Yon Cuadrado, informático y cocinero, es sacerdote: «Le pedía a Dios, si existía, que no me regalara otro día y sentí esa mano que coge y saca a alguien de un pozo muy profundo»

*  «A mi madre le diagnostican un cáncer de pulmón, y aunque en un principio le dieron buen pronóstico, según pasó el tiempo, las noticias fueron a peor. Seis meses después, en enero de 2014, enterramos a mi ama. Aquello fue un golpe durísimo para mí. Si tenemos en cuenta que yo no estaba muy bien antes, su muerte me dejó K.O. Hasta el punto de no querer levantarme por la mañana. Lo único que quería era ir donde estaba mi madre. No tenía costumbre de rezar ni nada, pero sabía lo básico, que Dios estaba ahí y que me quería. Yo sentí algo fuerte dentro de mí. Para mí este es el momento clave, y así como sentí que alguien me levantaba, también entendí que se me estaba pidiendo algo más, y esto sí que es el principio de mi vocación. Fue un volver a nacer. Algo dentro de mí hizo un click»

Foto: Marta León

*  «A veces decimos muy a la ligera que Dios nos ama, pero yo en ese momento me sentí muy amado, había perdido a mi madre, y sin embargo, me sentí muy amado por Dios, no me sentí huérfano, sino sentí que Alguien me decía: ¡Yon, aquí estoy! Empecé a buscar dónde o de qué manera entregar mi vida. Poco a poco fui viendo que ser sacerdote era lo mío. No es algo que yo hubiera elegido, no me atraía nada de nada pero fui viendo que mi entrega era por ahí, por ese camino, llevando una vida coherente, ayudando a las personas… sirviendo. En septiembre de ese año en el que mi madre falleció entré en el seminario»

Camino Católico.- El pasado domingo 28 de junio tuvo lugar en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián (España) la ordenación sacerdotal de tres jóvenes guipuzcoanos. Culminaron así un camino personal marcado por la búsqueda y la entrega. Juan Bernabé, Mikel Ormazabal y Yon Cuadrado. La celebración fue presidida por el obispo Mons. Munilla, acompañado por más de 60 sacerdotes.

Yon Cuadrado tiene 32 años recién cumplidos y aunque nació en Villabona se considera de Azpeitia (Guipuzcoa), pues allí vive desde que tenía apenas tres años y de allí es toda su gente. Es allí donde atiende a Marta León de Aleteia, en la parroquia de San Sebastián de Soreasu, lugar cargado de historia y de santidad, donde el eco de San Ignacio resuena en cada esquina, para contar su historia, su origen y cómo reaccionó cuando sintió la llamada.

Mikel Ormazabal de pequeño quería ser misionero y es sacerdote: «Mi padre repetía: ‘Haz que nuestro alimento sea hacer Señor tu voluntad’. Siempre he intentado buscarla»

Juan Bernabé, sacerdote: «‘Dios me llama pero yo no puedo… ¡Era un choque de trenes!’ En la JMJ vi que Dios quería. Él no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige»

Lo curioso de Yon es que en su familia nadie frecuentaba la Iglesia ni tenía ninguna práctica religiosa arraigada. Para encontrar su primer recuerdo relacionado con Dios nos remontamos a cuando Yon tenía tres o cuatro años. Su abuela materna estaba enferma e impedida en casa así que su familia cuidaba de ella algún fin de semana.

Recuerda Yon, llevarle el desayuno a la habitación los domingos por la mañana y alguna vez la abuela le pidió que se quedara con ella para ver la misa en la televisión. “Mi abuela no iba a misa los domingos, ni era especialmente piadosa, pero en su enfermedad sí que creo que volvió de algún modo a la fe…” 

Yon es un chico tranquilo, tímido pero acogedor, suave en el tono y en las formas, que se pasea por Azpeitia vestido de cura pero sabiendo que para todos allí es el hijo de Loli. Creció como un chico cualquiera junto a sus padres y su hermano, dos años menor.

Yon Cuadrado, a la derecha del altar, concelebrando el día de su ordenación sacerdotal / Foto: Diócesis de San Sebastián

– Estoy impaciente por saber cómo un chico de Azpeitia sin ninguna referencia religiosa llega a convertirse en sacerdote.

– Te pongo en antecedentes porque hay que saber lo anterior para entender el final. Cuando tocó pensar en que estudiar, yo tenía el deseo de ser cocinero, pero mi madre me quitó un poco la idea por aquello de que es muy sacrificado.

Así que estudié informática sin ningún problema en San Sebastián. Al terminar ya tenía claro que yo no quería trabajar en eso, así que volví al ataque con la cocina. Tan decidido estaba que mis padres no se opusieron, pero ya habían pagado la informática, así que me fui a Galdakano a hacer cocina porque era público. Hice primero muy bien, con buenas notas y muy contento, aquello me gustaba mucho.

En segundo ya empecé a trabajar en un restaurante de aquí haciendo las prácticas. Estaba encantado con el trabajo y con los estudios, pero empecé a sentirme un poco raro. Cuando estaba en la escuela o trabajando estaba bien, pero cuando volvía a casa, aun teniendo una familia que me quería y una cuadrilla con la que hacía mil planes, me encontraba como vacío, sin ilusión, tristón. Yo mismo me decía: ‘¡Jope Yon!, toda la vida queriendo esto y ahora que casi lo tienes…no entiendo por qué no estoy más feliz…’

Foto: Marta León

– Pero tu seguías ajeno a la Iglesia y a Dios y a todo lo espiritual, ¿no?

