Papa Francisco en la Audiencia General: «Papás y mamás tienen esta chispa de Dios que dan a los niños, son instrumento del amor de Dios»

* «El amor es la promesa que el hombre y la mujer hacen a cada hijo: desde que es concebido en el pensamiento. Los niños vienen al mundo y esperan tener confirmación de esta promesa: lo esperan en modo total, confiado, indefenso. Basta mirarlos… Cuando sucede lo contrario, los niños son heridos por un “escándalo” insoportable, más grave, en cuanto no tienen los medios para descifrarlo. No pueden entender qué cosa sucede»

Vídeo completo de la catequesis en español

* «Yo quisiera antes de iniciar la catequesis, en nombre de la Iglesia, pedirles perdón por los escándalos que en estos últimos tiempos han ocurrido sea en Roma o en el Vaticano ¡les pido perdón!»

14 de octubre de 2015.- (13 TV / Radio Vaticano Camino Católico)   Al celebrar la audiencia general del segundo miércoles de octubre en la Plaza de San Pedro y ante miles de fieles y peregrinos de numerosos países, entre los cuales 33 mineros chilenos que sobrevivieron en el año 2010 al derrumbe de la mina de San José, el Papa Francisco prosiguió su catequesis semanal sobre la familia, centrándose, en esta ocasión, en las promesas que hacemos a los niños. “Promesas de acogida, cuidado, cercanía y atención concreta, que se pueden resumir – dijo – en una palabra, a saber: el Amor”.

En primer lugar el Pontífice, hablando en italiano, afirmó que antes de comenzar su catequesis, en nombre de la Iglesia, deseaba pedir perdón por los escándalos que en los últimos tiempos se produjeron tanto en Roma como en el Vaticano. “Les pido perdón”, dijo Francisco.

Francisco afirmó que el amor, que se da en la acogida y atención, en la cercanía, confianza y esperanza, son las promesas básicas y el modo más correcto de acoger a un ser humano que viene al mundo, porque es una promesa que el hombre y la mujer hacen a cada hijo desde el momento en que es concebido en su pensamiento.

También añadió con sumo respeto y franqueza que la espontánea confianza en Dios de los niños jamás debería ser herida, especialmente cuando esto sucede a causa de cierta presunción de sustituirnos a Él y recordó que los padres son instrumentos del amor de Dios:“¡Ustedes, papás y mamás, tienen esta chispa de Dios que dan a los niños, ustedes son instrumento del amor de Dios, y esto es bello, bello, bello!”.

El Papa  concluyó recordando que sólo si miramos a los niños con los ojos de Jesús, podemos comprender verdaderamente que defendiendo a la familia, ¡protegemos a la humanidad! “Porque el punto de vista de los niños – dijo – es el punto de vista del Hijo de Dios”.En el vídeo se visualiza y escucha toda la catequesis y el resumen que el Papa ha hecho en español, cuyotexto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy como las previsiones del tiempo eran un poco inseguras, se esperaba la lluvia, esta audiencia se realiza contemporáneamente en dos lugares, nosotros en la plaza y 700 enfermos en el aula Pablo VI que siguen la audiencia en las pantallas, todos estamos unidos, saludamos a ellos con un aplauso.

Vídeo fragmento del momento en que el Papa pide perdón por los últimos escándalos en Roma y en el Vaticano

La palabra de Jesús es fuerte hoy ¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Jesús es realista y dice que es inevitable que vengan los escándalos pero ¡ay del hombre que causa el escándalo!

Yo quisiera, antes de iniciar la catequesis, en nombre de la Iglesia, pedirles perdón por los escándalos que en estos últimos tiempos han ocurrido en Roma y el Vaticano ¡les pido perdón!    

Hoy reflexionaremos sobre un argumento muy importante: las promesas, las promesas que hacemos a los niños. No hablo de las promesas que hacemos aquí o allá, durante el día, para ponerlos contentos o para hacer que se porten bien (quizá con algún truco inocente, te doy un caramelo, esas promesas…), para intentar a que se comprometan en la escuela o para disuadirlos de algún capricho. Hablo de otras promesas, de las promesas más importantes, decisivas para lo que esperan de la vida, para su confianza en los seres humanos, para su capacidad de concebir el nombre de Dios como una bendición. Son promesas que nosotros les hacemos a ellos.

Nosotros adultos estamos listos para hablar de los niños como una promesa de la vida. Todos decimos los niños son una promesa de la vida. Y también fácilmente nos conmovemos diciendo que los jóvenes son nuestro futuro. Es verdad. Pero me pregunto, a veces ¿si somos también serios con su futuro? Con el futuro de los niños, con el futuro de los jóvenes. Una pregunta que debemos hacernos más a menudo es esta: ¿Qué tan leales somos con las promesas que hacemos a los niños, trayéndolos a nuestro mundo? Nosotros los hacemos venir al mundo y esta es una promesa. ¿Qué le prometemos a ellos?

Acogida y cuidado, cercanía y atención, confianza y esperanza, son también promesas de base, que se pueden resumir en una sola: amor. Nosotros prometemos amor, es decir, el amor que se expresa en la acogida, el cuidado, en la cercanía, en la atención, en la confianza, en la esperanza. Pero la gran promesa es el amor. Este es el modo más adecuado para acoger a un ser humano que viene al mundo, y todos nosotros lo aprendemos, incluso antes de ser conscientes. A mí me gusta mucho cuando veo a los papás y mamás, cuando paso entre ustedes, trayéndome a un niño, una niña pequeños, pero ¿cuánto tiene? tres semanas, cuatro semanas, pero busco que el Señor lo bendiga, esto se llama amor también.  

