María Fernández-Martos, 24 años, era católica pero se alejó de Dios en la universidad: «Hace dos años Dios tocó mi corazón tan fuerte que ya no puedo vivir sin Él»

* «Dios para mi es el único que ha cambiado mi vida, es el único capaz de transformar un corazón egoísta y de piedra y que sólo Él llena plenamente. Que nuestra vida es breve y tenemos 2 opciones, o vivir camuflados en la masa o tomar la decisión de querer cambiar el mundo. Y sí, ayudar a un amigo a que se encuentre con Cristo… ¡es cambiar el mundo! Ir a misa entre semana… ¡es cambiar el mundo! Dar catequesis… ¡es cambiar el mundo! Estudiar la asignatura más pereza… ¡es cambiar el mundo! Mi propósito en la vida es que cuando vea a Dios cara a cara poder decirle: “Señor, he hecho en la tierra todo lo que he podido por Ti”. Como decía Santa Teresita de Lisieux… “quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra…”»

Camino Católico.- María Fernández-Martos Yáñez tiene 24 años y pertenece a una familia católica y estudió en un colegio católico, “aunque realmente nunca profundicé en mi fe”. Hubo un momento en que se alejó de Dios y fue cuando su hermano Álvaro le dijo que rechazaba la oferta de jugar en el Real Madrid para ser seminarista. “¿Pero qué niño de 20 años deja su sueño de ser futbolista para ser sacerdote? No podía entenderlo, pensaba que Dios me quitaba a mi hermano”. Entró en la universidad y seguía a la masa. “Me fui de Erasmus y Dios ya casi ni existía para mi. Me sentía cada vez más vacía y con una sed que no podía llenar”.

Su poderosa conversión se produjó cuando participó en un retiro espiritual y en la Misa del Sábado Santo con el Papa Francisco. Y ahora María Fernández-Martos Yáñez  asegura que “desde hace 2 años soy increíblemente feliz. Y teniendo 24 años, ¿por qué hace tan sólo 2 que soy plenamente feliz? Porque fue ahí cuando Dios tocó mi corazón tan fuerte que ya no puedo vivir sin Él… ¡Seguir a Cristo es brutal!”. Cuenta su testimonio de conversión en primera persona en Jóvenes Católicos:

Soy María Fernández-Martos Yáñez. De Córdoba. Somos 5 hermanos y estoy terminando Derecho y ADE. Y desde hace 2 años soy increíblemente feliz.

Y teniendo 24 años, ¿por qué hace tan sólo 2 que soy plenamente feliz? Porque fue ahí cuando Dios tocó mi corazón tan fuerte que ya no puedo vivir sin Él. Dios me dejó clara una cosa: <<Tú decides qué hacer con el tiempo que se te ha dado>>. Experimenté que Dios me ama (a mí, ¡y a tí!) con un Amor que sobrepasa el pensamiento humano. Él encendió un fuego en mi corazón, que a día de hoy sigue encendido.

Vengo de una familia y colegio católico, aunque realmente nunca profundicé en mi fe. Pensaba que ser católica era «ser alguien que cumple una serie de normas para ser bueno», y eso no me atraía. Que equivocada estaba, ¡pero si seguir a Cristo es brutal!

El punto de inflexión fue cuando mi hermano Álvaro me dijo que rechazaba la oferta de jugar en el Real Madrid para ser seminarista. ¿Pero qué niño de 20 años deja su sueño de ser futbolista para ser sacerdote? No podía entenderlo, pensaba que Dios me quitaba a mi hermano.

Entré en la universidad y fui alejándome cada vez más. Yo seguía a la masa. Me fui de Erasmus y Dios ya casi ni existía para mi. Me sentía cada vez más vacía y con una sed que no podía llenar. Nada me hacía feliz. Ni nadie. -A veces Dios permite que caigamos hondo para bajar Él mismo a recogernos.-

En esa fecha me invitó un amigo seminarista a un retiro espiritual ignaciano. Yo no quería ir, pero me convenció. Necesitaba llenar ese vacío. Llevaba tiempo sin confesarme y me quité la piedra más grande de mi camino. En esos 2 días de ejercicios me sentí inmensamente querida y perdonada por Dios. Fue increíble.  ¡Pero yo quería más! y le pedí a Dios experimentar fuertemente su existencia en mi corazón para cambiar de verdad, y así lo hizo en una misa el Sábado Santo, celebrada por el Papa en Roma el año pasado. ¡Sentí fuego en el corazón! Fue un regalazo precioso que agradeceré toda mi vida.

