Rafael Bersabe se alejó de Dios, se metió en la Nueva Era y ha sido adicto a la pornografía: La Virgen y Cristo le rescataron en Medjugorje”

* «A cualquiera que esté pasando por un mal trago, del tipo que sea, que no intente buscar salidas ni alternativas fuera de la Iglesia o fuera de la fe. Que no se alejen de Dios. Con mi experiencia puedo reafirmar que son ciertas las palabras de Jesús de que Él es el único Camino. Él nos dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Y también dice en otra parte del Evangelio: “Venid a Mí los que andáis cansados y agobiados que Yo os aliviaré, y en Mí encontraréis el descanso para vuestras almas”. No hay mejor compañero que Cristo y la Virgen María para que nos lleven de la mano para salir del pozo, por hondo que sea»

Eukmamie/ Camino Católico)  Rafael Bersabe Delgado nació en una familia católica, fue bautizado y recibió los sacramentos de iniciación cristiana. Se educó en un colegio católico y desde muy joven perteneció al Opus Dei, pero lo dejó por una crisis personal.

Rafa procede de Écija (Sevilla, España), pero llegó a Madrid siendo todavía un joven adolescente. Al comenzar los estudios universitarios, con la crisis personal que vivía terminó apartándole de la Iglesia y de Dios.

Intentó llenar su vacío espiritual introduciéndose en el mundo del yoga y la meditación trascendental que le condujeron muy adentro del mundo de la Nueva Era y de sus peligrosas prácticas: parasicología, astrología, consultas a videntes, tarot, numerología… hasta llegar a convertirse en maestro reiki. Paralelamente desarrolla una adicción por la pornografía. A pesar de todo, la Nueva Era nunca consiguió convencerle de que Cristo fuera un maestro más, un avatar. Él sabía que Cristo era Dios. 

Rafael Bersabe el día de su primera comunión

La muerte de Juan Pablo II en 2005 fue una sacudida que despertó en Rafa la nostalgia de la Iglesia católica. Comenzó entonces un largo camino de retorno, que tuvo un momento culminante en la peregrinación que hizo a Medjugorje en 2011. Conoció entonces a la Renovación Carismática, que le ha ayudado mucho para  hacer un necesario camino de sanación interior. No ha sido fácil, pero ha sentido a su lado la poderosa protección de la Virgen. Después de tantos años de sufrimiento interior, Rafa lo tiene claro: si alguien lo está pasando mal, “que no intente buscar salidas ni alternativas fuera de la Iglesia o fuera de la fe. (…) No hay mejor compañero que Cristo y la Virgen María para que nos lleven de la mano para salir del pozo, por hondo que sea. Y esto es lo que yo quiero transmitir”. Escucha de sus propios labios su testimonio de conversión en el programa “Cambio de Agujas” de H.M. Televisión, que puede verse en el vídeo que ofrecemos. La transcripción de toda la entrevista y el testimonio de Rafa es el siguiente:

– Bienvenidos una vez más a nuestro programa “Cambio de agujas”, hoy tenemos un nuevo testimonio con nosotros, que es Rafa. Hola, Rafa, ¿qué tal?

– Hola Cristina, ¿qué tal?

– Rafa, ¿puedes presentarte?

Me llamo Rafa, tengo cincuenta y ocho años. Nací en Sevilla. Estuve viviendo hasta los siete años en Écija, un pueblo de Sevilla, muy conocido, es donde más calor hace en toda España. Allí estuve estudiando con los salesianos. Tuvimos que emigrar a Madrid por la enfermedad de mi madre y allí, acabada la primaria, entré a estudiar el Bachillerato en un colegio de Vallecas, en concreto en Tajamar, que es una obra corporativa del Opus Dei.

– Rafa, ¿puedes contarnos cómo fue tu infancia? ¿Creciste en un ambiente católico?

– Como he comentado, primeramente con los salesianos en el  pueblo, y luego el bachillerato en este colegio, en Tajamar, fue una educación católica bastante completa e intensa y me sentí bastante acompañado y arropado. Muy a gusto la verdad…

Rafael Bersabe, a la izquierda solo cuando era pequeño y a la derecha junto a su hermano

– ¿Fue difícil el cambio de Sevilla a Madrid?

– Pues sí, un pequeño trauma. Allí estaba muy bien arropado y apreciado en el colegio, y con los vecinos y el ambiente del pueblo. Y aunque Écija es un pueblo grande, porque ya tenía más de 50.000 habitantes, pero no es comparable a venir a un Madrid. Además en pleno centro de Madrid, en mi primer domicilio, cerca de la plaza de España. Entonces para mí fue un cambio drástico, no sólo por el agobio y el estrés que había, sino porque no tenía amigos. Tuve que empezar de cero, tardé varios meses en encontrar un colegio y me costó adaptarme.

