Rubén Pérez, sacerdote fallecido por la explosión de la Parroquia de la Paloma de Madrid predicaba: «Os invito a mirar al Señor, a confiar en Él, a no dudar de su amor»

* «Os invito a que cuando vengan las dificultades, cuando vengan las dudas gritemos al Señor: ¡Señor, si tú estás aquí, si has estado siempre, si no me has abandonado,  manifiéstate, ayúdame, sácame de la angustia! Porque así experimentarás que Dios es tu tranquilidad… Que podamos experimentar la alegría de que el Señor está con nosotros»

Camino Católico.- El sacerdote Rubén Pérez Ayala de 36 años de edad ha fallecido la madrugada de este jueves 20 de enero de 2021 en el hospital de La Paz como consecuencia de las graves heridas sufridas durante la explosión producida por una supuesta fuga de gas en un edificio parroquial de la Iglesia Virgen de la Paloma, ubicado en el número 98 de la madrileña calle Toledo.

En el momento de la detonación, el sacerdote también se encontraba junto a David Santos, un joven electricista de 34 años y padre de cuatro hijos, que también perdió la vida. Al parecer, ambos estaban revisando un desperfecto en una caldera de este edificio propiedad de la parroquia en la que funcionaba una casa sacerdotal, un local de Cáritas y varios salones parroquiales. Tanto Rubén Pérez como David Santos pertenecían al Camino Neocatecumenal.

Según informó el Arzobispado de Madrid a primera hora de este jueves, el sacerdote falleció a las 1:42 horas como consecuencia de las heridas y las hemorragias internas producidas por la explosión. Rubén era el segundo de cinco hermanos. El que le seguía, Pablo Pérez, también es sacerdote. A última hora del miércoles y ante la gravedad de las heridas que sufría su hermano, Pablo le había dado la unción de los enfermos.

En el entorno del religioso explicaban el miércoles a que se encontraba en estado «crítico». Tenía numerosas fracturas y la pelvis destrozada, se encontraba intubado y los médicos intentaban estabilizarlo para poder llevarlo quirófano. «Rubén está en la UCI por la gran explosión del edificio de Madrid y van a operarle ahora de urgencia. Viví con el un año en tierra santa. Rezar por él para que salga vivo», decía uno de sus amigos a través de Twitter. El sacerdote, que también presentaba una hemorragia interna, fue operado finalmente en el Hospital de La Paz. Sin embargo, Fue llevado de madrugada a quirófano a una segunda operación por una hemorragia y falleció. A Rubén Pérez de se le dio en principio por desaparecido, pero logró salir del edificio semiderruido por su propio pie y fue evacuado en una ambulancia.

Con la muerte del sacerdote se elevan a cuatro los fallecidos en este fatal accidente. La explosión también se llevó por delante la vida de dos personas que estaban paseando por la calle. Javier Gandía, de 45 años, un albañil que trabajaba en el edificio de enfrente y vecino de La Puebla de Almoradiel, un pueblo de 5.000 vecinos de Toledo. Estaba casado y tenía dos hijos. Según su alcalde, acudía casi a diario a trabajar a la capital. “Todos los vecinos estamos hechos polvo”. El cuarto y último fallecido es Ivanov Korhev, un ciudadano de origen búlgaro, también se encontraba en la calle de Toledo número 98. Este jueves habría cumplido 47 años..

Rubén Pérez Ayala se formó en el seminario Redemptoris Mater de Madrid. «He tenido la experiencia a lo largo de este tiempo de seminario de que la felicidad no está en vivirlo todo para uno mismo, sino en donarse a los demás», aseguraba en una entrevista sobre su vocación en la web del Arzobispado el año anterior.

El padre Rubén era madrileño y se había ordenado sacerdote a finales del mes de junio del año pasado en la catedral de la Almudena, muy cerca de donde se produjo este miércoles la explosión de gas. Un día después, celebró su primera misa en la parroquia de la Virgen de La Paloma. «Estoy contento de esto que hace el Señor conmigo», dijo entonces. Sus feligreses destacaban este miércoles, además de su bonhomía, su sentido del humor. «Rubén es muy campechano. Muy cercano. Muy agudo», aseguraron.

El testimonio vocacional de Rubén

Camino Católico publicó el testimonio vocacional de Rubén  Pérez Ayala en el verano de 2019 cuando el 16 de junio fue ordenado diácono de manos del cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en la catedral de Santa María la Real de la Almudena, junto a una veintena de compañeros del Seminario Conciliar y del Redemptoris Mater.

Rubén aseguraba entonces que iba a cumplir, por fin, el sueño de su vida: «Cuando era más joven, por dentro estaba en un combate interno muy fuerte; tenía muchos problemas». Un pasaje que le llevó a vivir mucho tiempo sin esperanza, «en una tristeza e insatisfacción grandes». Sin embargo, «me he encontrado a lo largo de mi vida con varios sacerdotes que me han ayudado», y siempre «me intrigaba su forma de vivir y la alegría que tenían», reconoce.

