Papa Francisco en la Audiencia, 8-4-2020: «El amor de Dios en la Pascua sanó nuestro pecado con su perdón, hizo de la muerte un pasaje de vida, cambió el miedo en confianza»

*  «El amor de Dios cambió nuestra angustia en esperanza. La Pascua nos dice que Dios puede convertir todo en bien. Que con Él podemos confiar verdaderamente en que todo saldrá bien. Y esta no es una ilusión, porque la muerte y resurrección de Jesús no son una ilusión: ¡fue una verdad! Por eso en la mañana de Pascua se nos dice: «¡No tengáis miedo!» (cf. Mt 28,5). Y las angustiosas preguntas sobre el mal no se esfuman de repente, pero encuentran en el Resucitado la base sólida que nos permite no naufragar»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV  de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* «Jesús cambió la historia acercándose a nosotros y la convirtió, aunque todavía marcada por el mal, en historia de salvación. Ofreciendo su vida en la Cruz, Jesús también derrotó a la muerte. Desde el corazón abierto del Crucificado, el amor de Dios llega a cada uno de nosotros. Podemos cambiar nuestras historias acercándonos a Él, acogiendo la salvación que nos ofrece. Abrámosle todo el corazón en la oración, esta semana, estos días: con el crucifijo y con el evangelio. Dejemos que su mirada se pose sobre nosotros y comprenderemos que no estamos solos, sino que somos amados, porque el Señor no nos abandona y nunca se olvida de nosotros. Y con estos pensamientos os deseo una Santa Semana y una Santa Pascua»

8 de abril de 2020.- (Camino Católico) El Papa Francisco ha reconocido que “en este tiempo de preocupación por la pandemia” del coronavirus, COVID-19, que está afectando al mundo “podríamos pensar que Dios está ausente, que no se interesa por nosotros y por nuestro sufrimiento”, por lo que ha recomendado mirar el Crucifijo y abrir el Evangelio, durante la Audiencia General de este miércoles 8 de abril realizada en la biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano. Esta Semana Santa “será para nosotros, digamos así, ‘una liturgia doméstica’ porque no podemos ir a la Iglesia en estos días. ¡Crucifijo y Evangelio!”, ha animado el Papa.

En su catequesis semanal, el Pontífice ha dicho que entre las muchas preguntas que nos hacemos ante esta pandemia, pueden existir algunas también sobre Dios, por ejemplo: “¿Qué hace delante a nuestro dolor? ¿Dónde está cuando todo sale mal? ¿Por qué no resuelve los problemas rápidamente?”

En este sentido, el Papa ha reconocido que alguna persona podría decir que “preferiría un ‘dios’ fuerte y poderoso” pero Francisco ha exclamado: “Pero ¿sabes?, el poder de este mundo pasa, mientras que el amor permanece. Solo el amor protege la vida que tenemos, porque abraza nuestras fragilidades y las transforma”.

Asimismo, el Pontífice ha explicado que “ante estas preguntas que afligen nuestro corazón” ayuda “la narración de la Pasión de Jesús, que nos acompaña en estos días santos” porque dijo que la Pasión de Cristo “nos habla de un Jesús pacifico, indefenso, no de un Mesías potente y vencedor, como se lo imaginaban sus seguidores que, confundidos y asustados, lo abandonaron, tenían miedo”.

Por ello, el Pontífice ha citado las palabras de Jesús en el Evangelio de San Mateo cuando en la mañana de la Pascua dijo: “No tengan miedo” y agregó que “las preguntas inquietantes sobre el mal no desaparecen repentinamente, pero encuentran en el Resucitado la base sólida que nos permite no naufragar”. El Papa ha dicho que en estos días santos en que conmemoramos la Pasión, muerte y Resurrección del Señor “Jesús, con su Cruz ha vencido a la muerte y nos ha dado vida” por lo que ha invitado a “pedir con fe que convierta nuestro miedo en confianza, nuestra angustia en esperanza y nos haga experimentar la cercanía de su Amor infinito”.

“Queridos hermanos y hermanas, Jesús cambió la historia haciéndose cercano a nosotros y la hizo, aunque todavía está marcada por el mal, historia de salvación. La hizo historia de salvación. Ofreciendo su vida en la cruz, Jesús venció también la muerte. Desde el corazón abierto al crucificado, el amor de Dios alcanza a cada uno de nosotros”, ha subrayado el Papa.

