¿Qué necesito para que mi relación funcione? ¿Cómo puedo llegar a amar? El poder de la mirada: Mirar a los demás a través de los ojos de Dios / Por Rosario Pelayo Torrent

Camino Católico.- En este vídeo de ‘Se buscan Rebeldes Rosario Pelayo Torrent responde en profundidad a preguntas trascendentes que todos nos hacemos: ¿Qué necesito para que mi relación funcione? ¿Cómo puedo llegar a amar? “En este vídeo vamos a ver una clave para construir una relación bonita y sólida, que me ayude a ser feliz y a hacer feliz a la persona que amo”, asegura Rosario quien profundiza sobre el poder mirada y explica que hay que mirar a los demás a través de los ojos de Dios. Para ello profundiza en el pecado original y en la distorsión de las relaciones afectivo-sexuales provocada por la pornografía.

Rosario Pelayo Torrent es doctora en farmacia por la Universidad Complutense de Madrid (U.C.M), máster en Tecnología Farmacéutica por la U.C.M, ha trabajado en Industria farmacéutica en el área de VIH y enfermedades infecciosas y cursado el Máster en Psicología de Familia por el Pontificio Instituto Juan Pablo II y es docente del proyecto Aprendamos a Amar del Instituto Universitario Desarrollo y Persona de la Universidad Francisco de Victoria.

El texto completo de la enseñanza que se visualiza en el vídeo es el siguiente:

El poder de la mirada: Mirar a los demás a través de los ojos de Dios

El hombre es un ser hecho por amor y para amar. Y los anhelos más profundos de su corazón son precisamente estos: ser feliz, amar y ser amado. Pero muchas veces este amor, construir una relación bonita y sólida no resulta tan fácil y nos preguntamos ¿Cómo podemos llegara a amar? ¿qué necesito para que mi relación funcione?

Un punto clave para llegar a amar a alguien de verdad, para encontrarme con esa persona y entrar en comunión con ella es, sin duda, aprender a mirar.

Dicen que los ojos son el espejo del alma, pero yo diría que más bien es la mirada la que es el espejo del alma. Es más, es la mirada la que nos permite o no encontrarnos con el alma del otro.

La mirada es algo central para el hombre, es la ventana a través  de la cual captamos la realidad, lo que sucede a nuestro alrededor y será en gran parte la responsable de la manera en que nos relacionemos con todo aquello que nos rodea.

La mirada del cristiano ama y no juzga

Todos hemos tenido la experiencia de sentirnos mirados bien o mal. Porque hay miradas que matan, como la mirada fulminante con la que miro a mi hijo cuando va a hacer algo fuera de tono y hay invitados en casa, o la mirada que con la que miro al hombre que me acaba de adelantar de malas maneras con el coche, pero también hay miradas que salvan: es cuando encuentras una persona que sin saber muy bien por qué, pero te hace sentir a gusto, sentir que puedes confiar en ella, sentir especial, única…

En una ocasión una amiga mía que era judía conversa me dijo: “Mi conversión se dio gracias a una mirada, la mirada de la madre de mi entonces novio, me salvo la vida porque cuando menos me lo merecía, en mi peor momento, me miro con amor, con ese amor con el que ni siquiera yo era capaz de mirarme”. Esta debería ser siempre la mirada del cristiano, una mirada que ama, que no juzga, que rescata, que va más allá de las apariencias, de los datos…y entra hasta el fondo del alma del otro. Entra en el sufrimiento, en las carencias, en la debilidad del otro…y ahí le ama, tal cual es.

La Biblia habla mucho de la mirada. Al principio, antes del pecado, antes de que el hombre y la mujer fueran heridos para siempre, Adán ve a Eva y desde el gozo exclama “Es carne de mi carne y huesos de mis huesos” (Gn2,23). Es como si una simple mirada le hubiera bastado para entender quien era Eva, y quien era él a su vez. Esa mirada encontró en el cuerpo desnudo de Eva, el valor de esa criatura, el valor de su alma. Al mirar el cuerpo de Eva descubrió su vocación, una vocación al don de sí por amor, descubrió el plan oculto de Dios para el hombre, el camino de su felicidad, y eso le lleno de alegría.

