Papa Francisco en la Audiencia General: «La fuerza de la Iglesia no viene de las estructuras. ¡Nuestra fuerza es el amor de Cristo!»

* «Este mensaje de esperanza, fundado en la fe en Cristo y en la memoria del pasado, lo he confiado a toda la población albanesa… He animado a todos a coger las fuerzas siempre nuevas del Señor resucitado, para poder ser levadura evangélica en la sociedad y comprometerse, como ya sucede, en las actividades caritativas y educativas»

24 de septiembre de 2014.-(13 TV/ Radio VaticanoCamino Católico)  Como un pueblo durante tanto tiempo oprimido por un régimen inhumano, pero donde hoy se puede constatar un renacimiento de la Iglesia, y también la posibilidad concreta de una convivencia pacífica y fructuosa entre personas y comunidades de diferentes religiones, definió el Papa Francisco al “país de las águilas”, en la Catequesis del miércoles 24 de setiembre en la plaza del Santuario de San Pedro en Roma.

Francisco agradeció a Dios por haberle permitido mostrar, también físicamente su cercanía y la de la Iglesia a este país y explicó que esta convivencia pacífica se basa en un diálogo auténtico en busca de lo que acomuna a las diversas formas religiosas: el camino de la vida, rechazando el relativismo, y la voluntad de hacer bien al prójimo, sin renegar de la respectiva identidad.

El Vicario de Cristo afirmó que los perseguidos y los mártires de Albania nos recuerdan hoy que nuestra fuerza reside principalmente en el amor de Cristo, que nos sostiene en la dificultad y nos inspira la bondad y el perdón, mostrando así la misericordia de Dios. En el vídeo se visualiza y escucha toda la catequesis y el resumen completo que el Papa ha hecho en español. El texto completo de toda la meditación del Santo Padre es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera hablar del Viaje Apostólico que realicé el pasado domingo a Albania. Lo hago, sobre todo, como una manera de dar gracias a Dios, que me ha regalado realizar esta visita para demostrar, también físicamente y de forma tangible, mi cercanía y la de toda la Iglesia a este pueblo. Deseo renovar mi fraterno reconocimiento al Episcopado albanés, a los sacerdotes y a los religiosos y religiosas que trabajan muy comprometidos. Mi pensamiento agradecido va también a las autoridades que me acogieron con tanta cortesía, como también a todos los que han cooperado para la realización de la visita.

Esta nació del deseo de ir a un país que, después de haber estado oprimido largamente por un régimen ateo e inhumano, está viviendo una experiencia de pacífica convivencia entre sus componentes religiosos. Me parecía importante animarlo en este camino, para que prosiga por él con tenacidad y profundice en todos los aspectos en beneficio del bien común. Por esto, el centro del Viaje ha sido un encuentro interreligioso donde pude constatar, con mucha satisfacción, que la pacífica y fructífera convivencia entre personas y comunidades pertenecientes a religiones distintas es no solo deseable, sino concretamente posible y practicable. Ellos la practican. Se trata de un diálogo auténtico y fructífero que huye del relativismo y que cuenta con la identidad de cada uno. Lo que une las distintas expresiones religiosas, de hecho, es el camino de la vida, la buena voluntad de hacer bien al prójimo, sin renegar o disminuir las respectivas identidades.

El encuentro con los sacerdotes, las personas consagradas, los seminaristas y los movimientos laicos ha sido la ocasión para recordar, con especial emoción, a los numerosos mártires de la fe.

Gracias a la presencia de algunos ancianos, que vivieron en su propia carne las terribles persecuciones, se ha recordado la fe de muchos héroes del pasado, que siguieron a Cristo hasta las últimas consecuencias. Es de la unión íntima con Jesús, de la relación de amor con Él, que surgió en estos mártires, como en todos, la fuerza para afrontar los sucesos dolorosos que le condujeron al martirio. También hoy, como ayer, la fuerza de la Iglesia no viene de la capacidad organizativa o de las estructuras, que también son necesarias. Pero su fuerza la Iglesia no la encuentra allí ¡Nuestra fuerza es el amor de Cristo! Una fuerza que nos sostiene en los momentos de dificultad y que inspira a la actual acción apostólica para ofrecer a todos bondad y perdón, testificando así la misericordia de Dios.

Recorriendo la calle principal de Tirana que desde el aeropuerto lleva a la gran plaza central, pude contemplar los retratos de los cuarenta sacerdotes asesinados durante la dictadura comunista y para los que se ha comenzado la causa de beatificación. Estos se suman a los centenares de religiosos cristianos y musulmanes asesinados, torturados, encarcelados y deportados solo porque creían en Dios. Fueron años oscuros, durante los que la libertad religiosa era nula y estaba prohibido creer en Dios.

