Agustín y Ania, padres de Myriam de 15 años con síndrome de Down: «Vemos a nuestra hija como un inmenso don que Dios nos ha hecho y que tal vez no merecíamos»

«Myriam le reza con naturalidad a la Virgen, y le canta. Confía plenamente en su ángel de la guarda. Le gusta sentarse en el primer banco de la iglesia. Recuerdo cuando tenía siete años, un día tocaban lentejas para comer y dijo: «No quiero». «Myriam, hay que comer». «No». Se quedó un rato en silencio, y de repente empezó a comer. Le digo: «¿Ya te has convencido?» «No, la Virgen María me ha dicho que me las tenía que comer»»

1 de abril de 2015.- (Agustín, Ania y Myriam / Alfa y Omega  / Camino Católico)  «Antes de que naciese Myriam, formábamos parte de esos padres que ven el síndrome de Down como una desgracia». Así comenzaban su testimonio Agustín y Ania, la semana pasada, en la Vigilia por la vida que se celebró en la colegiata de San Isidro, de Madrid. Hoy que su hija tiene 15 años, están convencidos de que las personas como ella son un regalo: son «maravillosas y nos acercan a Dios». Así lo muestra una curiosa anécdota que vivieron hace algunos años con un plato de lentejas:

Somos padres de una niña de 15 años que se llama Myriam y tiene síndrome de Down. Antes de que naciese Myriam, formábamos parte de esos padres que ven el síndrome de Down como algo que no quieres que te pase, lo ves como una desgracia, con miedo. Hoy, 15 años después, podemos decir que vemos a nuestra hija como un regalo muy especial que Dios ha hecho a nuestra familia, como un inmenso don que Dios nos ha hecho y que tal vez no merecíamos.

¿Qué tipo de regalo? Las personas con síndrome de Down tienen unos rasgos. El primero es que son un ejemplo constante y permanente de humildad. Pronto descubren en su vida la precariedad, las limitaciones. Se saben necesitados, y nos recuerdan a los demás que no somos autosuficientes. Otro rasgo suele ser que tienen un corazón tierno y cariñoso. Tienen un sexto sentido para saber quién sufre, lo pasa mal, está triste…, y la ternura de responder a eso.

Un tercer rasgo es que las personas con síndrome de Down son sencillas y confiadas. Myriam le reza con naturalidad a la Virgen, y le canta. Confía plenamente en su ángel de la guarda. Le gusta sentarse en el primer banco de la iglesia, cuanto más cerca del altar mejor, mientras que sus hermanos intentan irse al fondo. Recuerdo cuando tenía siete años, un día tocaban lentejas para comer y dijo: «No quiero». «Myriam, hay que comer». «No». Se quedó un rato en silencio, y de repente empezó a comer. Le digo: «¿Ya te has convencido?» «No, la Virgen María me ha dicho que me las tenía que comer». Me quedé pensando si veía algo que yo no veía, la verdad.

Estos son los rasgos de estas maravillosas personas que nos acercan a Dios. Son rasgos que nos hacen ser mejores personas y nos muestran a Jesucristo. ¿Qué ocurre hoy? ¿Cómo reacciona nuestra sociedad? La estimación es que el 90% de los diagnósticos prenatales en los que se detecta el síndrome de Down abortan, por un siniestro protocolo socialmente aceptado que conduce a que eso sea así. Clama al cielo. Que Dios nos ayude a cambiar esto, porque para Él nada es imposible.

Agustín, Ania y Myriam

 

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