbano vuelva a ser un mensaje de fraternidad, un mensaje de paz para todo Oriente Medio»

4 de agosto de 2021.- (Camino Católico)  El Papa Francisco ha reanudado las tradicionales Audiencias Generales este 4 de agosto después de la pausa estiva del mes de julio, y de su periodo de convalecencia debido a la cirugía a la que fue sometido el 4 de julio. De este modo, el Santo Padre ha presidido la Audiencia General este miércoles en el Aula Pablo VI del Vaticano, como es habitual por el calor romano. Ha entrado caminando, con cubre bocas que se quitó poco antes de llegar al lugar desde donde impartió la catequesis. Después del saludo, los numerosos fieles reunidos aplaudieron al Papa.

Después de la lectura del pasaje del Evangelio de la Carta de San Pablo a los Gálatas (Gal 1, 6-8) en diferentes idiomas, el Santo Padre ha continuado con su serie de catequesis sobre este Libro de la Biblia que inició recientemente después de su itinerario sobre la oración.

El Santo Padre ha reconocido que “cuando se trata del Evangelio y de la misión de evangelizar, Pablo se entusiasma. Sale de sí. Parece que no ve otra cosa que esta misión que el Señor le ha encomendado. Todo en el está dedicado a este anuncio, y no posee otro interés que no sea el Evangelio”.

El Santo Padre ha recordado que cuando San Pablo escribió a los cristianos de Roma, se presentó “sencillamente así: Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios” y ha añadido “esta es su vocación. En resumen, es consciente de haber sido ‘apartado’ para llevar el Evangelio a todos, y no puede hacer otra cosa que dedicarse con todas sus fuerzas a esta misión”, señaló.

Sin embargo, el Santo Padre ha reconocido que es comprensible “por tanto la tristeza, la desilusión e incluso la amarga ironía del apóstol con los Gálatas, que a sus ojos están tomando un camino equivocado, que los llevará a un punto sin retorno, han equivocado el camino”.

“Para el el Evangelio es lo que él predica, esto se llama el kerygma, es decir, el anuncio, ¿cuál anuncio? El anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como fuente de la salvación, esta es la predicación de Pablo”, ha indicado.

En este sentido, el Santo Padre ha subrayado que “el Evangelio se expresa con cuatro verbos: Cristo murió́ por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció́ a Cefas’. Este es el anuncio de Pablo, que nos da vida a todos. Este Evangelio es el cumplimiento de las promesas y es la salvación ofrecida a todos los hombres. Quien lo acoge es reconciliado con Dios, es acogido como un verdadero hijo y obtiene en herencia la vida eterna”.

El Papa señala la importancia de estar atentos ante “un anuncio que distorsiona el verdadero Evangelio porque impide alcanzar la libertad, esta palabra es clave ¿eh? Impide alcanzar la libertad que se adquiere llegando a la fe”. San Pablo “no deja espacio a la negociación” porque “con la verdad no se puede negociar, o tú recibes el Evangelio como es, como ha sido anunciado, o recibes cualquier otra cosa, pero no se puede negociar con el Evangelio. La fe en Jesús no es mercancía para negociar, es salvación, es encuentro, es redención, no se vende en buen mercado”. 

 “En resumen, en este laberinto de buenas intenciones es necesario desprenderse, para acoger la verdad suprema que se presenta como la más coherente con la Persona y la predicación de Jesús y su revelación del amor del Padre”, ha destacado el Papa.

Finalmente, el Santo Padre ha invitado en su catequesis en italiano a saber discernir” porque “hay veces que hemos visto en la historia, también vemos hoy, algún movimiento que predica el Evangelio con una modalidad propia, hay veces con un carisma verdadero, propio, pero luego exagera, y reduce todo el Evangelio al movimiento y esto no es Evangelio de Cristo, esto es el evangelio del fundador, de la fundadora y esto podrá ayudar al inicio, pero al final no da frutos con raíces profundas. Por esto, la palabra clara y decidida fue provechosa para los Gálatas y es provechosa también para nosotros. El Evangelio es el don de Cristo a nosotros, es Él mismo que lo revela, es lo que nos da vida”.

