¿Qué pecados no serán perdonados? / Responde Jacques Nieuviarts, asuncionista y biblista

Murillo, El retorno del hijo pródigo, Washington D.C., National Gallery of Art.

Camino Católico.-  Hay una palabra enigmática en el Evangelio: Jesús dice que hay un pecado que no será perdonado, el pecado contra el Espíritu. Una internauta pregunta: ¿Qué pecados no serán perdonados? Y en La Croix le responde Jacques Nieuviarts, asuncionista y biblista:

La Biblia dice con fuerza, y de principio al fin, que Dios tiene horror al mal. Y esto es reconfortante para nosotros, porque en lo más profundo de nuestro corazón aspiramos a la justicia. También es bueno para nosotros, y esclarecedor, que la Biblia increpe con fuerza el mal, llamando a hacer el bien. Así, muchas páginas pueden hablar eventualmente de la cólera de Dios, como si fuera necesario gritar esta aversión por el mal para llamar al hombre al bien, y al pecador a vivir.

Entrañas de madre

El retorno del hijo pródigo de Rembrandt.
El retorno del hijo pródigo de Rembrandt.

Ante esto, la Biblia también tiene palabras muy hermosas para hablar de la piedad de Dios, no como de un sentimiento de condescendencia para con el hombre, lo que la palabra piedad nos evoca a menudo, sino como la mayor preocupación de Dios, su viva preocupación por la humanidad que ama.

Para decir esto, la Biblia, tanto en griego como en hebreo, dice que Dios lo siente en sus entrañas, que le duelen las entrañas por ese pueblo, que le afecta en lo más profundo, pues se preocupa por él. Este es el Dios del perdón, del perdón incansable, que “no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta”, y que le llama incansablemente.

Así, en el Evangelio, se ve a Jesús perdonar sin cesar, diciendo cada vez al hombre o a la mujer que perdona “tus pecados te son perdonados; de ahora en adelante, no peques más”. Todos nosotros, un día u otro, hemos estado enfermos o, como decimos, hemos estado mal. Y sabemos lo que es cuando hemos salido de esa situación, ya que de ninguna manera queremos volver a recaer en ese malestar o en ese mal. Sí, el mal es algo malo. Se podrían así enumerar numerosos textos donde Jesús perdona, comunica el perdón de Dios. Perdona al “buen ladrón” en la cruz. Él es el perdón.

Desear el perdón de todo corazón

Sin embargo, hay una palabra enigmática en el Evangelio: Jesús dice que hay un pecado que no será perdonado, el pecado contra el Espíritu. Cito el texto: “En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre ” (Mc 3,28-29). El comienzo de la frase es radiante, y el final, terrible.

Es necesario, entonces, ir a leer el entorno del texto de este versículo, de manera particular esta frase: «”Jesús habla así porque habían dicho: “Está poseído por un espíritu impuro”».

Los escribas tratan a Jesús de Satanás. Y cuando se cambian el bien y el mal hasta este punto, cuando se decide llamar bien al mal, ¿de dónde esperar aún la curación? Se encierra uno en el mal, sin salida. Es lo que dice Jesús. No habla de los que tienen dificultad en creer, o de los que se interrogan sobre la fe, o de los que lealmente optan por no creer. Sino de los que deliberadamente invierten bien y mal. Esta actitud –¡lo sabemos bien!– engendra muerte.

Hay que elegir entre Jesús y Satanás. En la época de los evangelistas, los cristianos lo sabían, pues se les llevaba a la persecución en medio de sarcasmos. No tenían más que una palabra: el encuentro con Jesús salva. Y puede que sea así como se pide el perdón, aunque sea sin palabras, por la apertura del corazón, la sed profunda de todo el ser. Pues nuestro Dios es el Dios del incesante perdón.

Jacques Nieuviarts,

 asuncionista y biblista

Fuente:La Croix
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