Finalmente, el Santo Padre ha dicho que es posible que cambiemos nuestras historias acercándonos a Él, acogiendo la salvación que nos ofrece por lo que exhortó a “abrir todo el corazón en la oración, esta semana, estos días, con el Crucifijo y el Evangelio. No se olviden, Crucifijo y Evangelio, la liturgia doméstica será esa. Dejemos que fije su mirada en nosotros” para comprender que “no estamos solos, sino que somos amados, porque ¡el Señor no nos abandona y no se olvida de nosotros, nunca!”. “Y con este pensamiento, les deseo una Santa semana y una Santa Pascua”, ha concluido. En el vídeo superior de 13 TV se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En estas semanas de preocupación por la pandemia que está haciendo sufrir tanto al mundo, entre las muchas preguntas que nos hacemos, también puede haber preguntas sobre Dios: ¿Qué hace ante nuestro dolor? ¿Dónde está cuando todo se tuerce? ¿Por qué no resuelve nuestros problemas rápidamente? Son preguntas que nos hacemos sobre Dios.

Nos sirve de ayuda el relato de la Pasión de Jesús, que nos acompaña en estos días santos. Tambien allí en efecto, se adensan tantos interrogantes. La gente, después de haber recibido triunfalmente a Jesús en Jerusalén, se preguntaba si liberaría por fin  al pueblo de sus enemigos (cf. Lc 24,21). Ellos esperaban a un Mesías poderoso, triunfador con la espada. En cambio, llega uno manso y humilde de corazón, que llama la conversión y a la misericordia. Y precisamente la multitud, que antes lo había aclamado, es la que grita: «¡Sea crucificado! (Mt 27:23). Los que lo seguían, confundidos y asustados, lo abandonan. Pensaban: si esta es la suerte de Jesús, el Mesías no es Él, porque Dios es fuerte, Dios es invencible.

Pero, si seguimos leyendo el relato de la Pasión, encontramos un hecho sorprendente. Cuando Jesús muere, el centurión romano, que no era creyente, no era judío sino pagano, que le había visto sufrir en la cruz, y le había escuchado perdonar a todos, que había sentido de cerca su amor sin medida, confiesa: «Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios» (Mc 15,39). Dice, precisamente, lo contrario de los demás. Dice que Dios está allí, que verdaderamente es Dios.

Hoy podemos preguntarnos: ¿Cuál es el verdadero rostro de Dios? Habitualmente proyectamos en Él lo que somos, a toda potencia: nuestro éxito, nuestro sentido de la justicia, e incluso nuestra indignación. Pero el Evangelio nos dice que Dios no es así. Es diferente y no podíamos conocerlo con nuestras fuerzas. Por eso se acercó a nosotros, vino a nuestro encuentro y precisamente en la Pascua se reveló completamente. ¿Y dónde se reveló completamente? En la cruz. Allí aprendemos los rasgos del rostro de Dios. No olvidemos, hermanos y hermanas,que la cruz es la cátedra de Dios. Nos hará bien mirar al Crucificado en silencio y ver quién es nuestro Señor: El que no señala a nadie con el dedo, ni siquiera contra los que le están crucificando, sino que abre los brazos a todos; el que no nos aplasta con su gloria, sino que se deja desnudar por nosotros; el que no nos ama por decir, sino que nos da la vida en silencio; el que no nos obliga, sino que nos libera; el que no nos trata como a extraños, sino que toma sobre sí nuestro mal, toma sobre sí nuestros pecados. Y, para liberarnos de los prejuicios sobre Dios, miremos al Crucificado. Y luego abramos el Evangelio. En estos días, todos en cuarentena, en casa, confinados, tomemos dos cosas en la mano: el crucifijo, mirémoslo; y abramos el evangelio. Será para nosotros -por decirlo así- como una gran liturgia doméstica porque estos días no podemos ir a la iglesia. ¡crucifijo y evangelio!

En el Evangelio leemos que cuando la gente va donde está Jesús para hacerlo rey, por ejemplo, después de la multiplicación de los panes, él se va (cf. Jn 6:15). Y cuando los demonios quieren revelar su divina majestad, los silencia (cf. Mc 1, 24-25). ¿Por qué? Porque Jesús no quiere que se le malinterprete, no quiere que la gente confunda al verdadero Dios, que es amor humilde, con un dios falso, un dios mundano, espectacular, y que se impone con la fuerza. No es un ídolo. Es Dios que se ha hecho hombre, como cada uno de nosotros, y se expresa como un hombre, pero con la fuerza de su divinidad. En cambio, ¿cuando se proclama solemnemente en el Evangelio la identidad de Jesús?… Cuando el centurión dice: «Verdaderamente era el Hijo de Dios«. Se dice allí, apenas cuando acaba de dar su vida en la cruz, porque ya no cabe equivocación: Se ve que Dios es omnipotente en el amor, y no de otra manera. Es su naturaleza, porque está hecho así. Él es el Amor.