El cambio de la mirada tras el pecado original

Al principio Adán y Eva podían mirarse y mirar la creación a través de los ojos de Dios, desde la belleza, y a la luz de la verdad. Miraban a su alrededor desde esa inocencia originaria a la que se refiere San Juan Pablo II en su Teología del cuerpo.

Pero tras el pecado original, las primeras palabras que encontramos en el Génesis son: “Entonces se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; trenzaron hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores” (Gn3,6). ¿Qué es lo primero que cambio en el hombre y en la mujer tras la entrada del pecado en su alma? Parece que el Génesis apunta a la mirada, se les abrieron los ojos, se dieron cuenta por primera vez de que estaban desnudos y se cubrieron. Parece que la mirada del ser humano sí que está conectada de una manera especial a su alma. Y esa mirada, con el pecado, quedó herida para siempre… Desde ese momento parece que los hombres y las mujeres no somos capaces de descubrir en el cuerpo del otro el Plan oculto de Dios para nosotros, para la humanidad.

Sanar las heridas con Cristo y recuperar la mirada del principio

Por eso es importante aprender a mirar. Porque gracias a la Redención, gracias a que Jesús vino a salvar al hombre, a sanar sus heridas, podemos volver a recuperar en parte esa mirada del principio. Pero no es fácil, no es algo automático. Es una gracia de Dios, y un acto de voluntad. ¿Y si no puedo? ¿Y Si no puedo mirar el cuerpo de otro sin tener deseos de lujuria o cosificarlo en mi interior? Entonces te diría, aparta la mirada. Pero esto no es a los que debemos aspirar, es solo el primer paso. Debemos abrir ese corazón a Dios y rogarle que sea Él quien vaya sanando nuestras heridas, para así llegar a ser capaces de mirar a los demás a través de Sus ojos.  Hay una frase San JoseMaría que me encanta y dice “que yo vea con tus ojos, Cristo mío, Jesús de mi alma”.

Porque no es lo mismo ver (si tenemos bien el sentido de la vista es algo que sucede), que mirar. No es lo mismo echar un vistazo a una chica guapa que pasa a mi lado que pararme a mirar a esa chica.

Muchas veces nos quedamos en ese primer vistazo, en la carcasa de las personas sin hacer el esfuerzo de ir más allá… y esto es un grave error. Porque en primer lugar las apariencias muchas veces engañan, y en segundo lugar puedo perder la oportunidad de descubrir el misterio que existe detrás de cada una de las personas. Porque cada una de ellas es única e irrepetible, es un hijo amado de Dios.

Para aprender a amar a las personas. Para descubrir quiénes son en realidad y el misterio y la belleza, o el sufrimiento y el dolor, que se encuentran detrás de esa apariencia. Necesitamos darnos tiempo, pararnos, escuchar, ir más allá… Aprender a mirar bien a esa persona.

Pero como ya hemos dicho, esto a veces no es fácil, ni instantáneo, porque estamos heridos y vivimos en una sociedad que no siempre ayuda a mirar la belleza. Que no anima a mirar más allá, sino que parece remar en sentido totalmente opuesto.

La mirada rota por la pornografía

Por eso aprender a mirar es un trabajo que debemos ir haciendo desde pequeños.

Debemos cuidar nuestra mirada. Este es un punto clave tanto para hombres como para mujeres. Pero los estudios demuestran que los hombres son especialmente visuales y de esto se aprovecha, entre otras, la industria pornográfica.

¿Qué es la pornografía? La pornografía no es ni más ni menos que una industria. Y como toda industria su objetivo es ganar dinero a base de conseguir que cada vez más personas la consuman.