​Miles de iglesias y mezquitas se destruyeron, transformaron en almacenes y cines donde se propagaba la ideología marxista, los libros religiosos fueron quemados y a los padres se les prohibió poner a sus hijos los nombres religiosos de sus antecesores. El recuerdo de estos sucesos dramáticos es esencial para el futuro de un pueblo. La memoria de los mártires que resistieron en la fe es garantía para el destino de Albania, porque su sangre no se vertió en vano, sino que es una semilla que traerá frutos de paz y de colaboración fraterna. Hoy, de hecho, Albania es un ejemplo no solo de renacimiento de la Iglesia, también lo es de pacífica convivencia entre las religiones. Por tanto, los mártires nos son unos fracasados, sino vencedores: en sus heroicos testimonios, resplandece la omnipotencia de Dios que siempre consuela a su pueblo, abriendo caminos nuevos y horizontes de esperanza.

Este mensaje de esperanza, fundado en la fe en Cristo y en la memoria del pasado, lo he confiado a toda la población albanesa a la que he visto entusiasta y alegre en los lugares de encuentro y en las celebraciones, así como en las calles de Tirana. He animado a todos a coger las fuerzas siempre nuevas del Señor resucitado, para poder ser levadura evangélica en la sociedad y comprometerse, como ya sucede, en las actividades caritativas y educativas.

Le doy gracias de nuevo al Señor, porque, con este viaje me ha regalado el encuentro con un pueblo valiente y fuerte, que no se ha dejado doblegar por el dolor. A los hermanos y hermanas de Albania renuevo la invitación a la valentía del bien, para construir el presente y el mañana de su país y de Europa. Confío los frutos de mi visita a la Virgen del buen Consejo, venerada en el homónimo Santuario de Scutari, para que Ella continúe guiando el camino de este pueblo-mártir. Que la dura experiencia del pasado lo afirme cada vez más en la apertura hacia los hermanos, especialmente a los más débiles, y lo haga protagonista de ese dinamismo de la caridad tan necesario en el actual contexto socio-cultural.

Quisiera que todos saludásemos a este pueblo valiente, trabajador y que en paz busca la unidad.

(El Papa ha dicho en español:)  

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quisiera hablar de mi reciente Viaje Apostólico a Albania. Doy gracias a Dios por haberme permitido mostrar la cercanía de la Iglesia a este pueblo. Un pueblo durante tanto tiempo oprimido por un régimen inhumano, pero donde hoy se puede constatar un renacimiento de la Iglesia, y también la posibilidad concreta de una convivencia pacífica y fructuosa entre personas y comunidades de diferentes religiones. Ésta se basa en un diálogo auténtico en busca de lo que acomuna a las diversas formas religiosas: el camino de la vida, rechazando el relativismo, y la voluntad de hacer bien al prójimo, sin renegar de la respectiva identidad.

Hemos recordado conmovidos a tantas víctimas de la persecución y a los mártires. Ellos no son los vencidos, sino los vencedores, en un régimen que prohibía la fe y quiso exterminar a Dios de todos los ámbitos de la vida. En su testimonio heroico brilla la omnipotencia de Dios, que siempre consuela a su pueblo y abre nuevas vías de esperanza. Y nos recuerdan hoy que nuestra fuerza reside principalmente en el amor de Cristo, que nos sostiene en la dificultad y nos inspira la bondad y el perdón, mostrando así la misericordia de Dios.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, particularmente a los venidos de España, Puerto Rico, México, Ecuador, El Salvador, Costa Rica, Uruguay, Argentina y otros países latinoamericanos. 

Que la Virgen del Buen Consejo, patrona de este pueblo-mártir, le ayude a abrirse a los hermanos, en especial a los más débiles, y a construir el presente y el futuro del País y de Europa. Muchas gracias.

(El Papa después en italiano ha dicho:)

Mi pensamiento se dirige ahora a los países de África que sufren a causa de la epidemia de ébola. Estoy al lado de las numerosas personas afectadas por esta terrible enfermedad. Los invito a orar por ellos y por los que han perdido la vida tan trágicamente. Espero que no falte la ayuda necesaria de la Comunidad Internacional para aliviar el sufrimiento de estos hermanos y hermanas. Por estos hermanos y hermanas, recémosle a la Virgen.

Papa Francisco

 

 

Comentarios 0