Thierry delinquió, estuvo en la cárcel, salió y se hizo adicto a las drogas y se metió en el ocultismo: «¡Me confesé y quedé liberado de mi adicción!  Entendí que Jesús me ama»

* «Yo no tenía ninguna costumbre de ir a misa, y allí, durante una celebración, el Evangelio me golpeó directamente en los oídos. ‘Zaqueo, date prisa y baja’ (del árbol donde se había subido para ver a Jesús, Lc 19, 5). Enseguida comprendí que Jesús se dirigía a mí. Es como si dijera: ‘Thierry, date prisa y baja’. Pero no comprendía qué quería decir. Le di vueltas a esa frase todo el día en mi cabeza y en mi corazón. Por la noche, durante la vigilia de Adoración, llevaban la Hostia en procesión. Cuando la vi, comprendí que era Jesús vivo, realmente presente. Me eché a llorar, aquello me cambió por completo. Era evidente que no podía seguir viviendo como antes. Tenía que hacer algo por Jesús que es alguien que nos ama a nosotros antes de que sepamos que Él existe. Es nuestro amigo, nuestro confidente, nuestro padre»

Camino Católico.-  Thierry creció en una familia de cultura cristiana, pero sin práctica religiosa alguna. Él quería ser militar, pero un año antes de enrolarse su vida se torció,  estuvo año y medio en prisión, y al salir se hizo adicto al cannabis y se metió 10 años en el ocultismo, el esoterismo  y en la nueva era… Él mismo cuenta en primera persona su testimonio en un video de Découvrir Dieu:

El vídeo-testimonio de Thierry en Découvrir Dieu puede verse con los subtítulos en español entrando en subtítulos C, acto seguido en la ruedecita de la derecha de configuración, luego en subtítulos, después en traducir automáticamente y eligiendo el español

Crecí en una familia de cultura cristiana pero sin práctica religiosa alguna. De muy joven deseaba ser militar y unirme al ejército, pero un año antes de irme, conocí a un grupo de amigos con quienes hice tonterías bastante graves, que me llevaron a la cárcel. Fui condenado a tres años de prisión, de los que cumplí dieciocho meses.

Al salir me encontré a mi madre al borde del suicidio y comprendí que con mis andanzas le había roto el corazón. Me recluí en mí mismo y me metí en las drogas, en concreto el cannabis. Al mismo tiempo, me planteaba continuamentepreguntas existenciales y metafísicas: ¿Para qué vivo? ¿Por qué he de morir un día? Me obsesionaban. Me metí e involucré durante diez años en el mundo del esoterismo y del ocultismo y la Nueva Era, para encontrar sentido a mi vida. Al cabo de todos esos años, con un poco de honestidad intelectual y de lucidez, constaté que no me habían aportado nada. No era más feliz, al contrario

Justo en esa época, unos amigos míos quisieron bautizar a sus hijos y me invitaron a la ceremonia: Yo no tenía ni idea del cambio que iba a suceder en mi vida. Ese día, conocí a unos sacerdotes jóvenes  muy simpáticos y, como mantuvimos una buena relación, me invitan a ir con ellos a una peregrinación a Asís que organizaban para al cabo de poco tiempo. Acepté porque me lo planteo como un viaje turístico y cuando llega la hora del viaje, decido dejar la droga en casa: ‘No son más que tres días, no me voy a morir’ pensé. Pero al cabo de un día ya no podía más. Tenía el síndrome de abstinencia, estaba muy nervioso. Fui a ver al sacerdote para explicarle la situación. Me llevó a un lado y me propuso confesarme. Acepté… ¡y en un instante quedé liberado de mi adicción! Desde ese día no he vuelto a tocar la droga.

¡Comprendí que Dios estaba vivo y que me amaba!

Unos meses después, voy a Borgoña a un retiro de renovación junto con el grupo de jóvenes dirigidos por aquellos sacerdotes del bautizo.

Yo no tenía ninguna costumbre de ir a misa, y allí, durante una celebración, el Evangelio me golpeó directamente en los oídos. ‘Zaqueo, date prisa y baja’ (del árbol donde se había subido para ver a Jesús, Lc 19, 5). Enseguida comprendí que Jesús se dirigía a mí. Es como si dijera: ‘Thierry, date prisa y baja’. Pero no comprendía qué quería decir. Le di vueltas a esa frase todo el día en mi cabeza y en mi corazón.

Por la noche, durante la vigilia de Adoración, llevaban la Hostia en procesión. Cuando la vi, comprendí que era Jesús vivo, realmente presente. Entendí: ‘¡Es Él, y además me ama!’ Me eché a llorar, aquello me cambió por completo. Era evidente que no podía seguir viviendo como antes. Tenía que hacer algo por Jesús.

«Thierry, es un año para reconstruirte»

Decido tomarme un año sabático en Bélgica para reflexionar sobre mi vocación bajo una dirección espiritual de discernimiento. Sin embargo, al poco tiempo tuve una profunda crisis de fe. Abrí la Biblia y ‘caí’ al azar sobre un pasaje de Dios que me puso furioso: ‘Vuelve a tu casa y da a conocer cuanto te ha hecho Dios’ (Lc 8, 39). Pero ¡yo no quería volver a casa! Quería seguir a Jesús hasta el fin y ¿por qué no?, ser sacerdote.

Fui a encontrarme con el responsable del curso del discernimiento. Y recibí con mucha delicadeza, una respuesta muy clarificadora: “Thierry, yo ya sabía que no estabas llamado a ser sacerdote. Pero éste es un año que necesitabas para reconstruirte”.  Así que me invitó a terminar el año de todos modos, lo cual hice.

Al final del año, se nos pidió participarlen  un retiro en el sur de Borgoña. Acepté… e hice muy bien, porque durante esa reunión conocí a la joven que se convirtió en mi esposa. Nos enamoramos enseguida, nos hicimos novios y nos casamos, todo muy rápido. Llevamos ya casados siete años, y seguir juntos el camino que Dios traza para nosotros nos llena de alegría.

Actualmente participo en mi parroquia en un programa de acompañamiento que acoge a las personas que se plantean cuestiones de fe, ya sean católicos con dudas o personas alejadas de la Iglesia.

Jesús es alguien que nos ama a nosotros antes de que sepamos que Él existe. Es nuestro amigo, nuestro confidente, nuestro padre.

Thierry


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