Rubén Reyes y Patricia Aranguren, padres peruanos de quintillizos: “Si no hubiéramos tenido a Dios de nuestro lado y sin conocerlo, creo que hubiéramos abortado”

* A los dos meses de embarazo uno de los bebés falleció espontáneamente, tras lo que el médico les recomendó abortar tres bebés para que se salvaran al menos otros dos, o asumir la posible pérdida de todos

* “En comunión mi esposo y yo, rezando, decidimos continuar con el embarazo, decirle ¡sí a la vida!, ¡sí a los planes de Dios!, porque si Dios había decidido que yo concibiera seis niños, Él era el único que podía decidir si nacían o morían”

* El embarazo se produjo gracias a un tratamiento natural de estimulación ovárica, en coherencia a sus convicciones católicas contrarias a la fecundación in vitro

22 de marzo de 2013.- (ACI / Camino Católico) Rubén Reyes y Patricia Aranguren, un matrimonio católico peruano, que participará en la Marcha por la Vida 2013 del 23 de marzo, -a los 9 a.m., en la Av de la Peruanidad, (Campo de Marte) en Lima Perú-, han asegurado que de no haber tenido “a Dios de nuestro lado y sin conocerlo, creo que hubiéramos abortado”. El matrimonio se conoció en el Camino Neocatecumenal, se casaron, pero durante sus primeros cinco años de matrimonio tuvieron dificultades para tener hijos. Residen en la ciudad de Pisco al sur de Lima, localidad que en el año 2007 fue golpeada por uno de los terremotos más fuertes que ha afectado al Perú en los últimos años.

“Todos esos años fue un tiempo bueno porque nos permitió conocernos como personas, que nuestro amor se consolide en el matrimonio y que podamos estar unidos al Señor, quien nunca nos dejó desamparados”, afirma Rubén.

La decisión de continuar el embarazo la tomaron rezando

Inicialmente consideraron la adopción, pero en un último intento, gracias a un tratamiento natural de estimulación ovárica, en coherencia a sus convicciones católicas contrarias a la fecundación in vitro, Patricia resultó embarazada de seis bebés a mediados de 2008. “Cuando nos enteramos fue una sorpresa, algo que jamás en la vida imaginaba que me iba a suceder a mí”, recuerda Patricia.

Lamentablemente, a los dos meses uno de los bebés falleció espontáneamente, tras lo que el médico les recomendó abortar tres bebés para que se salvaran al menos otros dos, o asumir la posible pérdida de todos. Patricia recuerda el impacto que tuvo por el trato del facultativo: “Me impresionó que me dijera que me trataba como una hija y que me ofreciera un aborto, me dijo que me iban a pinchar con un agujita, que era algo tan simple y que de los seis bebés, tenía que elegir porque era mejor que sólo tenga un hijo o dos, a no tener ninguno”. El matrimonio decidió no regresar más a esa clínica.

“En comunión mi esposo y yo, rezando, decidimos continuar con el embarazo, decirle ¡sí a la vida!, ¡sí a los planes de Dios!, porque si Dios había decidido que yo concibiera seis niños, Él era el único que podía decidir si nacían o morían. Le pedimos un hijo a Dios y nos mandó seis”, dice Patricia.

Patricia señala que “nosotros como matrimonio católico no íbamos a hacer nada para eliminar esas vidas. Decidimos dejar todo en manos de Dios, teníamos fe que el Señor nos iba a conceder los hijos que Él quisiera para nosotros. Si no hubiéramos  tenido a Dios de nuestro lado y sin conocerlo, creo que hubiéramos abortado. Si Dios me los quitaba me iba a dar de nuevo la posibilidad de ser madre, y Él nos sostuvo durante todo el embarazo”.

Apoyo familiar

“Al no crecer el sexto bebé, dio más espacio para que puedan nacer los demás, ese hermanito se sacrificó por sus otros hermanos”, dice Rubén, quien además resalta la importancia del apoyo familiar que ambos recibieron durante el embarazo y que aún siguen recibiendo en el cuidado de los niños. “Nuestras familias son católicas y nadie jamás pensó en desalentarnos. Nos daban ánimo para aceptar la voluntad de Dios porque si él nos había concedido el don de ser padres no nos lo iba a quitar. Nos abandonamos a su voluntad y nunca nos dejó defraudados”.

Al terminar el quinto mes, Patricia fue hospitalizada porque corría el riesgo de un parto prematuro y permaneció en reposo hasta el momento del parto, recibiendo el sacramento de la Eucaristía a diario ante una imagen de la Virgen María y el Niño Jesús que luego llevaron a casa. El 15 de enero de 2009 los quintillizos nacieron a los siete meses de gestación.

Rubén asegura que “nosotros todos los días rezamos y le damos gracias a Dios por ese regalo que nos dio, ese milagro de nuestros hijos. Cada uno de nosotros los mira y vemos la obra de Dios, una obra palpable y concreta”.