– Esta época de instituto ¿cómo fue?

-Fue bastante positiva. En primer lugar porque me gustaba estudiar, se me daban bien los estudios y me ganaba la simpatía de los profesores. Los compañeros también me apreciaban… en gran parte para ponerse a mi lado y copiar en los exámenes. En conjunto me sentía muy a gusto. Llegada la adolescencia conecté con centros del Opus Dei a través del colegio y llegué a ingresar en Opus Dei. Estuve seis años allí, hasta los veinte años.

Pero ocurrió que cuando dejé el Colegio al acabar COU para ingresar en la universidad, tuve un gran problema de adaptación. No me supe adaptar. De hecho, tuve un especie de depresión aquel año. Comenzó una crisis personal que desembocó, no sólo, pero en primer lugar en que la carrera quedó interrumpida. También es verdad que tampoco me ofrecieron la beca que siempre había tenido en el bachillerato.

Mi padre me puso a trabajar. Pero esta crisis también desembocó en que acabé abandonando el Opus Dei. Fue por una crisis personal, no por nada que tuviera que ver con Opus Dei, que al contrario me trataron siempre maravillosamente bien y no tengo más que agradecimiento para con el Opus Dei con el que actualmente mantengo contacto, soy cooperador.

Entonces, al abandonar la Obra, quedó un vacío espiritual en mi interior que yo intenté llenar con temas que en aquella época ya estaban de moda, como el yoga y la meditación trascendental. Estamos hablando de los años 70, a finales. Como yo era muy nervioso, buscaba relajación y equilibrio interior. Pero, al mismo tiempo, me proporcionaron una nueva filosofía que, en cierta medida, me llenaba, porque a raíz de dejar la Obra me fui alejando de la Iglesia, fui dejando de practicar la religión y entonces había que llenar ese vacío de alguna manera.

Con el tiempo empezaron a proliferar en televisión y en radio programas de corte oriental ligados a la espiritualidad de la Nueva Era y la parapsicología. Esto me fue alejando cada vez más de la Iglesia, evidentemente.

Junto a este vacío espiritual, tenía un vacío llamemos “afectivo-emocional”, porque aunque amigos no me faltaban – yo estaba bien relacionado – pero en el fondo anhelaba algo más íntimo, una pareja en mi vida. Y yo siempre fui muy tímido para las relaciones afectivas y también para “ligar”. En la Nueva Era proliferan mucho las consultas a astrólogos, a videntes, el tarot y demás, un poco como camino de autoconocimento – que lo es el tarot, la astrología, la numerología – y otro poco para buscar una respuesta de qué futuro me esperaba, porque estaba bastante angustiado por mi  presente.

Rafael Bersabe en una convivencia de la Nueva Era

Pues me fui metiendo cada vez más en el mundo de los videntes y buscando si iba a tener un futuro mejor. Yo nunca renuncié a creer en Cristo como Dios, aún cuando en la Nueva Era a Cristo se le considera como un “maestro”, como Buda o como pueda ser cualquier otro. Yo nunca comulgaba con eso, es decir, que yo de la Nueva Era cogía sólo lo que me interesaba, evidentemente.

– Y te ayudaba, pero realmente no te llenaba completamente, ¿no?

– No, no, no. Yo nunca fui un “Hijo de Acuario”, como se suele decir, no. Yo siempre tuve mi fe, aunque es verdad que la tuve en el cuarto trastero, porque no practicaba mi religión católica durante esos años, pero nunca apostaté de mi fe. Yo siempre creí en Jesucristo, en Dios, en la Virgen María. Adoraba a Juan Pablo II y viví muy, muy de cerca su pontificado, porque estaba todos los días en televisión y en prensa. Pero era más un fan que un  hijo suyo dentro de la Iglesia católica, porque no iba a Misa no practicaba… Mi fe estaba ahí, pero es verdad que coqueteando con la doctrinas un poco panteístas de la Nueva Era. Pero aún así, podía tener cierto coqueteo o ciertas dudas, pero nunca acepté los postulados de la Nueva Era a este nivel de que Jesucristo era un simple “avatar” o un simple maestro, eso jamás.

– Y entonces, ¿qué pasó después? ¿Hasta qué punto llegaste en la Nueva Era?

