Pedro Ruiz y Yolanda Muñoz, padres de dos hijos: «Tratamos de que puedan decir ‘mirad como se aman’ y vivir como testigos de Dios en nuestras relaciones»

* «Queremos que nuestro estilo de vida como familia y personalmente esté marcado por el Evangelio, y eso implica alegría, transparencia, acogida… ya que somos conscientes de que nuestra vida tiene que ser fermento y transformar las realidades en las que nos movemos cada uno y como familia, sabiendo que son muchas las personas con las que compartimos la vida, regalos del Señor para nosotros»

Camino Católico.-  Pedro Ruiz y Yolanda Muñoz son padres de dos hijos, Yolanda de 23 años y Pedro de 21, se casaron el 19 de noviembre de 1994 en la parroquia de San Nicolás de la Villa de Córdoba, a la que pertenecen. En la web de la Diócesis de Córdoba Yolanda y Pedro hablan de como Dios es el centro de su familia y de la transmisión de la fe a los hijos.

– ¿Cuáles son los pilares de vuestra convivencia familiar?

– Esta familia nació de dos jóvenes muy distintos, recién licenciados, que compartían su fe en Jesucristo, y que tenían claro que el proyecto de vida matrimonial que emprendían era la vocación para la que el Señor los había llamado. Desde el principio, pero sobre todo con la llegada de los niños, hemos tratado de que el respeto a cada uno y a su realidad fuese sagrado, respeto entre nosotros y a todos aquellos que se acercan a nuestra familia; además, la confianza entre nosotros y el diálogo siempre como forma de resolver los conflictos que surgen (gracias a Dios, no demasiado a menudo…).

– ¿Qué resulta más complicado en la educación de los hijos en este momento social?

– Quizá lo más difícil es centrarlos en lo verdaderamente importante en la vida, que son muy poquitas cosas, porque los inputs externos son muy fuertes (redes sociales, medios de comunicación, estilos de vida actuales…) y generan una gran dispersión en grandes y pequeños. Hemos tratado, desde que eran pequeños, de educarlos en la responsabilidad de hacer aquello que deben, y no aquello que quieren en cada momento. Ahora que son mayores, quizá lo más difícil es encontrar momentos de encuentro, intentando estar unidos, aunque sea a través de pantallas.

– ¿Qué instrumentos tiene la familia de hoy para manifestarse cristiana?

– Queremos que nuestro estilo de vida como familia y personalmente esté marcado por el Evangelio, y eso implica alegría, transparencia, acogida… ya que somos conscientes de que nuestra vida tiene que ser fermento y transformar las realidades en las que nos movemos cada uno y como familia; como familia tratamos de que puedan decir “mirad como se aman”, lo que no es siempre fácil; como personas, tratamos de vivir como testigos de Dios vivo en nuestros trabajos, en nuestras relaciones de amistad, de ocio… sabiendo que son muchas las personas con las que compartimos la vida, regalos del Señor para nosotros.

– La transmisión de la fe a los hijos es un reto para todos, ¿cómo lo hacéis vosotros?

– Desde el comienzo de nuestra Iglesia doméstica hasta hoy, tratamos de aprovechar todo momento de la vida para trascender el puro acontecimiento, y tratar de ver cómo el Señor se hace presente; para eso hemos compartido muchos momentos de reuniones en familia, de oración, de vivir el adviento y la cuaresma, con gestos que nos ayudan, de vivir la eucaristía dominical juntos (emociona cuando ya tan mayores nos vemos los cuatro juntos en el banco compartiendo la eucaristía); también hemos compartido esta transmisión de la fe con nuestra reunión de matrimonios, con los colegios en los que se han formado y tratando de vivir de forma especial momentos fuertes como la Pascua de Resurrección y encuentros como la JMJ. Bendecmos la mesa, dando gracias por la vida, y procuramos comer juntos para compartir cómo va la vida, más difícil cuando los niños no viven en casa (erasmus, máster…) y darnos besos cada vez que nos levantamos o acostamos, salimos o entramos ¡¡aunque la Covid nos lo está complicando!!

– ¿Cuál es vuestra parroquia?, habladnos de vuestra vida en comunidad.

– Siempre hemos tenido muy claro que no se puede ser cristiano por libre, sino que el seguimiento a Cristo tiene que ser en comunidad, ¡hasta Él mismo se buscó su comunidad! Por eso, como novios, estuvimos en un grupo de jóvenes en San Nicolás, que acabó convirtiéndose naturalmente en un grupo de matrimonios y que ha marcado nuestra vivencia comunitaria como familia; también tiene peso en nuestra vida familiar la comunidad de San Hipólito, donde vivimos el crecer de la fe de los niños en nuestras misas dominicales de familia, con Rafael Porras y Luis Aparicio; y por supuesto, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Córdoba, en el que Yolanda madre está muy implicada y en el que también participamos a nivel familiar, solo falta Perico jr por vivir la experiencia del cursillo (ojalá sea pronto…); los junior ahora participan del Adoremus y de grupos vinculados a la Universidad Loyola en la que estudian.

– ¿Cuál es vuestra aportación familiar a la Iglesia Diocesana?

– Pues como familia y como individuos participamos de realidades eclesiales muy diversas, lo que es un verdadero privilegio: Pedro padre participa en actividades de voluntariado, antes más en Cáritas y ahora más volcado como delegado de Voluntarios de La Caixa; Yolanda madre trabaja muy activamente en el MCC Córdoba; Yolanda junior ha participado desde hace tiempo en voluntariados, con las Adoratrices, en la parroquia de las Margaritas, y disfrutando con Pedro junior este año de la experiencia en pandemia del campamento de “Puerta Verde” en Santa Luisa de Marillac, con el que permanecen vinculados; como veis, tan diversos como la familia.

– ¿Qué lugar ocupan los abuelos en casa?

– Han tenido un lugar fundamental, por ser los primeros nietos de las dos familias; nos han ayudado mucho en su educación y la transmisión y vivencia de la fe y siguen haciéndolo; ahora toca devolvérselo y cuidar a los de la tierra (aunque están estupendos…) y rezar por y con los del cielo.

– ¿Rezáis por algún sacerdote? 

– Por muchos, tantos con nombres y apellidos que no cabrían en una página; reconocemos que nuestra vida familiar no sería ni sombra de la que es sin nuestros sacerdotes, que han acompañado nuestro camino, entre los que están muchos diocesanos, así como jesuitas y salesianos; por todos hay una oración diaria de petición y agradecimiento.


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