Gabriel es tierno, preguntón y cercano; Leandro es el“flojo” que no teme a nada; Berenice es inquieta y“aprendió a hablar más rápido que sus hermanos”; Melania es la líder extrovertida “especialista en alborotos” que “jala a la gente”; y Fernando es el“renegón” del hogar.

El día a día de los Reyes-Aranguren

Los esposos Reyes trabajan fuera de casa y a las 6:30 a.m. ya están listos para salir y tienen un momento de oración en pareja antes de despertar a sus hijos.

El matrimonio explica que “nuestro día a día es cansado y muchas veces la paciencia se agota”. Fernando, Melania, Leandro, Berenice y Gabriel “son niños de cuatro años, son inquietos, son un vendaval. Pero ya nos hemos adaptado y ya tenemos las funciones definidas, cada uno sabe lo que tiene que hacer.  Dos primas de Patty nos apoyan en la casa, tenemos familiares y personas que nos han ayudado siempre y sobre todo el Señor quien nos ha provisto y nos ha llamado a la humildad”.

“Los niños son muy inquietos, toman su leche, o jugo, comen un pan, descansan un rato, juegan y duermen después de almuerzo. Luego se levantan a las cuatro de la tarde, juegan a la ronda, y cuando yo llego del trabajo se les baña”,afirma la madre.

Cuando Rubén llega a las siete de la noche, juntos en familia “cenamos, luego la leche, cantan con su papá acompañados de la guitarra y duermen, si salimos debe ser un sábado cuando Rubén y yo no trabajamos y van con nosotros mis primas, mis sobrinas que nos ayudan”, cuenta Patricia.

Rubén resalta que “el que manda a dormir soy yo, porque a Patricia no le hacen caso (risas), pero antes rezamos al ángel de la guarda antes de dormir. Cuidarlos es bien estresante, hay que tener bastante paciencia con ellos porque son bien inquietos”.

Abandonados en Dios

La pareja admite que la fe y su catolicismo los mantuvo unidos en los difíciles momentos previos a la paternidad y vivieron aferrados a “la cruz, viendo que Dios todo lo hace bien, aunque en un momento no se entienda”, explica Patricia.

“Dios nos enseñó en la Iglesia a formarnos como esposos, como hijos, y ahora como padres que es difícil con tantos niños, pero siempre Él nos ha provisto, y hay ángeles que nos quieren ayudar (económicamente)”,afirma Rubén. Los niños con ayuda de las Hermanas de las Hijas de la Caridad irán a la escuela este año. “A veces las personas me preguntan cómo haces (económicamente) y yo respondo, no sé”, comenta Rubén que junto a Patricia están agradecidos porque tienen trabajo.

Patricia reflexiona que “en la actualidad hay muchos problemas para el embarazo porque la mujer ya no se casa tan joven, quiere universidad, trabajar, viajar, y cuando hace todo eso recién se quieren casar y eso hace que sea más difícil poder concebir y sufren”.

Por su parte, Rubén exhorta a los esposos que “le demuestren a sus esposas que las aman apoyándolas, cuando existe una situación que no se puede tener bebés, nunca reclamarle nada a la mujer, siempre demostrarle que uno se casó enamorado pensando en el amor. En los problemas es cuando se nota que uno ama, y deben dejarse abandonar por Dios, dejar que el lleve la historia y que nos de lo que necesitamos en el momento preciso”.

Patricia exhorta a las mujeres que estén tentadas a someterse a un método de reproducción asistida o a un aborto, a “que se acerquen a la Iglesia, que se acerquen a Dios, ya que el sufrimiento con Dios es diferente y llevadero. Por temor muchas veces pueden seguir el mal camino. Por eso, las animo a decirle sí a la vida, sí a los planes y a la voluntad de Dios”.

Participan en la marcha por la vida

 Rubén y Patricia Reyes, participan en la Marcha por la Vida que se realiza en Lima, Perú, el sábado 23 de marzo. «Estamos contentos y entusiasmados de poder participar, mis hijos son un milagro de Dios. Decir si la vida es aceptar lo bueno de Dios, si mis cinco hijos no hubieran nacidos sanitos, igual los hubiera amado, por eso siempre con Rubén y con mis hijos vamos a hablar bien Dios «, afirma Patricia

La familia Reyes Aranguren llegarán a Lima un día antes de la Marcha puesto que desde la ciudad de Pisco en la que viven se tardan cuatro horas en llar en bus hasta la capital.

«Estamos interesados en ir, sobretodo porque estamos en un época donde tenemos que ser como una luz que anuncia a Dios, si la gente no lo conoce es bueno que sepan que deben confiar en él para poder guiarnos en la vida, como esa luz que nos guía»,expresa Patricia.

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