En cada una de sus palabras, Pérez dejaba un poso de Dios, el mismo que le llevó a dejarlo todo por amor. «Él se valió de la Misión Joven para encontrarse conmigo. Yo, que era un cobarde y nunca me atrevía a decirles a mis amigos que iba a la Iglesia, fui enviado a dar la experiencia a varios colegios de Madrid». Y ahí, poco a poco, el Señor le fue cambiando el corazón. «Veía que Él me daba alegría, y en una confesión experimenté el amor de Dios, que no tenía en cuenta mis pecados y que me amaba profundamente. Mi vida cambió de manera radical: podía estar contento y ser feliz». Y así, continuó caminando con su comunidad. Y en un proceso que duró años, «fui viendo que el Señor me iba llamando a una vocación que no era la que yo me esperaba».

«He tenido la experiencia a lo largo de este tiempo de seminario de que la felicidad no está en vivirlo todo para uno mismo, sino en donarse a los demás». Una actitud de servicio que guarda a fuego en lo más hondo de su alma: «Solo cuando me di cuenta de que Cristo me llamaba a entregar toda mi vida sin guardarme nada para mí, fui capaz de vivirlo con alegría». Cuando te entregas a Cristo y a los demás, destaca, «vives mejor».

El seminarista descansa su mirada en la cruz y sustenta cada uno de sus pasos en la fuerza de la oración. «Cuando miro la cruz, veo que es Cristo el que se ha dejado matar por amor a mí. Aunque no siempre es fácil mirar a la cruz. En los últimos tiempos, me he encontrado con dificultades, con gente cercana que está sufriendo mucho, y a los que la cruz se les hace muy patente». Pero «si te das cuenta de que Cristo está contigo en ese sufrimiento y en esa cruz», confiesa, «empiezas a vivirlo como el lugar de encuentro con el amor de Dios». Una cuenta, sin duda alguna, con un denominador común: «Cuando quitas a Cristo de la ecuación, todo se vuelve un sinsentido».

La parroquia de Virgen de la Paloma era el primer destino como sacerdote de Pérez Ayala. En su primera Misa el pasado mes de junio predicó: «Os invito a mirar al Señor, a confiar en Él, a no dudar de su amor, a que cuando vengan las dificultades, cuando vengan las dudas gritemos al Señor: ¡Señor, si tú estás aquí, si has estado siempre, si no me has abandonado,  manifiéstate, ayúdame, sácame de la angustia! Porque así experimentarás que Dios es tu tranquilidad… Que podamos experimentar la alegría de que el Señor está con nosotros», aseveró. Puede visualizarse y escucharse esta homilía en el siguiente video:

El testimonio en la pandemia

Hace tan sólo unos meses el padre Rubén, entonces diácono, junto al resto de sacerdotes de la parroquia de la Virgen de La Paloma animaban a este céntrico barrio de Madrid durante el confinamiento domiciliario. Desde los balcones ya inexistentes del edificio parroquial y comandados por su párroco, Gabriel Benedicto, ahora también vicario de la Vicaría VI, hacían conciertos para los vecinos, tocaban sus guitarras y con un potente altavoz exhortaban a los vecinos a no tener miedo.

Estas actuaciones diarias ayudaron a atraer a muchos vecinos a la parroquia y acercarse a una Iglesia Católica que les podía parecer distante. De hecho, Rubén, Gabriel, Alejandro y el resto de sacerdotes atrajeron la atención de medios de comunicación nacionales e internacionales.

Fueron un bálsamo en medio del sufrimiento. Según contaba el párroco a Catholic News, al principio atendían a la gente desde la distancia hasta que comenzaron los conocidos aplausos sanitarios a las 20 horas. Y estos sacerdotes decidieron que también ahí podían hacer algo para ayudar, y comenzaron a interpretar canciones populares y religiosas con sus altavoces.

 “Un sacerdote me dijo: ‘¡Oye, tenemos que cantar!’ Y yo dije: ‘Sí. Mañana debemos cantar’, porque fue este sentimiento espontáneo que surgió del corazón”, contaba el padre Gabriel Benedicto.

Telegrama del Papa Francisco

El Papa Francisco se ha hecho eco del suceso en Madrid y ha querido enviar un telegrama a través del cardenal Parolin, secretario de Estado del Vaticano, al arzobispo de Madrid.

“El Santo Padre, tras conocer la dolorosa noticia de la grave explosión ocurrida en un edificio de la calle Toledo en Madrid, desea hacer llegar a vuestra eminencia, al clero y a todos los hijos de ese amado pueblo su cercanía y afecto en estos duros momentos. Así mismo, su Santidad eleva oraciones al Señor y encomienda muy especialmente a su misericordia el eterno descanso de las víctimas, así como a los heridos y a sus familias. El Papa Francisco, invocando la maternal intercesión de Nuestra Señora de la Almudena, les imparte de corazón la confortadora bendición apostólica, como signo de esperanza cristiana en el señor resucitado”, afirma el telegrama vaticano.

A Rubén Pérez Ayala, 34 años, Cristo lo llamó al sacerdocio después de vivir mucho tiempo «en una tristeza e insatisfacción grandes. En una confesión experimenté el amor de Dios»


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