Paul Ponce, estrella de malabares del circo, «practicante de 5 misas al año», entregó su vida a Dios contemplando un crucifijo y reflexionando sobre el dolor y la muerte

* Protagoniza la nueva entrega de la productora Infinito más uno, del cineasta Juan Manuel Cotelo, dentro de su serie Te puede pasar a ti, que cuenta historias de conversión

* Todo un año se dedicó a anunciar el evangelio a tiempo completo como misionero laico y afirma que «me di cuenta de que ese año había sido el más feliz de toda mi vida, pues aprendí dónde se encontraba la felicidad: en buscar a Dios y el bien de los demás»

27 de junio de 2013.- (Pablo J. Ginés / Religión en Libertad  / Camino Católico)  Juan Manuel Cotelo e Infinito+1 han lanzado su tercera entrega de«Te puede pasar a ti», la emocionante serie de testimonios de personas que se encontraron con Dios en circunstancias peculiares pero, a la vez, muy cercanas a la experiencia de cualquiera.  Si la primera película trataba de un pandillero violento y esotérico (hoy sacerdote), y la segunda de un homosexual travestido dedicado a la prostitución (hoy un católico casto y evangelizador), la tercera recoge la trayectoria de Paul Ponce, un malabarista de primera categoría, que reflexionando sobre el dolor y el mal decidió entregar el control de su vida a Dios.

¿Quién tiene el control?

El «control» es un tema clave para un malabarista: ¡controlar muchas bolas, mazas, sombreros con solo dos manos! Pero Paul Ponce, estrella del malabarismo desde niño, decidió entregar el control de su vida a Dios cuando tenía unos 20 años. Antes, él era «practicante de 5 misas al año», explica. 

Estando en las islas Bahamas, entró en una parroquia y se inscribió en la catequesis de Confirmación, por cumplir. Allí se fijó en un crucifijo y reflexionó sobre el dolor y la muerte. Lo que tocó su corazón fue entender que Jesucristo murió para salvarle a él, personalmente, por amor a él. 

Ponce entregó su vida a Dios, decidió aceptar lo que Él le pidiese. ¿Ser sacerdote, quizá? ¿O casarse? De hecho, Ponce estuvo 10 años rezando por una futura esposa que aún no sabía si existía. Pero ella llegó, y aporta muchísimo a la historia. 

Noviazgo casto, y risas

La película se detiene a tratar el tema del noviazgo casto, cristiano, en el caso de un artista itinerante, que va de hotel en hotel y quiere llevarse a su novia. 

«Paul Ponce y su esposa hablan sobre sexualidad sin problemas ni temores, con palabras muy sencillas«, explica Juan Manuel Cotelo. «Ellos hablan con claridad de como es un noviazgo casto, sin negar la inclinación natural a querer acostarse con la persona de la que te has enamorado. Explican que el noviazgo es el tiempo de conocer a la persona. El día en que Ponce va de gira a Australia con su novia, pide dos habitaciones separadas, lo exige por escrito en su contrato. Su agente se reía y pensaba que era una broma. Pero Ponce respondió: ´mira, es muy sencillo; o nos das dos dormitorios separados o no vamos´. También sus amistades se reían cuando lo contaba, pensando que era una broma».

Aquella escena es hoy un testimonio que puede tocar, emocionar o hacer pensar a muchas personas. 

El poder de un rostro

Como cineasta, Cotelo tiene que elegir con qué imágenes ilustra las palabras de sus protagonistas. En el caso de Ponce, que es un generador de imágenes increíbles de objetos que vuelan y no se caen, las escenas asombrosas son muchas. 

Pero a menudo, en lo más potente, Cotelo opta por el rostro desnudo, sin música, sin dramatizaciones: el rostro humano que dice la verdad desnuda. «En ese rostro habla Dios», afirma Cotelo. 

Porque al final, el gran tema es la felicidad: como artista del espectáculo, Paul Ponce hace reír y asombrarse a las multitudes. Pero durante todo un año se dedicó a anunciar el evangelio a tiempo completo como misionero laico. «Me di cuenta de que ese año había sido el más feliz de toda mi vida, pues aprendí dónde se encontraba la felicidad: en buscar a Dios y el bien de los demás», declara Ponce. 

Dones al servicio del otro

Hoy Paul Ponce dedica parte de su tiempo a visitar asilos de ancianos o centros infantiles y a maravillar a grandes y pequeños con sus habilidades asombrosas. Después, les habla de Dios, de la Virgen, y de cómo Dios reparte dones y capacidades para ofrecerlas a los demás.

Si le preguntan si ve a sus hijos como malabaristas en el futuro, responde: «Yo lo que quiero es que mis hijos sean felices, y el camino que conozco para ser feliz es cumplir la voluntad de Dios«. 

En la serie «Te puede pasar a ti», Cotelo toma su caravana y se va a buscar a «la gente de la calle», para comentar el testimonio y filmar sus reacciones. En la primera entrega lo compartió con jóvenes; en la segunda, con personas que tienen sentimientos homosexuales. En esta ocasión, acudió a gente del mundo del circo. 

La fe en el mundo del circo

«Descubrimos que en el mundo circense los que tienen fe, y los que no la tienen, es por las mismas razones que en cualquier otro ambiente, en la banca, o en las zapaterías. Le dije a la trapecista: ´claro, tú haces esos saltos sin red, y rezas; yo también rezaría con esos saltos´. Pero lo cierto es que todos, en nuestra vida, hacemos malabarismos sin red y trabajamos con leones«, explica Cotelo. 

Otro descubrimiento es que «igual que descubrimos en La Última Cima o en el vídeo que hicimos sobre la fe de los jóvenes en las calles de España, nos dimos cuenta que tener fe no es raro, ni en el circo ni en la calle. En el circo se reza mucho antes de la función, en el trabajo, y en el que estuvimos tenían mucho cariño a su sacerdote». 

El trailer del testimonio en vídeo

Más sobre Paul Ponce: www.paulponce.com
Más sobre Te Puede Pasar a Ti
https://www.infinitomasuno.org/?page_id=491