Foto: Marta León

– Sí, yo seguía como siempre. Pero a través de una prima de un amigo de la cuadrilla, acabamos los dos, mi amigo y yo, echando una mano en un grupo de ocio y tiempo libre con chavales. Este grupo era de la parroquia, pero podía haber sido de cualquier otro lado…

El caso es que allí conocí a Mikel Aranguren, que era el cura que llevaba eso. Era un cura joven y majo y no sé muy bien porqué, pero yo empecé a contarle a él la insatisfacción que yo sentía. Él me dijo que me iba a ayudar a ver qué es lo que pasaba en mi corazón, por qué no estaba más feliz. Empezamos así un camino de profundización, como para separar el grano de la paja, por decirlo de algún modo.

Al poco tiempo a mi madre le diagnostican un cáncer de pulmón, y aunque en un principio le dieron buen pronóstico, según pasó el tiempo, las noticias fueron a peor. Seis meses después, en enero de 2014, enterramos a mi ama. Aquello fue un golpe durísimo para mí. Si tenemos en cuenta que yo no estaba muy bien antes, su muerte me dejó K.O. Hasta el punto de no querer levantarme por la mañana.

Yo le pedía a Dios, si existía, que no me regalara otro día. Lo único que quería era ir donde estaba mi madre. No tenía costumbre de rezar ni nada, pero sabía lo básico, que Dios estaba ahí y que me quería.

Un día de esos, en los que no tenía ganas ni de estar con mi padre ni con mi hermano, ni de hacer planes con los amigos, ni de cocinar… ni de nada, yo sentí algo fuerte dentro de mí. Lo asemejo a la imagen de una gata que coge a su cachorro del pescuezo o a esa mano que coge y saca a alguien de un pozo muy profundo. Yo sentí que conmigo alguien hacía lo mismo.

Para mí este es el momento clave, y así como sentí que alguien me levantaba, también entendí que se me estaba pidiendo algo más, y esto sí que es el principio de mi vocaciónFue un volver a nacer. Algo dentro de mí hizo un click.

A partir de ahí, mi vida cambió, volví a sentir una ilusión, una esperanza de vida, un deseo de querer hacer el bien. Hablaba con el Señor y le decía: ‘Si esto he sentido, no es por mí. Esto que ahora estoy sintiendo alguien me lo ha dado, porque yo se bien como estaba hace unas horas. Si es tuyo, ya me lo dirás y si es asi yo me comprometo a hacer lo que tú digas”… y fue…y fue..¡y fue!’

Yon Cuadrado concelebrando la Santa Misa el día de su ordenación sacerdotal / Foto: Diócesis de San Sebastián

– A ver si lo he entendido bien: ¿tu sientes que alguien, supuestamente Dios, te saca del pozo, sin que tu hubieras hecho nada, sin tomar nada…y tan fuerte es eso que sientes, que le prometes entregarle tu vida?

– Sí, resumidamente, sí. Es muy difícil de explicar y parecen cosas raras, pero yo sé lo que sentí. A veces decimos muy a la ligera que Dios nos ama, pero yo en ese momento me sentí muy amado, había perdido a mi madre, y sin embargo, me sentí muy amado por Dios, no me sentí huérfano, sino sentí que Alguien me decía: ¡Yon, aquí estoy!

Gentileza

– ¿Y qué hiciste a partir de semejante experiencia?

Empecé a buscar dónde o de qué manera entregar mi vida. Mikel me ayudó mucho y poco a poco fui viendo que ser sacerdote era lo mío. No es algo que yo hubiera elegido, no me atraía nada de nada pero fui viendo que mi entrega era por ahí, por ese camino, llevando una vida coherente, ayudando a las personas… sirviendo. En septiembre de ese año en el que mi madre falleció entré en el seminario.

– ¿Y la cocina?

– La he dejado como dedicación profesional. Durante el primer año de seminario continúe trabajando los fines de semana en el restaurante de Azpeitia, que considero mi casa, pero tuve que dejarlo. Ahora cocino para mí y para los amigos y cuando puedo y en el restaurante necesitan que les ayude con algún plato nuevo, pues lo hago encantado.

– ¿Cómo reaccionó tu entorno ante semejante sorpresa?

– Mi padre y mi hermano no entendían mucho pero me dijeron que si yo lo había decidido, ellos eran mi familia, ¡que adelante!

Yo tenía mucho miedo a la reacción de mis amigos de la cuadrilla, así que a la primera que se lo dije fue a una muy buena amiga pero que es muy crítica con la Iglesia. No sabía cuál sería su reacción y tenía mucho miedo. Cuando se lo dije no me contestó nada, luego me dio un abrazo y después sí que me dijo que estaba allí para lo que necesitara. Esa reacción me dejó muy tranquilo y muy contento, porque me di cuenta de que si ella había reaccionado así, ya se lo podía contar a cualquiera.

– ¿Cómo han sido estos seis años de seminario?

– Han sido años de mucho esfuerzo, muy duros. Yo llegue allí muy verde, no sabía nada de doctrina y estaba a años luz en formación respecto de mis compañeros. Y estudiar materias profundas en castellano me costaba mucho, me pasaba el tiempo mirando en el diccionario. A veces pensaba: ¡Yon, deja esto ya…, vámonos!. Pero en esos momentos yo recordaba aquello que había sentido antes y recuperaba la fuerza.

Así que el que quiera y sepa, por favor, que le tenga presente en sus oraciones. Desde ya, cuenta con las mías…

 Marta León

Mikel Ormazabal de pequeño quería ser misionero y es sacerdote: «Mi padre repetía: ‘Haz que nuestro alimento sea hacer Señor tu voluntad’. Siempre he intentado buscarla»

Juan Bernabé, sacerdote: «‘Dios me llama pero yo no puedo… ¡Era un choque de trenes!’ En la JMJ vi que Dios quería. Él no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige»


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Fuente:Aleteia
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