Oración a San Maximiliano María Kolbe para vivir en santidad / Por P. Carlos García Malo

*  «Danos tu corazón confiado, alegre, trabajador y generoso. Uno de tus lemas: “solo se vive una vez, es necesario ser santos». Ayúdanos a vivirlo. Amén. San Maximiliano María Kolbe, ruega por nosotros»

P. Carlos García Malo / Camino Católico.- Hoy, 14 de agosto, la Iglesia celebra a San Maximiliano María Kolbe (1894-1941) que fue un sacerdote y fraile franciscano conventual que murió voluntariamente en el campo de concentración de Auschwitz (en la Polonia ocupada por los nazis), cuando pidió ser intercambiado por un prisionero que iba a ser ejecutado. Gran parte de su vida se dedicó a promover de forma incansable la devoción al Inmaculado Corazón de María. También fue uno de los fundadores de la Ciudad de la Inmaculada (Niepokalanów), un complejo religioso construido cerca de Varsovia, que contaba con un seminario, un monasterio, una editorial y una estación de radio.

Maximiliano, cuyo nombre de pila fue Raimundo, nació el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola, Reino de Polonia (en ese momento parte del Imperio Ruso). De acuerdo al relato de su madre -registrado después de la muerte del santo-, cuando Raimundo era niño, hizo una travesura que ella reprochó enérgicamente: “Niño mío, ¡quién sabe lo que será de ti!”. Tiempo después, la madre vio que el pequeño Raimundo había cambiado de actitud y que oraba llorando con frecuencia ante un pequeño altar que tenía entre dos roperos. La madre le pidió que le contara qué le sucedía. Entonces, con los ojos llenos de lágrimas, Raimundo contestó: “Mamá, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen que me dijera lo que sería de mí. Lo mismo en la Iglesia, le volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que sería mártir. Contesté que aceptaba las dos. Entonces la Virgen me miró con dulzura y desapareció”.

Este hecho marcó la vida de Maximiliano, quien se convirtió en un gran devoto de la Virgen Inmaculada.

Habiendo llegado a la edad adecuada, Maximiliano ingresó a la Orden de los Franciscanos. En el noviciado (1910) cambió el nombre de “Raimundo” por el de “Maximiliano” en honor a san Maximiliano de Celeia, mártir. En 1911 profesó sus primeros votos y en 1914 los votos finales. Es entonces que adoptó el nombre adicional de “María”, por la madre de Jesús. Ya como estudiante de filosofía y teología en Roma (Pontificia Universidad Gregoriana), fundó la “Milicia de la Inmaculada” con la finalidad de promover el amor y el servicio a la Virgen y la conversión de las almas a Cristo. En 1918 es ordenado sacerdote.

Regresa a Polonia unos años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando el clima social y político ya estaba convulsionado. El “Caballero de la Inmaculada” -la publicación que fundó y dirigió- había perdido su línea estrictamente religiosa y había dado un giro hacia lo político. Maximiliano, no tuvo la oportunidad de enderezar lo que se había torcido. Más bien, se dedicó de lleno a su servicio sacerdotal. Por solidaridad con el pueblo judío, se negó a ser registrado en la lista de los “alemanes” -su padre era alemán, su madre polaca-, con lo que se hubiese librado de persecuciones y hostigamientos. Maximiliano tomó una postura contraria al nacionalsocialismo y por ello, luego de varios episodios de confrontación con sus partidarios, es apresado y enviado a los  campos de concentración. Estando ya en Auschwitz, un día se escapó un prisionero y los alemanes, en represalia y como muestra de severidad, decidieron escoger a 10 prisioneros para que mueran de hambre en los calabozos. El décimo número le tocó al sargento Franciszek Gajowniczek, polaco también, quien exclamó: “Dios mío, yo tengo esposa e hijos”.

Ante esto, el P. Maximiliano ofrece intercambiarse por el condenado. El sacerdote es llevado a un subterráneo, donde alienta constantemente a los demás presos a seguir unidos en la oración. Después de varios días, sin comida ni agua, todos han muerto y solo él queda vivo. Al final, para desocupar el lugar, le aplicaron una inyección letal para acabar con su vida. Su máximo deseo era: “Concédeme alabarte, Virgen santa, concédeme alabarte con mi sacrificio. Concédeme por ti, solo por ti, vivir, trabajar, sufrir, gastarme, morir…”

El Papa san Pablo VI lo declaró Beato en 1971 y fue canonizado por san Juan Pablo II -su compatriota- en 1982. El pontífice dijo de él: “Maximiliano Kolbe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida”.

El 19 de julio de 2016, el Papa Francisco visitó la “celda del hambre” -lugar donde fue encerrado san Maximiliano Kolbe hasta el día de su muerte- durante su visita al campo de concentración de Auschwitz, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, realizada ese año en Polonia. Pidamos con la siguiente oración a San Maximiliano María Kolbe vivir en santidad:

Raimundo, tu nombre de pila.

San Maximiliano María Kolbe, sacerdote, para la Iglesia triunfante.

Pronto sentiste la vocación franciscana en los hermanos menores.

Enamorado de la Inmaculada fundaste una ciudad con su nombre queriendo llevar cuantas más almas a Cristo a través de la Virgen María a quien te consagraste.

Con ella, con la Madre del Cielo, sería más fácil llegar a todos los rincones del mundo.

Tú fundaste otra ciudad de la Inmaculada en Japón.

Regresando a Polonia en plena segunda guerra mundial fuiste apresado por los nazis y llevado a un campo de exterminio, Auschwitz, cerca de Cracovia, donde transcurrido un tiempo te ofreciste a los verdugos para salvar a otro cautivo muriendo de hambre en un búnker frío y oscuro,  en gesto de amor, dando tu vida por un desconocido.

San Juan Pablo II te proclamó mártir de la caridad.

Hoy la Iglesia te venera y reza a ti pidiendo tu intercesión para no volver nunca más a vivir las mismas atrocidades de entonces.

Danos tu corazón confiado, alegre, trabajador y generoso. Uno de tus lemas: “solo se vive una vez, es necesario ser santos». Ayúdanos a vivirlo. Amén.

San Maximiliano María Kolbe, ruega por nosotros.

P. Carlos García Malo

Oración de san Maximiliano Kolbe para entregarse a la Virgen María: «Dispón de todo mi ser»


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