Tú podrías objetar: «¿Qué hago de un Dios tan débil, que muere? Preferiría un Dios fuerte, un Dios poderoso». Pero, sabes, el poder de este mundo pasa, mientras el amor permanece. Sólo el amor guarda la vida que tenemos, porque abraza nuestras fragilidades y las transforma. Es el amor de Dios que en la Pascua sanó nuestro pecado con su perdón, que hizo de la muerte un pasaje de vida, que cambió nuestro miedo en confianza, nuestra angustia en esperanza. La Pascua nos dice que Dios puede convertir todo en bien. Que con Él podemos confiar verdaderamente en que todo saldrá bien. Y esta no es una ilusión, porque la muerte y resurrección de Jesús no son una ilusión: ¡fue una verdad! Por eso en la mañana de Pascua se nos dice: «¡No tengáis miedo!» (cf. Mt 28,5). Y las angustiosas preguntas sobre el mal no se esfuman de repente, pero encuentran en el Resucitado la base sólida que nos permite no naufragar.

Queridos hermanos y hermanas, Jesús cambió la historia acercándose a nosotros y la convirtió, aunque todavía marcada por el mal, en historia de salvación. Ofreciendo su vida en la Cruz, Jesús también derrotó a la muerte. Desde el corazón abierto del Crucificado, el amor de Dios llega a cada uno de nosotros. Podemos cambiar nuestras historias acercándonos a Él, acogiendo la salvación que nos ofrece. Hermanos y hermanas, abrámosle todo el corazón en la oración, esta semana, estos días: con el crucifijo y con el evangelio. No os olvidéis: crucifijo y evangelio. La liturgia doméstica será esta. Abrámosle todo el corazón en nuestra oración. Dejemos que su mirada se pose sobre nosotros y comprenderemos que no estamos solos, sino que somos amados, porque el Señor no nos abandona y nunca se olvida de nosotros. Y con estos pensamientos os deseo una Santa Semana y una Santa Pascua.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

En este tiempo de preocupación por la pandemia que está afectando al mundo, podríamos pensar que Dios está ausente, que no se interesa por nosotros y por nuestro sufrimiento.

Ante estas preguntas que afligen nuestro corazón, nos ayuda la narración de la Pasión de Jesús, que nos acompaña en estos días. La Pasión nos habla de un Jesús pacífico, indefenso, no de un Mesías potente y vencedor, como se lo imaginaban los seguidores que, confundidos y asustados, lo abandonaron, tenían miedo. Cuando Jesús muere es el centurión romano, que había sido testigo de sus sufrimientos en la cruz, de su perdón y de su amor infinito, precisamente él es quien declara: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios», y con estas palabras manifiesta que, en esa aparente derrota, Dios está presente verdaderamente.

A Dios no es posible conocerlo y alcanzarlo con nuestro esfuerzo personal. Es Él quien ha venido a nuestro encuentro y se nos ha revelado en el misterio pascual de Jesús, en su muerte y resurrección. Contemplando a Jesús en la cruz vemos el rostro de Dios, que se revela como es: Omnipotente, pero en el amor, porque Él es amor; que no condena, sino que abre sus brazos para abrazar nuestra fragilidad, y la transforma dándonos vida nueva.

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación social. En estos días santos en que conmemoramos la Pasión del Señor Jesús, que con su cruz ha vencido a la muerte y nos ha dado vida, pidámosle con fe que convierta nuestro miedo en confianza, nuestra angustia en esperanza y nos haga experimentar la cercanía de su amor infinito. Que el Crucificado nos conceda ser cada vez más hermanos y nos sostenga con su presencia. Que Dios los bendiga.

Francisco

Santa Misa de hoy presidida por el Papa Francisco en Santa Marta, Miércoles Santo, Semana Santa, 8-4-2020

Papa Francisco en homilía en Santa Marta, 8-4-2020: «Judas dejó discípulos que son discípulos del diablo. Cada uno tiene dentro de sí un Judas y debe elegir servir a Dios o al dinero»


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