En su resumen de la catequesis para los peregrinos de lengua española, el Santo Padre ha invitado a “permanecer fieles al único Evangelio, que no es observancia de la ley, sino configuración con la Persona de Jesucristo, que nos libera de la muerte y del pecado”. En el vídeo superior de 13 TV se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cuando se trata del Evangelio y de la misión de evangelizar, Pablo se entusiasma, sale fuera de sí. Parece que no ve otra cosa que esta misión que el Señor le ha encomendado. Todo en él está dedicado a este anuncio, y no posee otro interés que no sea el Evangelio. Es el amor de Pablo, el interés de Pablo, el trabajo de Pablo: anunciar. Llega incluso a decir: «Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio» (1 Cor 1,17). Pablo interpreta toda su existencia como una llamada a evangelizar, a dar a conocer el mensaje de Cristo, a dar a conocer el Evangelio: «¡ay de mí -dice- sino predicara el Evangelio» (1 Cor 9,16). Y escribiendo a los cristianos de Roma, se presenta sencillamente así: «Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios» (Rm 1,1). Esta es su vocación. En resumen, es consciente de haber sido “apartado” para llevar el Evangelio a todos, y no puede hacer otra cosa que dedicarse con todas sus fuerzas a esta misión.

Se comprende por tanto la tristeza, la desilusión e incluso la amarga ironía del apóstol con los Gálatas, que a sus ojos están tomando un camino equivocado, que los llevará a un punto sin retorno: se han equivocado de camino. El eje en torno al cual todo gira es el Evangelio. Pablo no piensa en los “cuatro evangelios”, como es espontáneo para nosotros. De hecho, mientras está enviando esta Carta, ninguno de los cuatro evangelios ha sido escrito todavía. Para él el Evangelio es lo que él predica, esto que se llama el kerygma, es decir el anuncio. Y ¿qué anuncio?  De la muerte y resurrección de Jesús como fuente de salvación. Un Evangelio que se expresa con cuatro verbos: «que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas» (1 Cor 15,3-5). Este es el anuncio de Pablo, el anuncio que nos da vida a todos. Este Evangelio es el cumplimiento de las promesas y es la salvación ofrecida a todos los hombres. Quien lo acoge es reconciliado con Dios, es acogido como un verdadero hijo y obtiene en herencia la vida eterna.

Delante de un don tan grande que se les ha entregado a los Gálatas, el apóstol no logra explicarse por qué están pensando en acoger otro “evangelio”, quizá más sofisticado, más intelectual… otro “evangelio”. Hay que notar, sin embargo, que estos cristianos todavía no han abandonado el Evangelio anunciado por Pablo. El apóstol sabe que están todavía a tiempo para no realizar un paso en falso, pero les advierte con fuerza, con mucha fuerza. Su primer argumento apunta directamente sobre el hecho de que la predicación realizada por los nuevos misioneros – estos que predican la novedad – no puede ser el Evangelio. Es más, es un anuncio que distorsiona el verdadero Evangelio porque impide alcanzar la libertad – una palabra clave – que se adquiere llegando a la fe. Los Gálatas son todavía “principiantes” y su desorientación es comprensible. No conocen todavía la complejidad de la Ley mosaica y el entusiasmo en el abrazar la fe en Cristo les empuja a escuchar a estos nuevos predicadores, bajo la ilusión de que su mensaje sea complementario con el de Pablo. Y no es así.

El Apóstol, sin embargo, no puede arriesgarse a que se creen compromisos en un terreno tan decisivo. El Evangelio es solo uno y es el que él ha anunciado; no puede existir otro. ¡Atención! Pablo no dice que el verdadero Evangelio es el suyo porque lo ha anunciado él, ¡no! Esto no lo dice. Esto sería presuntuoso, sería vanagloria. Afirma más bien, que “su” Evangelio, el mismo que los otros apóstoles iban anunciando en otros lugares, es el único auténtico, porque es el de Jesucristo. Escribe así: «Os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo» (Gal 1,11). Se comprende entonces por qué Pablo utiliza términos muy duros. Usa dos veces la expresión “anatema” que indica la exigencia de tener lejos de la comunidad lo que amenaza sus fundamentos. Y este nuevo “evangelio” amenaza los fundamentos de la comunidad. En resumen, sobre este punto el apóstol no deja espacio a la negociación: no se puede negociar. Con la verdad del Evangelio no se puede negociar. O tú recibes el Evangelio como es, como ha sido anunciado, o recibes otra cosa. Pero no se puede negociar, con el Evangelio. No se puede llegar a acuerdos: la fe en Jesús no es una mercancía a negociar: es salvación, es encuentro, es redención. No se vende a bajo costo.

