Raquel Espejo, presentadora de televisión: «La oración lo es todo en mi vida. Ya no sé vivir sin orar. Me da serenidad. Mi fe es mi ancla, con tormenta o sin ella, sé que nunca estoy sola»

* «Necesito rezar por equilibrio mental. La necesito como comer o como hacer deporte. Necesito puntos de paz donde mi mente descanse, donde encuentre la tranquilidad para afrontar lo bueno y lo malo sin perderme en el ruido del día a día. Me gusta mucho ponerme delante del Sagrario, con poca gente y poca luz y contarle hasta los detalles más pequeños del día»

Camino Católico.-  Raquel Espejo es copresentadora del programa Guión en 101 TV y feligresa de la parroquia del Carmen en el barrio del Perchel de Málaga. «La oración lo es todo en mi vida», afirma a  a Ana María Medina en Diócesis de Málaga.

Los primeros recuerdos de oración de esta malagueña la trasladan a su infancia. «Aprendí a rezar con mis padres y con mis abuelos, como casi todos los niños, las oraciones infantiles como el Ángel de la Guarda, el Jesusito de mi vida…-cuenta-. Recuerdo que, en una época de miedos nocturnos, cuando rezaba ‘Cuatro esquinitas’ me imaginaba que salía una especie de burbuja gigante que protegía la cama y así nadie podía hacerme nada malo. Debajo de esa oración, nada podía pasarme. Cuando iba a Misa con mis abuelos, me encantaba poder ‘demostrar’ que me sabía el Padre Nuestro perfectamente e intentaba conocerme todas las contestaciones para que mi abuelo me mirara y viera que me lo sabía».

Para Raquel, la oración lo es «todo. Ya no sé vivir sin orar. No lo concibo. La oración en mí es fundamental desde que me levanto hasta que me acuesto. Es un bálsamo a veces, una petición otras, un agradecimiento siempre…» En su rutina diaria está completamente integrada, como detalla ella misma: «Me levanto muy temprano a hacer deporte antes de ir a trabajar y suelo correr por el paseo marítimo donde hay una Virgen del Carmen a la que saludo y ya automáticamente doy las gracias por el nuevo día y me pongo en las manos del Padre para que me dé fuerzas para afrontar lo que traiga la jornada. A lo largo del día, puedo volver a rezar en cualquier momento y por la noche, si me da tiempo al salir del trabajo, voy a Misa o hago examen del día, algo que necesito para soltar la tensión de la jornada y poder descansar. Me gusta mucho ponerme delante del Sagrario, con poca gente y poca luz y contarle hasta los detalles más pequeños del día. Las últimas oraciones son ya a punto de quedarme dormida…»

En relación a su forma favorita de dirigirse a Dios y a su Madre, Espejo reconoce rezar de muchas maneras: «A veces son las oraciones tal cual y otras veces son conversaciones puras, cosas que me han pasado, he visto o he sentido, como si hablara con mis padres, desde problemas a cosas que me han maravillado y creo ver su mano. Casi siempre intento no pedir, dar gracias siempre, buscar el lado positivo de las cosas. Pedir, pedir, sólo salud para los míos y fuerza para que pueda afrontar todo lo que consideren ellos que he de hacer, ser un medio en sus manos».

A la hora de recomendar la oración, Raquel reconoce que la necesita también «por equilibrio mental. Me da serenidad. La necesito como comer o como hacer deporte. Necesito puntos de paz donde mi mente descanse, donde encuentre la tranquilidad para afrontar lo bueno y lo malo sin perderme en el ruido del día a día. Mi fe es mi ancla, puedo navegar con tormenta o sin ella, pero sé que nunca estoy sola».

SU ORACIÓN PREFERIDA

Hace nueve meses, Raquel perdió a su madre, un momento en que ha recitado más intensamente la Oración del Abandono de Charles de Foucauld:

Padre, me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo
con tal que tu voluntad
se cumpla en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo más, Padre.
Te confió mi alma.
Te la doy con todo mi amor
porque te amo
y necesito darme a ti
ponerme en tus manos
sin limitación, sin medida,
con una confianza infinita
porque tú eres mi Padre.

«Me consuela mucho también rezar el rosario porque ella lo rezaba todas las tardes, incluso cuando la enfermedad le apretaba al final, o en las madrugadas. Así que siempre que puedo intento imitarla y me alegra pensar que de alguna forma, rezamos juntas otra vez», confiesa.


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