Pilar Pérez Buj, 19 años: «Había adoración, bajé y ahí me encontré: sola con Dios solo. Sentí muy fuerte en mi alma ‘Hija, estoy aquí, y te estoy esperando’. Y voy a ser monja»

* «Así me llamó Dios… El Señor fue muy claro, esta vez sí. Me llamaba a un cierto modo de vida en el que mejor me podré salvar, donde mejor le podré servir, donde evitaré mejor el pecado… y con este, alcanzaré feliz la perfección: como esposa de Cristo y Madre de almas. Soy plenamente consciente de que el camino al que he sido llamada y he escogido, no es un camino fácil. Pero no puedo quedarme indiferente. Jesucristo cuenta conmigo para continuar la obra de la Salvación y, con ello, anunciar Su Palabra»

Camino Católico.- Pilar Pérez Buj es de Barcelona y tiene 19 años, desde pequeña ha vivido la fe católica en casa y ha recibido formación. Sin embargo, fue a los trece años cuando se preguntó y rezó sobre la relación que ella tenía con Dios y fue entonces, cuando hice el descubrimiento que ha dado sentido a mi vida: Jesucristo es REAL, está VIVO y nos está ESPERANDO. No sé si alguna vez has tenido esa suerte de tener un encuentro personal con el mismo Cristo, pero puedo asegurar que, si es verdadero, tu vida cambia por completo: vivo AMADA”.

En una ocasión, con unos 14 o 15 años, el Señor le mostró claramente que Él la quería para algo más, que le tenía preparado un camino distinto. Algo especial, pero se agobió mucho porque Dios no había sido muy claro: “Me puse de rodillas delante de un Sagrario: ‘Señor, no sé lo que me pides, pero te lo doy’. Le entregué mi vida en un instante”.

En un viaje a Roma un verano con unas amigas Pilar asegura que “una noche, había adoración nocturna. Recuerdo que era muy de noche y mis amigas dormían; bajé y ahí me encontré: sola con Él solo. Sentí muy fuerte en mi alma “Hija, estoy aquí, y te estoy ESPERANDO”. Este próximo mes de diciembre de 2021, Pilar Pérez Buj entrará en el convento Instituto del Verbo Encarnado, como Servidora del Señor y de la Virgen de Matará, y cuenta en primera persona en Jóvenes Católicos su testimonio de cómo ha vivido su camino de fe hasta abrazar su vocación de monja:

“Hija, estoy aquí, y te estoy ESPERANDO”. Así llamó Dios a Pilar

Me llamo Pilar, tengo 19 años, soy de Barcelona y este diciembre entraré en el convento Instituto del Verbo Encarnado, como Servidora del Señor y de la Virgen de Matará.

Mis padres son católicos practicantes, pero en casa nos han dado siempre mucha libertad para vivir nuestra fe. Soy la mayor de 3 hermanos; me sigue Alejandra con 18 y el pequeño Tito con 14. Estudié en un colegio católico y, desde muy pequeña, he recibido formación en un centro del Opus Dei.

Cuando tenía unos 12 o 13 años, empecé a preguntarme cuál era la relación que tenía yo con Dios.

“¿Por qué un domingo, en vez de quedarme en casa viendo la TV, voy a misa?, ¿Por qué beso crucifijos?, ¿Por qué rezo cada noche tres avemarías?, ¿Por qué doy gracias antes de comer?, …”

Lo recé y fue entonces, cuando hice el descubrimiento que ha dado sentido a mi vida: Jesucristo es REAL, está VIVO y nos está ESPERANDO.

No sé si alguna vez has tenido esa suerte de tener un encuentro personal con el mismo Cristo, pero puedo asegurar que, si es verdadero, tu vida cambia por completo: vivo AMADA.

Desde aquel momento, me tomaba mi vida de oración muy enserio. Pues el AMOR, que es el mismo Dios, es mi motor. Él me da ilusiones para vivir y eso llena mi vida.

En una ocasión, con unos 14 o 15 años, el Señor me mostró claramente que Él me quería para algo más, que me tenía preparado un camino distinto. Algo especial.

Me agobié mucho. Dios no había sido muy claro… y yo tenía un millón de dudas. “¿Dónde me quieres, Señor?, muéstrame.”

Tenía muchas ganas de saber cuál era ese proyecto que Dios tenía para mí.

Sabía que era una decisión muy importante, quería hacerlo muy bien y no quería equivocarme. Pasaban los días y no podía quitármelo de la cabeza. No miento si digo que pensaba en la vocación las 24 horas del día. Me estaba volviendo loca, y no podía vivir así.

Una vez, cansada de pensarlo tanto y llorar, me puse de rodillas delante de un Sagrario: “Señor, no sé lo que me pides, pero te lo doy”. Le entregué mi vida en un instante.

Me quedé mucho más tranquila, dejé el tema de mis inquietudes vocacionales a un lado y me relajé bastante.

Ya era una adolescente, y todo lo que para mí antes había sido tan importante, dejó de serlo. Todo había pasado a un segundo plano: mi relación con Dios, mis amigas, mi familia, las notas del cole… y empecé a hacer cosas que realmente no me llenaban. Dejaron de importarme los demás y solo pensaba en mí misma. No era feliz.

Se acercaban las vacaciones de Semana Santa y mi mejor amiga, que tenía una hermana religiosa, me propuso ir juntas a verla a Italia.

Pasar una semana fuera del país con mi mejor amiga me apetecía. Me tiraba para atrás el hecho de estar con monjas… pero no lo pensé demasiado porque ella tenía muchas ganas de ver a su hermana.

Y de repente, ahí estaba yo, con 17 años recién cumplidos, en un avión destino a Roma.

No puedo explicar con palabras cómo me cambió la vida ese viaje. No me planteé la vocación a la vida religiosa, ni mucho menos… Pero cuando llegué de vuelta a Barcelona, me sentía muy vacía. “A unos pocos kilómetros de mí, hay personas entregadas a Cristo, y yo ¿qué le entrego a mi amado Jesús?, pierdo el tiempo”.

Quise volver pronto a Roma con varias amigas el verano de ese mismo año. Pero, esta vez, en vez de ir solo una semana, pensábamos quedarnos allí un mes entero ayudando en voluntariados de las hermanas.

Así fue. Estaba en Roma otra vez.

Una noche, había adoración nocturna. Recuerdo que era muy de noche y mis amigas dormían; bajé y ahí me encontré: sola con Él solo.

Sentí muy fuerte en mi alma “Hija, estoy aquí, y te estoy ESPERANDO”

Así me llamó Dios… El Señor fue muy claro, esta vez sí. Me llamaba a un cierto modo de vida en el que mejor me podré salvar, donde mejor le podré servir, donde evitaré mejor el pecado… y con este, alcanzaré feliz la perfección: como esposa de Cristo y Madre de almas.

Soy plenamente consciente de que el camino al que he sido llamada y he escogido, no es un camino fácil. Pero no puedo quedarme indiferente. Jesucristo cuenta conmigo para continuar la obra de la Salvación y, con ello, anunciar Su Palabra.

Llamó a la puerta de mi corazón y quiero darle todo, todo. Hasta quedarme sin nada y poder llenar ese vacío con el mismo Dios, hasta que sea el mismo Cristo quien en mí viva.

Igual te preguntas si tengo miedo, sí. De flaquear, de sustentarme en sentimientos, de no ser fuerte y constante, de amar más al mundo que a Su voluntad, de no ser fiel…

Cuesta mucho. Dar tanto duele, pero ¡que poco es mi tanto! Si nos espera una vida hermosa en el Cielo.

Pilar Pérez Buj


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