Para ello han estudiado bien el cerebro masculino, sus circuitos neuronales y han aprovechado que la respuesta sexual del hombre está muy conectada con lo visual, para construir imágenes, con la suficiente carga erótica, para que el cerebro y el cuerpo del hombre reaccione. Además, estas imágenes que entran por sus ojos activan el circuito de la adicción y producen tolerancia. De hecho, cuando un chico consume pornografía desde muy temprana edad, cada vez necesita imágenes más fuertes y vejatorias para que su cuerpo reaccione.

Los estudios señalan que la edad media de empezar a consumir pornografía en nuestro país es de los 9-11 años…Y me pregunto, ¿de verdad esos niños de 9 años buscaban ver pornografía? Creo que no. Muchos de los chicos que acaban consumiendo pornografía entraron ahí por equivocación, o en busca de respuestas. Respuestas que no encontraban en otra parte y la pornografía les atrapó. Haciéndoles creer que es así como una mujer y un hombre se relacionan en la intimidad. Pero esto es radicalmente falso. La pornografía es ciencia ficción creada para el cerebro masculino y las mujeres que ahí aparecen son actrices.

Al igual que los hombres son especialmente sensibles a la vista. Las mujeres tenemos una especial sensibilidad para saber cuando alguien nos mira bien o nos mira mal…por eso hay piropos que gustan y otros que no.

Uno de los efectos de la pornografía es que las imágenes que entran por los ojos de los hombres, quieran ellos que no quieran, se van acumulando en su cerebro y esto hace que su mirada cambie. Esos chicos, sin darse cuenta, empiezan a mirar a las mujeres como un objeto al que usar en vez de una persona a la que amar y cuando ese chico, que entró en pornografía por curiosidad, crezca, se enamore y llegue a amar a una mujer de verdad.

Querrá vivir ese momento de intimidad con ella. Pero al ir a vivirlo, esas miles de imágenes acumuladas en su cerebro le impedirán mirar a la mujer como ella necesita ser mirada, le impedirán acariciarla como ella necesita ser acariciada, le impedirán respetarla como ella necesita ser respetada. Así que esa mujer al no sentirse mirada como necesita se protegerá del hombre y se alejará. Dejando al hombre solo e incapacitado para amar a una mujer real. Este es el verdadero efecto de la pornografía. Hombres solos incapaces de amar e incapaces por tanto de llegar a ser felices.

Las mirada limpia, la que Dios quiere para nosotros

Ese no es el plan de Dios para nosotros, Dios tiene un plan mucho más hermoso. Un plan de amor, de entrega, de felicidad. El hombre, como la mujer, no está hecho para placeres pasajeros que acaban dejándole solo e incapacitado para amar y ser feliz. En cambio, estamos hechos para el gran gozo, ese que no acaba, ese que se consigue solo cuando amas de verdad y te entregas a alguien real.

Quizás hoy sea un buen momento para que cambie tu vida, para que cambie tu mirada. Es una maravilla ver el mundo y las personas con ojos limpios, viendo la belleza de las cosas y la grandeza de cada persona, y no sólo ver objetos de deseo. Es precioso tener esa mirada cristiana de la vida. Como dice Jesús: «Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios». El que tiene una mirada limpia, disfruta mucho más y es capaz de ver el verdadero amor por todas partes.

A lo mejor se nos ha ensuciado nuestra mirada porque somos débiles y en este mundo de hoy está muy extendida la pornografía, pero la mirada se puede limpiar y ver el mundo con ojos nuevos. Si uno pone de su parte y pide la gracia de Dios, puede fabricar unos ojos nuevos. Es probable que se sigan ensuciando de vez en cuando, pero poco a poco, con sucesivas lavadas en la Confesión, se acaba recibiendo una mirada de amor.

Cuidemos nuestra mirada, llenémosla de cosas bellas, intentemos descubrir que hay más allá de las apariencias, no nos dejemos engañar por la industria de la pornografía, porque nuestra felicidad está en juego y no lo olvides… Dios te quiere y te quiere feliz.

Rosario Pelayo Torrent

Amar más a Dios y a los demás para encontrar la vocación a la que estamos llamados: ¿De qué habla mi corazón? / Por Rosario Pelayo Torrent


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