Sor Margarita Piludu, la «monja del vino»: vivió un milagro y lleva 60 años de entrega enológica para sostener a los excluidos

* «Una vez cumplidos los 18 años los jóvenes sin familia ya no reciben ayuda del Ayuntamiento. Y entonces intervenimos nosotros para darles comida, alojamiento, pero sobre todo afecto y cuidados”

* «Dios es grande, pero también inmensamente pequeño para poder entrar y estar en mi corazón, en una armonía perfecta entre lo sobrenatural y lo humano. Y cada día descubres, siempre más, la grandeza de Dios»

11 de octubre de 2015.- (Maria Angela Masino / La Nuova Bussola Quotidiana / Religión en Libertad  Camino CatólicoDelante de la isla del Mal Viento, Malu Ventu en sardo, al norte del golfo de Oristano, encontramos Putzu Idu, lugar donde tiene su sede la empresa vinícola de las Hijas del Sagrado Corazón, las «evaristianas», religiosas que vendimian, producen y embotellan vinos de agricultura biológica de calidad para la venta. Los beneficios sirven para sostener a la Comunidad de la que forman parte personas con minusvalía mental, huérfanos o personas sin un adecuado apoyo familiar. En resumen, los que la gente no quiere.

«Una vez cumplidos los 18 años los jóvenes sin familia ya no reciben ayuda del Ayuntamiento. Y entonces intervenimos nosotros para darles comida, alojamiento, pero sobre todo afecto y cuidados»,cuenta la resuelta Sor Margarita Piludu, responsable de las Evaristianas.

Un milagro vivido en primera persona

Tiene una voz tranquila, clara; la voz de quien ha visto en primera persona la dimensión del milagro.

«No tendría que estar aquí hablando de ello: hace más de sesenta años estaba agonizando, tenía una tuberculosis ósea que bloqueaba cualquiera de mis movimientos. Mis padres estaban destrozados por el sufrimiento. Los médicos seguían repitiendo sus infaustos diagnósticos. Sólo  Evaristo Madeddu (1890-1966), hombre de gran fe que junto a Beniamina Piredda fundó la Compañía del Sagrado Corazón, conocida en Cerdeña por sus obras de caridad en favor de los marginados, estaba convencido de lo contrario».

Él decía que donde no llegaba el médico llegaría el Señor. Y en el caso de Sor Margarita, su madre pudo ver en primera persona esta verdad. «Sólo Evaristo Madeddu visualizó para mí un futuro optimista, pues estaba seguro de mi curación, mi desarrollo normal, la actividad de estudio, una vida intensa. Se ha verificado exactamente lo que este grande de la espiritualidad cristiana dijo: lo he conseguido, estudié hasta conseguir el diploma. Pasé mis primeras vacaciones en el Tancato di Serramanna, un pantano saneado». 

Sor Margarita procede de una familia creyente y trabajadora y tenía una idea de cuán grande es el amor de Dios y de lo cansado que es trabajar el campo. Pero la experiencia con Evaristo en el Tancato la cambió profundamente: ese verano tomó la decisión de consagrarse y seguir las huellas de su Maestro, es decir, utilizar el trabajo en el campo para ayudar a los más necesitados. En realidad habría deseado ser misionera en África, pero pronto se dio cuenta de cuántas personas necesitaban su ayuda en su país y decidió entrar a formar parte de las Evaristianas: se convirtió en religiosa a los 18 años y este año cumple 60 años de profesión. 

Vinos de creciente aceptación

Sin ninguna ayuda institucional y con la progresiva disminución de las limosnas hay que ingeniárselas para encontrar fondos. «Pero aquí», dice, «tenemos un gran recurso: la tierra. Es una tierra fértil, aireada y el clima es semi-árido: estos elementos son ideales para producir vinos como el Cannonau, el Vermentino, el Monica, el Passito. Entonces, ¿por qué no producir lo que la zona ofrece casi espontáneamente?».

