Carlos Peña perdió 3 hijos y 2 yernos en un mes, sobrevivió a un cáncer milagrosamente y hoy habla de Dios en las cárceles: «Solo se soporta si tienes a Cristo en tu corazón»

* «Dios no desperdicia una pena ni un dolor para convertirlo en bendición… Dios me dijo que me consolara en Job y entonces oré como él: ´Señor, tú me los diste, tú me los quitaste. Bendito sea tu santo nombre´… Mi vida es hermosísima, de bastantes tragedias pero también de grandes satisfacciones. Siempre he sido un bendecido de Dios y tengo una familia que me hace supremamente feliz»

Testimonio de Carlos Peña Torres entrevistado en  Versión Libre TV

Camino Católico.- El colombiano Carlos Peña hizo un trato con Dios: “Tú me das salud y yo evangelizo”. Hoy predica en las cárceles, en las calles, en retiros de Emaús y en cualquier lugar donde necesiten su testimonio.

“Dios no desperdicia una pena ni un dolor para convertirlo en bendición”. Así, con una gran fe, ha superado el colombiano Carlos Peña Torres las profundas tristezas y las enfermedades y las ha transformado en oportunidades para servir a Dios y a los demás.

En el año 2010 una de sus hijas murió de enfermedad infecciosa y 28 días después fallecieron en un accidente dos hijos y dos yernos. En menos de un mes partieron tres de sus siete hijos. En 2012 fue diagnosticado con un avanzado cáncer, pero las oraciones que empezaron en su familia y en la comunidad Emaús Espíritu Santo de la ciudad de Barranquilla se multiplicaron y fueron escuchadas. Carlos empezó a recuperarse y le pidió a Dios que le diera salud y él se dedicaría a predicar el Evangelio. El Señor lo sanó y le ha permitido edificar vidas con su testimonio, más allá de las fronteras colombianas. Da su testimonio en el vídeo de Versión Libre TV y también es entrevistado por Lucía Chamat en Aleteia.

“Después de varios meses con un dolor en la espalda me diagnosticaron el cáncer de médula ósea. Estuve 28 días en cuidados intensivos luchando contra la muerte y la muerte todos los días me sacaba ventaja”, recuerda Carlos en su entrevista con Aleteia.

Los médicos dijeron que no había nada que hacer pero sus hijas, convencidas de que nada es imposible para Dios, empezaron una gran cadena de oración. El día que le debían hacer la traqueotomía llegó un doctor y les aconsejó a los especialistas tratantes que el paciente de todas formas se iba a morir y lo mejor era mandarlo para su casa, donde, milagrosamente, empezó una rápida recuperación.

“Estamos totalmente convencidos de que ese médico desconocido que llegó a la clínica el día preciso, a la hora precisa, no era otro que Nuestro Señor Jesucristo que no quería que me tocaran las cuerdas vocales porque las necesitaba sanas para hacer lo que estoy haciendo y que haré hasta que me muera: dar alabanza y gloria a su nombre”.

En las cárceles y en las calles

Desde entonces Carlos Peña ha sido un instrumento de Dios. Después de dar su testimonio en una cárcel de la ciudad de Barranquilla (norte de Colombia) empezó su ministerio penitenciario. “Lo que más me conmueve es cuando un preso se me echa a llorar en el hombro y me dice que lo único que tiene es nuestra visita y el abrazo que nosotros le damos. Algunos, después de cumplir su pena, se unen a nuestro grupo de Emaús y enriquecen este bello ministerio”, dice con emoción.

Conscientes de que muchos familiares de presos sufren más que ellos mismos y pasan mayores necesidades, crearon la Fundación Alfareros de la Libertad, que les brinda asistencia espiritual y económica. A través de esta fundación emprendieron otro apostolado dirigido a los habitantes de calle en la ciudad de Barranquilla y empezaron a llevarles comida todos los viernes en la noche.

“Este grupo es más complejo por su movilidad permanente, además requiere de mucha paciencia ya que tienen muchas adicciones y el proceso de transformación es gradual. Hay casos que nos dan muy duro, como el de un médico al que hemos recuperado dos veces, lo limpiamos, lo entregamos a la familia pero lamentablemente ha recaído”, cuenta Carlos.

“Me consolé en Job”

Algunos lo llaman “el hombre de hierro” porque a pesar de todo lo que ha vivido no le falta el entusiasmo y la alegría en las diferentes misiones. Antes de ser sanado físicamente debió superar el dolor de perder tres hijos y dos yernos en un mismo mes: “Eso solo se puede soportar si tienes a Cristo en tu corazón”.

Después de que Tulia, su hija mayor, falleciera en Bogotá a causa de una enfermedad que no dio chance de reaccionar, dos de sus hijos –Adriana y José Carlos– acompañados del novio de Adriana y del esposo de su hija Jessica, viajaban en carro hacia esa ciudad a asistir a una misa por su alma cuando sufrieron un fatal accidente.

La crisis de fe y los reclamos a Dios se acrecentaron inmediatamente. En medio de las 25 mil personas que los acompañaron en el sepelio, Carlos le rogaba al Señor que así como levantó a Lázaro y a la hija de Jairo, resucitara a los suyos. “Dios me dijo que me consolara en Job y entonces oré como él: ´Señor, tú me los diste, tú me los quitaste. Bendito sea tu santo nombre´”, repite con una confianza ejemplar.

La semilla de esa fe inquebrantable la plantó su mamá, a quien él le debe todo, como nos contó. Carlos nació en un municipio de 110 mil habitantes que se llama Sabanalarga y queda a 40 minutos de la ciudad de Barranquilla. Su hogar, de muchas limitaciones económicas, estaba integrado por su papá, un obrero; su mamá, una costurera de pueblo, y ocho hijos.

 

Carlos Peña en la Cárcel «La Tramacua» de Colombia con los hermanos de fe con quienes imparte el Retiro de Emaus,

Carlos asegura que su mamá desde muy temprano entendió el significado de esta palabra: “Muéstrale al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en él aún en la vejez” (Proverbios 22,6). Empezó llevándolo los sábados a las evangelizaciones de los franciscanos y le fortaleció su educación religiosa hasta el punto que llegó a ser monaguillo, uno de los oficios por los cuales siente mayor orgullo, que en ese entonces estaba reservado para los hijos de las familias más pudientes. También ella, que en sus ratos libres hacía de maestra, le enseñó a hacer tareas y declamar.

Todo eso dio frutos y Carlos fue el primer bachiller en su familia, luego se graduó de economista y más tarde de abogado. También estudió pedagogía y gestión pública y tiene varias especializaciones que lo llevaron a ser dirigente deportivo y ocupar diversos cargos públicos y privados. De todos los oficios el más satisfactorio ha sido ser padre y madre a la vez, desde que se terminó su matrimonio y comenzó su primer apostolado: la educación integral de sus hijos.

 

De los cuatro hijos que tiene en la Tierra -Hernán, Carlos, Jessica y Paola- dice con orgullo que son unos héroes a quienes cuida y disfruta al igual que a sus 12 nietos. “Mi vida es hermosísima, de bastantes tragedias pero también de grandes satisfacciones. Siempre he sido un bendecido de Dios y tengo una familia que me hace supremamente feliz”, asegura este colombiano, cuya historia de fe y tenacidad ha sido postulada por el canal colombiano RCN para la elección de los mejores de Valientes 2019.

Fuente:Aleteia
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