Esta situación descrita al principio de la Carta parece paradójica, porque todos los sujetos en cuestión parecen animados por buenos sentimientos. Los Gálatas que escuchan a los nuevos misioneros piensan que con la circuncisión podrán estar aún más entregados a la voluntad de Dios y por tanto agradar aún más a Pablo. Los enemigos de Pablo parecen estar animados por la fidelidad a la tradición recibida por los padres y consideran que la fe genuina consista en la observancia de la Ley. Delante de esta suma fidelidad justifican incluso las insinuaciones y las sospechas sobre Pablo, considerado poco ortodoxo en lo relacionado con la tradición. El mismo apóstol es bien consciente de que su misión es de naturaleza divina – ¡ha sido revelada por Cristo, a él! – y por tanto está movido por el total entusiasmo por la novedad del Evangelio, que es una novedad radical, no es una novedad pasajera: no hay evangelios “de moda”, el Evangelio es siempre nuevo, es la novedad. Su inquietud pastoral lo lleva a ser severo, porque ve el gran riesgo que se cierne sobre los jóvenes cristianos. En resumen, en este laberinto de buenas intenciones es necesario desprenderse, para acoger la verdad suprema que se presenta como la más coherente con la Persona y la predicación de Jesús y su revelación del amor del Padre. Esto es importante: saber discernir. Muchas veces hemos visto en la historia, y también lo vemos hoy, algún movimiento que predica el Evangelio con una modalidad propia, a veces con carismas verdaderos, propios; pero después exagera y reduce todo el Evangelio al “movimiento”. Y esto no es el Evangelio de Cristo: esto es el Evangelio del fundador, de la fundadora y esto sí, podrá ayudar al principio, pero al final no da frutos porque no tiene raíces profundas. Por esto, la palabra clara y decidida fue provechosa para los Gálatas y es provechosa también para nosotros. El Evangelio es el don de Cristo para nosotros, es Él mismo quien lo revela. Esto es lo que nos da vida.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Este pasaje de la Carta a los Gálatas nos descubre que san Pablo entiende su vida como una llamada a evangelizar, misión a la que se dedica con todas sus fuerzas. Para el Apóstol el Evangelio es el Kerygma, es decir, el anuncio de la muerte y resurrección de Cristo, misterio pascual en el que Dios cumple sus promesas a Israel y ofrece la salvación a todos los hombres. Acogiendo el Evangelio nos reconciliamos con Dios nuestro Padre, nos convertimos en hijos suyos y herederos de la vida eterna.

Por eso, cuando Pablo ve que la comunidad de los Gálatas corre el peligro dar oídos a falsos predicadores y desviarse del camino de la fe, los invita a permanecer fieles al único Evangelio, que no es observancia de la ley, sino configuración con la Persona de Jesucristo, que nos libra de la muerte y del pecado.

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de perseverar en el seguimiento del Señor Jesús, para que nuestra vida sea, a los ojos de nuestros hermanos y hermanas, un testimonio gozoso del amor de Dios por toda la humanidad. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Papa ha dicho en otros idiomas:

Un año después de la terrible explosión que tuvo lugar en el puerto de Beirut, capital de Líbano, que provocó muerte y destrucción, mi pensamiento va a ese querido país, sobre todo a las víctimas, a sus familias, a los muchos heridos y a los que perdieron la casa y el trabajo, y muchos que perdieron la ilusión de vivir.

En la Jornada de oración y de reflexión por el Líbano, el pasado 1 de julio, junto a los líderes religiosos cristianos, escuchamos las aspiraciones y las expectativas del pueblo libanés, cansado y decepcionado, e invocamos a Dios luz de esperanza para superar la dura crisis. Hoy hago un llamamiento también a la comunidad internacional, pidiendo que ayude al Líbano a realizar un camino de “resurrección”, con gestos concretos, no solamente con palabras, sino con gestos concretos. Deseo que en tal sentido sea fructífera la Conferencia que se está celebrando, promovida por Francia y las Naciones Unidas.

Queridos Libaneses, mi deseo de ir a visitaros es grande, y no me canso de rezar por vosotros, para que el Líbano vuelva a ser un mensaje de fraternidad, un mensaje de paz para todo Oriente Medio.

Francisco


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