Dicho y hecho. Con la ayuda de expertos se puso manos a la obra. Al principio la producción era modesta y a menudo suficiente sólo para uso doméstico. Pero Sor Margarita no se amilanó y pidió ayuda a los campesinos de la zona. Actualmente la ayuda un joven enólogo profesional que está demostrando ser capaz de hacer un vino genuino con un bouquet muy interesante. Y todo esto es posible utilizando del modo mejor el don de la Creación: en esta área cercana al mar los aromas son más definidos por lo que no hay que recurrir a ningún tipo de aditivo. La producción ahora varía entre las 15.000 y las 20.000 botellas al año, más unos 30.000 litros para vender suelto. Y tienen en proyecto también un cava. 

La oración de los acontecimientos diarios

Sor Margarita trabaja sistemáticamente como una directora empresarial, pero no quiere que se la considere una mujer de negocios. «Con la ayuda de Dios y siguiendo el carisma de Evaristo Madeddu, trabajo para hacer el bien a las personas cercanas, a las que considero como hijos, intentando que sientan que tienen un valor. Para mí la oración y el trabajo son grandes aliados; es más, son, tal vez, casi lo mismo«, explica. 

A través de la experiencia con los marginados ha entendido que la oración tiene el poder de liberarnos de una peligrosa ilusión, la de considerar más ricos y valiosos sólo los momentos explícitamente religiosos. En realidad, la oración nos invita a tomar conciencia de que a menudo hay situaciones diarias que son el origen de una gran fecundidad. Orar significa salir de lo ambiguo, de lo indeterminado, de un amor hacia el prójimo con tintes veleidosos. Amar a Dios es amar al hombre, es hacer propia su causa, es salir de sí mismos para ir hacia el otro. El cardenal Carlo Maria Martini decía que la invocación debía pasar de la cabeza al corazón, entrar en el ritmo de la respiración e invadir nuestra persona, aclararnos que todos somos hijos de Dios. Es posible, por consiguiente, con la ayuda de la oración, mirar al otro, al más necesitado no como un peso, sino como un hermano al que hay que sostener y ayudar si está en dificultad.

«Dios es grande, pero también inmensamente pequeño para poder entrar y estar en mi corazón, en una armonía perfecta entre lo sobrenatural y lo humano. Y cada día descubres, siempre más, la grandeza de Dios». Hoy, con su modesto trabajo, las Evaristianas consiguen mantener a 15 jóvenes huérfanos y abandonados y a 18 residentes en las casas protegidas, personas con problemas mentales que necesitan cuidados y asistencia continua. Un compromiso no indiferente también desde el punto de vista económico. 

Soldados en ayuda de las monjas

Pero Sor Margarita Piludu no tiene miedo de las empresas retadoras pues la acompaña una certeza: la Providencia no la abandona nunca y especialmente en los momentos más oscuros llega de manera nítida.

«En 1995»,relata, «estuvimos a punto de cerrar, pero llegó, por casualidad, un grupo de Alpinos [soldados de élite de montaña] de Trento. Inmediatamente se dieron cuenta de las enormes dificultades económicas que estábamos atravesando y nos ayudaron con camiones, material de construcción y equipamiento; nos arreglaron la casa. Desde entonces los Alpinos son nuestros amigos y vienen siempre de vacaciones aquí con sus familias».

No pedir nada, no rechazar nada

La ayuda providencial es fantasiosa, enérgica, siempre nueva. Muy pronto Sor Margarita y su hermana, Sor Emanuela, sacarán al mercado un vino de calidad superior y subastarán una botella magnum

Con los ingresos que consigan financiarán la construcción de un proyecto de agricultura social para los jóvenes. No pedir nada, no rechazar nada: este es el lema de la volcánica Sor Margarita. Naturalmente, todo esto es verdad, pero hay que tener presente que la Providencia llega si, a cada instante, la invocamos junto al trabajo, la creatividad, la oración y la alegría. 


Publicado en La Nuova Bussola Quotidiana.
Traducción de Helena Faccia Serrano.

 

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