– En lo que más llegué a afianzar -estuve en multitud de cursos y convivencias de verano– fue en lo que llaman ellos “vacaciones holísticas”, que además de descansar y hacer excursiones, te daban sesiones de terapia o reiki. Entonces me inicié en el reiki. Aunque me lo tomé con calma, porque tuve cierta dificultad dada mi forma de ser, demasiado analítica y cerebral, tenía dificultad para abrirme a esto de las energías y dejarme un poco fluir como ellos dicen… Yo no acababa de creerme capaz de canalizar energía a través de mis manos. Tuve que repetir muchas veces los cursos, con el consiguiente dinero que me tuve que gastar, porque son bastante caros, son de fin de semana. Hay personas que se inician y llegan a la maestría en un par de años o menos.

Yo tardé seis  años, desde el 98 hasta el 2006, que me hice maestro. Y siendo maestro tuve mis propios alumnos y los inicié en el reiki. A mí el reiki me aportaba mucha relajación, mucha tranquilidad, lo mismo que la meditación o el yoga. Y te llegas a hacer adicto a ello. Cuando llegó mi conversión, gracias a la Virgen María, en Medjugorje, una de las cosas que más me costó romper y cortar con ello fue el reiki, porque estaba  muy enganchado a ello.

Rafael Bersabe en Talleres de la Nueva Era

– Has dicho Medjugorje…

– Sí…

– Cuéntanos…

– Palabra mágica, más que mágica. Para mí es la mayor bendición de mi vida. Bueno, digamos que cuando muere Juan Pablo II, en el 2005, muchas personas tuvimos un vuelco en nuestro corazón, y yo fui una de ellas, que aunque estaba metido en todo esto, sentí una llamada a ir a la parroquia más cercana de donde yo estaba en ese momento cuando me enteré de la noticia. Me sentí llamado a entrar para rezar por el alma de Juan Pablo II. Entonces, a raíz de esto, siento una nostalgia de volver como el hijo pródigo otra vez a la Iglesia. Entonces empiezo a ir algunos domingos a Misa, aunque no me confesaba ni nada, yo seguía en pecado, pero al menos iba algunos domingos a Misa.

También es importante resaltar que junto con la adicción que comenté antes de los videntes, terapeutas y el reiki, también tenía adicción al sexo a través de la pornografía, por esta insatisfacción que sentía de que necesitaba una persona a mi lado y esta persona no aparecía de ninguna forma. Entonces como comenté, estuve con esa con nostalgia de regresar a la Iglesia, estuve así varios años, y ya en el 2010…

Antes de esto, conecté con un grupo católico que tenía también cierta conexión con la Nueva Era. Esto me hizo estar más tiempo anclado en esto, porque sino hubiese cortado antes. Pasan los años  y en el 2010 en un programa que me gustaba que se llama Cuarto Milenio, ponen un reportaje muy completo sobre Medjugorje. Estuvieron invitados en el plató: Jesús García, periodista autor del libro de Medjugorje y María Vallejo Nágera. Me impactó profundamente todo lo que se dijo en este programa. Esto fue en septiembre de 2010 y fue realmente la Providencia, dado que yo tenía la televisión apagada en ese momento. Fue un amigo mío hablando conmigo por teléfono que me dice, que además también encima era ateo, y me dice: “Mira tengo la televisión puesta y parece que hablan algo de la Virgen en Cuarto Milenio, por si te interesa”.

Entonces yo nada más colgar con este hombre puse la televisión. Ya había terminado el programa, qué casualidad, pero lo pude recuperar a través de internet. Pero si no es por este amigo, yo no me entero de que estaba el tema de Medjugorje.

Al mes siguiente de esto, en octubre, en un centro de yoga, conozco a un chico con el cual hice una amistad muy especial y resulta que él tenía un camino similar al mío: era católico y estaba metido hasta las cejas en la Nueva Era. Me dijo que en noviembre se marchaba a Medjugorje, que sentía que tenía que ir allí, yo me quedé muy asombrado pero le animé a que fuera,  y resulta que vino totalmente transformado, tal como yo lo había pronosticado.

Eso me puso a mí los dientes largos. Dije: “Yo tengo que ir a Medjugorje”. Y seis meses después en el verano siguiente, en el 2011, me marché a Medjugorje. Procuré ir bien preparado, porque él lo pasó un poco mal hasta que se confesó, y yo -como no quería pasarlo mal- intenté ir con todo hecho, bien confesado.