Aquí fue cuando Dios encendió esa llama de la que hablaba al principio, y a partir de ahí mi fe ha ido cambiando, intentando cada día que se haga viva en la práctica. He empezado a ir a Misa todos los días, a dar catequesis a jóvenes de confirmación (transmitiéndoles el Amor que he conocido), a participar activamente en la parroquia, y a recibir allí la formación, a ayudar como voluntaria en los encuentros y peregrinaciones juveniles de la diócesis, en sus Adoremus, a rezar de verdad por la santidad de los sacerdotes, por las vocaciones… en definitiva quiero ser una laica activa para la Iglesia, para mis amigos y para toda persona que Dios ponga en mi camino. Dando gratis lo que he recibido gratis.

He conocido a una Iglesia viva, también a muchos sacerdotes buenos. Ahora muchos de los seminaristas de Córdoba son como hermanos para mí. Dios también ha puesto en mi vida a un grupo de amigos que me ayuda a crecer en la fe. ¡Qué importante es vivir la fe en comunidad!

Si me preguntas ahora…¿qué significa Dios para mi? Puedo decir en voz alta que es el único que ha cambiado mi vida, es el único capaz de transformar un corazón egoísta y de piedra y que sólo Él llena plenamente. Que nuestra vida es breve y tenemos 2 opciones, o vivir camuflados en la masa o tomar la decisión de querer cambiar el mundo.

Y sí, ayudar a un amigo a que se encuentre con Cristo… ¡es cambiar el mundo! Ir a misa entre semana… ¡es cambiar el mundo! Dar catequesis…¡es cambiar el mundo! Estudiar la asignatura más pereza…¡es cambiar el mundo! Empezar a hablar con un sacerdote para mejorar… ¡es también querer cambiar el mundo!

Hace 1 semana llegué de mis primeras misiones, en el sur de Chile, y es increíble lo que Dios hace a través de nosotros. He sido testigo de cómo familias se perdonaban al escuchar hablar de Cristo.  Al visitar la cárcel para celebrar Misa allí, vi llorar a un preso mientras nos decía a los misioneros: «gracias, porque aunque no tenga libertad de cuerpo me habéis traído la libertad espiritual». ¡Qué grande! Pero lo más importante que he aprendido es que hay que ser misionero de Cristo pero TODA la vida, sin importar el dónde y a quién ayudar. Y que ser católico no es un hobby sino una entrega que hay que vivir. ¿Acaso Dios va a desaprovechar nuestra ayuda? ¡Dios se muere por cada uno de sus hijos! Dios tiene sed de que tengamos sed de Él. ¡Fuera de Cristo no hay nada!

Si estás leyendo esto sólo te digo: Dios cuenta contigo para cambiar el mundo, créetelo. No va a hacer bajar a seres extraños para que lo hagan ellos. Somos NOSOTROS los que tenemos la misión de ser evangelio para los demás. Quizás tú vas a ser el único «evangelio vivo» que vaya a leer una persona en toda su vida, ¿vaya responsabilidad más grande tenemos, no?

¿Hay algo más maravilloso que ser joven e invertir nuestra energía, fuerza y amor por los demás?

La vida cómoda es tremendamente aburrida y triste, aunque vayamos subidos en el mejor coche del mundo. ¡Tenemos que complicarnos la vida amando! Mi propósito en la vida es que cuando vea a Dios cara a cara poder decirle: «Señor, he hecho en la tierra todo lo que he podido por Tí». Como decía Santa Teresita de Lisieux… «quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra…»

Busca a Dios, cada día.  Y cuando lo encuentres ámalo con todo tu corazón. Sé la respuesta a la sed de la humanidad. Dios cuenta contigo para cambiar el mundo, y tú: ¿qué le vas a responder?

María Fernández-Martos Yáñez

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