Reliquias del padre Pío y del padre Leopoldo Mandic llevadas en procesión a la basílica de San Pedro para el Jubileo

Valentina d’Andrea, una de las peregrinas que ha participado en la procesión afirma que «mi fe nació cuando era pequeña porque mi madre, mi familia, es devota del Padre Pío. Mi madre siempre hacía la peregrinación y yo iba con ella. Se transmite de generación en generación y cuando una atraviesa momentos difíciles siempre se refugia en la fe”

6 de febrero de 2016.- (13 TV  / Camino católico)  Cientos de personas acompañaron a las reliquias de San Leopoldo de Mandic y del Padre Pío por las calles de Roma la tarde del viernes 5 de febrero. El Papa escogió a estos dos santos como ejemplos de confesores durante este Jubileo de la Misericordia y pidió que sus restos estuvieran expuestos en la basílica de San Pedro.

En un clima de extraordinario recogimiento y devoción, decenas de peregrinos participaron en la procesión que hizo una primera parada en la plaza de San Pedro. Allí, se proclamó el Evangelio de las Bienaventuranzas y el cardenal Angelo Comastri, vicario para la diócesis de Roma, repasó la vida de ambos santos. Recordó que vivieron plenamente las bienaventuranzas y que a través de ellos muchas personas se encontraron con la misericordia de Dios. 

Al caer la tarde, y de nuevo en procesión, los cuerpos de ambos santos se trasladaron a la basílica de San Pedro donde permanecerán hasta el día 11.

Varias de los centenares de personas que participaron en la procesión por las calles de Roma son peregrinos devotos del Padre Pío de Italia, España, Irlanda o hasta de Polonia. Juntos, crearon un pasillo humano de varios kilómetros. 

Roman Rusek explica que “he venido con 600 peregrinos polacos  que dirigen grupos de oración en varios lugares de Polonia. Hemos tardado dos horas en avión y luego hemos tomado un autobús. Vinimos para honorar al Padre Pio y decirle que somos sus hijos espirituales”.

La historia de este fraile italiano del siglo XX quizá no aparezca en los libros de historia. Pero muchos lo consideran como alguien que ha cambiado sus vidas, como Valentina d’Andrea que afirma que «mi fe nació cuando era pequeña porque mi madre, mi familia, es devota del Padre Pío. Mi madre siempre hacía la peregrinación y yo iba con ella. Se transmite de generación en generación y cuando una atraviesa momentos difíciles siempre se refugia en la fe”.

Mercedes Vicente dice que «lo conocí través del Padre Antonio Pesquera, que era discípulo del Padre Pío y me contó cantidad de maravillas que había vivido con él, me inculcó en la fe del Padre Pío, me regaló una película, un libro de su vida y todo empezó a partir de ahí. Le tengo mucha devoción porque le he pedido cosas y, de cara a la gente puede ser casualidad, pero de cara a mi experiencia hay un poquito de milagro. Un poquito de la mano del Padre Pío está detrás”.

Con los restos de Padre Pío llegan también a Roma las historias de sus milagros y peticiones escuchadas. Sonia Paladini dice que una vez soñó que le hablaba: «He soñado algo que no he conseguido descifrar: estaba en una silla y se giraba y me decía serio, muy serio, cuatro más cuatro. Todavía no he conseguido comprender qué significaba, si ya ha pasado o va a pasar, pero estaba muy serio”.

Historias y emociones sobre un fraile sencillo que se han reunido durante unas horas para dar gracias o pedir ayuda a este santo que no salió de su pequeña aldea, pero que es conocido en todo el mundo.

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