A través de ese amigo conocí a su confesor y la Renovación Carismática en la que ellos estaban conectados. Desde entonces estoy conectado a este movimiento, a la Renovación Carismática, y también tengo conexión con el Opus Dei. Y me siento muy feliz, me siento totalmente rescatado y sanado por el Señor. Ha sido un proceso desde el 2011 para acá. Sobre todo el primer año fue muy duro, porque romper con todo lo anterior no fue nada fácil. Pero la verdad es que la gracia ha estado ahí y he estado además muy ayudado por estos movimientos, a los cuales -en parte iba a decir que yo acudí- pero el Señor me los puso en bandeja. Yo sabía que no podía estar viviendo mi catolicismo en soledad, porque me podía pasar como en el pasado, que cada vez que volvía a la Iglesia me volvía a marchar porque no tenía un anclaje y dónde agarrarme bien.

– ¿Para ti no fue difícil Medjugorje?

– Para mí no, pero sí fue una experiencia muy intensa, porque lo que me ocurrió allí fue lo que llaman el don de lágrimas. Íbamos todas las tardes a la explanada al aire libre, fue en un verano muy caluroso. Tienen el santo rosario, luego tienen la Santa Misa concelebrada y luego la adoración. Fue entrar allí, en el rosario, con todo el calor sofocante… No sé qué me pasaba por dentro, que me sentía totalmente removido, y me ponía a llorar desconsoladamente… Un llanto, totalmente… como que ¡vamos!, que yo sólo he llorado así cuando era pequeñito… Cuando era pequeño y tu padre te riñe o tu madre te pega, pues uno llora… y yo nunca había llorado así.

Y todos los días nada más entrar allí era como pasar a otra dimensión, parecía mágico aquello. Estaba claro que me estaba moviendo a contrición, y me estaba limpiando de toda mi vida anterior. Eso fue lo más espectacular que me ocurrió. Aparte de que me acuerdo que dentro de la iglesia, no me acuerdo como llaman la iglesia de allí que llevan los franciscanos, pues hay una capilla lateral de la Virgen que es una imagen preciosa. Yo no sé qué me pasaba con esa imagen, que estaba atraído como por un imán. Me tiraba horas y oras rezando allí. Bueno, no puedo describir con palabras las sensaciones que allí me hacía pasar la Virgen. Sentía que la Virgen… no me lo decía con palabras…

– No escuchabas…

– No eran locuciones internas como las que tienen los santos, pero a mi mente llegaba esa sensación, como si la Virgen me estuviese diciendo: No te preocupes que no vas a volver a las andadas como antes, porque Yo ya te he rescatado y de mi mano no te arrebata nadie.

– ¡Que Madre más buena!

– Sí, yo sentí claramente que me decía eso, que me transmitía eso.

– ¿Y ahora Rafa?

– Y ahora bueno, pues como he dicho, el camino ha sido difícil, pero cada año he estado mejor. Al año siguiente de ir a Medjugorje fui a Lourdes, porque con mi grupo carismático vamos todos los años en verano, en agosto. Y la Virgen ha tenido también caricias conmigo allí, en Lourdes, sobre todo el primer año. Yo siempre le decía a todo el mundo que como Medjugore no hay nada, Medjugorje es el no va más, y la Virgen diría: “Sí, sí, pues ahora te vas a enterar. En Lourdes también te tengo preparado una sorpresa”. Efectivamente, y entonces… pues la verdad, me siento super feliz.

– Rafa, ¿quieres decir algo a los que nos están viendo y escuchando y que quizá están pasando por algo similar?

– Pues yo diría a cualquiera que esté pasando por un mal trago, del tipo que sea, que no intente buscar salidas ni alternativas fuera de la Iglesia o fuera de la fe. Que no se alejen de Dios. Con mi experiencia puedo reafirmar que son ciertas las palabras de Jesús de que Él es el único Camino. Él nos dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Y también dice en otra parte del Evangelio: “Venid a Mí los que andáis cansados y agobiados que Yo os aliviaré, y en Mí encontraréis el descanso para vuestras almas”.

Y es cierto, porque yo he visto que la verdadera sanación la he tenido en el seno de la Iglesia, en concreto, a través de la Renovación Carismática que tiene muchas herramientas en este terreno, y entonces la sanación, la paz interior, y el salir adelante. No hay mejor compañero que Cristo y la Virgen María para que nos lleven de la mano para salir del pozo, por hondo que sea. Y esto es lo que yo quiero transmitir.

– Rafa muchísimas gracias por tu testimonio, estamos seguros de que puede ayudar a mucha gente. Esperamos que a más de uno, por supuestísimo, y muchas gracias por acompañarnos aquí.

– Gracias igualmente Cristina, y por la labor tan buena que hacéis.

Fuente:Eukmamie
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