Una investigación de científicos de Harvard concluye que si vas a misa, tienes un 30% menos de posibilidades de morir joven

«Nuestros resultados sugieren que puede haber algo importante detrás de la religión y la espiritualidad. Los beneficios de asistir a los servicios religiosos parecen estar relacionados con un mayor apoyo social, menos consumo de tabaco y un menor riesgo de sufrir depresión, ya que estas personas tienen una perspectiva más optimista y esperanza de la vida», afirma Tyler J. VanderWeele, profesor de Epidemiología en Havard Chan School of Public y coautor del estudio

18 de mayo de 2016.- (13 TV  / Camino católico)  Asistir a misa es bueno para la salud. Así lo demuestra un estudio publicado este lunes en la edición on line de la revista «Jama Internal Medicine». Según la investigación realizada por un grupo de científicos del Harvard Chan School of Public, aquellas personas que asisten más de una vez a la semana a los oficios religiosos tienen un 33 por ciento menos riesgo de morir por alguna enfermedad que aquellas que no lo hacen.

Es más las personas que acuden a la Iglesia una vez a la semana tienen un 27 por ciento menos riesgo de morir por una enfermedad cardiovascular y un 21 por ciento menos de fallecer a consecuencia de un cáncer.

La práctica religiosa está muy extendida en Estados Unidos. Cerca del 40 por ciento de la población admite asistir a los servicios religiosos al menos una vez a la semana, pero los efectos de la espiritualidad sobre la salud no estaban claros. Ante la falta de una evidencia científica, este grupo de investigadores utilizaron los datos estadísticos de 74.534 mujeres, que participaron entre 1992 y 2012 en un informe sobre la Salud de las Enfermeras.

A lo largo de 16 años, las enfermeras respondieron cada dos años cuestionarios sobre su dieta, estilo de vida y estado de salud, y cada cuatro años sobre su asistencia a los servicios religiosos. De las 74.534 mujeres analizadas, 14.158 admitieron asistir a misa más de una vez a la semana, 30.401, lo hacían una vez por semana y las 17.872 restantes no asistían nunca. La mayoría de los participantes del estudio eran católicas o protestantes.

Aquellas mujeres que asistían regularmente a los oficios religiosos tenían menos síntomas de depresión y sufrían menos ataques de ansiedad. Además las enfermeras que asistían a misa más de una vez a la semana tenían un 33 por ciento menos riesgo de morir comparado con el resto de las mujeres que no asistían nunca a los oficios religiosos. Las mujeres que lo hacían semanalmente, el riesgo caía al 26 por ciento, mientras que llegaba al 13 por ciento en el caso de las que iban a la Iglesia menos de una vez a la semana.

En concreto, aquellas que iban a misa más de una vez a la semana tenían un 27 por ciento menos riesgo de morir por una enfermedad cardiovascular y un 21 por ciento menos en caso de cáncer comparado con el resto de las pacientes.

«Nuestros resultados sugieren que puede haber algo importante detrás de la religión y la espiritualidad. Los beneficios de asistir a los servicios religiosos parecen estar relacionados con un mayor apoyo social, menos consumo de tabaco y un menor riesgo de sufrir depresión, ya que estas personas tienen una perspectiva más optimista y esperanza de la vida», afirma Tyler J. VanderWeele, profesor de Epidemiología en Havard Chan School of Public y coautor del estudio.

Los autores destacan, sin embargo, los límites de la generalización de sus resultados, ya que la muestra del estudio solo incluía a personas de raza blanca, del mismo nivel socioeconómico y todas eran enfermeras, un colectivo especialmente sensible al cuidado de la salud.

No es la primera vez que un estudio aborda la influencia de religión en la salud de las personas. Pero la mayoría han sido criticados por sus limitaciones, ya que solo las personas sanas pueden asistir a los servicios religiosos. Este estudio abordó estas críticas mediante el uso de una metodología rigurosa, una muestra de población más grande y mediciones repetidas en el tiempo tanto de la asistencia a misa como de su salud.

Un estudio de “The London School of Economics and Politica Science” ya mostró hace tiempo que la única actividad asociada a una felicidad sostenida está relacionada con la asistencia regular a la iglesia, a la sinagoga o la mezquita.

No se trata sólo de un beneficio por el sentido de la pertenencia, sino que debe existir algo más. No se trata sólo de una ayuda a nivel mental, ya que otras actividades de pertenencia como participar en organizaciones políticas o dentro de una comunidad no ofrecen datos tan positivos.

