Homilía del Evangelio del Domingo: El Pan eucarístico, hoguera de amor encendida en nosotros que nos arrastra hasta la gloria eterna / Por P. José María Prats

“Jesús comunica su vida a los que lo acogen para habitar en ellos y arrastrarlos así en su ascenso hasta la gloria eterna: Jesús es como un boomerang que el Padre ha lanzado al mundo para recuperarlo de nuevo junto con todos aquellos que se han asido fuertemente a él. Y Jesús nos une a sí para arrastrarnos a la gloria comunicándonos su vida a través de su Palabra y del Pan eucarístico recibidos en la fe y la obediencia”

Domingo XIX del tiempo ordinario – B:

1 Reyes 19, 4-8 / Salmo 33 / Efesis 4, 30-5,2 / Juan 6, 41-51

José María Prats / Camino Católico.- La primera lectura, tomada del primer libro de los reyes, nos presenta al profeta Elías huyendo por el desierto de los enemigos que lo persiguen para matarlo, dirigiéndose hacia el monte de Dios.

Es una representación magnífica de la realidad de nuestra vida: como el profeta, caminamos hacia el monte de Dios, hacia el encuentro definitivo con Él en su gloria. Y en comparación con la felicidad eterna que se nos promete, nuestra existencia terrena es un árido desierto por el que caminamos fatigados huyendo del Enemigo, que quiere arrebatarnos la vida de la gracia tentándonos con la ambición del poder, las riquezas, los placeres, la vanidad.

Como dice el ángel a Elías, el camino hasta el monte de Dios es superior a nuestras fuerzas. Un día de camino es suficiente para agotarnos y hacernos caer exhaustos deseándonos la muerte como le ocurrió al profeta.

Necesitamos, pues, de la ayuda de Dios para levantarnos y poder recorrer esta larga andadura que nos lleva hasta la gloria. Pero, ¿de qué ayuda se trata? En el episodio de Elías, esta ayuda se representa en forma de un misterioso pan que el profeta debe comer para poder seguir caminando y alcanzar su destino. Estamos en el Antiguo Testamento, donde aún no ha tenido lugar la plenitud de la Revelación y las figuras permanecen oscuras y enigmáticas.

Es en el evangelio de hoy donde, por fin, se desvela el significado de este misterioso pan de Elías: este pan es Jesucristo que se entrega por nosotros para comunicarnos su vida.

Pongamos esta afirmación en su contexto: El evangelio de San Juan nos presenta a Jesús como la Palabra de vida que desde el principio estaba junto a Dios, que ha descendido en un determinado momento de nuestra historia haciéndose hombre y habitando entre nosotros, y que ha ascendido de nuevo al Padre en la resurrección. Pero el interés para nosotros de esta visita radica en que Jesús comunica su vida a los que lo acogen para habitar en ellos y arrastrarlos así en su ascenso hasta la gloria eterna: Jesús es como un boomerang que el Padre ha lanzado al mundo para recuperarlo de nuevo junto con todos aquellos que se han asido fuertemente a él. Y Jesús nos une a sí para arrastrarnos a la gloria comunicándonos su vida a través de su Palabra y del Pan eucarístico recibidos en la fe y la obediencia.

Este boomerang es relanzado al mundo cada vez que celebramos la eucaristía. Jesús, en primer lugar, desciende y transforma con su Palabra las mentes de los que le escuchan y obedecen. A continuación, se encarna bajo las especies del pan y del vino para poder penetrar en nuestras entrañas. Y, finalmente, en nosotros, con nosotros y por nosotros, se entrega al Padre, regresando así de nuevo a Él y arrastrándonos también a nosotros.

El pan de Elías es, por tanto, figura de Jesucristo que se nos da. Así como el pan se convierte en nuestros músculos en energía que nos pone en movimiento, así la vida de Cristo comunicada por la Palabra y el Pan eucarístico es como una hoguera de amor encendida en nosotros que nos arrastra hasta la gloria eterna. Que esta hoguera arda en nuestros corazones sin apagarse jamás para que un día podamos encontrarnos nuevamente en la cima del monte de Dios para cantar eternamente su amor y su misericordia.

José María Prats

Evangelio

En aquel tiempo, los judíos murmuraban de Él, porque había dicho:

«Yo soy el pan que ha bajado del cielo».

Y decían:

«¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?».

Jesús les respondió:

«No murmuréis entre vosotros. Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: ‘Serán todos enseñados por Dios’. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.

En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».

Juan 6, 41-51


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