La promesa, el amor es la promesa que el hombre y la mujer hacen a cada hijo: desde que es concebido en el pensamiento. Los niños vienen al mundo y esperan tener confirmación de esta promesa: lo esperan en modo total, confiado, indefenso. Basta mirarlos: en todas las etnias, en todas las culturas, ¡en todas las condiciones de vida! Cuando sucede lo contrario, los niños son heridos por un “escándalo”, por un escándalo insoportable, más grave, en cuanto no tienen los medios para descifrarlo. No pueden entender qué cosa sucede.

Dios vigila sobre esta promesa, desde el primer instante. ¿Recuerdan qué dice Jesús? Los ángeles de los niños reflejan la mirada de Dios, y Dios no pierde nunca de vista a los niños (cfr Mt 18,10). ¡Ay de aquellos que traicionan la confianza, ay! Su confiado abandono a nuestra promesa, que nos compromete desde el primer instante, nos juzga.

Y quisiera agregar otra cosa, con mucho respeto por todos, pero también con mucha franqueza. Su espontanea confianza en Dios no debería de ser nunca herida, sobre todo cuando eso ocurre con motivo de una cierta presunción, más o menos inconsciente, de ocupar el lugar de Dios. La tierna y misteriosa relación de Dios con el alma de los niños no debería ser nunca violada. Es una relación real que Dios la quiere y Dios la cuida. El niño está listo desde el nacimiento para sentirse amado por Dios, está listo para esto. Apenas está en grado de sentirse que es amado por sí mismo, un hijo siente también que hay un Dios que ama los niños.

Los niños, apenas nacidos, comienzan a recibir como don, junto a la comida y los cuidados, la confirmación de la cualidad espiritual del amor. Los actos de amor pasan a través del don del nombre personal, el lenguaje compartido, las intenciones de las miradas, las iluminaciones de las sonrisas. Aprenden así que la belleza del vínculo entre los seres humanos apunta a nuestra alma, busca nuestra libertad, acepta la diversidad del otro, lo reconoce y lo respeta como interlocutor.

Un segundo milagro, una segunda promesa: nosotros – papá y mamá – ¡nos donamos a ti, para donarte a ti mismo! Y esto es amor, ¡que trae una chispa de aquello de Dios! Pero ustedes papás y mamás tienen esta chispa de Dios que dan a los niños, ustedes son instrumento del amor de Dios y esto es bello, bello, bello.

Sólo si miramos a los niños con los ojos de Jesús, podemos verdaderamente entender en qué sentido, ¡defendiendo a la familia, protegemos a la humanidad! El punto de vista de los niños y el punto de vista del Hijo de Dios. La Iglesia misma, en el Bautismo, a los niños les hace grandes promesas, con las que compromete a los padres y a la comunidad cristiana. La santa Madre de Jesús -por medio de la cual el Hijo de Dios ha llegado a nosotros, amado y generado como un niño- haga a la Iglesia capaz de seguir el camino de su maternidad y de su fe. Y san José -hombre justo, que ha recibido y protegido, honrado valientemente la bendición y la promesa de Dios- nos haga a todos dignos de hospedar a Jesús en cada niño que Dios manda a la tierra. Gracias.

 (El Papa ha dicho en español:)

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre el tema de las promesas que hacemos a los niños. No me refiero a esas pequeñas promesas que hacemos habitualmente para que se porten bien o se esfuercen en el colegio, más bien a la promesa contenida en el hecho de traerles a la vida. Esta promesa de acogida, cuidado, cercanía y atención concreta, se puede resumir en una palabra: Amor.

Una promesa de amor en definitiva, que hemos aprendido de nuestros padres antes incluso de ser conscientes y que, con una actitud inerme y confiada, todo niño espera que le sea correspondida íntegramente. Si esto no sucede se les hiere profundamente. Por eso, Jesús en el Evangelio nos alerta de que Dios y sus ángeles velan sobre esta responsabilidad.

El niño recibe de su familia, con su nombre y con las primeras palabras, sonrisas y caricias, la belleza de estar con los demás, aprendiendo a ser libre y aceptar a los otros. En el bautismo, la Iglesia a través de los padres y la comunidad se une a estas promesas. Desde el momento que el niño es capaz de sentirse amado por sí mismo siente que hay un Dios que lo ama. Su espontánea confianza en Dios no debe ser nunca vulnerada, sobre todo con nuestra presunción de sustituir al Señor.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. De modo especial quiero  saludar a los 33 mineros chilenos que estuvieron atrapados en las entrañas de la tierra durante 70 días. Creo que cualquiera de ustedes sería capaz de venir acá y decirnos qué significa la esperanza. Gracias por tener esperanza en Dios. Que la Virgen María y san José, que tuvieron bajo su custodia al Hijo de Dios, nos enseñen a acoger a Jesús en cada niño. Muchas gracias.

 (El Papa ha añadido saludando en otros idiomas:)

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo sábado 17 de octubre tiene lugar la Jornada Mundial del Rechazo de la Miseria. Esta jornada se propone acrecentar los esfuerzos para eliminar la extrema pobreza y la discriminación y para asegurar que cada uno pueda ejercitar plenamente sus propios derechos fundamentales. Todos estamos invitados a hacer nuestra esta intención para que la caridad de Cristo alcance y alivie a los hermanos y hermanas más pobres y abandonados.

Francisco

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