Sor Evelyn, monja dominica contemplativa: «Me convertí del protestantismo al catolicismo, era azafata, tenía una vida lujosa, nada me llenaba. Quise vivir toda mi vida por Dios»

* «No era sólo hacer algo bueno, como una obra de caridad, sino ofrecer toda mi vida en unión con Jesús… Cuando doy la respuesta a Dios y me pongo de acuerdo con su voluntad, me siento feliz Soy una pecadora, pero Dios quiere que yo haga como un centinela ante el mundo para decir “Dios está, hay Dios, hay eternidad”. No tengo que hablar mucho, pero la existencia de una monja de clausura puede hacer más que si estoy en el mundo, por su vida de oración, por su vida de caridad con sus hermanas… Y aunque mucha gente ni entiende nuestra vocación ni sabe nuestra existencia, la vocación de la monja de clausura en el monasterio es como el corazón de un hombre, no se ve como las manos, los ojos… pero es vital para que el hombre viva»

Camino Católico.-  Después de 30 años sin recibir ninguna vocación, las dominicas contemplativas del monasterio de Santo Domingo el Real de Segovia celebraron por todo lo alto el pasado fin de semana los votos perpetuos de sor Evelyn del Niño Jesús, una nueva religiosa conversa al catolicismo. La nueva monja procede de Singapur, un minúsculo país asiático y avanzado con una renta per cápita que dobla a la de España. En su tierra dejó un gran trabajo y numerosos lujos para ingresar en un convento de clausura para dedicar su vida a la oración.  Fue Santa Teresa de Jesús quien aseguró que “Dios escribe recto con renglones torcidos”; y el caso de sor Evelyn del Niño Jesús es un claro ejemplo del vuelco que da la vida a quienes deciden aceptar la llamada a la vocación religiosa.

Nacida en Singapur, sor Evelyn lleva ya en Segovia tres años, desde que en enero de 2018 realizó la profesión temporal ante la comunidad que hoy la recibe como integrante efectiva. Su vocación surge de forma espontánea desde su trabajo como azafata de vuelo en una de las líneas aéreas más importantes de su país. “Tenía toda la vida lujosa que quería, pero me di cuenta de que nada podía realmente llenarme”, asegura la religiosa a El Adelantado de Segovia, y reconoce que a lo largo de subida “siempre buscaba a Dios, buscaba la verdad, aunque no era muy religiosa”.

Dos niñas arrojan pétalos de flores sobre sor Evelyn del Niño Jesús, en uno de los momentos más emotivos del ritual de la profesión de los votos perpetuos

Tras convertirse a la fe católica desde el protestantismo, gracias a un amigo católico, la religiosa comenzó a entender que “quería vivir toda mi vida por Dios, no era sólo hacer algo bueno, como una obra de caridad, sino ofrecer toda mi vida en unión con Jesús” y decidió dar el paso a la vida religiosa. “En principio, pensaba que iba a ser una monja carmelita porque tenemos solo un monasterio de las Carmelitas en Singapur –explica sor Evelyn– pero como azafata y también viajaba mucho en vacaciones, estaba en la Iglesia de Santa María de Minerva de Roma muchas veces, donde rezaba mucho delante de Santa Catalina de Siena, donde está enterrada en la iglesia. Con la ayuda de las hermanas de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta, me presentaron al padre dominico que celebraba la misa con ellas todos los días, y así, conocí a los dominicos españoles en Singapur, uno de ellos de Segovia, que me presentaron a las monjas dominicas”.

Para la religiosa, lo más atrayente de esta vida a la que hoy se consagra definitivamente se resume en una palabra: Dios. Y así lo justifica: “Cuando doy la respuesta a Dios y me pongo de acuerdo con su voluntad, me siento feliz Soy una pecadora, pero Dios quiere que yo haga como un centinela ante el mundo para decir “Dios está, hay Dios, hay eternidad”. No tengo que hablar mucho, pero la existencia de una monja de clausura puede hacer más que si estoy en el mundo, por su vida de oración, por su vida de caridad con sus hermanas… Y aunque mucha gente ni entiende nuestra vocación ni sabe nuestra existencia, la vocación de la monja de clausura en el monasterio es como el corazón de un hombre, no se ve como las manos, los ojos… pero es vital para que el hombre viva”.

Ssor Evelyn del Niño Jesús durante la profesión de sus votos perpetuos

No todo ha sido sencillo durante este tiempo. Para su familia fue bastante difícil aceptar esta decisión de dejar todo para entrar en el monasterio, porque “ya tenía una vida muy cómoda, pero en Asia las personas son bastante religiosas, y este sentido de la religión les ayuda a aceptar la vocación poco a poco, y ahora están de acuerdo porque saben que estoy feliz aquí”.

Su alegría le lleva también a animar a aquellas mujeres que sientan esta llamada a dar el paso adelante y aceptarla. “Lo importante es que Dios nos busca, hasta que nos damos cuenta”, asegura sor Evelyn. “Cuando empezamos a sentir que nos falta “algo” porque lo que tenemos no nos llena hay que ser muy sincera consigo misma, y saber lo que quiere de verdad. La llamada es de Dios, nuestra parte es rezar mucho por ellas”.


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