De igual manera, otro estudio ratifica la sensación de felicidad de lo religioso. La web PayScale publicaba la lista de los trabajos con mayor grado de satisfacción laboral expresada por los empleados y curiosamente la profesión que otorga más felicidad es la de sacerdote.

El 98% de los sacerdotes ó clerigos muestra que su empleo es significativo para él, seguido muy de cerca, por el 96% de las personas dedicadas a la educación o a cuestiones relacionadas con actividades religiosas.

Son muchos los estudios, las encuestas, los análisis que demuestran la clara vinculación de la salud física y mental, la felicidad, la alegría con las cuestiones religiosas. La ciencia no puede demostrar la existencia de Dios, pero sí comienza a demostrar que creer en Dios es bueno, muy bueno para el hombre. 

Bien lo saben todos los que practican actividades religiosas, ya que si lo hacen a diario es por algo. Seguramente en los próximos años saldrá nuevos estudios que confirmen estas tesis. Como dice el refrán castellano: “Algo tendrá el agua cuando la bendicen”.

Una vida religiosa seria que incluya la oración repercute en una mejor salud mental y aumenta también el éxito escolar, mejora el autocontrol, aumenta la esperanza de vida, reduce la delincuencia así como la ansiedad y la depresión.

La oración en familia mejora la salud y reduce el estrés

Clay Routledge, profesor de Psicología en la Universidad Estatal de Dakota del Norte ha recogido la literatura científica publicada al respecto y ha llegado a la conclusión de que la oración, y más en familia, ayuda a ser más paciente convirtiendo a las personas en más tolerantes con respecto al entorno más cercano. Además, tal y como recoge UCCR, tiene ventajas por las que muchas personas pagan a profesionales: mejora la salud y reduce el estrés.

“Hay una evidencia que indica que la oración, un comportamiento asociado a la religión, puede ser útil para los individuos y para la sociedad”, agrega este profesor universitario. Este estudio no entraba en los aspectos teológicos sino en los efectos que la práctica religiosa y la oración tiene en las personas y cuyas consecuencias son beneficiosas no sólo para el alma sino también para el cuerpo.

Y no son cosas imposibles. Si una familia pasa un rato unida rezando, durante ese tiempo no está enganchada a la televisión, al móvil o la tablet provocando una mayor interacción entre los miembros de la familia.

Los niños y adolescentes también salen beneficiados

Un estudio centrado en los adolescentes estadounidenses realizado por el departamento de Sociología de la Universidad de Carolina del Norte, llegó a la conclusión de que los niños cuyos padres rezan juntos tienen una mejor relación con ellos aunque los pequeños no hayan participado en ese momento de oración. La paz que generan se transmite también a los niños.

Igualmente, otro informe de la Universidad Estatal de Florida también incidía en los efectos positivos que la oración genera en una pareja puesto que aumenta la confianza mutua entre ellos.

La oración, también clave en la enfermedad

Los efectos de la oración son muy visibles en las personas, no sólo a la hora de unir a la familia sino para afrontar acontecimientos difíciles como la enfermedad o la muerte. Qué se lo digan a Alexis Carrel, premio Nobel de Medicina en 1912, que se convirtió en Lourdes cuando provenía de un ateísmo radical. Y lo que más le llamó precisamente la atención fue la oración. Esta es su reflexión sobre los efectos de la oración en las personas:

“Cuando la oración es habitual y verdaderamente ferviente, su influencia se hace muy clara. Consiste en una especie muy clara. Consiste en una especie de transformación mental y orgánica. Esta transformación se opera de manera progresiva. Se diría que en la profundidad de la conciencia se enciende una luz. El hombre se ve tal como es. (…) Poco a poco se produce un apaciguamiento interior, una armonía de las actividades nerviosas y morales, una mayor resistencia frente a la pobreza, la calumnia, las preocupaciones, y una mayor capacidad de soportar sin desfallecer la pérdida de los suyos, el dolor, la enfermedad, la muerte. Así, el médico que ve un enfermo que se pone a orar puede alegrarse. La calma engendrada por la oración es una poderosa ayuda para la terapéutica.

La oración no puede compararse con la morfina puesto que la oración determina, al mismo tiempo que la calma, una integración de las actividades mentales, una especie de florecimiento de la personalidad. A veces, heroísmo. La pureza de la mirada, la tranquilidad del porte, la serena alegría de la expresión, la virilidad de la conducta y, cuando es necesario, la simple aceptación de la muerte del soldado o del mártir, traducen la presencia del tesoro escondido del espíritu”.