Seconde, niño nigeriano, pide al Papa ante unos 400 de niños que rece por sus familiares, que «se han ido al Cielo. Murieron en el mar»

También estaba la directora de un colegio que ha entregado a Francisco una colecta para los niños de Lesbos y una carta, firmada por sus alumnos, que ha leído el cardenal Ravasi. «Nosotros, niños, prometemos que acogeremos a quien llegue a nuestro país, no consideramos nunca un enemigo peligroso a quien tiene un color de piel diferentes, habla una lengua diferente o profesa otra religión»

1 de junio de 2016.- (13 TV  / Camino católico)  El Papa Francisco se ha acercó este pasado fin de semana a la realidad de la inmigración desde los ojos de los niños. El sábado 28 de mayo en el Vaticano, el Santo Padre ha recibido a unos 400 niños de distintas etnias y religiones que han llegado hasta allí procedentes de la región italiana de Calabria, a bordo del Tren de los niños. Se trata de una iniciativa anual organizada por el Pontificio Consejo de la Cultura, que este año lleva por tema «Traídos por las olas».

El pequeño Seconde, un niño de Nigeria, ha pedido al Papa que rece por su familia y sus amigos: «Buenos días, Papa. Buenos días a todos. Me llamo Seconde, vengo de Nigeria. Quiero pedir al Papa que rece por mi familia, y por mis amigos, que se han ido al Cielo. Murieron en el mar”. 

No consideremos un enemigo a quien viene

Para recibir y acoger a los niños del tren, estaban los niños de la Asociación Juan XXIII y la Orquesta infantil Quattrocanti. También estaba la directora de un colegio que ha entregado a Francisco una colecta para los niños de Lesbos y una carta, firmada por sus alumnos, que ha leído el cardenal Ravasi. «Nosotros, niños, prometemos que acogeremos a quien llegue a nuestro país, no consideramos nunca un enemigo peligroso a quien tiene un color de piel diferentes, habla una lengua diferente o profesa otra religión», se lee en la misiva de los niños.

El Santo Padre ha escuchado, ha sonreído y se ha conmovido. Le han enseñado el dibujo de un niño: con el sol, el mar, las olas que se mueven. «Olas que pueden hacer que la gente muera», ha comentado uno de los pequeños allí presente.

Niños en el cielo

Al respecto de esta difícil realidad, el Pontífice ha mostrado a los niños un chaleco que le regalaron esta semana en la audiencia general unos socorristas voluntarios que trabajan en Lesbos. Y ha explicado a los pequeños: «Me ha traído este chaleco y llorando un poco me ha dicho: “Padre, no pude. Había una niña en las olas, pero no pude salvarla. Solo quedó el chaleco”».

El Santo Padre les ha mostrado el chaleco de esa niña y ha añadido que «no quiere entristeceros, pero vosotros sois valientes y conocéis la verdad». Recordando que son muchas las personas que están en peligro les ha invitado a «dar un nombre» a la niña que murió en el mar, con ese chaleco. «Ella está en el cielo, ella nos mira», ha asegurado.

La «injusticia» de «unos bestias»

Los niños han asegurado que es «una injusticia» que no se deje pasar a los inmigrantes. Y uno de los pequeños ha definido a los responsables de esto como «bestias». El Santo Padre con ternura le ha explicado que «una persona que cierra y corazón no tiene corazón humano, porque no deja pasar, tiene un corazón de animal, digamos, como una bestia, que no entiende». Por eso les ha recordado palabras como «paz, fraternidad, compasión, bien, igualdad, acogida».

Finalmente, una niña ha preguntado al papa Francisco qué es para él «ser Papa». «Significa –ha respondido– hacer el bien que yo puedo hacer». De este modo, ha concluido indicando que él siente que Jesús «me ha llamado para esto». Jesús ha querido, ha precisado el Pontífice, que yo fuera cristiano, y un cristiano debe hacer esto. Y también Jesús ha querido que yo fuera sacerdote, obispo y un sacerdote y un obispo deben hacer esto. Yo siento que Jesús me dice que haga esto.

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